ARAGÓN COMO PROBLEMA

Ignacio Izuzquiza

 

15/01/04

 

Vicerrector de la Universidad de Zaragoza: Voy a hacer una presentación muy breve de la sesión que hoy tenemos en este ciclo de “Pensando Aragón: entre dos siglos” que coorganizan la Fundación Bernardo Aladrén, la Universidad de Zaragoza y que patrocina la Caja de Ahorros de la Inmaculada.

 

En primer lugar, disculpando al Rector que le hubiera gustado estar en esta presentación del ciclo y en la primera sesión pero tenía una reunión en Madrid y le ha sido imposible asistir, así que en este caso he tenido yo la suerte de venir a escuchar a Ignacio en esta primera intervención con este, yo diría, “noventayochista” título de “Aragón como problema”.

 

El ciclo lo va a presentar Pilar de la Vega, que es Vicepresidenta de la Fundación Bernardo Aladrén.

 

Desde el punto de vista de la Universidad es un privilegio, una suerte, que una nueva Fundación tenga esta voluntad de colaborar con la Universidad, que una buena parte de los ponentes de estas sesiones sean profesores de nuestra Universidad y como bien sabéis, para el Rector es casi una obsesión esta idea de que la Universidad tiene que estar abierta a la sociedad, a empresas, a instituciones, a todo tipo de organizaciones que tengan relevancia en la vida social, económica y cultural y en este sentido yo creo que éste es un buen ejemplo del tipo de colaboraciones posibles.

 

Ignacio no es que sea impresentable sino que Pilar va a ser quien va a hacer luego una presentación de él. Como sabéis, Ignacio es catedrático en nuestra Universidad, ha estado dedicado a la educación desde hace muchos años, primero en Secundaria y hace ya bastante tiempo en el ámbito universitario.

 

Es un autor importante, relevante, con una serie de trabajos significativos, que quizás Pilar luego nos comente, tiene también una intensa actividad en su trabajo de investigación y docente en el ámbito internacional, de colaboración con grupos de otros países y en este sentido creo que es un universitario del siglo XXI, como nos gustaría que fuesen los universitarios de este siglo.

 

Sin más preámbulos, Pilar, a ella tampoco la presento, ya sabéis que ha tenido aquí todo tipo de responsabilidades políticas en el mejor sentido de la palabra; como Directora Provincial de Educación en los años 80, posteriormente ha sido Consejera de Educación del Gobierno de Aragón, ha sido también Delegada del Gobierno en Aragón, en este sentido pues, una personalidad de nuestra vida política y que en la actualidad se esfuerza por educar a la gente joven en los institutos, se esfuerza, por que es una tarea como ella bien sabe, y hemos hablado a veces, una tarea bastante complicada.

 

Cuando quieras Pilar, puedes presentar el ciclo y al propio Ignacio.

 

 

 

Pilar de la Vega: Gracias. Buenas tardes, me corresponde a mí la apertura del ciclo que la Fundación Bernardo Aladrén inaugura con esta primera sesión del jueves 15 de enero.

 

Todas las personas que están hoy aquí han visto en el tríptico de este ciclo qué vamos a hacer, es un ciclo que se titula “Entre dos siglos: pensando Aragón”, y nuestro objetivo era recordar que esta tierra hace veinte años comenzó un proceso de construcción autonómica, un proceso democrático nuevo, con un grupo de jóvenes políticos liderados por Santiago Marraco que pusieron en marcha un modelo de construcción de Aragón y que de alguna manera, podíamos decir no sé si intencionada o no, ha pasado un poco desapercibido el conmemorar o el pensar que han significado estos veinte años y que significó el comienzo de ese proceso institucional nuevo de la construcción del Estado Autonómico, buscando justamente valorar que han significado esos veinte años, que yo no sé si las personas que lo pusieron en marcha sabían hasta dónde se podía llegar y pensaban que se iban a producir las transformaciones que se han producido, y entonces queríamos desde la fundación, pensar y reflexionar en voz alta cuánto y cómo ha cambiado Aragón en estos veinte años.

 

Para eso buscamos personas que habían trabajado en esos años y que habían tenido responsabilidades importantes en la puesta en marcha de ese proyecto hace 20 años y que también algunas de ellas las tienen en la actualidad.

 

Y acompañaban a estas personas prestigiosos profesores universitarios y evidentemente responsables políticos de primera identidad de aquellos años y de ahora y les acompañaban periodistas que habían participado también aquellos años en la comunicación, en el debate o en la transmisión de lo que estaba sucediendo en las instituciones que se ponían en marcha en nuestra tierra, con el deseo de analizar que ha pasado, de reflexionar.

 

Y buscamos unos temas que tienen delante todos ustedes como el de la identidad aragonesa, las infraestructuras en Aragón, el agua, la investigación y desarrollo, la gestión autonómica y la calidad de vida, y terminábamos después con los dos Presidentes, el Presidente de hace veinte años y el Presidente actual, dos visiones, dos realidades de la situación aragonesa de entonces y de ahora.

 

Podíamos haber puesto más temas y podíamos haber buscado a otras personas, nuestro deseo es abrir cauces de debate, de participación, de reflexión porque sólo entendiendo el pasado, recuperando el pasado y analizándolo, es posible que seamos capaces de comprender el presente y de construir entre todos un futuro mejor, o por lo menos un futuro con esperanza.

 

Este es el papel que la Fundación Bernardo Aladrén ha tenido y quiere seguir teniendo, llevamos ya cuatro años trabajando y cada año hemos hecho un ciclo de debates.

 

Empezamos con un tema que por aquel entonces se trabajaba muy poquito que era el tema de la inmigración desde diferentes puntos de vista políticos sociales y educativos, seguimos el año pasado planteando nuevas ideas para una nueva sociedad, porque pensamos que habría que abrir, había que pensar desde lo local, pero había que pensar que estamos en un mundo global.

 

Hemos seguido trabajando recuperando la historia olvidada de personas importantes de esta tierra pero que por su nueva situación histórica no ha sido posible recuperarlas, por eso tenemos una colección que dirige el profesor Herminio Lafoz, que es la colección Isidoro Achón, y hemos recuperado allí memoria importante y vamos a seguir por ese camino.

 

Y hoy hemos querido plantear no sólo pensar sobre los veinte años, sino también pensar en el futuro, por eso decíamos pensando Aragón entre dos siglos, siglo XX y siglo XXI, y quién mejor que el profesor Ignacio Izuzquiza para abrir el ciclo de hoy, para abrirlo con un tema que era “Aragón como problema”, así se lo propusimos.

 

Yo voy a hacer unas pinceladas del profesor bastante especiales, no voy a contar todos sus méritos académicos porque creo que todo el mundo los conoce, pero me va a permitir que diga algunas cosas hoy aquí.

 

Creo que es un profesor que tiene una apertura intelectual, una profunda curiosidad cultural, sus libros, muchos y diversos, son interesantes, profundos y amenos porque no solamente sabe bien lo que escribe si no además lo hace muy bien, tiene una personalidad literaria además de filosófica.

 

Es un profesor de la Universidad pero antes fue compañero de Instituto, de los que gustaban a los alumnos y lo que es más importante, de los que se acuerdan los alumnos, de los que dejan huella, que creo que es lo que queremos todos los profesores, y aquí estamos bastantes.

 

Yo creo que el profesor Izuzquiza piensa que la Universidad debe producir algo más que titulados.

 

Aragón debería notar más la presencia de su importante Universidad, una Universidad además que quiere estar abierta como ha dicho su Vicerrector aquí y que además ha firmado con nosotros, con la fundación Bernardo Aladrén, un importante convenio de colaboración, por eso este ciclo lo hacemos aquí.

 

Como también ven, tenemos una participación importante de una institución que ha colaborado con nosotros y que ha hecho posible que nuestras actividades hayan sido posibles, que es la Caja de Ahorros de la Inmaculada.

