1610, UNA FECHA IMPORTANTE PARA ARAGÓN

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Cándido Marquesán Millán

                        

Uno de los acontecimientos más importantes en la Historia de Aragón ha sido “La Expulsión de los Moriscos”, (los mudéjares bautizados reciben el nombre de moriscos) ocurrido en el año 1610, por lo que el año próximo podremos celebrar el 4º Centenario. Sin entrar en profundidades que no caben en la extensión de este artículo, podemos entender la trascendencia de este hecho con dos aspectos que comento a continuación.

Siempre nos quejamos los aragoneses de que somos pocos, en comparación a los de otras Comunidades, lo que tiene sus consecuencias políticas. Según el Padrón Municipal de 2008, los aragoneses hemos llegado a la cifra  de 1.325.272. En Cataluña son 7.354.441. Y en la Comunidad de Madrid son 6.251.86. Lo que significa en cuanto a representación política respectivamente de 13 diputados, 47 y 35. Obviamente hay muchas otras razones para explicar este déficit demográfico en Aragón, pero mucho tiene que ver en esta circunstancia el que a partir de septiembre de 1610 en  torno a 60.818 moriscos salieron de nuestra tierra: por  el puerto de los Alfaques (38.286), por Roncesvalles (9.962) y por el Somport (12.570). Lo que supuso entre un 15% y un 20% de la población aragonesa, según el profesor Gregorio Colás.  En algunas zonas fue un auténtico cataclismo demográfico. El pueblo de Vinaceite quedó totalmente deshabitado.

 

Esos aragoneses expulsados por motivos religiosos fueron los que nos han dejado el patrimonio histórico-artístico más valorado por las instituciones expertas de la materia a nivel internacional. No en vano la UNESCO ha declarado Patrimonio Mundial al Arte Mudéjar de Aragón, corroborando el valor universal y excepcional de este arte, lo que significa que este estilo sea el más genuino de nuestro pasado artístico. Edificios como las torres de Teruel, o la Magdalena y San Pablo en Zaragoza, o las iglesias de Tobed, Cervera de la Cañada o Torralba de Ribota… son algo de lo que todos los aragoneses debemos sentirnos orgullosos. Con estos dos datos queda demostrado de una manera fehaciente la trascendencia de lo mudéjar en nuestra historia.

 

Los aragoneses en comparación con los españoles de otras latitudes no destacamos precisamente por el conocimiento de nuestra historia. El hecho que estamos comentando ha sido, proporcionalmente, el mayor exilio de la Historia de Aragón, bastante superior al exilio de 1939, pues la población entonces era mucho menor que tras la Guerra Civil de 1936-1939. Sin embargo, no es el exilio más recordado. De hecho, pienso que son muchos los aragoneses de hoy que no conocen esta trágica historia. El año próximo sería una buena ocasión para subsanar esta carencia, como también para reconciliar a la sociedad aragonesa con su propia Historia y con los descendientes de esos otros aragoneses que desde hace siglos pueblan el mundo, llevando con ellos la nostalgia y el amor por su antigua tierra, expresado en sus tradiciones, en su música, en las palabras castellanas conservadas en su lenguaje, en su interés por todo lo español y aragonés. También se podría hacer un reconocimiento de su sufrimiento. Debería utilizarse la Historia no para levantar rencores y crear muros infranqueables, sino para modificar el odio de hace 400 años en una amistad nueva, recuperando y dando a conocer a la sociedad aragonesa la memoria de la esta tragedia morisca, y tratar de tender puentes hacia los descendientes- residentes en el Magreb- de aquellos moriscos, que tuvieron que salir muy a su pesar de su tierra tan querida. En esta labor tiene una tarea ingente y muy atractiva la DGA, así como la Universidad de Zaragoza. En los colegios e institutos algunos docentes ya estamos trabajando en esta línea con determinadas actividades: trabajos sobre los moriscos, viajes artísticos para visitar obras emblemáticas moriscas, etc.

Tampoco es cuestión en estos momentos de echar culpas sobre aquellos personajes históricos que tomaron tan traumática decisión: Felipe III o el patriarca Juan Ribera. O sobre los Reyes Católicos por la expulsión de los judíos en 1492. Mas, la historia debe servir para entender y hacer mejor el presente. Como también para que no vuelvan a cometerse semejantes errores. Y que tengamos muy claro todos los españoles que la imposición de una religión, la católica, en España fue a costa de perseguir por parte de los poderes políticos y religiosos oficiales de una manera inmisericorde a los herejes, los luteranos, los erasmistas, los heterodoxos de cualquier tipo, junto a los judíos y los musulmanes. Y que por ello se perdieron por el camino para siempre las aportaciones de  todos estos colectivos perseguidos. Sirva de ejemplo claro el dato siguiente.  En la comunidad judía de Híjar, a partir de 1485 bajo el patrocinio del primer duque de Híjar se desarrolló una de las primeras imprentas de Aragón. Estaban al frente tres socios: Elieser ben Alantansi, Salomón ben Maimon Zalmati y Abraham ben Isaac ben David, judíos conversos. De allí salieron cinco incunables extraordinarios. Con la expulsión de los judíos la imprenta fue llevada a Lisboa.

Publicado en Asturiasopinion, 28 de octubre de 2009

 

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