¿QUÉ SIGNIFICA SER DE IZQUIERDAS?

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Cándido Marquesán Millán

 

              

 

   Prosiguen con el discurso de que la izquierda  tuvo un proyecto desde el siglo XVIII, que podría estar basado en el progreso, la preparación de una revolución, o la causa de una clase social. Y además que la izquierda pensaba que la historia jugaba a su favor, ya que si irrumpían coyunturalmente reveses a la hora de alcanzar cualquiera de las metas anteriormente mencionadas, siempre podía alegar que nunca perdía de vista el paraíso al final del camino, tal como muy bien expresó Lenin: Un paso adelante, dos pasos atrás. Con la decadencia del proletariado industrial, tras el final de la Unión Soviética, esa izquierda se ha quedado sin agente, sin proyecto y sin historia. De ser cierta esta teoría no deja de ser aterradora tal conclusión. Podría ser válida para lo que hace referencia a los comunistas, ya que esta opción ha  quedado desacreditada completamente, ya que se basó en hipotecar la libertad. Otra cosa muy diferente es el descrédito del marxismo, ya que no deberíamos olvidar que en él hay un mensaje ético profundo: el poder de una idea y un movimiento dedicados firmemente a defender los intereses de los parias de la tierra.

             Lo auténticamente grave es que de las secuelas tan negativas de este discurso no se ha librado la socialdemocracia. Como señala Tony Judt: Ahora bien el fracaso del comunismo la ha liberado a esta de  esta perniciosa hipoteca de unas expectativas revolucionarias, por ende ¿ha de quedar esta corriente de la izquierda europea a defender solo ventajas sectoriales conseguidas con gran esfuerzo y observar con nerviosismo el futuro que no comprende y para el cual no tiene nada preescrito?  A veces por sus comportamientos la izquierda socialdemócrata parece que no tiene muy claro lo que significaría su propio éxito político, si lo alcanzara algún día; como tampoco una visión articulada de una futura sociedad mejor que la actual. Al carecer de ella, ser de izquierdas parece que no es más que un estado constante de protesta continúa. Y sobre todo se protesta contra las pretensiones de las corrientes neoliberales de desmontar y quitar determinadas conquistas sociales, y que hasta hace poco parecían plenamente consolidadas e incuestionables: derechos a una educación universal y gratuita, a determinadas condiciones laborales con un salario justo, a una prestación ante la situación de desempleo, a la protección de la salud y del medio ambiente, a una pensión justa a la hora de la jubilación, a ser atendido si se está en una situación de dependencia, a una vivienda justa… Es legítimo y justificable que la socialdemocracia esté atenta a conservar todas estas conquistas, ya que todas son vulnerables y contingentes políticamente, además  no existe un ley histórica que garantice que no puedan perderse algún día, ya que desde determinadas instancias de importantes poderes pretenden eso precisamente; eliminar lo ya conseguido, con el pretexto de que es insostenible económicamente.

            Mas entiendo que la socialdemocracia no debería contentarse exclusivamente con ello. Debería ser más ambiciosa y atender a amplios sectores de la sociedad europea que podríamos incluirlos en el segmento de los excluidos, y que cada vez va a más tal como estamos contemplando en estos momentos de crisis, personas que tras salir del trabajo a tiempo completo, o no haber entrado nunca, pertenecen sólo en parte a la comunidad nacional. No es su pobreza material, sino la forma en que existen fuera de los canales convencionales de empleo y seguridad, y con pocas perspectivas de volver a entrar en ellos, lo que les distingue. Son las madres solteras, trabajadores a tiempo parcial o con contratos temporales, población inmigrante, adolescentes sin titulación o cualificación alguna, los sin techo o sin vivienda digna, trabajadores manuales que se han visto obligados a retirarse prematuramente… En los momentos actuales todo Gobierno que sea auténticamente de izquierdas, deberá dirigir su tarea a garantizar que todo este segmento importante de excluidos tenga una vida digna; y además concienciar, lo que no deja de ser impopular y con un posible desgaste electoral, al resto de la comunidad, que disfruta de una vida acomodada, a que asuma con sus impuestos el compromiso  de compartir esa carga.

Como dice Hobsbawm, hoy, cuando el número de los que no trabajan y de los que no reciben un salario crece sin cesar, debemos encontrar nuevas formas de la distribución de la riqueza nacional e internacional. Este es el mayor problema que debemos de afrontar. No es cuestión de incrementar la producción, que ya hemos resuelto satisfactoriamente. El verdadero problema lo constituye el modo de repartir la riqueza. Está claro que tan sólo se ha redistribuido una pequeña parte de la riqueza generada entre la mayoría de la población. El reparto de la riqueza se está haciendo cada vez más profundamente desigual. Y cuando dice profundamente se refiere a que un reducido número de personas, a veces individuos solos, se están enriqueciendo, más allá de cualquier precedente histórico. Situación que no debería admitir la izquierda. A la derecha le da igual. Por ello, la izquierda existe porque todavía hay una diferencia entre la izquierda y la derecha. Los que niegan la existencia de esta distinción son, en general, gentes de derecha.

 En consecuencia por muchos esfuerzos que han hecho y seguirán haciendo desde determinados sectores, con el propósito de convencernos de que la izquierda carece de proyecto, por todo lo expuesto queda demostrado fehacientemente que efectivamente lo tiene. Por lo menos, así yo lo veo. Y otros muchos como yo, que piensan, como señala Josep Fontana que ser  de izquierdas es mantener una actividad crítica. No solamente para tocar las narices. Hay que ser conscientes, por decirlo en términos gramscianos, de que el entorno es mejorable. Y por tanto, la satisfacción y la complacencia son ilegítimas para una persona con una actitud de este tipo. Hay que criticar lo que está mal y crear consciencia alrededor, el material más escaso, y aún más en esta sociedad nuestra que en la de hace 50 años: conciencia crítica colectiva.

 

Publicado en Diario de Teruel, 9 de mayo de 2009.

 

 

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