 

Por eso estamos hoy aquí como les decía, en esta Universidad, porque él entiende que la Universidad debe de jugar un importante papel y que se debería de notar más en la ciudad de Zaragoza, yo creo que en su último libro, este pensamiento se nota bastante bien, deja ver este desencuentro.

 

Además el profesor Izuzquiza, a la manera griega, es un buen ciudadano porque participa en la comunidad dando lo mejor de sí, de su capacidad de reflexionar y de su profunda honestidad intelectual, sinceramente creo que es un lujo y deberíamos de usarlo más en Aragón.

 

Nosotros así lo hemos hecho y por eso hace dos años participó en un libro que hicimos cuando la Unión General Trabajadores, en la que también participó esta Fundación porque como saben tiene una dependencia de la propia UGT, participó en aquella exposición y en el libro que hicimos, Trabajo, sociedad y cultura, una mirada al siglo XXI y nos cerraba justamente esta reflexión con la lucidez que le caracteriza.

 

Y su último libro, por el cual hemos provocado hoy aquí su presencia se titula Aragón como problema. Notas para una teoría que son las que a mí también hoy aquí pues me gustaría reflexionar un poquito, para que después, además de las cosas que nos va a decir, que estoy convencida de que no nos va a decir lo del libro que nos va a decir otras cosas porque su capacidad le llevará a ponernos encima de la mesa reflexiones distintas y diferentes, quizás complementarias, pues dice algunas cosas, algunas reflexiones después de haberlo leído, de haber disfrutado mucho con él, que me gustaría hacer hoy aquí para terminar esta presentación tan poco al uso.

 

No es fácil, yo creo que no le resultó fácil escribirlo, se le nota algún pequeño desgarro interno en la lectura cuando lo conoces y se le lee.

 

Es un libro que tiene un equilibrio entre el escepticismo y la corrección, siempre es más fácil dejarse llevar por la pendiente de lo negativo y hace falta mucho esfuerzo e inteligencia para saber ver esperanza, ilusión y futuro posible en una tierra de gentes tan secas y tan difíciles para la comunicación.

 

Y cómo no, en el libro aparecen la política y los políticos, aparecen muchas veces, y desde luego no es condescendiente ante esta cuestión.

 

Su análisis es duro pero yo creo que es esperanzador, él cree que otro Aragón es posible, eso sí, con ideas, con trabajo y con inteligencia, eso nos lo dirá también hoy aquí supongo.

 

Otra característica que podría destacar de él pero que yo creo que también se nota en su libro, que yo he utilizado para hablar hoy aquí, es su sensibilidad y su solidaridad con los más vulnerables, y es como una melodía de muchos de sus escritos, también lo era del primer trabajo que hizo con nosotros, porque yo creo que es un profesor progresista y sensible, pero como hace poco ruido y a veces está demasiado fuera, como decía el profesor Pinilla, en demasiadas Universidades de fuera, no es un personaje muy frecuente en el ruidoso escenario de la actualidad y es una lástima.

 

Por último yo creo que este libro y sus reflexiones sobre Aragón son necesarios porque es un libro ajeno a los halagos, no es triunfalista ni victimista, y sobran escritos entre estos dos bandos que representan opciones distintas.

 

Estamos ante un libro analítico, duro, poético, es una maravilla cuando habla del barro y el Mudéjar, muchas veces en el libro toca los poderes fácticos responsables del ser y no ser de Aragón y que en definitiva han posibilitado suficientes elementos para un cambio de perspectiva sobre Aragón, lo que él dice y cómo lo dice.

 

Porque además nos lo dice y nos lo da no como un alimento ya digerido, sino que trata al lector como adulto y le posibilita para que sea capaz de pensar por sí mismo y reflexionar sobre su posición sobre Aragón y los aragoneses.

 

No hay catequesis ni manipulación, se trata de reflexionar sobre Aragón, que es para lo que estamos hoy aquí y creo que hacer esto no es otra cosa que lo que debe hacer la buena filosofía, como la que hace el profesor Izuzquiza.

 

Tiene la palabra, profesor.

 

 

 

Ignacio Izuzquiza: Muchas gracias.

 

Lo primero que tengo que decir es dar las gracias a las dos personas que están leyendo mis apuntes que están como cuando en la escuela alguien lee las notas del compañero, es un agradecimiento a la institución que me ha invitado, a la Universidad que me acoge que en realidad es mi casa, pero que en este caso es una casa mucho más pomposa y lujosa, con tapices con cuadros, con arañas de cristal y con parqué del bueno.

 

Y dar las gracias invirtiendo el orden de la educación, primero a mi Vicerrector, yo voy a devolver también la pelota de los elogios, que es un hombre joven y que a pesar de eso tiene la disposición y la generosidad de dedicar su tiempo a tareas nada agradables, como por ejemplo estando hoy aquí aguantando mis palabras.

 

Y por supuesto, a la profesora Pilar de la Vega, a la que me une una amistad y a la que yo agradezco su presentación y para vengarme tengo que decir que Pilar de la Vega y esto no es ninguna exageración, que los filósofos debemos evitar siempre, fue una de las políticas que ejerció bien el poder, porque yo que tengo como orgullo, y lo digo siempre en todos los ámbitos y en todos los foros donde me han permitido, ser durante muchos años Catedrático de Instituto y que para mí es más orgullo ser Catedrático de Instituto que ser Catedrático de la Universidad actual, tengo que decir que cuando yo vine a Zaragoza había tres institutos y actualmente creo que hay quince, una de las responsables de esta proliferación fue la persona que está sentada a mi derecha.

 

No entiendan esto en modo a alguno como una batalla de flores, sino simplemente como un agradecimiento sincero y también como un intento de contestar a la invitación diciendo que yo no sé si soy la mejor persona que existe para abrir este debate, porque yo no soy un gestor, tengo una opinión muy particular del poder, tengo escasa responsabilidad pública y soy simplemente un profesor de provincias, en el fondo es lo que soy, con un título universitario, que tengo que dedicarme a enseñar filosofía, y los que nos dedicamos a enseñar filosofía creo que tenemos que ser conscientes de que somos profesionales en cierta medida del silencio y del enseñar a decir no, normalmente enseñar a decir no es mucho más difícil que enseñar a decir sí, construir una buena negación es el fundamento del pensamiento crítico, entonces en ese sentido no sé si soy la persona indicada, pero ya que estoy aquí voy a intentar corresponder a la amabilidad y gentileza de la invitación.

 

Yo pensaba cuando me propusieron el título de la conferencia, pensaba lógicamente como hacen los conferenciantes madrileños que hasta ahora poblaban la ciudad de conferencias, hacer una especie de pequeño cocktail de las páginas de mi libro, cambiar un poco la forma, los títulos y ya está, hablar de eso, pero no me parece correcto.

 

El libro está publicado, es un libro que ha sido un intento sincero de pensar esta tierra, un libro que a unos les ha gustado y a otros, entre los que incluyo poderes fácticos muy importantes de esta tierra, no sólo no les ha gustado, sino que les ha disgustado, a pesar de que no hay nombres ni nada que, creo yo, puedan molestar.

 

El libro está ahí, está en las hemerotecas, en las librerías y yo voy proponerles un pequeño juego, las ocho de la tarde es una ahora siempre más agradable para pasear o tomar un vermut y voy a proponerles un ejercicio que es también un ejercicio para mí, voy a intentar hacerlo en voz alta y que es un modo también de pensar Aragón, pero no voy a plantearles únicamente ideas, voy a hablar de sensaciones.

 

Yo subtitularía a mi intervención “Aragón como problema. Un banquete de sensaciones”.

 

Y voy a hacer como profesor de filosofía que soy, un ejercicio de filosofía empirista, de “common sense” británico.

