EL COMPROMISO DE LOS HISTORIADORES

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Cándido Marquesán Millán

    

Prolifera en los momentos actuales cada vez más una casta de historiadores, con gran predicamento en el mundo académico  y universitario, que consideran la historia desde una postura estrictamente utilitarista y mercantilista. Lo que les interesa sobre todo es organizar eventos “históricos” diversos, por los que cobran importantes cantidades de dinero. Dirigen y coordinan publicaciones lujosísimas, organizan exposiciones o imparten conferencias, financiadas sin reparar en medios por parte de las diferentes instituciones públicas o entidades privadas de crédito. Como ansían sobremanera el ser llamados continuamente para estos menesteres culturales, ocultan su falta de compromiso  ético-político con el disfraz de la neutralidad, maquillada con un lenguaje seudoprogresista. Si son requeridos para impartir alguna charla divulgativa en algún pequeño pueblo o para alguna colaboración en una modesta publicación de los numerosos Centros de Estudios, solo acceden con el cheque por delante. Nadie cuestiona su preparación científica en la materia, mas también es cierto que con el tiempo de que disponen, ya solo faltaría que no la tuvieran. Como la docencia directa con los alumnos cuenta poco en el historial académico, por culpa de las instituciones académicas, la tienen en poca estima. Por lo que se sienten profundamente atraídos es por la publicación de artículos en revistas científicas, a poder ser en inglés, pensando exclusivamente en determinados cenáculos especialistas universitarios. No muestran interés alguno en que el producto de su investigación pueda llegar  a los ciudadanos de a pie; salvo cuando pueden servir de potenciales compradores de algún libro que han conseguido colocar en las vitrinas de algunos Grandes Almacenes.

Estas actuaciones, muestra palpable de falta de compromiso ético-político, han dejado expedito el campo, para  que determinados seudo-historiadores, se adentren e interpreten con gran descaro de una manera sesgada e interesada acontecimientos trascendentales de nuestra historia reciente. Hecho constatable por los abundantes libros de encuadernaciones lujosísimas, colocados en los anaqueles de las mejores librerías en todas las ciudades españolas. Hoy el daño está hecho. Hoy una parte de la ciudadanía española se ha acercado exclusivamente a la II República y la Guerra Civil a través de estas publicaciones  de los Pio Moá y Cesar Vidal, construidas con una manipulación gravísima. Como han sido muy escasos los historiadores de renombrón, catedráticos o profesores titulares de las Universidades,  que han salido a la arena para poner las cosas en su justo papel, -los de  la enseñanza primaria y secundaria no han podido hacerlo ya que no interesan sus trabajos a las instituciones públicas ni a las editoriales- vivimos en tiempos de revisionismo, por lo que se ha extendido ampliamente la peligrosa idea, además de otras, de que en la contienda civil española ambos bandos fueron igualmente culpables y que la sublevación militar de julio de 1936 fue una consecuencia inevitable de los errores y abusos del régimen republicano. Una excepción ha sido la de Joseph Fontana, que nos ha dicho lo siguiente: Si analizamos lo realizado por cada uno de los dos bandos, nos daremos cuenta que les movían razones muy distintas. Y que es imposible entender lo que significó la Segunda República Española, y los motivos por los que la combatieron los sublevados de 1936, si se pasan por alto diferencias tan fundamentales como ésta: la República construyó escuelas, creó bibliotecas y formó maestros; el "régimen del 18 de julio" se dedicó desde el primer momento a cerrar escuelas, quemar libros y asesinar maestros.

Estos historiadores profesionales, que se han mantenido en los cuarteles de invierno a pesar de sus grandes conocimientos históricos, tampoco dan muestras de “compromiso cívico” para denunciar los problemas cruciales de nuestro tiempo, las mentiras y falsedades sobre la marcha exitosa de este mundo globalizado, para ayudar a los hombres y mujeres a entender las razones por las que las cosas son lo que son, y que sólo pueden ser entendidas en una perspectiva temporal e indagando en sus raíces históricas. ¡Qué poco tiempo han perdido en defender frente a esa derecha rancia, determinadas medidas progresistas como: la salida de la Guerra de Irak, la devolución de los papeles del Archivo de la Guerra Civil a Cataluña, el matrimonio de los homosexuales, la asignatura de Educación para la Ciudadanía..!

Estoy seguro que también a esos historiadores profesionales, que consideran la historia como un coto privado de los cenáculos universitarios, les va a molestar profundamente la afirmación de que los historiadores no son sólo los que investigan y publican por su prestigio mediático; también lo son los que enseñan historia en sus colegios e institutos. Y puedo afirmar, por lo que a mi respecta y así como por otros muchos compañeros de profesión, que nos hemos implicado de lleno en nuestras clases de historia, ya que estamos convencidos de que nuestra disciplina es clave en el sistema educativo, porque puede ser, empleada adecuadamente, una herramienta valiosísima para la formación de una conciencia crítica, todavía más en estos momentos de desconcierto ideológico.  

Quiero terminar estas breves reflexiones con unas palabras del gran socialista, Pascual Marco, todo un ejemplo para los que nos sentimos socialistas, recogidas en el libro Socialistas en tiempos difíciles. PSOE, UGT y JSE en Zaragoza bajo la Dictadura franquista  de VILLANUEVA HERRERO, José Ramón: Los intelectuales son los hombres que despiertan a los pueblos, ya que son los que hacen a estos tomar conciencia de su realidad social para, posteriormente, asumir el compromiso de transformarla. Esa era la gran labor social, que Marco confiaba que asumieran los maestros y la intelectualidad en general, tal como había ocurrido durante la II República, debía tener un carácter marcadamente pedagógico, ya que “al pueblo hay que hablarle como lo entiende”, dejando de lado todo tipo de pedantería o elitismo.

 

Publicado en “Diario de Teruel”, El independiente de Canarias, Extremaduraaldía

 

 

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