De izquierdas antes que socialistas

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Fernando Bolea Rubio

En el laberinto ideológico político español, viene prodigándose una pareja que no para de bailar. La forman Felipe González y Juan Luis Cebrián, expresidente socialista uno; presidente ejecutivo del Grupo Prisa o mandamás del diario El País el otro. Su música contínua es que, en la formación de gobierno, el PSOE se tiene que abstener para que Rajoy y sus camaradas sigan gobernando. Lo que dice el primero me causa indeferencia y lo del segundo tristeza. Aunque también me enfada que el que era un magnífico diario, se haya transformado en un periódico no fiable para los progresistas, con algunos vergonzosos editoriales que hieren la sensibilidad de los socialistas y la izquierda.

Pero, ¿Cebrián por qué lo hace? Yo no lo sé bien, ni me importa saberlo. Se sospecha que a raíz del nacimiento de la prensa digital y por errores de expansión y gestión; el periódico padece serios problemas económicos. Y, en ese estado, parece que han decidido llevarse bien con el Gobierno popular, por lo que se pudiera rascar proveniente del poder. Además de influir egos personales y el querer mandar sin presentarse a las elecciones, como muchos malos periodistas persiguen. Durante años, a ese diario se le llevaba con orgullo debajo del brazo; sin embargo, ahora se oculta porque a los ciudadanos no les gusta que los vean con él. El País ha dejado de ser profesional y guía de la prensa libre, para no ser nada; o solamente, un periódico más claramente de derechas como todos los existentes. ¡Que les vaya bien! Yo nunca escupo sobre lo que he querido.

¿Y Felipe que persigue? Con él, en el movimiento sindical nunca hemos estado totalmente satisfechos. Para los trabajadores siempre fue una duda constante. Cuando en 1982 llegó al Gobierno los sindicalistas lo seguimos defendiendo, mas por el malestar laboral que generaba pronto nos dimos cuenta de que de seguir haciéndolo, se hubiera puesto en peligro la continuidad de la propia UGT, por su carácter también socialista.

A poco de empezar a gobernar, aplicó nuestra vieja reivindicación de 40 horas semanales, pero  sin especificar la jornada anual resultante, lo que en las negociaciones de los convenios originó una gran confusión. Era como el haber concedido algo, ocultándolo para que no se viera. Se puede decir que, eso fue lo máximo que hizo a favor de las condiciones laborales de los trabajadores, en sus trece años y medio de gobierno; lo demás fueron prepotencia y anuncios de reformas laborales negativas continuas, que provocaron la gran e histórica huelga general del 14-D en 1988.

El malestar en los puestos de trabajo había empezado antes. El primer artículo crítico con el Gobierno socialista que yo publiqué en la prensa, titulado: “Los trabajadores, Solchaga y la patronal”, data de marzo de 1987. Le siguieron otros: “Yo con las cartas de Nicolas” (Redondo), “Txikicomisarios políticos”, “!Ojo!, que sigue Felipe”. Y sobre éste y otros asuntos sindicales, ideológicos y políticos, escribí y se publicaron 67 artículos de opinión más. Sí diré que, de todas esas vivencias sindicales, llegue a la conclusión de que Felipe González es un mal enemigo, como en UGT sabemos bien.

La primera reacción felipista al 14-D, fue buscar un enfrentamiento descomunal con Nicolas Redondo y la UGT, al objeto de que perdiera su autonomía del partido. La segunda, con Txiki Benegas de inductor, trató de suplantar la labor del sindicato en las empresas, por medio de comisarios políticos del partido, para poder trasmitir fehacientemente el mensaje del gran señor. A ambas pretensiones, los sindicalistas ugetistas les hicimos frente y no tuvieron efecto alguno.

Ahora Felipe la ha tomado con Sánchez y no para, si bien otra vez fracasará porque la UGT, los afiliados, los cuadros y la verdad están con Pedro. He tratado de explicarme, por que lo hace y no encuentro una sola respuesta. Puede ser por querer figurar en las cuevas del dinero, dando a entender que sigue siendo el que manda y maneja al PSOE; por el ego que acumula; por las ideas neoliberales que ahora parece tener; como compensación por sus prebendas adquiridas en las puertas giratorias; para presumir con otros mandatarios mundiales y locales haciéndoles ver que él manda y el secretario general obedece; por agarrase a la solapa de Cebrián, para los dos no caer en el olvido.

Ahora bien, igualmente puede ser por motivos económicos personales. Sí observamos su modus vivendi, esas declaraciones pro Rajoy que hablan de la abstención socialista, o que Sánchez no debe repetir en caso de haber nuevas elecciones; las suele hacer cuando está invitado y cobrando en conferencias internacionales. Dentro y fuera del país, con las que les da máxima notoriedad a los organizadores del evento, al repercutir sus palabras, el país anfitrión y el nombre de la conferencia, en la prensa española e internacional. Así, todos contentos. Unos se aprovechan de su repercusión mediática y él va incrementando su caché de conferenciante, repercutiendo en su bolsillo. ¿Lo hace sólo por eso? Quizá no, dado que todo lo dicho aquí puede influir algo.

Felipe González dijo en su día, “hay que ser socialistas antes que marxistas”; hoy yo le digo, “hay que ser de izquierdas antes que socialistas”. ¡No lo olvide usted!

 

 

16.09.2016                                                                                         Fernando Bolea Rubio

                                                                                                               Sindicalista

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