 

Todo el mundo sabe que para los grandes empiristas es absolutamente imposible pensar sin tener una sensación y no hay ideas buenas sin tener sensaciones importantes, para adobar esto comenzaré mi intervención con una frase muy conocida de Elliot, el gran poeta británico que es uno de los grandes representantes del “common sense” británico, cuya tradición conoce muy bien el profesor Pinilla y que no es un empirismo cutre, sino que es un empirismo de altura.

 

Elliot el gran poeta decía “La primera condición para tener unas ideas es tener buenas sensaciones que las apoyen” y añadía algo tan importante como lo siguiente “Si ustedes quieren conocer un país extranjero tienen que poder olerlo” dicho de otra manera, tienen que olerlo, tienen que gustarlo, tienen que escucharlo y yo lo que les voy a proponer cinco espacios de sensaciones para ver como es Aragón.

 

Yo voy a imaginarme que soy un británico, un valenciano, un murciano, un andaluz que viene aquí y que digo cómo huele Aragón, qué color tiene, qué tipo de sonido destila Aragón, qué sensaciones me crea Aragón, para a través de esas sensaciones poder pensar algo.

 

Y por eso yo les voy a proponer espacios de sensaciones como un banquete de sensaciones y les voy a proponer cinco, cada uno de ellos es un lugar conocido y que se puede extender a todo Aragón, pero al mismo tiempo tienen también, por decirlo de alguna manera, una carga de ideas que yo creo que es importante y fundamental para pensar de un modo nuevo esta tierra.

 

El primer espacio es un edificio, un edificio que si tuviera que representar a todo Aragón es el que yo voy a decir, pero que en todos los pueblos hay un edificio de este tipo y que es un espacio de sensaciones, yo les voy a pedir que piensen a que huele este edificio.

 

Este edificio es el edificio Pignatelli, podíamos hablar del Ayuntamiento, podíamos hablar del de la Diputación, del Ayuntamiento de un pueblo o si estuviéramos en el antiguo régimen, de la Casa del Señor o del palacio del Duque, que es lo que se dice siempre en Aragón, los Duques eran los que mandaban.

 

Pensemos un poco que estamos dentro del edificio Pignatelli, yo voy a hacer una brevísima descripción, como la haré de los cinco espacios de los que vamos hablar.

 

Es la sede del Gobierno de Aragón, es la encarnación de la Autonomía, es en realidad el lugar donde se han vivido estos veinte años que estamos conmemorando, ahora es un edificio antiguo, huele a moho, yo di clase allí cuando vine a Zaragoza como algunos de los que están aquí, muestra algo que es extraordinariamente importante, el valor del común de Zaragoza, de la propiedad de la ciudad de Zaragoza, porque el edificio Pignatelli era el hospicio, pero tenía al lado el hospital que era un hospital puntero y tenía al lado unas huertas increíbles, y por si fuera poco se construyó al lado la plaza de toros, que también era del común de Zaragoza.

 

Este edificio supone entre otras cosas, se reconstruyó, curiosamente se entra por detrás, dense cuenta que la portada principal prácticamente no se utiliza, se entra siempre por detrás por la parte del colegio Joaquín Costa, supone algo que yo creo que es importante que es un nuevo modo de vivir e invertir la propiedad.

 

El que una ciudad tuviera estos instrumentos suponía que ser rico era importante y Zaragoza era una ciudad muy rica cuando construyó este edificio, pero al mismo tiempo sabía invertir la propiedad, no sólo compraba coches, pisos, que es lo que solemos hacer ahora o especulaba, bueno también especulaba pero de una manera distinta.

 

Este edificio que sensaciones puede aportar cuando uno entra allí dentro, las que a mí me da me las voy a ahorrar, yo he entrado muy pocas veces pero en determinados despachos puede oler a colonias carísimas de los Consejeros, de los grandes Directores Generales, puede oler a churros de los administrativos que vienen de desayunar, hay siempre mucho movimiento, puede oler a cortinas de un modo determinado, puede oler a burocracia, la burocracia casi siempre tiene un olor aunque se utilice los ordenadores.

 

Pero sobre todo yo creo que hay dos sensaciones que son importantes y son las que generan la percepción de lo que es el edificio Pignatelli.

 

Por un lado genera espacios de posibilidad, por que la política si es algo es la gestión de la posibilidad, y digo esto que es una bomba no porque lo diga yo, sino porque el concepto de posibilidad es muy importante, los que están ahí, sobre todo los que tienen gran responsabilidad y muchos los que están ahora en esta sala tienen o han tenido responsabilidades importantes, saben que los grandes edificios de Gobierno lo son tanto en cuanto son capaces de generar y gestionar espacios de posibilidad, no son nada cuando son solamente una copia de algo y a veces me temo que aquí como en Murcia, como en Asturias copiamos lo que se ha hecho en Madrid o en París que es el modelo de la burocracia hispana, o copiamos lo que se ha hecho en otro lugar, pero no generamos posibilidad.

 

A mí me gustaría oler la generación de posibilidad porque eso es oler la generación de nuevas avenidas, de espacios nuevos, de lugares nuevos, con todo lo que eso supone.

 

Pero hay otra idea que está también apoyada en una sensación en ese edificio que es la siguiente, y es que en este edificio se crea organización, es decir el Gobierno de Aragón crea bien o mal, podría ser de otra manera pero lo crea, espacios no sólo de posibilidad sino de organización.

 

Todos ustedes saben que los catalanes y hablo de nuestros vecinos a los cuales nos une una relación de amor y odio, son muy orgullosos de ser catalanes, y están descubriendo el valor que tiene desde el tortelle de reis del cual hacen una metafísica, hasta la posibilidad del caganet en el belén.

 

Dicho de otra manera, en Cataluña se ve clarísimamente que ser miembro de la comunidad catalana es muchas veces un orgullo para el individuo porque a lo largo de la historia, ya no hablo de Gobiernos concretos, Cataluña es entre otras cosas una forma de organización, dicho de otra manera que dicen los británicos, tiene un label, una señal de la casa y es lo que decimos normalmente cuando se organiza una exposición, que el 60% de las empresas culturales que se dedican a organizar exposiciones son catalanas.

 

Hablo de Cataluña porque lo tenemos al lado, podríamos hablar de Francia, pues lo mismo cuando decimos “esto es francés” o “esto es americano”, esa obsesión de Bush ahora por ficharnos a todos los que vamos allí.

 

Porque lo que se crea es una organización donde los individuos están de alguna manera realzados en sus propias posibilidades, pobres de las comunidades y de los países y de los lugares que no cuentan con una organización.

 

Yo les dejo la posibilidad de pensar si el Gobierno de Aragón, lo que genera el Edificio Pignatelli, nos da una organización donde cada uno de nosotros podamos aumentar nuestro propio individual.

 

Este primer espacio de sensaciones podría ampliarse hasta la saciedad y yo tengo aquí muchísimas más cosas y no voy a aumentarlas, pero es un lugar que huele a poder, y ¿cómo huele el poder?.

 

Muchos de ustedes habrán tomado el AVE a Madrid a las ocho de la mañana y han hecho una cosa que yo creo que han hecho todo los ciudadanos, que si vas en segunda te vas hasta arriba a ver a los de primera clase, entonces allí es un mareo de esencias, gemelos, etc.

 

Cuando vas en el avión, ¿quién no se acerca a ver cómo son los de business class?.

 

Porque el poder tiene sensaciones y, ¿cuáles son las sensaciones que apoyan las ideas del poder del edificio que Pignatelli? Ojalá sean las del poder entendido, que no sea únicamente dominio, ni menos aún vanidad que es más cutre, porque el dominio al menos es fuerte, la vanidad es ridícula, eso sí que no tiene prácticamente sentido.

 

Creo que he dado varias indicaciones y podríamos estar toda una tarde hablando de las sensaciones que genera el edificio Pignatelli, pero voy a seguir y así les hago trabajar un poquito.

