¿QUIÉN FUE?

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Cándido Marquesán Millán

 

 

 

Para entender la crisis actual, me baso en el espléndido libro del catedrático de la Universidad Pompeu Fabra, Oriol Amat, Euforia y Pánico. Aprendiendo de las burbujas y otras crisis: Del crack de los tulipanes a las subprime.

En el año 2001 se produjo el pinchazo de la burbuja de las empresas punto.com. basadas en las nuevas tecnologías como internet. En España el ejemplo más contundente fue el de Terra, una filial de Telefónica, que nunca ganó dinero  ni tuvo beneficios a corto plazo, y que nada más salir a Bolsa pasó de cotizar unos euros su acción a 150. En poco tiempo pasó a 5 euros. A continuación llegaron los escándalos de Enrom, Xerox…como consecuencia de unos ineficaces procedimientos de auditorias. A todo ello se sumaron los atentados del 11 de septiembre a las Torres Gemelas. Por ende, sobrevino una situación de pánico que afecto muy negativamente a las bolsas, al consumo y a la inversión. Ante este parón de la economía el gobierno norteamericano y las autoridades monetarias para reanimar la actividad económica decidieron una gran bajada de los tipos de interés, pasando del 6% al 1% e inyectando dinero abundante al mercado. Los bancos dispusieron de mucho dinero y los particulares de préstamos a bajo interés, con los que les resultaba más rentable la compra que el alquiler de una vivienda. Todo ello generaría un aumento espectacular del precio de la vivienda. Como los bancos disponían de excesos de fondos, necesitaron conceder más y más préstamos y elevar los márgenes de los intereses cobrados, recurriendo a clientes con bajos niveles de solvencia. De ahí los préstamos subprime o préstamos NINJA (del ingles, No income, no job, no assets; o lo que es lo mismo, Sin sueldo, sin trabajo, sin activos, vocablo popularizado por el profesor Leopoldo Abadía. Esta estrategia por parte de las entidades bancarias era arriesgada, porque partía del supuesto de que, si el cliente no podía pagar las cuotas del préstamo, el incremento del precio de la vivienda cubriría las posibles pérdidas. Se había creado la burbuja inmobiliaria.

Era obvio que los préstamos subprime, eran una mercancía averiada, ya que en la mayoría de las ocasiones aquellos que los habían suscrito no los iban a poder devolver por su insolvencia. Conscientes de esta circunstancia las entidades financieras revendieron estas hipotecas a unos bancos de inversión: Estos, a su vez, las revendieron con un paquete de otras hipotecas a otros bancos u otros inversores. Para dar solvencia a estos paquetes de hipotecas (Collateral Debt Obligations), en su mayoría subprime, se solicitaron informes positivos a las agencias de rating, que no tuvieron impedimento en emitirlos. Esto es todo un ejemplo de ingeniería financiera sofisticada, que muchas veces escapan a la comprensión de los que los comercializan y de quienes los compran.

En esta situación insostenible con una subida vertiginosa del precio de la vivienda, sobrevino un aumento de la inflación por los precios del petróleo y de las materias primas, además de  por un incremento del consumo. Para controlar la inflación las autoridades monetarias incrementaron los tipos de interés, lo que encareció de una manera inmediata los préstamos a interés variable, la mayoría de las subprime, por lo que aumentó la morosidad bancaria y una caída del precio de la vivienda. El encarecimiento del dinero hizo que ya no se comprasen tantas viviendas como antes. Había pinchado la burbuja inmobiliaria.

Muchos bancos se vieron con serios problemas al no poder cobrar los préstamos, reduciendo sus beneficios, por lo que las bolsas comenzaron a resentirse. Los bancos comenzaron a desconfiar unos de otros, porque ninguno sabía la cantidad que tenía de mercancía averiada de subprime, lo que provocó una paralización del mercado interbancario y de los préstamos entre bancos, y disminuyeron los créditos a las empresas ya a las familias. El colapso de la banca y la falta de información veraz sobre lo que, de verdad, estaba ocurriendo aumento la desconfianza de la gente.

El desenlace de todo lo expuesto fue el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, el hundimiento de muchos promotores y empresas constructoras, y una reducción importante del consumo y de la inversión, con el consiguiente aumento del desempleo en otros sectores, además del de la construcción.

