Donde no llega la ley, llega el sindicalismo

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Fernando Bolea Rubio

Siempre he sido de la opinión de que donde no llega la ley llega el sindicalismo. Así ha sido a lo largo de la historia y en parte ha de seguir siendo, para que el movimiento sindical avance y con él las reivindicaciones de los trabajadores y el bienestar laboral. Con esta doctrina tan clara, que en su momento fue revolucionaria, se pretende crear un contexto social y político superior al generalmente inferior regulado por la legislación, para que ésta posteriormente lo asuma y configure dándole carácter legal; a fin, de subir la escalera del progreso, sin pausa y peldaño a peldaño.

La lucha sindical contra la dictadura, así como la defensa durante años de los derechos de la mujer trabajadora en la negociación colectiva, ahora más asumidos por el Estado, son ejemplos tangibles de esta afirmación.

Sin embargo, en los últimos años este fenómeno no se produce porque en vez de ir de peor a mejor, debido sobretodo a las continuas reformas laborales se va de mejor a peor, se baja en vez de subir, sin que el sindicalismo con protestas generales pueda impedir totalmente la caída; toda vez que, con cada reforma, los asalariados no mejoran y los gobiernos y las patronales suelen conseguir algunos de sus principales objetivos. En su momento fue la implantación de los mezquinos “despidos objetivos” por parte del PSOE y después el llamado “despido exprés” del PP que, en indemnizaciones con poca antigüedad y generalmente menores de 6000 euros que es donde se suelen aplicar, resultan enormemente eficaces para una parte e injustos para la otra, al pagar el empleador 45 días y ya está, sin que los afectados tengan posibilidad al menos de defender legalmente sus puestos de trabajo. Y así, lo mismo podría ocurrir con la ultima reforma, porque hasta que el Gobierno no la rectifique como UGT pretende, es ya evidente que con ella oficialmente se ha facilitado y abaratado el despido, entre otros cambios que empeoran la situación laboral que existía, retrocediéndose demasiados escalones, para no atacarla sindicalmente por todos los frentes posibles.

Por eso ahora, sin dejar nunca de aspirar a subir peldaños de prosperidad, a mi modo de ver, el sindicalismo ha de tratar de recuperar posiciones perdidas y de eliminar en la practica a través de la acción sindical general y local de cada empresa y de cada caso concreto, los efectos negativos de la nueva ley. Hace muy mal el Ejecutivo con no atender las solicitudes de los sindicatos, porque quizá no valora bien la fuerza sindical que en realidad tienen. No calibra suficientemente, que además de las facultades confedérales o generales de los mismos, disponen de miles de delegados, secciones sindicales y de comités de empresa, que a modo de guerrillas, atacan la reforma e impedirán en gran medida las peores consecuencias de ella. Para que una reforma laboral tenga éxito, se tiene que pactar con las organizaciones sindicales y empresariales, e incluso por sufrir los peores efectos fundamentalmente con las primeras. Si no se hace, todo lo que unilateralmente se decrete será en gran medida papel mojado. Así que, donde no llegue y proteja la nueva reforma, debe llegar y proteger el sindicalismo que se efectúa, yendo por delante de esa ley no con el animo revolucionario o de cambio político de antaño, pero si como método social para defenderse de la misma, reparar sus efectos y superar el retroceso ocasionado.

¿Qué esta ocurriendo ahora? Sencillamente, que como consecuencia de haberse trasformado hace poco tiempo (en septiembre) la reforma laboral en ley, en la actualidad se padece una avalancha de Expedientes de Regulación de Empleo de extinción de contratos, como no se han visto hasta ahora en los tres años de crisis. Los periódicos los reflejan todos los días y en una cantidad similar al desastre laboral que significó la dura crisis de 1993. A los despidos principalmente individuales y de finalización de contratos temporales, se añaden actualmente muchos ERE colectivos y de cierres de empresas, que debilitan de modo preocupante el tejido industrial y empresarial existente. Esto no puede ser. Cada empresa que desaparece es un valor sustancial que pierde la sociedad. Seguramente, no toda la escalada de despidos colectivos han tenido por objeto esperar el final de la tramitación parlamentaria de la reforma laboral, para reducir personal o eliminar plantillas fácilmente y a menor coste. Hay empresas con serios problemas de viabilidad. Pero, aun sin causas justificativas, la táctica de aprovecharse rápidamente de las facilidades que da la nueva ley, a veces para cambiar unos trabajadores por otros de menor coste, tal como los sindicatos denuncian, naturalmente también se contempla.