 

El segundo espacio tiene un carácter totalmente diferente, tiene poder porque los grandes espacios de sensaciones tienen poder detrás casi siempre, pero es un poder distinto, es un poder simbólico, un poder muy complicado de analizar pero extraordinariamente importante.

 

Este edificio representa a todo Aragón, bien o mal, independientemente de las creencias personales, es un edificio muy polémico y que en otros lugares a creado corrientes de pensamiento, arte, tendencias, etc., aquí no lo sé y se lo voy a plantear.

 

Es un edificio inmenso, yo no sé si es muy bonito pero es muy grande, que tiene una batalla constante con el edificio que tiene enfrente y que está levantado sobre dos de los hitos fundamentales de la historia de nuestra tierra, sobre Roma y el Islam, está levantado al lado del Foro y al lado de la Mezquita Mayor, es un edificio mestizo.

 

Estoy hablando del Pilar.

 

Si yo tuviera que hablar aquí del Pilar en comparación con Montserrat que tiene detrás una comunidad benedictina con una de las editoriales más importantes de Cataluña, con unas jornadas teológicas de primerísima magnitud, con la creación de arte absolutamente apabullante, incluso han creado una cosa bastante cutre que son los aromas de Montserrat.

 

Si yo lo comparo con Aránzazu que sería el otro contrapunto, muy peculiar porque en Aránzazu no son benedictinos, son franciscanos, seas o no seas creyente esto esta ahí, podría hablar en Sevilla de la Macarena que es una institución.

 

¿Qué representa el Pilar? El Pilar no es solamente un templo, es un conjunto de símbolos donde se proyecta la creencia y la fe personal con la descreencia, pero está más allá de toda referencia, porque si no uno no podría entender que el día del Pilar hubiese más de un millón de personas que se visten de labradores y van a llevar flores, que es una costumbre muy correcta para el que le guste y está ahí.

 

El Pilar representa toda una serie de cosas que son importantes, que es el poder del símbolo en esta tierra, y para de entender esto uno tendría que ver qué sensaciones despierta el Pilar. Porque lo primero que se me ocurre es que no es igual el olor de la cera y el incienso que el olor de las ideas, no es lo mismo el olor del Rosario, con todo el respeto, ni el tocar las imágenes que el olor de las grandes ideas teológicas, no es lo mismo pensar en el Pilar como en la Virgen del Pilar que se nos la llevan, con todo el respeto hacia lo que respetan las otras personas independientemente de mis creencias, como con el agua, ¿y qué?

 

Porque lo importante del Pilar no es solamente tener una propiedad nuestra, lo importante del Pilar y el Pilar está ahí, entre otras cosas, para distinguir lo que es la devoción, que normalmente es algo cutre que se utilizaba siempre como dominio de las almas, de lo que es la verdadera creencia, eso es otra cosa, es algo muchísimo más serio, porque cuando se plantea la verdadera creencia entonces se plantea algo tan importante que es lo que tendría que generar el Pilar, que es el poder de la Iglesia.

 

No me puedo olvidar y perdonen la referencia, de algo que me dijo la viuda de un Consejero de Asuntos Exteriores del Presidente Kennedy que decía “En el Departamento de Estado el modelo de poder es el Vaticano” porque el poder de la Iglesia es poder a largo plazo, es un poder que va calando, bueno o malo, pero es un poder que está ahí.

 

Cuando la Iglesia asedia es un modelo de creencia profunda que hace teología seria, es muy curioso que en el Pilar se hace escasa teología, en el Montserrat sí, en el Pilar no; que hace arte; no se puede entender el arte europeo sin entender el arte orientado por la Iglesia y yo cuando pienso que la Catedral de La Almudena para la boda de nuestro Príncipe se va a decorar por ese señor, Kiko Argüello, ¿en Madrid no hay artistas importantes?.

 

Aquí tenemos también líos a la hora de decorar las capillas y las cúpulas, hace relativamente poco hubo sus problemas dentro del Cabildo.

 

La Iglesia con todo lo que representa, representa también una generación extraordinariamente importante de símbolos, incluso de símbolos profanos, esto es extraordinariamente importante, muchos de las representaciones más brutales de lo que era la teología tradicional, los pecados de la carne, proceden de la Iglesia.

 

Y entre otras cosas y esto sí que es en mi opinión muy importante, la Iglesia y el Pilar en Aragón es un lugar donde teóricamente tendría que cultivarse los verdaderos enigmas, porque eso es la trascendencia, que la ciencia utiliza de un modo y que la filosofía intenta combatir de otro, pero que evidentemente están siempre o casi siempre ahí, y perdonen ustedes pero un enigma no se descubre oyendo cantar únicamente a los Infanticos en el patio de operaciones de Ibercaja, esto es una contradicción brutal, que vaya a Ibercaja al Pilar a escucharlos.

 

Porque hacer eso es no tener en realidad las sensaciones fuertes y radicales que puede plantear un lugar creador de símbolos, para bien o para mal, independientemente de la creencia como es el Pilar, que es un lugar de identificación simbólica de primerísima magnitud y que curiosamente, lo digo sin ánimo de polémica sino para pensarlo, los filósofos tenemos que hacer eso, siempre ha estado como toda la ciudad romana y antigua de Zaragoza de espaldas al Ebro, misterio pero es así, porque entre otras cosas en el antiguo régimen se temía al agua, se estaba de espaldas al mar, de espaldas al río.

 

Tercer ámbito de sensaciones, que es algo que tenemos más cerca, es algo novísimo, es la nueva estación de Delicias.

 

Los que tengan que viajar con un cierta frecuencia entenderán lo que quiero decir, entenderán en primer lugar que un país suele ser serio entre otras muchas cosas cuando tiene dos culturas muy importantes que son culturas antiguas y culturas de la espera y de la paciencia, que es por un lado la cultura del tren, la cultura ferroviaria y por otro lado la cultura del correo, la cultura de las cartas.

 

Alemania no puede entenderse sin esas dos formas de cultura, a pesar de que tiene autopistas gratis en todo el país desde tiempos de Hitler, y Francia tres cuartos de lo mismo, los grandes países tienen esa cultura, y lógicamente Zaragoza la tuvo, no sé si la tiene ahora.

 

Esta nueva estación, que para algunos es una maravilla arquitectónica, es en realidad un producto de esa cosa hispana que es la improvisación, de que las cosas se hacen a mitad porque no se puede llegar bien, cuando uno llega en el tren tiene que estar esperando media hora un taxi, las personas no pueden bajar, cuando uno tiene que tomar un tren tiene que pasar un servicio de seguridad, es decir llevar la maleta, meterla en el escáner que nos cuesta a todos ese servicio 0’63 euros y luego en un tren, y si estás en clase preferente más, no haces más que comer incluso con alcohol si quieres, para un viaje que dura una hora y tres cuartos

 

Esta estación es en realidad algo importantísimo, yo aquí estoy siendo crítico pero en realidad es algo importantísimo.

 

Y ¿a qué huele esta estación? Aquí si que tengo que ser algo negativo porque las estaciones siempre han creado un entorno importante, han sido un lugar de ensueño, un lugar de romance, donde se ha ligado, la gente iba a las estaciones a ver quién iba y venía, eran un lugar de misterio, un puerto para las ciudades de secano y la estación siempre era un lugar de orgullo y en Zaragoza y Aragón lo fue.

 

Pensemos simplemente en París, que es algo que tenemos al lado, las estaciones que actualmente se utilizan y están reconvertidas son impresionantes, la estación del Norte que está al ladito de la estación del Este son un lujo, con restaurantes que todavía se pueden utilizar de primerísima magnitud y la estación de Lyon que tiene una de las canciones más bellas, una canción preciosa que es una historia de amor en la Gare de Lyon.

 

Yo no sé si nuestra estación es todo esto, quiero pensar que quizás, y cuidado, que no me meto con el diseño porque son gustos personales, me meto con lo que es, ahora es algo grande sin más, inacabada, muy difícil de llegar y lo que antes costaba cuatro euros ahora cuesta ocho, eso sí, nada más.

