Economí­a estancada. Golpe de timón.

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Fernando Bolea Rubio

“No hay un duro", me ha dicho estos días un amigo buen conocedor de los entresijos de las finanzas y los negocios. “La economía está estancada", le he oído decir casi a la vez al comentarista Joaquín Estefanía. Avalan esta tesis, los cerca de cinco millones de parados, el alarmante desempleo juvenil, la juventud emigrando a otros países, casas que se pierden porque no se pueden pagar, empresas y subsectores productivos semiparalizados, la falta de esperanza en la recuperación económica y en el florecimiento de empleo. Todo, con una necia política económica del Gobierno y la inacción de la oposición.

Es obvio que la economía esta bloqueada. Algo que era previsible, al llegar por diferentes vías el dinero a la banca y quedarse en ella, sin que esta abastezca suficientemente del mismo a las empresas y a las personas que lo necesitan en su actividad. El caudal se estanca. Solo llega para los bancos y cajas que ante todo se preocupan de sus propios negocios, especulando generalmente con él. Según un informe del Banco Central Europeo: “Menos del 50% de las pymes españolas logra créditos, frente al 66% de media de la zona euro”. A la vez que las entidades endurecen las condiciones de acceso a la financiación, tanto a las empresas como a los particulares. Este nefasto estado bancario ha llevado en gran medida a que en este primer trimestre, en comparación con el primero del año anterior, según la Encuesta de Población Activa (EPA), se hayan generado 297.500 desempleados más (4.910.200 en total, un 21,29%). En ese tiempo, 58.000 familias pasaron a tener a todos sus miembros en paro, lo que suman un total de1.386.000 hogares en esa situación. El número de personas con empleo disminuyó en 256.000, a pesar del leve repunte del PIB. La inmensa mayoría del empleo destruido ha sido de carácter indefinido, al facilitarse el despido con la reciente Reforma Laboral que el Gobierno implanto.

 

Pero, lo peor de todo es, que este derrumbe económico no parece tener fin, debido a que la banca augura dos años más de sequía en la concesión de créditos. Así, se llegará sin duda a 5.500.000 parados y a 1.500.000 familias sin que nadie trabaje. “Nuestra economía no se arregla con más crédito, se tiene que contraer, necesita desapalancarse (    reducir el crédito) para crecer, ante el exceso de endeudamiento público y privado en España”, acaba de declarar el consejero delegado del banco Santander, Alfredo Sáez. Y, añade, “el volumen de crédito a familias y empresas españolas debería reducirse en unos 30 puntos del PIB, 100.000 millones anuales, para dejar atrás el sobreendeudamiento contraído por la sociedad española con el boom inmobiliario”. Desde el Ministerio de Economía y el Banco de España, han declarado después prácticamente lo mismo. ¿Qué estarán buscando?  

 

Para el catedrático Gonzalo Bernardos “España ya no esta en crisis, solo padece estancamiento, porque se han infravalorado las consecuencias de una larga crisis inmobiliaria y la minimización del agujero creado por ella en los balances de cajas y bancos”. Este mentor en concreto viene a decir, que será mucho más fácil salir de la inmovilización y menos costoso para las arcas del Estado, si el mercado residencial se recupera con políticas gubernamentales activas de venta. Aún así, afirma, la normalización del mercado de la vivienda reducirá las pérdidas del sector bancario; pero no las eliminará, dado que aproximadamente 500.000 pisos serán invendibles por su ubicación y exceso de oferta, con unas pérdidas de alrededor de 60.000 millones, 100.000 en total, si se suman la elevada caída del precio del suelo e impagos de prestamos hipotecarios. Por ello, él duda mucho de que las necesidades de solvencia futura de la banca, puedan ser cubiertas con sólo 15.152 millones que estima el Banco de España. En definitiva, recomienda al Gobierno ayudar al sector inmobiliario, reconociendo que no es popular pero si imprescindible, un proceso de recapitalización del sistema bancario para acelerar la recuperación económica del país.

 

O sea que por la insensata política de vivienda que en su día impulso el Partido Popular, con el aplauso de la banca y de los especuladores de medio mundo, por la avaricia del beneficio que producía; la economía española no crece como en otros países de la Unión, pagando sus negativas consecuencias millones de trabajadores desempleados, a los que no se les da ninguna esperanza de empleo y mejora; diciéndoles además, que se seguirá igual de mal o peor al menos durante dos años más, porque la economía especulativa han secado la fuente crediticia con ladrillos y cemento. Lo cual es dramático. Es más, el problema se puede agravar considerablemente, porque las entidades financieras españolas aun acaparando para sus cosas, la práctica totalidad del capital que pueden adquirir del Banco Central Europeo, del Gobierno y de los mercados financieros; como asegura G. Bernardos, pueden necesitar sobre 85.000 millones más de los ahora previstos, para tapar el agujero de la vivienda.

