DESDE MALLEN: LA UNIÓN GENERAL DE TRABAJADORES Y MI PUEBLO

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José Benito Butera Aured

"Poco tiempo hace que ha nacido, y ya cuenta nuestra sociedad con un número de socios muy importante. Esto me llena de satisfacción, ya que veo que por fin va desapareciendo el temor o la indiferencia que antes sentíais para pertenecer a la organización obrera, ¡Guerra a los zánganos! ¡Guerra a los no productivos y sí consumidores! Los caciques, usando y abusando del individualismo que hasta ahora ha reinado se han apoderado de todos los resortes administrativos y políticos, para así obstaculizar el avance social y económico a la clase trabajadora.

Es preciso, pues, que nos aprestemos a desalojar a la burguesía de todos aquellos, lugares que indebidamente nos usurpan.
La batalla será dura, pues en los pueblos los monterillas se valen de toda clase de recursos y artimañas para impedir que prosperen las organizaciones de obreros del campo. Pero precisamente por lo arduo de sacrificio que hemos de imponernos, es por lo que se precisa el entusiasmo por nuestra organización y el valor de luchar abiertamente y en todos los terrenos por llegar a la emancipación integral del proletariado.
¡Animo, camaradas, a asociarse en la Unión General de Trabajadores, y a desplegar la bandera de rebeldía que ha de transformar la sociedad injusta que padecernos en otra más libre y moral!"
Mariano   Ortubia.

Este escrito aparecido en el semanario Vida Nueva el día 14 de febrero de 1931, en el número 34 de la publicación; que precisamente ese sábado reiniciaba su andadura después de haber sido clausurada debido al estado de excepción instaurado tras la sublevación de Jaca en diciembre de 1930 y haber convocado la UGT una huelga general en apoyo del advenimiento de un nuevo régimen, que no llegó en ese momento. También y como en ese número dice la redacción del periódico, por decisión propia para no someter a la censura el ideario socialista de aquellos días.  

¿Por que se trae aquí y ahora este viejo papel? Sencillamente; porque pasado el  día 29 de septiembre, y ante los anteriores y posteriores análisis, por parte de los voceros de la sociedad, – más bien poderes camuflados de interés general – de lo  que comporta una huelga general y los ataques y reproches lanzados contra el sindicalismo, me parece oportuno, tratar de ver que ninguna acción emprendida por los sindicatos  ha sido aceptada en el momento de su realización. Haya esta triunfado o fracasado, siempre están esas voces que se abrogan el derecho de deslegitimación de dicha acción sirviendo a intereses que les son ajenos pero de los cuales se sirven para su medro.
De ese escueto escrito, realizado por un hombre del pueblo, cuyo interés no es otro que el progreso social que entiende será también el suyo y la supervivencia.
En el primer párrafo, anima a sus paisanos a participar, y esa participación le satisface porque ve que tanto el miedo como el egoísmo se van desterrando de esa sociedad cerrada que era por aquel entonces un pueblo de las características de Mallen.
Pide la guerra a los zánganos y los no productivos y aquí hay que cambiar las palabras. Cacique, zángano e improductivo, hay que sustituirla por; inversor especulador y desde luego los vocablos zángano e improductivo siguen tan vigentes como hace ochenta años, sobre todo aplicado a la economía y también a la sociedad en la que abundan estos personajes.

Por dos veces la UGT, en el transcurso de cuatro años, se vio involucrada y tiró del carro en asuntos que como ahora, se le acusaba de que le eran ajenos. Un cambio de régimen; solo le podía interesar a quienes no estando incluidos en el anterior, aspiraban a ocupar puesto en el siguiente. ¿A que podía aspirar un jornalero del campo o de la industria? A nada. Su sino era la servidumbre, la necesidad, y el acatamiento; lo demás no le incumbía. Estas premisas que durante tanto tiempo habían sido la causa del dominio de unos pocos sobre todos los demás; hacía tiempo se iban diluyendo, a ello contribuía el sindicalismo entonces vigente, CNT y UGT, con distintas tácticas pero con el mismo objetivo; sacar a la clase trabajadora – el proletariado – de su marasmo ancestral y dignificar a la clase que poniéndolo todo, recibía a cambio, míseros salarios, humillaciones y castigos cuando su actitud se salía de los cauces establecidos.    
Les anuncia dureza en la batalla, como he subrayado en el primitivo escrito, sobre todo la anuncia para los trabajadores del campo – entonces los más desprotegidos – empleando un término marinero, que viene a equivaler, a quienes en la bonanza actúan y se aprovechan de la situación y medran a su costa.

¿Suena esta actitud en la actualidad?
Este hombre que firma el escrito era el tesorero de la UGT de Mallen; cuando de nuevo llegó el momento de aquellos monterillas; le fue incoado expediente de responsabilidades políticas, que quedó en nada. ¿Y porqué tuvo ese resultado? Sencillamente porque avisado a tiempo tuvo la inteligencia o el pragmatismo, de alistarse en el Tercio.
Allí tuvo una corta actuación; alistado el mes de septiembre, estuvo en los frentes de Perdiguera, Alcubierre, Leciñena y Tardienta y fue herido en Almudevar, al mes siguiente; fue hospitalizado y su cura duró hasta el día siete de enero de 1937, dado inútil para el servicio fue destinado a los servicios auxiliares de la cuarta compañía del primer tercio de la Legión.
En ese expediente los testigos propuestos por las autoridades de Mallen: primero le acusan de instigador de la situación anterior al advenimiento del “Glorioso Alzamiento Nacional”  y eso por haber sido activista y tesorero de un sindicato que resultaba molesto para todos aquellos que negaban el progreso social. El encartado en su defensa por escrito ante el tribunal arguye que desde el día del alzamiento había sido defensor de él; de nuevo los testigos en su contra dicen que miente y que también en la revolución de octubre había tomado parte con las armas en la insurrección – ver La voz de Aragón, 10 octubre de 1934 – donde se cita el incendio de la camioneta de telefónica que había acudido a reparar la línea telegráfica del pueblo inutilizada; añadiendo “ignorándose la suerte de los dos celadores que iban en ella”.