 

Esta estación, con todo lo que supone, nos tiene que descubrir unas sensaciones que creo yo que son importantes y que pueden generar ideas y es que en primer lugar, la primera idea importante, es la idea de la comunicación, una estación es lógicamente una puerta abierta a la comunicación y al problema que plantea la comunicación, que es la diferencia entre ser un lugar de paso o un lugar de cruce, ¿qué seremos? Lo trabajan ustedes, no se lo voy a decir yo.

 

AVE, AVE qué maravilla, ¿para qué? Para que pase como todos los trenes, pero ¿qué se queda aquí? Lo importante es lo que se queda aquí.

 

Una estación es un lugar de relaciones, ustedes se han planteado a dónde nos gusta más viajar a los aragoneses, ¿a Madrid o a Barcelona? Por Madrid hay pasión, allí está el poder que bulle, las burocracias, los Ministerios, los Sindicatos, Barcelona ya es otra cosa. Cuidado, porque eso es importante, son dos puntos de referencia importantes.

 

O bien la estación es un lugar para irse a otro país, porque aquí no tenemos aeropuerto o lo tenemos muy mal, yo no sé que hacen los grandes empresarios de nuestra tierra cuando quieren ir a Frankfurt o a Londres, cogen un taxi de su casa al tren, llegas a Atocha otro taxi a Barajas, si quieres utilizar el tren para tener una buena conexión aérea, ¿cómo lo puedes hacer? Porque en nuestro tiempo la entidad de algo es su capacidad de relación y Zaragoza y Aragón serán a algo en tanto en cuánto tengan capacidad de relación, creen esa cultura de la comunicación.

 

Y al mismo tiempo una última idea de la estación, la estación yo creo que tendría que ser siempre una puerta abierta y sobretodo tendría que ser un lugar donde se planteara la diferencia entre lo que es viajar y desplazarse.

 

¿Ustedes se han dado cuenta que hoy en día lo único que hacemos es desplazarnos constantemente? Ahora con el AVE mucho mejor porque vas a Madrid en un día y no tienes ni que dormir.

 

Pero viajar siempre es una transformación interior, desplazarse no, porque si tú viajas a Madrid entonces tienes que moverte por la Cava Baja, tienes que tomarte un hojaldre o ver el escaparate de la antigua confitería de El Pozo, tienes que ir a ver cómo es el Mercado de la Concepción, tienes que ir a ver esa cosa que gusta tanto en Madrid, lo digo porque es un término castizo, la “gilipollez” del barrio de Salamanca donde todos van vestidos de verde como de caza o tienes que irte a tomar una cerveza a uno de los bares más tradicionales de Madrid como es El Diamante, eso es viajar.

 

¿Hay que tener tiempo? Hay que tener tiempo para una transformación interior, lo otro es desplazarse.

 

Una buena estación es una estación que te prepara para el viaje y que además te da aire, en el libro que escribí del que hablaba Pilar tengo un capítulo dedicado a la necesidad de que Aragón tenga aire, y por aquí iría un poco esta sensación que en realidad subyace a una idea que a mí me parece significativa

 

Quedan dos espacios y ya termino, el cuarto espacio de sensaciones es un poco más teórico, ahora ya no voy a hablar de cosas que todos conocemos, que sean identificables como el Pilar o como el edificio Pignatelli que todos conocemos.

 

¿Ustedes se han dado cuenta que todos los pueblos y ciudades importantes que se precien tienen paseos?

 

Una ciudad es lo que son sus paseos, cuando un gobernante más o menos carismático, muy criticable, quiere hacer algo, hace un paseo.

 

Todos ustedes saben que el señor Mitterrand tenía una obsesión, que era emular a Luis XIV y a Napoleón y quiso prolongar lo que hizo Napoleón desde el Arco del Triunfo hasta el Arco de la Defensa, ampliando el gran paseo que comienza actualmente en el Arco de la Defensa de París y que termina en la Opera Bastilla que era la ópera popular que creó Miterrand frente a la Opera Garnier, es decir, hace un paseo.

 

Cuando Zaragoza era una ciudad que fascinaba por sus torres, por su riqueza, por su cultura cosmopolita, teníamos el Coso que era un palacio detrás de otro y actualmente tenemos nuestros paseos, normalmente cuando viene un extranjero se le lleva a esos lugares, a los paseos.

 

Y yo lo que quiero pensar es a qué huelen nuestros paseos, primero tenemos que decir cuales son, estamos en Zaragoza pero yo no quiero limitarme a Zaragoza, podría hablar de Ejea de los Caballeros, de Aínsa, porque todos tienen un paseo.

 

¿Qué sensaciones nos despiertan nuestros paseos? Y digo que no hablo del Paseo de la Independencia y ahorro el juicio que me merece la reforma, ¿ hay algo distinto a eso que llamamos gente que se mueve? Porque a veces un paseo parece eso, gente que se mueve, un paseo es un lugar donde se hace algo tan difícil como pasear y pasear es una actitud y algo extraordinariamente complejo.

 

Yo tengo anotadas unas cuantas cosas, en primer lugar pasear supone saber qué hacer cuando no se tiene que trabajar y para eso hace falta mucha sabiduría, pregúntenle a un profesor de la Universidad que tal está y te dirá “maravilloso, no tengo nada que hacer” porque siempre tenemos que hacer muchas cosas, están muy agobiados y a mi me gustaría encontrarme a alguien que dijese “estoy pensando”, que eso es lo que decía Descartes, el famoso filósofo francés que solía levantar muy tarde y cuando le preguntaban el porqué él contestaba “ yo pienso” claro, podía comer, si no tendría que trabajar.

 

Y además pasear supone entre otras cosas saber mirar, que no es fácil, que no es lo mismo que ver, pasear supone perderse y ¿en qué lugares nos podemos perder aquí? No lo sé, ya les he dicho que les voy a hacer trabajar, pero es una sensación que genera una idea.

 

Los paseos importantes siempre tenían lugares donde podías perderte porque tenían vericuetos, callejuelas dónde tú te perdías y en la sensación de pérdida encontrabas otras cosas importantes, detrás de cada una de estas ideas hay miles de libros y de bibliografía que yo no voy a mencionar aquí porque me parece una falta de educación hacerlo cuando uno habla.

 

Y pasear supone algo importantísimo y que quizás sería lo más difícil, supone dejarse captar por el tono de una ciudad.

 

Yo tengo una amiga que es una chica joven, la hija de unos amigos, les cuento esto porque me parece importante, que está trabajando en una compañía de deportes que se llama Adidas, que tiene su central en Zaragoza.

 

Esta compañía de deportes tiene como tres grandes líneas: la básica, otra que se llama Colors que es más urbana y otra que creo que se llama Selection, que es ropa de deporte carísima, yo no me podía creer que unas zapatillas de deporte de esa tendencia, pueden costar treinta o cuarenta mil pesetas y se venden en boutiques.

 

Y entonces yo le pregunté que cuando hacen la planificación, es una persona que está en la planificación de ventas, que ciudades son las que marcan tendencia y me dijo Madrid, pero no el Madrid de la Cava Baja, ni de Cuatro Caminos, ni de La Prospe, sino el Madrid de la Moraleja, de Puerta de Hierro, o de Gabana, donde van los futbolistas a tomar una copa y llenan la calle de coches en cinco filas, Barcelona y la tercera ciudad es San Sebastián.

 

Qué curioso, y es que San Sebastián tiene un tono diferente, como tienen un tono diferente Vitoria, Gerona y como tendría que tener también Zaragoza.

 

Esto del tono es muy complicado, pero en un paseo se muestra porque si yo salgo ahora a pasear por la ciudad yo puedo ver el tono de la gente.