En todo caso e incluso con la nueva reforma laboral, el despedir más y más barato no les esta saliendo bien del todo a los empresarios que han creído que el sindicalismo estaba vencido y que podrían especular con las indemnizaciones de despido a pagar. No han contado con que los sindicalistas están haciendo muy bien su labor en cada uno de los ERE y despido a despido, para impedir injusticias e incumplimientos legales. El sindicato esta vivo y profundamente activo. Tanto es así, que la teoría sindical comentada de llegar a donde no llega nada más... ya se esta produciendo, tal como se puede demostrar con las siguientes experiencias.

Durante estos días se ha estado negociando en el Servicio Aragonés de Mediación y Arbitraje (SAMA), el expediente de extinción de 78 trabajadores de la empresa LEAR. Pues bien, los trabajadores han peleado mucho y hasta realizaron ocho días completos de huelga; obteniendo en consecuencia, una indemnización de 60 días por año trabajado, 40 más de los que fija para estos casos la brillante reforma laboral que nos ocupa. Este es un caso extremo, pero por otras actuaciones se sabe que, la cuantía de las indemnizaciones que se van obteniendo -de 38, 40 días, siempre más de 30-, superan ampliamente lo estipulado por la ley como consecuencia de la actividad sindical. Así se debe seguir. Este es otro frente a mi juicio muy valioso, para limpiar de tanto despropósito la reforma laboral. Las guerrillas no ganan las guerras, pero influyen en la victoria.

Los sindicalistas saben muy bien en que situación se encuentran las empresas que presentan expedientes. Su primera obligación es saberlo, para orientar correctamente la acción ha realizar pensando ante todo en la defensa de los empleos. Siempre he dicho que para ganar un ERE, lo primero debe ser averiguar cual es el verdadero objetivo empresarial para instarlo, aparte de lo que se alegue oficialmente en la documentación que se acompaña. Y, en este sentido, ocurre de todo. Ante lo cual cabe decir, ¿Una empresa con beneficios que se quiere deslocalizar a otra zona o país para ganar aun más, debe pagar la misma indemnización que otra con problemas verdaderos de continuidad? ¿Otra empresa proveedora de una multinacional que ha obtenido durante años sustanciales beneficios, debe pagar la indemnización mínima existente, porque ha perdido el contrato con la firma principal o no le interesa continuar con él? ¿Una sociedad sumamente rentable, por el hecho de no desear el empresario continuar con ella, es justo que se deshaga de los trabajadores y las trabajadoras que han podido ser los artífices de lograr el suntuoso capital que el propietario tiene, con una baja indemnización? ¿En todos los casos se han de recibir 20 días y basta como dice la legislación?.

El mundo de las empresas y del trabajo es tremendamente complejo y no puede estar sujeto a una sola norma férrea de regulación, si se quiere evitar que la conflictividad laboral brote por doquier y hasta de forma descontrolada. Los expedientes es mejor acordarlos. La negociación es clave en ellos y la mejor manera de tramitarlos. Por consiguiente, que las patronales de las empresas elijan esta vía de solución, como mejor opción que la solitaria de tratar de imponer las ventajas que les da la reforma, puesto que socialmente no es justo que se haga así y, además, casi con total seguridad, por la presión sindical les será imposible hacerlo. Verdad es, que las empresas tienen ahora la reforma laboral a la derecha y el sindicato dispuesto a dialogar a la izquierda, de coger una u otra posibilidad dependerá todo. Yo aconsejo tanto por el fondo como por la forma, olvidarse de esta reforma errónea impuesta sin consenso, puesto que como todo el mundo debería saber, referirse a la negociación es el mejor discurso.

22-11-2010

Fernando Bolea Rubio. Sindicalista

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