¿DONDE ESTÁN LAS MUJERES?

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Pilar de la Vega Cebrián

La primera de ellas es considerada como una foto para la historia de Aragón. Los líderes, portavoces, ponentes y letradas posan tras el pleno en el que se aprobó el texto final del Proyecto de nuevo Estatuto de Autonomía. Faltaba en la foto la Chunta,  pues se abstuvo en la votación, pero para el caso es lo mismo, pues tampoco sus líderes y ponente son mujeres. La ubicación de las dos mujeres en dicha foto es significativa, se encuentran en ambas esquinas de la misma. Ellas son las letradas. Están ahí por sus méritos propios. Han ganado una dura y difícil oposición, junto con otros aspirantes, hombres y mujeres. Su mérito y capacidad ha sido reconocido y avalado. Los ponentes del mismo han considerado que su trabajo ha sido magnífico.

Escribía hace unos días el  profesor Ignacio Sotelo: “Hemos construido en nuestro país una partitocracia, poder de los partidos, en manos de sus cúspides y ellos son los que eligen a quienes nos van a representar en el parlamento. A los ciudadanos sólo nos queda la posibilidad de cambiar cada cuatro años la élite de un partido por la de otro”. Y a las ciudadanas, ¿qué nos queda? ¿Seguir estando excluidas, una vez más, de las “llamadas fotos” que hacen historia?

Una segunda foto, que también apareció recientemente en este periódico, era la de los distintos candidatos -observen que no digo candidatas-, a las principales instituciones: ayuntamiento de nuestra ciudad y de la comunidad autónoma. De nuevo, más de  la mitad de la población, está excluida de ocupar las más altas representaciones institucionales de nuestra comunidad.

Continuemos con más ejemplos. Recientemente se han constituido los nuevos Consejos de las dos instituciones financieras de ahorro más importantes de Aragón ¿Recuerdan el número de mujeres que había en las fotos, que daban noticia de este hecho? Y un poco más difícil la pregunta ¿Las pocas que habían a quién representaban? ¿Acaso a las instituciones que tienen derecho de propuesta en dichos Consejos? Se puede llegar a tener la sensación que las mujeres no trabajamos, no cotizamos, no tenemos nóminas en dichas instituciones.

Todavía, por desgracia, existen más fotos y todas ellas se caracterizan por la escasa o nula presencia de mujeres en ellas. Ninguna mujer en los órganos de dirección de las organizaciones empresariales, sólo una en la Cámara de Comercio. Y, de nuevo, una mujer cuando se elige al candidato o candidata  tras una dura competición de mérito y capacidad para desempeñar dicho puesto. Por primera vez una mujer es Secretaria General de los empresarios aragoneses, de la CREA.

  ¿Quién ha dicho que las mujeres no entienden de fútbol, ni que no sean amantes y seguidoras del Real Zaragoza? Vayan un día al campo y comprobarán el número importante de éstas en las gradas. El accionista mayoritario del Zaragoza ha declarado que quiere un club abierto a la sociedad aragonesa y con la participación de todos. ¿Acaso las “todas” no somos aragonesas y no formamos parte de una sociedad  con la que él desea contar.

Me gustaría recordar a los responsables de dichas fotos que existen dos acepciones de la definición de lo que debe ser un buen representante. Es bueno cuando es honrado, inteligente, con formación y es capaz de hacer lo mejor  para los otros. Y la segunda, exige que los representantes sean iguales a los representados. Son un reflejo de la sociedad y han de ser capaces de hacer lo más adecuado para los ciudadanos a los que representan.

  Como ven son demasiados ejemplos para no hacerse la pregunta ¿Dónde están las mujeres?  El pensamiento feminista ha puesto el dedo en la llaga al desvelar algunos mecanismos de exclusión,  profundamente sutiles, pues, a veces, se ocultan bajo una invocación precipitada de la universalidad. Por esto defiende el valor simbólico de las características personales del representante o que intente corregir la infrarrepresentación.

Es evidente que en estas instituciones no existe una universalidad como tal, pues una parte diferenciada de ésta no se encuentra en ellas representadas. Entiendo que hay que ser conscientes de que no basta con que todos estén representados, hombres y mujeres, para que la diversidad social esté bien gestionada. Es decir, la paridad no es una panacea, que resuelve por sí misma, sin más, la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.

Los responsables institucionales pueden cometer el error de respirar tranquilos cuando se consigue que todos estén representados, que las cuotas estén cubiertas. Esa composición no les exonera de la obligación de ocuparse de todos, que es algo bien distinto y más difícil.