Esto ha sido lo que ha ocurrido, expuesto de una manera breve y concisa. Ahora quiero terminar con unas breves reflexiones. Vienen muy bien para la ocasión unas líneas extraídas de un artículo titulado ¿Quién fue? de la gran periodista colombiana Aura Lucía Mera que dice así: Recuerdo un cuento de la pequeña Lulú. Estaba con sus amigos, Anita, Toby y todo el combo en un campo de verano. Dormitorio comunal. Todos los niños en la cama. Luces apagadas. Silencio.De pronto una vocecita pregunta –¿Quién fue?... Responde otra –¿Quién dijo quién fue? Sigue otra –¿Quién dijo quién dijo quién fue?, y así sucesivamente hasta llegar a un prolongadísimo  sin respuesta al ¿Quién fue-quién dijo quién fue-quién dijo quién dijo quién fue?... Al buen rato, silencio total. Todos dormidos. Jamás se supo quién dijo quién fue...

Así con la crisis. Las casas, los préstamos, las hipotecas, los préstamos aumentados, el dinero flotante y virtual, las bancas de inversión subvenden a otras bancas de inversión, que subvenden a otras bancas, que subvenden... y cuando estalla la burbuja en millones de  pedazos, nadie supo nunca Quién Fue..

 

Y a esta situación se ha llegado, como muy bien dice Tony Judt en su reciente libro, Sobre el olvidado siglo XX : Somos escépticos, si no activamente recelosos, ante los objetivos políticos globales: las grandes narraciones de la Nación, la Historia y el Progreso, que caracterizaron a las familias políticas del siglo XX, ahora parecen desacreditadas sin recuperación posible. Y, así, describimos nuestros objetivos colectivos en términos exclusivamente económicos —prosperidad, crecimiento, PIB, eficacia, producción, tipos de interés y comportamiento del mercado de valores—como si no fueran sólo medios para alcanzar colectivamente unos fines sociales o políticos, sino fines suficientes y necesarios en sí mismos.

En una época apolítica hay mucho que decir de los políticos que piensan y hablan económicamente: después de todo, así es como la mayoría de la gente concibe hoy sus oportunidades e intereses vitales, y cualquier proyecto de política pública que ignorase esta verdad no llegaría muy lejos. Pero eso es sólo cómo son las cosas ahora. No han sido siempre así, y no tenemos buenas razones para suponer que seguirán siéndolo en el futuro. No sólo la naturaleza aborrece el vacío: las democracias en las que no hay opciones políticas significativas, en las que la política económica es todo lo que realmente importa—y en las que la política económica está en buena parte determinada por actores no políticos (bancos centrales, agencias internacionales o corporaciones transnacionales)— bien dejarán de ser democracias que funcionen o volverán a presenciar la política de la frustración, del resentimiento populista.

 En la misma línea acaba de expresarse Reyes Mate: Al autor de El Capital debemos el haber descubierto la relación entre economía y política, por tanto, que la economía debe estar dirigida desde la política, una tarea hercúlea y a contracorriente porque “el modo de producción de la vida material domina en general el desarrollo de la vida social, política e intelectual”, es decir, que el dinero tiende a convertirse en poder.

 Aura Lucía desconoce los culpables de este desaguisado. Mas, ¿Quiénes son los grandes perjudicados?  Los de siempre. La clase trabajadora. El Informe mundial sobre salarios, 2008/09, acabado de publicar por la Organización Internacional de Trabajo(OIT) vaticina una fuerte erosión de los salarios en el 2009. En el futuro inmediato, se prevén momentos difíciles para muchos trabajadores, ya que el crecimiento económico lento o negativo, junto con unos precios muy inestables, reducirá los salarios reales de muchos trabajadores, en particular en los hogares pobres y de salarios bajos. En muchos países, las clases medias también se verán gravemente afectadas. “Para los 1.500 millones de trabajadores asalariados del mundo, se avecinan momentos difíciles”, acaba de afirmar el Director General de la OIT, Juan Somalia. Y qué decir de todos aquellos que se vean inmersos en la situación lamentable del paro. Sería conveniente que no olvidásemos algo tan elemental como el hecho de que el paro generalizado, es la situación que mejor conviene a las empresas para lograr condiciones más favorables de contratación, salarios más bajos, menor capacidad reivindicativa de los trabajadores y mayor sometimiento y disciplina. El paro desmoviliza a los asalariados, los debilita en todos los sentidos y termina por provocar una condición general de sometimiento y miedo a la pérdida del puesto en quien lo tiene, o de aceptación de cualquier condición de trabajo por ínfima que sea en quien lo busca con necesidad, que permite a los empresarios imponer los términos más ajustados a sus intereses.

Mientras tanto, Bernard L. Madoff acabamos de conocer que ha llevado a cabo una estafa de 50.000 millones de dólares, sin que nadie se enterase de nada. ¿Quién fue?

 

 

 

Publicado en Extremaduraladía y ElIndependientedeCanarias, 22 de diciembre de 2008.

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