CONVIENE RECORDAR

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Cándido Marquesán Millán

El período de 1808-1814, con la Constitución de Cádiz de 1812, la más avanzada de Europa en aquel entonces, impregnada plenamente del espíritu de la Revolución Francesa, finalizó con la funesta y desgraciada llegada del Rey Borbón Fernando VII, que inauguró uno de los períodos más tenebrosos y lamentables de la Historia de España, que no sería el último, con exilios forzados, represión y muerte.

Durante el Trienio Constitucional (1820-1823), poco pudo hacerse, ya que acabó con prontitud por la llegada de los Cien Mil Hijos de San Luis. El Sexenio Revolucionario, que despertó grandes expectativas, finalizó con el pronunciamiento del general Martínez Campos en Sagunto y sirvió para proclamar a Alfonso XII. La II República, de nuevo, supuso una bocanada de aire fresco y una de las ocasiones perdidas, una más, de nuestra historia, y el intento más serio de abordar la solución a los graves y enquistados problemas de España: el agrario, el educativo, el militar, el social, el autonómico, etc y que terminó con un golpe militar frustrado, que generó una Guerra Civil, a cuyo fin se instauró, de nuevo, una larga y tenebrosa Dictadura, con exilios forzados, represión y muerte.

Todos estos problemas enraizados en la sociedad española, la derecha los ignoraba, negando su existencia, tanto en la II República como en tiempos de Franco. No era problema que todos los años debieran exiliarse 160.000 españoles, en las primeras décadas del siglo XX, mientras un solo español tenía media provincia, destinada a coto de caza. Tampoco lo era que algo menos de la mitad de la población española en 1930 estuviera en la triste oscuridad del analfabetismo. Tampoco el que el poder político estuviera subordinado y a merced del estamento militar. Tampoco que la educación estuviera impregnada de todo tipo de prejuicios que impedían el libre desenvolvimiento de la razón. Como tampoco el que a determinadas regiones españolas se les tuviera prohibido el hablar en su lengua materna, sin darles una salida razonable a sus legítimas aspiraciones de autogobierno. No eran problemas. Para la derecha el único problema que ha existido o existe en nuestra Historia, es que la izquierda alcance el poder. Ese es el único problema. Esto puede deberse a que nunca hemos tenido, para nuestra desgracia, un partido de derechas, auténticamente democrático, con planteamientos políticos razonables y que haya confiado en su pueblo, como ha ocurrido en Francia, Alemania o Italia.

El partido popular ha cuestionado la legitimidad del Gobierno de ZP, lo que no es una actuación muy democrática. La izquierda española, ha cometido y comete errores. Como pudo ocurrir en la Revolución de Octubre de 1934. Y bien que lo pagó con cárcel, muerte y represión. Mas ha sido autocrítica. Reconoce los fallos. Algo que jamás ha hecho la derecha, ya que ésta nunca se equivoca, por ello nunca se disculpa. Ni siquiera del Golpe de 18 de julio. Hoy, en España, tenemos una izquierda, mayoritariamente socialdemócrata, que no se esconde ante los problemas, por arduos y difíciles que sean. Tampoco se escondió en tiempos de la II República.

Como muestra de lo que estoy diciendo, podría servir el que el Gobierno de Rodríguez Zapatero con coraje y temple ha abordado un problema, que no ha caído de una teja el 14-M, como es el de la vertebración territorial, a través de la reforma del Estatuto de Cataluña. Ha sondeado posibles salidas al problema del terrorismo, no ha sido posible, porque ETA así lo ha querido. Plantea la ampliación del Estado de Bienestar con todo un conjunto de leyes para dar más derechos a más personas, sin quitárselos a nadie: personas dependientes, homosexuales, mujeres maltratadas, etc. Ha conseguido sacar del olvido y dignificar a muchas personas que fueron víctimas de la dictadura franquista. Ha sacado adelante una Ley educativa, con el apoyo de todas las fuerzas políticas, con la excepción de los populares. Que todas estas políticas, en cuanto a modernización, van por buen camino, lo podemos constatar en la oposición frontal hacia ellas por parte de las jerarquías católicas. Ha sido siempre así. No debemos olvidar que siempre en la Historia de España, las jerarquías católicas han sido una rémora a la modernización de nuestro país. Merece la pena recordar el duro juicio que Masson de Morvillers nos dedicó en la Enciclopedia:

El español tiene aptitud para las ciencias, existen muchos libros, y, sin embargo, quizá sea la nación más ignorante de Europa. ¿Qué se puede esperar de un pueblo que necesita permiso de un fraile para leer y pensar? Siempre que la izquierda ha llegado al poder, la derecha rápidamente se ha aprestado a arrebatárselo con rapidez, sin reparar en los medios, sean los que sean. Sirve de ejemplo el Golpe militar de 18 de julio de 1936. Instaurada ya la democracia, tras la muerte del Dictador, con las dificultades inherentes al proceso, todos conocemos las artimañas y los procedimientos utilizados por la derecha para derribar al gobierno de Felipe González, hurgando en sus errores cometidos, que machaconamente nos lo han recordado y recuerdan, y llevando a cabo una labor planificada e inmisericorde de acoso y derribo, que finalmente le sirvió para alcanzar el poder en las urnas.

Ahora, con el gobierno de Rodríguez Zapatero la situación es semejante Este comportamiento de la derecha se explica, porque, como siempre ha detentado y usufructuado el poder, ha llegado a interiorizar que tiene derecho a detentarlo per secula seculorum, a instancias de algún mandato divino, gratia Dei. Por ello, si no lo tiene, piensa que se le ha arrebatado injustamente, y que es algo antinatural. Por tanto no se deben escatimar medios, sean los que sean, si hay que romper las urnas se rompen, así ha ocurrido a veces, para volverlo a reconquistar. Ahora, en un sistema democrático, la recuperación del poder debe hacerse con otros procedimientos. Y si no consigue sus propósitos con prontitud se muestra tensa y nerviosa, como está aconteciendo en la actualidad. Desde el mismo instante que conoció los resultados del 14-M, inesperados para ella según sus pronósticos, están haciendo gala sus principales dirigentes, así como determinados medios de comunicación de una tensión y crispación sin precedentes en la historia reciente española, que en ciertos aspectos recuerdan a la primavera de 1936.

Afortunadamente el contexto político, estamos en la Unión Europea y la OTAN, es muy diferente, si fuera idéntico deberíamos ponernos a temblar. Los Rajoy, Acebes, Zaplana, se mostraron incrédulos de que hubieran perdido las elecciones. No podían creerlo. Se debía a alguna conjura. ¡Qué cosas al respecto hemos tenido que oír y algunos ínclitos periodistas siguen todavía con lo mismo! Finalmente muy a su pesar, no les quedó otra opción, tuvieron que aceptar la derrota. A partir de este momento, diseñaron una estrategia para recuperar el poder, y aprovechar cualquier coyuntura para acosar al Gobierno, venga a cuento o no. Les da lo mismo.

Cualquier circunstancia es buena, se debe aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid, para criticar todo, da igual, la política económica, la autonómica, la educativa o la sanitaria. No han dado respiro alguno ni siquiera los cien días de rigor, que suelen darse a cualquier gobierno, por cortesía parlamentaria. No le reconocen ni un solo mérito al Gobierno. Nada ha hecho bien, lo que ya es difícil Le culpan de todo, y no sería de extrañar, al paso que llevan, que pronto le responsabilizaran también de las inclemencias meteorológicas. España según su visión está al borde de alguna catástrofe cósmica. Mas, por lo que parece, a los días les suceden las noches, a las estaciones les ocurre lo mismo y las mariposas siguen revoloteando por los campos. Esta derecha además de nerviosa aparece siempre triste, avinagrada, tosca y malcarada. Ni una sonrisa, ni una broma. Siempre mal genio y enfado continuo.

Quien da muestras fehacientes de lo que acabo de decir es el secretario general del Partido Popular. Aunque este sentimiento no es nuevo. Basta recordar las intervenciones broncas y hoscas en el Parlamento del Sr. Áznar, o las apariciones públicas del Sr. Fraga y eso que estaban gobernando. Esto no nos debe sorprender, ya que siempre la derecha se ha mostrado cabreada y enfadada. De verdad, yo le recomendaría a la derecha española actual tranquilidad, sosiego, y sobre todo ciertas dosis de buen humor, cosas muy saludables para la salud. En democracia hay que saber ganar y perder. Hay que aceptar los tiempos como vengan, y saber esperar. Ya le llegará su oportunidad, aunque espero que sea muy lejana en el tiempo, para la buena salud y el buen humor del pueblo español. Cándido Marquesán Millán

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