 

Y los que somos profesores y los que no lo son también, supongo que hay una sensibilidad muy desarrollada a ver cómo son esas cosas que definen el tono de una ciudad y un paseo define el tono de una ciudad.

 

¿Cuáles son los paseos que definirían el tono de Aragón? Cuidado, olvídense de lo Adidas y de la moda, es algo mucho más importante, es un tono de solidaridad, de aceptación, de mestizaje, porque todos los lugares fuertes lo tienen, lo tiene Sevilla, lo tiene Valencia.

 

A lo mejor si esto me lo oyesen desde el Pignatelli y preguntasen cómo se puede crear desde el Pignatelli un tono para esta ciudad, pues no lo sabría, pero esto es así.

 

Y termino proponiendo un quinto lugar, un quinto espacio de sensaciones que crean ideas, que pienso yo que nos permiten también pensar Aragón y éste es un poco más abstracto, aquí ya me sale la cosa teórica y pido disculpas, pero lo justifico.

 

Todos ustedes saben que la cultura española tiene su origen sobretodo en Roma, afortunadamente nosotros somos tierra de vino, de pan, de conversación y del complejo que tenían los romanos de inferioridad, que copiaron de los griegos lo mejor de su cultura y Zaragoza y Aragón si son algo es eso, luego serían otras cosas pero primero fueron eso.

 

La cultura española es una cultura de patios, primero romanos y luego, cuando vino el Islam, andaluces.

 

Y ¿qué quiere decir un patio? Un patio es siempre un lugar de ocultamiento, un lugar donde uno se recoge, por eso los patios eran casi siempre un privilegio de los ricos, las grandes casas eran las que tenían patios y en el patio se plantaba un trozo de naturaleza, había una fuente etc.

 

Un patio era un lugar de retiro, un lugar de ocultamiento, un lugar donde uno podía estar consigo mismo sin que nadie le viera y además podía estar bien y este espacio que yo quiero proponerles es el siguiente; ¿qué lugares de retiro y de ocultamiento tiene Aragón?

 

En la tradición europea y cristiana estos lugares son los grandes monasterios, Aragón después de la desamortización es la Comunidad Autónoma que dejó sus monasterios en el vacío y no los ha vuelto a recuperar, curiosamente aquí no tenemos ninguna o muy pocas de las grandes órdenes monásticas excepto los Cartujos, y en Zaragoza había dos o tres Cartujas.

 

Estoy hablando del concepto de monasterio como lugar de retiro religioso, pero no quiero limitarme a eso, pensemos por ejemplo en muchos patios de casas y los grandes palacios de Aragón, vayan ustedes al museo Pablo Gargallo que es uno de los lugares más bellos de la ciudad y miren ustedes lo que es patio por las noches, es algo impresionante.

 

¿Qué lugares de retiro tienen una ciudad? Porque yo creo que las culturas verdaderas lo han sido tanto en cuanto han refinado sus lugares de retiro y de privacidad.

 

Normalmente cuando yo tengo un lugar de retiro, que antes era propiedad de ricos y sigue siendo propiedad de ricos, ustedes se han dado cuenta que cuanto más nivel adquisitivo hay, todo el mundo quiere un chalet y ¿qué es un chalet? Una barbacoa, y ¿qué es una barbacoa? Una bodega, y ¿qué es una bodega? Un trocito de tierra, que está muy bien pero el problema es qué se hace ahí, porque un verdadero lugar de retiro es una cosa muy seria.

 

En primer lugar, un lugar de retiro siempre suele oler a poso, tiene poso, está gastado, las señoras y chicas que me escuchan me entenderán si digo que está como con cortinas de cretona, los británicos entendían muy bien eso y tienen una palabra esencial para definir lo que es la casa que tiene que ver mucho con el retiro que es “home”, y los alemanes muchísimo más que es la palabra “Zuhause”, es cretona, muebles usados, rayas, olor, es un lugar donde tú eres y estas orgulloso de tener tu privacidad.

 

Un lugar de retiro es además un lugar donde uno vuelve siempre, si Aragón descubriera sus lugares de retiro siempre volverían allí.

 

Por favor, no me digan que es el Pirineo con esas masas de gente, tendrían que ser algunos lugares del Pirineo pero no el Pirineo como categoría general, porque tiene que ser un lugar donde yo vuelvo siempre a él, constantemente.

 

Y un lugar de retiro es un lugar donde nadie nos ve, pero es un lugar que engaña porque es como un espejo para nosotros y se provocan cantidad de reflejos y ahí descubrimos nuestra verdad; cuántas canas, qué michelín, qué vanidoso soy, qué poco sé, cómo me lo creo.

 

Y puede ser otra cosa, claro, pero un lugar de retiro como lo es un paseo, como lo es una buena estación, como lo es un buen lugar de gobierno, lógicamente tiene algo importante.

 

Además un lugar de retiro, y pensemos en lugares de nuestra casa, esos que huelen a cretona y que están arañados, normalmente no se pueden enseñar.

 

A mi me hacen gracia los burgueses de hace dos siglos, sobre todo los del tercer imperio francés que no podían ver nada vacío, todo tenía que ser oros y purpurinas, era una cosa espantosa, siempre mostraban el salón y todos hemos conocido personas que tenían los sillones tapizados con plástico para no ensuciarlos porque era lo que se enseñaba.

 

Lo terrible es que un lugar de retiro nunca se puede enseñar, se muestra, se dice ahí está, aquí es donde yo vivo, porque es como descubrir tu propia intimidad.

 

Aragón podría descubrir esto, ¿dónde podríamos descubrir nuestros lugares de retiro?

 

Que no digo que no los haya, los hay, pero yo aquí estoy proponiendo sensaciones, ideas de pensar Aragón.

 

Y termino diciendo, es un poco mi conclusión que es una conclusión abierta, que en veinte años de Gobierno Autonómico hemos hecho muchas cosas y yo creo que en estos tiempos donde a los políticos se les critica tanto, yo por lo menos reconozco que son mucho menos egoístas que yo, porque yo dedico mi tiempo si quiero a tocarme la nariz, mientras que alguien que está en el poder hará cosas que le gustan, pero en el fondo es como yo y no hay cosa más maravillosa que cuando un político deja de tener poder y se convierte en un ciudadano de verdad, sin agenda.

 

Y hemos hecho muchas cosas gracias a personas muy generosas, otros no tanto, somos mucho más ricos, yo creo que el balance es positivo porque hoy en día mucha más gente tiene menos necesidad y eso yo creo que hablando bajo el amparo de la fundación en la que estamos hablando hay que decirlo, y me parece importante.

 

El problema es si con todo esto hemos construido nuevas sensaciones y nuevos espacios de sensaciones para crear ideas nuevas, y esto me lleva a pensar si con toda esta riqueza hemos creado estímulos nuevos, porque lo más maravilloso de la vida es crear estímulos y cuando uno está en una depresión, tiene un problema, no se encuentra bien porque no está estimulado.

 

La vida es estímulo y la vida es incluso decir no a una serie de cosas, el problema es crear estímulos nuevos para sentir de otro modo y por lo tanto para pensar también de otro modo.

 

Les cuento un secreto y que no se enfade nadie, el primer borrador de mi libro, del que hemos estado hablando, era un poco más amplio y había un capítulo que por lógicas condicionantes de la colección hubo que recortar y en el que yo me preguntaba por qué Aragón tiene siempre un tono rural, donde yo hablaba de una teoría o de un intento de pensar que eso de la ruralidad es falso, porque el campo bueno es algo muy serio, lo que es malísimo es la ruralidad con complejo de dominio, eso sí que es peor y entonces a veces cuando se habla del Aragón rural se está hablando del Aragón que repite los modelos del dominio del antiguo régimen del señor que estaba al lado.

