¿LA EUROPA DE LOS TRABAJADORES?

Imagen de jbbuteraa
José Benito Butera Aured

Con éste título el día dos de abril de 1985, aparecía un artículo firmado por Nicolás Redondo, aún faltaban seis meses para el ingreso efectivo en la Comunidad Europea. La entradilla al texto dice: El autor niega que el proceso de integración europeo pueda quedarse reducido a un mero club de carácter económico, o más simplemente mercantil. Por el contrario, opina que es preciso construir una Europa al servicio de los trabajadores. En concreto, “una Europa más justa, menos de los mercaderes y más de los trabajadores”Ingresó España en el Mercado Común Europeo, el uno de enero de 1986; seis meses después de haberse firmado el Tratado de Adhesión. Los socialistas estaban agotando su primera legislatura. La economía mundial estaba en crisis; lo que comportaba sacrificios por parte de los países, y así lo hace constar Nicolás, añadiendo además que existe la necesidad de superar los egoísmos nacionales, exacerbados por efecto de la crisis [la de aquel momento].Desde entonces han pasado veinticinco años, la Unión Europea no es la misma, ha ampliado sus socios; en los citados veinticinco años ha habido varios periodos de bonanza y los mismos de crisis y hemos llegado al momento actual en qué, no solo en Europa, sino en el mundo entero ha estallado una crisis de características hasta ahora desconocidas, y esta crisis pone de manifiesto esos egoísmos nacionales, que el Secretario General de UGT, apuntó en aquel momento.Desde sus inicios en los lejanos años cincuenta del siglo XX, la Unión Europea a pivotado en torno a los negocios; no en vano nació de la unión de varios organismos entonces en funcionamiento como CECA, (comunidad europea del carbón y el acero) EFTA, (asociación europea de libre comercio) OECE, (creada para administrar los fondos del Plan Marshall, luego OCDE) el EURATOM, (organismo de la energía atómica). La absorción de todos estos organismos por los seis países fundacionales dio lugar a la Carta de Roma, que acogió en su seno precisamente a los europeos beneficiarios de ese “Plan Marshall”, que los había revivido.Sus distintas ampliaciones concedidas por el grupo fundacional a lo largo de esos cincuenta años de existencia, han estado plagados de exigencias para los nuevos socios, que habían de cumplir, si querían acceder a esa Unión, han sido de enorme calado para los países aspirantes. En España hubo que desmantelar sectores estratégicos, que nos han dejado faltos de empleo productivo y algunos de mano de obra intensiva, (siderurgia, minería, textil y grandes astilleros). Mientras en España se obligaba a la cornisa cantábrica a dejar su natural y antiguo crecimiento, la cuenca del Ruhr sigue con sus instalaciones industriales casi sin tocar.Parecido sucedió con Grecia cinco años antes, su industria textil fue desmantelada y así siguió sucediendo con los países que desde entonces se han ido incorporando a esta nueva Europa.Si cuando nos incorporamos a la Unión, había una crisis económica; después de esos cincuenta años de existencia de la Comunidad, la crisis nos golpea de nuevo y los componentes de los gobiernos, se aprestan a salvar a los mercaderes, obviando a los trabajadores, en los que cargan el peso de una situación que no han creado.
La creación del Mercado Común si tuvo en cuenta a la sociedad. La primera carta social data de 1961, que al igual que el tratado también se firmó en Italia [Turín 18 de octubre de 1961] allí se realizó una declaración de intenciones, que revisada en distintas fechas y lugares, nos trae al momento actual, en el que la teoría y lo escrito da carta de naturaleza a un deseo de progreso social para todo el territorio de la Unión; pero que estudiada a fondo y vista la práctica de su contenido, poco tiene de positivo para desdecir a Nicolás Redondo, en la frase plasmada anteriormente.Cierto que algún avance ha habido; Comités de empresas transnacionales y poco más; porque el deseo de igualdad de salarios, libre circulación y otros que se dan como derechos no son tales, si no facilidades empresariales de movilidad geográfica. Por el contrario los empresarios han conseguido – de momento – poder pagar los salarios de los empleados de origen, cuando trabajen en otras naciones contratadas sus empresas al efecto y no los que rijan en el de destino.Dentro de muy poco tiempo, hará veinticinco años de la ratificación del tratado por España; obviando la actual crisis que nos ha mostrado inequívocamente por donde se inclina la balanza del Mercado Común, debemos preguntarnos tras la experiencia y las cuitas sufridas por Opel España. Nicolás Redondo ha resultado un profeta; sus reticencias de entonces han tardado muy poco tiempo en ponerse sobre la superficie del tapete europeo; Alemania esta resultando un país egoísta; lo fue en el asunto de General Motors y lo está siendo en la crisis griega.Francia, con arreglo a la agricultura española ha actuado de la misma forma y nada hay que decir sobre el Tratado Constitucional, que junto con Holanda, pusieron en la nevera hasta que a ellos les convenga.Inglaterra, Suecia y Dinamarca, no entraron en la moneda única por no depender de una instancia ajena a sus intereses – el Banco Central Europeo – y así se podrían ir enumerando cuestiones que nos vendrían a demostrar ese egoísmo que tan temprano nos fue puesto en consideración por el entonces Secretario General de UGT. ¿Fue clarividente? O sus largos años de pertenencia a la Confederación Europea de Sindicatos, le habían enseñado lecciones que ante la inminencia de nuestro ingreso en la Unión, quiso difundir advirtiendo de los comportamientos; pero también ponía un punto de esperanza en la progresión de España dentro del Club. Ha hecho falta una debacle para poner en evidencia la preponderancia de los mercaderes en este club que se pretendía/ pretende, una gran agrupación de ciudadanos que convivan en paz y progreso después de siglos de luchas y dificultades. La Europa de los Trabajadores, El País 02-04-1985