 

Con todo, ¿qué se quiere decir al solicitar al Ejecutivo políticas activas de venta de viviendas, más un proceso de recapitalización del sistema bancario, por la brecha de los ladrillos...? Sin duda que el estado ponga dinero. La banca debe pensar en obtener del capital público (endeudándose el Estado y no ella), los millones citados que les pueden llegar a faltar. O peor, pueden pretender que el Estado se quede con los pisos que tienen sin vender y con la factura de lo que hipotéticamente pensaban ganar con esas viviendas, antes de que el vaivén del mercado rebajara los precios. Haciendo oídos sordos a que con anterioridad, la banca se haya quedado con fabulosos dividendos derivados de este sector, en sus tiempos de bonanza. ¿Dónde están ahora esos beneficios? Una parte sustanciosa se destina a compensar muy bien a los principales ejecutivos: con  salarios escandalosos, concesión de acciones y súper millonarios fondos de pensiones. Lo sean o no, estos directivos se comportan como auténticos egoístas, sin que nadie ponga orden y control ante tanto despropósito. Si con las ganancias adquirieron patrimonio, que vendan, pero que no llamen a las ventanilla de la administración.

 

Por tanto la economía esta retenida y lo va a seguir estando, más de una quinta parte de los asalariados están en paro, no se ven signos de recuperación; y, por si no era bastante, los banqueros se quieren resarcir de sus equivocaciones con el dinero de todos los españoles, endosándonos todas sus calamidades mientras retienen y no distribuyen el dinero existente, manejando los capitales a su voluntad y beneficio.

 

Es indudable que el panorama no puede ser más desolador. Cabe incluso pensar que se puede estar haciendo un chantaje sibilino al Gobierno por parte de los poderes financieros, reteniendo el crédito; al objeto de llevar la crisis española a una situación límite, con la idea de que el Gobierno se vea obligado a tomar decisiones drásticas. Y, así, adquirir la deuda bancaria, para librar de pasivos malos sus cuentas de resultados, como condición  para que los prestamos se expandan. ¿Tiene si no algún sentido, que sin venir a cuento, salga el ilustre banquero citado aseverando que no habrá créditos en dos años más? ¿Qué se persigue con esas afirmaciones, que originan desesperación en mucha gente y suponen presión política para el Gobierno? ¿Qué papel interpretan en este filme, los social-liberales (liberales en lo económico y en lo social también) del Ministerio de Economía y del Banco de España? Posiblemente el de “Malos”, toda vez que no piensan nada bueno.

 

Con tanto lastre no se puede seguir. En mi opinión, el Gobierno tiene que modificar la estrategia y el rumbo financiero con relación a la banca, entre otros motivos porque se ve claramente que esta hace caso omiso a la demanda general de crédito para las empresas y las familias y a un interés justo; demostrándose con ello, la falta de colaboración de los financieros con la sociedad y la baja estima que les merece el país. Los banqueros han agarrado la presa monetaria y la política tiene que hacer que la suelten:

 

  • Primero, haciendo que rebajen a precio real de mercado las casas que tienen sin posibilidades de vender, para que el estoc de viviendas se reduzca de manera efectiva y ecuánime -el precio de la vivienda ha bajado solo un 18% desde 2007, el inicio de la crisis, según Vicenc Navarro; y tal como apunta Wolfgang Münchau en el Financial Times (11.04.2011), en España el coste de los pisos debería descender un 30% más a fin de reavivar el mercado-. El ministro de Fomento, José Blanco, se esta dedicando estos días a vender por Europa pisos con sol y según él, bonitos y baratos. Tal es la desesperación. 
  • Segundo, haciendo saber a los banqueros con total claridad, que en sus negocios unas veces ganan muchísimo, todo lo que quieren ganar; y otras como ahora, sigue ganando prácticamente lo mismo aunque tengan por la burbuja inmobiliaria alguna pequeña dificultad puntual.

 

Ahora bien, los errores se pagan y el no saber parar a tiempo las grúas porque los beneficios cegaban la vista, tienen un coste que los bancos tendrán que asumir directamente, sin pretender conseguir ayudas financieras del Estado como actualmente parecen desear. Y, por supuesto, el Gobierno y el Banco de España tendrán que exigir con mayor firmeza y rotundidad que, todas y cada una de las entidades bancarias cumplan realmente con sus obligaciones, prestando a la sociedad los servicios bancarios y los créditos que en justicia correspondan y estén obligados a dar. El poder gubernamental ha de estar por encima del poder financiero y bancario, existiendo ahora serias dudas de que sea así. Si esa hipótesis fuera infundada, daría confianza a la población.

 

Por así decir, el Gobierno debería dar un golpe de timón, pasando del humo interesado de las palabras bancarias, a resultados tangibles: esos que se pueden ver, contar y explicar. Por ejemplo, diciendo el Ejecutivo al amigo banquero: Toma ahí tienes los 20 euros que me has pedido prestados, pero no son para ti que tu ya tienes bastantes, son para que los repartas en el mostrador a la gente que los necesita para trabajar y para vivir. Eso si, en caso de no cumplir lo que te he dicho, si vuelves a tener otra necesidad para desempeñar tu función, no te acerques a la puerta del Estado que no te la abrirá. Para empezar, con eso sería bastante.


Fernando Bolea Rubio
Sindicalista  

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