 

Pero digo esto porque estímulos nuevos supone sentir de otro modo y supone también pensar otro modo, a mí me gustaría pensar que en estos veinte años algo se ha hecho, tener un poder político de nuevo cuño, pensar que hay símbolos nuevos, pensar que somos más viajeros, que no nos desplazamos sino que somos más viajeros, pensar que podemos pasear de un modo nuevo, pensar que sabemos retirarnos bien y a tiempo, y en suma construir espacios nuevos de sensaciones.

 

Yo sé que esto es muy lento y que es una cuestión de historia y la historia es siempre sedimento, pero cuando uno tiene sensaciones nuevas aunque sean pequeñitas, yo pienso que uno tiene que aprender que nuestra vida es una vida muy limitada cuando se compara con el tiempo histórico y geológico, algo que a veces los políticos no saben porque claro, en cuatro años es imposible poder hacer lo que habría que hacer.

 

Es que quien siente de verdad, quien tiene una sensación fuerte y por lo tanto puede tener ideas fuertes, normalmente no cuenta lo que siente.

 

Yo personalmente no hay cosas que más odie que cuando se le dice a una persona “¡Qué cerrado eres! Tienes que abrirte” normalmente si tú eres una persona profunda sientes mucho, y las personas que han sentido mucho son personas que siempre tienen veladuras, secretos, lo cual no quiere decir que no sean sinceros, que no sean abiertos porque normalmente lo importante siempre se guarda en secreto, entonces yo pienso que quizá Aragón será interesante y lo será en los próximos veinte años si es capaz de construir secretos verdaderos, que arropen sensaciones nuevas, nuevas ideas y que arropen en realidad, nuevas formas de entender la vida en común y la vida histórica de las personas que nos rodean y en el fondo también de nosotros mismos.

 

Porque si Aragón no tiene secretos importantes que crear y que guardar no tendrá tampoco ideas interesantes sobre las que construirse asimismo de un modo original.

 

Muchas gracias por su presencia y su atención y muchas gracias a las dos personas que me han acompañado.

 

 

 

Pilar de la Vega: Como yo creo que el profesor Izuzquiza nos ha hecho todo un banquete de sensaciones, vamos a ver si alguien quiere participar en ese banquete, qué piensa, qué siente, si quiere aportar alguna sensación más a las propuestas que ha hecho el profesor.

 

El turno de la palabra es vuestro, si les parece bien.

 

 

 

Pregunta: Esos viajes que intentas hacer descubriendo esas sensaciones, muchos de ellos, por no decir casi todos, tienen como destino ámbitos universitarios distintos a los que asistes que supongo también generan en ti unas sensaciones.

 

Yo querría saber, desde esas sensaciones que te producen estos ámbitos universitarios a los que has ido o sueles ir, cómo recuerdas este ámbito universitario en el que nos encontramos, no precisamente este edificio sino en general lo que te sugiere la Universidad de Zaragoza, lo que puede significar ésta para Aragón e internacionalmente, y qué tipo de reflexiones, sensaciones y percepciones te supone eso.

 

 

 

  1. Izuzquiza: Es una pregunta muy importante y además complicada.

 

Yo te voy a responder con un prólogo que me parece importante y no es irme por la tangente. Una de las reflexiones más bonitos sobre el viaje en el sentido más fuerte, no de desplazamiento sino de transformación, lo escribió un personaje, es un librito muy pequeño que tuvo mucho éxito, que era pariente de un gran tradicionalista francés, era Xavier de Maistre que se titula “Viaje alrededor de mi habitación” que es un libro precioso que recoge la idea de como uno puede viajar sin moverse, que yo creo que ese la idea fuerte que a mí me gustaría transmitir.

 

Porque evidentemente cuando uno habla de viajes habla también de lugares exóticos, pero olvida una cosa; la pobreza siempre es estabilidad, cuando los siervos de la gleba tenían que estar, estaban atados al señor.

 

Y en los pueblos de Aragón se sabe muy bien eso, porque en Aragón se ha pasado hambre hasta hace muy poco tiempo, hasta hace 50 años y esto lo digo porque por avatares de la vida, por circunstancias personales, a mí me ha tocado moverme, pero yo quisiera reivindicar que uno tendría que aprender, lo que a mí me gustaría aprender es a cómo viajar en serio desde mi propia habitación, algo que hace muy bien un personaje muy polémico y del que soy admirador y es amigo mío que es José Jiménez Lozano, vive en Alcazarén, que es un pequeño pueblo de Castilla que es representante de la gran tradición castellana, él es uno de los grandes especialistas, por ejemplo del Jansenismo, él es un cristiano convencido y es el creador de la serie de exposiciones “Las edades del hombre”, con todo lo que supuso ésta para Castilla, fue impresionante.

 

Y este hombre prácticamente no se mueve, ¿esto cómo se puede hacer? Cuando uno ha hecho de su propio lugar de retiro un lugar con muchas ventanas.

 

Y retomando la pregunta que me hacías de cómo veo yo la Universidad de Zaragoza, yo creo que no es muy distinta de las otras Universidades españolas.

 

Aquí tenemos bastante menos dinero que en la Universidad del País Vasco o en la de Cataluña pero hay el mismo esfuerzo organizador, las mismas dificultades, contamos con los mismos problemas del Gobierno de la Nación que está constantemente haciendo reformas, con lo cual no da tiempo a casi nada, porque ahora viene lo de Bolonia que eso es tela marinera.

 

El problema es como se podría, y esto sí que yo no sé cómo hacerlo, introducir como aire comprimido en lo que hacemos todos los días.

 

Para poder hacer eso yo creo que hay que tener un sentido diferente de la erudición, en mi terreno, que supongo que en el vuestro no está tan claro, porque los proyectos de investigación tienen venta inmediata en el mercado, por decirlo de alguna manera.

 

Y supone dejar de pensar que lo extranjero es mejor por definición, son mejores algunas cosas pero no por definición es mejor, y esto supondría construir desde nuestro lugar de trabajo espejos concretos que permitieran darnos perspectivas y que permitieran hacer esos viajes interiores en nuestra habitación y, claro, fácil no es en el sentido de que hay una especie de tono internacional o de apertura que yo creo que en muchos Departamentos y muchos profesores tienen en esta Universidad.

 

El problema es cuando la institución como institución, y aquí viene el problema de la organización que yo planteaba incluso en Aragón, crea unas condiciones organizativas que puedan potenciar eso, ese es el problema y además es un problema de dificilísima solución que ya los americanos lo decían; “Junte usted a seis profesores maravillosos y no podrá hacer la Universidad de Harvard”, porque la Universidad de Harvard es una organización donde gente buena hace las cosas que hace porque pertenece a esa organización.

 

Es algo así como si yo dijera, estoy en una Universidad que tiene un logo precioso como el de la Universidad de Amsterdam que tiene uno divertidísimo, pues te sientes identificado con una organización que tiene eso.

 

Yo creo que poco a poco se va avanzando y se ha avanzado muchísimo, pero es un problema de organización y gestión de organización que en el fondo es gestionar posibilidades y en el fondo es invertir con control pero a fondo perdido, por ejemplo es decirle a un profesor, usted puede jubilarse a los 55 años, como van a hacer en Francia ahora, con una jubilación digna, pero va a tener a dos profesores jóvenes a su cargo y además al terminar esto va a tener que escribir una serie de reflexiones sobre su vida y eso lo va a publicar la propia Universidad porque es el orgullo de la propia Universidad, cosas de este tipo.

 

Ahora, la crisis yo creo que es universal, lo es en Francia, lo es en Alemania, en Estados Unidos no porque tienen ese otro planteamiento.

 

El problema es cómo siendo esa Universidad de provincias, no tenemos que ser la primera, la segunda, la tercera, sino tendríamos que ser una Universidad que hiciéramos viajes alrededor de nuestra habitación porque cuando uno piensa en Samarcanda, en la época gloriosa, Samarcanda era absolutamente internacional y Venecia igual, lo que extendió Venecia fue un modo de ser, ser veneciano era tener un conjunto de sensaciones, como ser romano o ser florentino, eso a mí también me gustaría que ocurriera aquí.