Esta es una historia que ha nacido por la curiosidad del que escribe, que se ha llevado una buena sorpresa y que dada la complejidad de su aclaración en poco tiempo y la condensación necesaria de lo que se encontrara, para plasmarla en este espacio; quizás se retome para aclarar todas las circunstancias; de cualquier manera y como conclusión del asunto, hay que reconocer el pragmatismo de Mariano Ortubia, que ante la tesitura de perder la vida o renegar de su anterior etapa, opto por la segunda opción – aparentemente – , así evitó formar parte del grupo de cinco mallenenses que Julián Casanova incluye en El Pasado Oculto y que sus apellidos coinciden con algunos de los que detuvieron en aquella fallida huelga de diciembre 1930, poniendo patente la memoria y la inquina almacenada por quienes se creían con el derecho al poder perpetuo.

Se han puesto dos ejemplos que llevan al análisis de las actuaciones sindicales trasladadas al ámbito político; pero desde la instauración de la democracia – 1978 – hasta el momento; cuando los sindicatos toman la decisión de convocatoria de huelga general, sin objetivar las circunstancias por las que se convoca enseguida se les abroga el sentido político de lo que simplemente es defender lo conseguido; ni siquiera se hacen peticiones en sentido contrario. ¿Dónde esta la política en las convocatorias de 1988, 2002, o la del pasado 29 de septiembre? ¿Si a la defensa de los derechos adquiridos y a la oposición de las normas que emanan de esos poderes caciquiles – especulativos – que pretenden sojuzgar a los trabajadores de cualquiera de las formas a su alcance, se le llama política?  Esta  y las anteriores huelgas fueron políticas; pero ni en esta ni en las otras se ha pretendido derribar un Gobierno, es más ninguno de los que tuvieron que afrontarlas salió debilitado.
Tampoco los sindicatos en los enfrentamientos habidos han perdido credibilidad, a pesar de lo predicado antes y después de esta última y también en las anteriores confrontaciones los sindicatos tienen vigencia, tienen argumentos y tienen afiliación. Eso es lo que les molesta a los banqueros, inversores, especuladores y demás “monterillas”actuales, y también hemos de tener en cuenta que ese pragmatismo antes expuesto en la persona de Mariano Ortubia, ha desaparecido y esto ha de hacernos optar por el compromiso con la idea de progreso y bienestar que ha alcanzado la clase trabajadora y que de nuevo tiene que luchar por mantenerlo, y que aun no consiguiendo la utópica emancipación marxista, ha ido alcanzando cada vez más poder en la sociedad, avanzando con los tiempos.

También hay que llamar la atención sobre la individualidad que los anteriormente citados poderes fácticos pretenden imponer a la “clase” trabajadora, disgregándola y sembrando el egoísmo e individualismo, que siempre ha sido la perdición de los débiles, por eso cada vez se hace más necesario el sindicato; su aglutinación de los trabajadores en torno a un objetivo, su pragmatismo ante las situaciones que se le plantean y sobre todo su independencia política, son la garantía de su supervivencia. Lo contrario, la siembra de calumnias que sobre ellos se arroja cada vez que en el ejercicio de sus funciones, éstos entran en acción; precisamente contra quienes pretenden para su comodidad su desaparición, es a lo que ahora hemos de ocuparnos en su defensa.
Se acusa a estas instituciones de obsoletas y atrofiadas. ¿Por qué? Si en el transcurso de los tiempos siempre han tenido el mismo objetivo y este a pesar del tiempo transcurrido aun no se ha cumplido; ni se ha erradicado la pobreza; ni se ha avanzado en la igualdad de los ciudadanos; ni se han mejorado las condiciones de vida, muy al contrario cíclicamente se retrocede y es a este retroceso al que hay que oponerse. Ese es el objetivo de los sindicatos y ese es el ejercicio que en este momento, como siempre, se ha ejercido por parte de los trabajadores conscientes de su condición. Quien siendo trabajador se opone a la acción sindical con su indiferencia, con su crítica infundada, con su absentismo en la participación; está laborando por la perdición de su “clase” pues aunque les pese a muchos de ellos, forman parte de una clase a la que, interesadamente se le denomina clase media baja, con lo que nos afirma en que existiendo otra clase media alta, todavía hay camino por recorrer hasta su igualación, obviando el alcanzar el estatus de la clase alta, al que aun con derecho a aspirar a él, no es la propuesta sindical de este momento.

Por todo esto concluyo como Mariano Ortubia en su viejo escrito.
¡Ánimo, camaradas, a asociarse en la Unión General de Trabajadores, y a desplegar la bandera de rebeldía que ha de transformar la sociedad injusta que padecernos en otra más libre y moral!                        

              

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