ATECA 1934. MURILLO DE GÁLLEGO 2007

Imagen de jbbuteraa
José Benito Butera Aured

Febrero de 1934: En Ateca. El día 15 del corriente, a la edad de 93 años, falleció en esta villa el consecuente republicano José Olivas Marco, padre de nuestro fraternal camarada Blas, actual presidente de la Agrupación Socialista.

El entierro, que se celebró civilmente, constituyó una verdadera manifestación  de duelo, pues aparte de los muchos correligionarios que formaron en la manifestación, concurrieron también amigos de todas las ideologías.

La presidencia  del duelo la formaron los hijos del finado Blas y Venancio acompañados de su hermano político Pedro Gálvez, asociado fundador de la U.G.T. de Ateca. Abría  marcha la bandera de los trabajadores y seguía  la banda de música “Santa Cecilia” ejecutando una sentida marcha fúnebre.
El féretro, envuelto en la bandera nacional, fue llevado a hombros de sus familiares  y amigos hasta el cementerio municipal.
Descanse en paz el veterano republicano y reciba su familia, desde las columnas de Vida Nueva, la expresión de nuestro sentimiento.
      

 Noviembre de 2007. En Murillo de Gallego, después de setenta y un años muertos – 18 de septiembre de 1936 – y aquel día cubiertos de tierra en unas fosas previamente cavadas por otros a los que se pretendía  asustar, por fin han sido inhumados  con la dignidad que se les negó en muchos años.    
Después de todos esos años de oprobio,  cualquiera hubiera podido pensar  en una ceremonia parecida a la descrita en el encabezamiento; pero no pudo ser así.
La desmemoria interesada a raíz de su indigna muerte, forjó un funeral distinto. Aun así la emotividad del acto nos compensó a los que ajenos a las familias allí congregadas asistimos a la entrega de los restos de aquellos socialistas y cenetistas que solamente por sus ideas fueron apartados de esas familias que este día se reunieron en torno a sus descarnados huesos para darles un adiós que entonces no les pudieron dar.
A los extraños que participamos en el acto nos hubiera gustado que la ceremonia hubiera tenido las reminiscencias republicanas que seguramente los inertes protagonistas hubieran deseado llegado el momento de su natural marcha. No fue así y aun con la decepción que ideológicamente pudo provocar en nuestras militantes conciencias, había que respetar la voluntad de esos allegados, a los que se les entregaban los restos, de unos hombres, que en su momento fueron asesinados precisamente, por  esa misma militancia ideológica  que a algunos nos hubiera gustado rememorar.

Entre  los huesos entregados estaban los del que había sido alcalde de ese pueblo José Moncayola, afiliado a la UGT; de ahí la intervención del  sindicato en este proceso, desde la localización hasta esa emotiva y sencilla  ceremonia de entrega, de los  despojos que por fin descansarán en paz.
Un pueblo de 139 habitantes (Último  padrón de habitantes) ese día la población cuando menos se duplicó, por lo que el local  que el Ayuntamiento habilitó para el acto se quedó pequeño; pero a pesar de ello y de la pequeñez del espacio, no por eso dejaron de aflorar a algunos rostros lagrimas de recuerdo y de emoción entre los propios y también algún afectado extraño a esas familias y que su condición de autoridad del lugar le  empujaba a estar presente rindiendo homenaje a alguno de los que la habían  precedido en su cargo de concejal.

Los que acudimos allí, y éramos ajenos a las familias pero no a los hechos que ocasionaban la reunión, nos sentíamos compañeros ideológicos de los que habían sido asesinados por defender y exteriorizar unas ideas, que en aquel fatídico día de septiembre, de hace setenta y un años fueron dejados solos, ante un destino que ellos no eligieron.

Nos  sentimos satisfechos con los discursos, más bien coloquiales frases, que expresaban el sentimiento que aún hoy después del  tiempo transcurrido, nos causa a los que imbuidos de la misma ideología, que aquellos a los que se les devolvía la dignidad. 

En cambio el Alcalde, no participó en el acto de entrega; tampoco sé si asistió al funeral eclesiástico, que antes de la inhumación colectiva les fue hecho por encargo de algunos de los familiares.

¿Dónde estaba ese día de septiembre  el sacerdote? Que hay que suponer que lo había. Un  pueblo con 882 habitantes en el padrón de 1930, más la vegetativa de seis años, daba para un cura  y  además la iglesia románica de Murillo  no está abandonada ni en la actualidad ni entonces, pues el tiempo, como en las personas deja sus huellas si se abandona y esta iglesia no las tiene.

Es de suponer que José con sus cuarenta y siete años, dirigiendo en el pueblo la actividad política, y viviendo en unas condiciones de dureza  más que seguras, con estas premisas podríamos afirmar sin miedo a equivocarnos, que sus huesos se habrán removido en el contenedor de plástico que en esos momentos los contenían.
En cambio en el emotivo acto de la entrega  que fue cerrado con un poema de otra victima de esa confrontación  ideológica que arrasó España en aquellos días.
Ildefonso  Manuel Gil, por boca de un sentimental que representaba a la Fundación, puso el punto final al acto civil con que hubiéramos querido muchos que hubiera transcurrido la entrega.

Cumplimos y cumplieron con el verso.

                                                                "  No me dejes morir
                                                                    en tanto tú alientes,
                                                                    víveme en tus recuerdos,
                                                                    llévame de la mano hasta tu muerte.
                                                                    cobíjame en tus sueños
                                                                    donde yo velaré mientras tú duermes  "

Añadir nuevo comentario

REPRESALIADOS POR EL FRANQUISMO EN ARAGÓN

Páginas