 

No te he respondido del todo porque es muy complicada la pregunta, pero algo he planteado.

 

 

 

Pregunta: Más que una pregunta es una constatación de la habilidad de Ignacio, en este caso concreto ha dicho mucho sobre Aragón prácticamente sin hablar de Aragón, frente a mucha gente que está toda su vida hablando de Aragón diciendo casi nada sobre Aragón.

 

Entonces quizás la reivindicación sería ese tercer espacio sintético donde huyendo del ruido de los segundos hacia las ideas del silencio de los primeros, todo eso se pusiese en marcha.

 

No sé qué piensas sobre esto.

 

 

 

Izuzquiza: [Respuesta no grabada].

 

 

 

Pregunta: Como el ciclo tiene la idea de comparar estos veinte años, se me ocurría que tus cinco espacios de sensaciones si los pensamos ahora y los pensamos hace cinco años nos ilustran mucho sobre en qué ha cambiado y en qué no ha cambiado Aragón.

 

Y no voy a entrar a explicarlos, creo que cada uno puede pensar qué espacios de posibilidades, de organización, podía haber hace veinte años y hay ahora, o el símbolo cómo cambia o no cambia, las culturas de la comunicación, etc.

 

Yo creo que has elegido cinco polos que sirven, si pensamos también aunque sea históricamente a muy corto plazo, para ver cómo era esto hace veinte años, qué había aquí hace veinte años y de los que has citado hay de todo, cosas que han cambiado para mejor y otras que están iguales.

 

 

 

I. Izuzquiza: Yo no he hablado de cosas concretas, pero las tengo pensadas, yo podía haber tomado un paseo y ver qué se hacía antes y qué se hace ahora, o el Pignatelli y ver cómo se mandaba antes y cómo se manada ahora, o de una cosa que es terrible, cuando yo hablaba antes del Pilar, ¿ustedes se han dado cuenta que un partido político tiene muchas veces la estructura de una secta? Es igual, para bien o para mal pero es igual.

 

Claro que se pueden dar más referencias, pero no las he dicho.

 

 

 

Pregunta: De todos los sueños y sensaciones posibles, ¿cuáles serían los que podríamos detectar como más válidos para una sintonía de que los proyectos en que estamos metidos en este Aragón son proyectos que podemos valorar o soñarlos entre todos?

 

 

 

I. Izuzquiza: Hay una cosa que a mí me impresiona de esta tierra, otras no y no las voy a decir porque ya las sabemos y es una falta de educación, es mucho más fácil ser crítico y no vale para nada.

 

Yo hay una cosa que odio de esta tierra que es el cotilleo, que lo tenemos aquí y en otras partes. El cotilleo se tiene cuando no se tiene nada interesante que hacer, porque es meterse con el otro, a ver qué ha dicho, a ver qué no ha dicho.

 

Pero hay un espacio de sueños que a mí me impresiona en esta tierra que son los espacios de solidaridad, es increíble la cantidad de organizaciones solidarias que hay aquí y de gente que voluntariamente da su tiempo en esos lugares.

 

En Francia el término voluntario existe y es un término muy bonito que viene del latín, a los voluntarios se les llama bénévoles, los benévolos.

 

Creo que ahí hay un espacio extraordinariamente importante, sin embargo creo que ese espacio no tiene conexión con el poder real, no sé si me explico, tiene conexión con las miles de Direcciones Generales de Bienestar Social, etc., no me meto con ningún tipo de política concreta, pero no hablo de eso.

 

Yo hablo de que los que mandan son importantes por la capacidad de escucha que tienen, yo creo que los grandes políticos siempre lo han sido porque han sido capaces de captar una sintonía y un tono con determinado tipo de personas.

 

Entonces es muy curioso cuando en una sociedad determinada se tiene la sensación de decir; ¿con quién hablan los grandes? Con esas personas que se llaman creadores de opinión, permítanme la expresión, en una democracia eso de creadores de opinión es una “gilipollez”, evidentemente existen; ¿es que yo voy a creer que un tertuliano por que salga en el periódico va a crear mi opinión?.

 

Los poderosos; ¿ustedes le han preguntado a algún taxista en Madrid si ha llevado a algún famoso en el taxi? Es divertidísimo, si no lo han llevado se lo inventan y te dicen que sí y entonces te hacen una descripción maravillosa, porque claro todos han llevado, Madrid es la ciudad en la que más taxis se cogen del mundo porque no es muy caro.

 

Y ¿por qué estoy diciendo esto? Normalmente si uno se cree en serio la democracia, la democracia es siempre la inversión de la aristocracia, por eso he hablado yo de los espacios de secreto, en un pueblo no tienes privacidad o en las antiguas corralas, por seguir hablando de Madrid, no tienes privacidad, eso es agradable hasta cierto punto.

 

En realidad la democracia supone que cada individuo tiene un valor absoluto, no sólo un valor matemático de votos, sino un valor absoluto, entonces los que gobiernan yo creo que a veces tendrían que invertir y comenzar a hablar con esas otras personas.

 

Y ahí sí que hay espacios que son importantes, yo no sé si tienen una voz suficiente, porque esas personas seguro que harían una política urbanística, si tú lo preguntas a alguien que está trabajando en Proyecto Hombre o enseñando español a los inmigrantes, etc., porque se tiene otro concepto de la naturaleza humana y no se tiene el concepto de un titular de prensa.

 

Es muy curioso, abundo en esto, pensar que los informes de prensa que tienen los grandes políticos son muy importantes pero cada vez suelen tener menos valor, y hago una pregunta malvada ¿ustedes se han preguntado cuántos periódicos extranjeros llegan al Gobierno de Aragón? Porque los banqueros, los presidentes de algunas Cajas seguro que leen o tienen asesores que les traducen Le Monde, el Daily Telegraph, The Guardian, etc.

 

En fin, me he ido más allá.

 

Yo creo que allí hay una fuerza importante, y en encontrar voces en espacios de silencio, yo creo que en nuestra sociedad, cada vez más desarrollada, se van a crear espacios de silencio muy potentes que no salen nunca y que no leerán el periódico porque les carga.

 

Yo tengo amigos de una cultura exquisita y de un compromiso político de primerísima línea que para leer el periódico antes empleaban media hora y ahora emplean diez minutos, y en cambio en esos otros espacios sí que hay gentes importantes que además no les importa salir, con lo cual es un cambio de valores.

 

Y digo esto porque si no estaríamos en el antiguo régimen, y en el antiguo régimen todos los reyes de Europa se llamaban primos porque eran de la misma familia para no perder la propiedad, pues eso puede estar pasando.

 

No te he respondido totalmente pero yo si que iría por ahí, creo que ahí hay espacios importantes de creación de posibilidades, de crear símbolos nuevos, etc.

 

 

 

Pilar de la Vega: Si no hay ninguna cuestión más, le agradecemos al profesor Izuzquiza su intervención.

 

Como buen profesor de filosofía nos ha obligado a pensar y creo que sus reflexiones y su banquete de sensaciones nos van a seguir obligando a pensar.

 

Y nosotros con nuestro ciclo seguimos el jueves que viene, y vamos a tratar un tema que yo creo que tiene una continuidad con lo que hemos trabajado hoy, que es “Identidad aragonesa y cultura”, con una persona que quiso crear las señas de identidad de esta tierra y que creó uno de los espacios que hoy ha tratado el profesor Izuzquiza, que es el espacio del edificio Pignatelli.

 

Esa persona es Andrés Cuartero, quien fue Consejero de Presidencia.

 

Nos encantaría verlos de nuevo y seguir pensando, reflexionando y trabajando por esta tierra que creemos que tiene futuro entre todos. Gracias.

 

ponente1: 
Ignacio Izuzquiza

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