ASPECTOS DEL TRABAJO

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José Benito Butera Aured

Las páginas salmón del diario El País del domingo 19 de abril, en su apartado de formación, inserta un interesante artículo, firmado por Borja Vilaseca; en el que, con el título de: Trabajos que deprimen, deprimidos que trabajan, viene a explicar la complejidad del mundo laboral actual.

 Lo hace con estas palabras: Hay trabajos que no son demasiado agradecidos. Hay otros que roban demasiado tiempo vital. E incluso hay empleos que permiten la realización personal, pero que están empañados por la actitud tiránica de jefes con los que es difícil de tratar... Concluye  diciendo que los expertos en psicología  laboral ( nueva rama científica) hacen notar que; el profundo sentimiento de tristeza y de falta de sentido de la vida, se manifiesta cuando la persona al encerrarse en si misma, no es capaz de aceptar la realidad como es.

Esto; leído de mañana, en el día oficial del descanso, y por un jubilado, no debería de producir más que la natural reflexión  sobre lo escrito por un experto en formación  (léase adoctrinamiento) y al retrotraerse uno al aún cercano momento vital en que esta lectura, podía causar su  efecto en  uno u otro sentido  de los que en el título del escrito se plantea; pero lejos de obviarlo por la razón expuesta de no tener actualidad para el lector, este se enfrasca en su lectura de un extremo a otro.
Después de interiorizado y digerido; llega el momento de las conclusiones. Siendo el resultado deprimente. Y hay que decir deprimente, porque en este apartado de conclusiones no tienes más alternativa que el repaso de algunos textos que se refieran al trabajo y la conclusión no puede ser otra que la depresión.
Recurres al teórico primer libro y este dice:  Génesis 3.17.19. Al hombre le dijo”Por haber escuchado la voz de la mujer y haber comido del árbol del que te había  prohibido comer; ¡maldita sea la tierra por tu culpa! Con fatiga sacaras de ella tu sustento todos los días de tu vida. ...  Con el sudor de tu frente comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra  de la que fuiste formado. Porque eres polvo y al polvo volverás

Luego de esta bíblica amenaza, sigues repasando en tu memoria  todo lo que durante años te ha empujado para precisamente; no saltar al otro lado, y continuar intentando vivir con esa maldición que desde tiempos inmemoriales pende sobre ti, y millones de seres como tú, que no han tenido otro capital que sus manos.
Hasta que vuelvas a la tierra de la que fuiste formado ; y dices... ¡Por eso nos costo a los hombres veinte siglos o más (según se cuente el tiempo) el poder incluir en los réditos del trabajo la Jubilación!  Entonces comienzas a comprender el sentido de otras lecturas que en este preciso momento estás transcribiendo de viejos periódicos, dirigidas a obreros de los años treinta, del siglo XX..

El día nueve de mayo de 1931. (A veinticinco días, de producido el histórico cambio político acaecido pacíficamente en España), un obrero panadero, dirigente del entonces Sindicato Provincial de Las Artes Blancas Alimenticias  Juan Beraza Cortes, escribía en Vida Nueva unas consideraciones bajo el título de Los peores enemigos de la República” un artículo, que comenzaba con estas frases... El nuevo régimen de libertad no satisface a todos. Individuos que por su ministerio están llamados a llevar la paz a los cerebros no lo hacen así y son los mayores perturbadores . Continuando hasta la conclusión con estos otros párrafos literales:El historial de los individuos vestidos con faldas está lleno de crímenes (...) Sus templos, sus casas santas, donde los creyentes de buena fe  van a adorar su Dios de paz, son verdaderos antros de degeneración y arsenales llenos de toda clase de armas (...) Mientras llega el momento de emplear las armas, no pierde el tiempo la gente negra,  y, en los púlpitos, en la tribuna de sus cuevas, gritan, insultando e injuriando, lanzando infamias y canallescas mentiras contra el régimen que el pueblo se ha dado a sí mismo y contra los hombres dirigentes.        Concluye su texto con este lapidario comentario: El triunfo de la República no será definitivo  mientras exista, con armas y privilegios, el peor de sus enemigos; el catolicismo de Roma.

Este ambiente que retrata el sindicalista y que junto con el resto de su prolífica colaboración en Vida Nueva, incide en la labor de rémora ejercida por la iglesia, (en alianza con el capital, también culpable) en la humanidad, pero sobre todo en la humanidad desvalida, la que despojada de esa tierra a la que habría de arrancar el sustento, ha de buscar el modo de subsistir.

Estas lecturas, me han llevado a la conclusión de que si se ha avanzado en algo, ha sido a costa de muchos sacrificios y cadáveres en el transcurso de los tiempos, incluido el del escritor de los retazos del artículo reproducido. Que nada se ha dado por generación espontánea, y que  la utopía de hoy es la realidad de mañana.
Los primeros años del siglo XX habían hecho algún avance en legislación laboral; pero habían de pasar dos décadas más para que comenzaran a forjarse nuevas reivindicaciones de los trabajadores que espoleados por inconformistas que se revelaban contra el orden establecido, hicieron avanzar a la clase trabajadora.
En otro artículo anterior con título significativo; nuestro autor plantea claramente la utopía. El malestar de la clase trabajadora; titula sus peticiones; que planteadas al finalizar el mismo propone reivindicaciones  que conseguidas ya  algunas, quedan  pendientes todavía otras que continúan siendo utopías.
Estas son esas peticiones: Intervención enérgica en todos los asuntos públicos, fiscalizando los actos de los que se hallan al frente del país, barriendo cuanto atrofia y envenena el ambiente.  Control sobre todas las industrias, para impedir las ganancias fabulosas de la clase capitalista y que causan la ruina de millones de trabajadores.      
Jornales mínimos que permitan una vida decorosa al trabajador, y de acuerdo con el enorme precio de todo lo necesario para la vida.
 Facilidad de instrucción y acceso a las Universidades; enseñanza profesional gratuita que haga del obrero un ciudadano consciente.
Jornadas máximas de seis horas para dar ocupación al obrero parado. No es pedir mucho, cuando hay tanto vago que nada hace y goza de todas las cosas hechas por los trabajadores.  

Por no alargarme en exceso, no disecciono la utopía de lo conseguido; eso lo dejo para el que se entretenga en leer estas reflexiones de un día de descanso oficial.
El principio refería la posición científica que soporta actualmente el mundo del trabajo; la inmersión en el texto bíblico nos conduce a la falacia montada en torno a la vida; y, por último, el discurso revolucionario de los años treinta que para mí aun tiene vigencia, y es el que ha hecho avanzar a la humanidad.   

Artículo de Borja Vilaseca en El País

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