El PSOE en la pendiente

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Fernando Bolea Rubio

He oído decir en el sector de automoción, que cuando una marca pierde la confianza tarda quince años en recuperarla. En este estado se encuentra hoy el PSOE. No se cree en su marca como tal ni en sus dirigentes, siendo asombrosa su caída en las encuestas y en los comentarios de la gente. Así pues, hasta el 2026 no le correspondería gobernar. Rubalcaba estaría olvidado. También por desafecto, al Partido Socialista francés le costó ese tiempo (16 años) volver al poder, después de cambiar a varios líderes, lo mismo que a ciencia cierta ocurriría aquí.

Pero si esta va a ser la hoja de ruta. ¿Alguien entiende la batería-calendario de conferencias y actos internos sin trascendencia vital que, se han decidido hasta casi el 2015, como el mejor ataque ante tanta adversidad? Solo se pasa un paño para que dure el mueble, cuando se necesita urgentemente otro resplandeciente y de buena madera, para que recupere el color y la fiabilidad perdida. El partido tiene que trasmitir a la sociedad mensajes firmes y creíbles a mayor ritmo del  habitual, de forma continua, porque solo así podrá acortar los años de fatiga sentenciados. Por tanto, se debería tener como único objetivo orgánico, el bien de la marca y por ende de sus votantes. Cambiando lo que haya que cambiar, en aras de un fin partidista, no personalista, como parece que se impone.

 

Cada día que pasa me reafirmo en la opinión, de que el 28 Congreso Federal del PSOE (Sevilla 3-5 de febrero de 2012) fue un fracaso para el partido. Lo ganó Alfredo Pérez Rubalcaba por 22 votos más que Carme Chacón, resultando un liderazgo poco ilusionante por la falta de carisma del nuevo Secretario General. Es más un gestor que un líder, como se ha podido comprobar a lo largo de este año. Su segundo e insalvable inconveniente, se da por venir desde la vicepresidencia del gobierno socialista anterior, siendo para muchos simpatizantes, corresponsable de los desengaños y equivocaciones que se generaron. Hoy, el 81% de sus posibles votantes desconfían de Rubalcaba.

 

Tal vez, el error partía ya de las dos únicas candidaturas en liza. Tanto Alfredo como Carme por haber sido ministra, padecían el síndrome José Luis Rodríguez Zapatero y posiblemente, ninguna de estas dos personas debió optar a la máxima responsabilidad.  Ella, desde el congreso ha estado desaparecida. Él, cada vez con menos empuje, sobrevive a las circunstancias, quien sabe si queriendo llegar a ser presidente del gobierno, para colmar sus deseos; mientras el socialismo se desvanece, desciende por la pendiente.

 

A los militantes del partido los tranquilizaría mucho, si este compañero renunciara a ser el próximo candidato a las legislativas de 2015, como lo fue en los comicios del 20-N de 2011, porque con el recuerdo de aquel estrepitoso fracaso electoral ya tienen bastante. Debería quitar el tapón que impide que el cava y la alegría fluyan. O dejar claro al menos, que con tiempo o sin él para hacerlas, jamás será candidato si no lo avalan unas elecciones primarias realizadas para tal fin. En este sentido es revelador, el que prácticamente  todos los afiliados y simpatizantes que vengo hablado, siguen sin ver de nuevo a Rubalcaba encabezando la lista electoral, pensando asimismo que no se presentará, debido a que es consciente de sus limitaciones. En esta apreciación yo no coincido, porque sabemos de personas que no han sabido dejar los cargos a tiempo. Aquí, hasta al histórico Rodolfo Llopis hubo que desplazarlo; aunque Felipe, cuando defiende a Rubalcaba, no parece recordarlo. 

 

¿Qué se puede hacer? Llevo tiempo pensando que solo hay una salida. Dimisión en bloque de la Comisión Ejecutiva Federal, con el nombramiento de una Comisión Gestora para que organice un nuevo congreso y resurja una nueva dirección, con elecciones primarias abiertas -anteriores, pensando en la bicefalia- para elegir a los candidatos electorales. Algo parecido a lo que se hizo en mayo de 1979, cuando dimitió Felipe González, por los postulados marxistas al evolucionar hacia la socialdemocracia reformista, y que tan buenos resultados electorales dio. En la actualidad, la situación del PSOE es mucho peor que entonces. Por lo que el diagnostico ha de ser, operar sin pérdida de tiempo. Yo no sé si ahora la mejor sustituta sería Chacón, debido también a sus secuelas zapateristas que aún siguen perdurando. De todas formas, el proceso congresual clarificaría a los candidatos, siendo ella una más sin ningún privilegio establecido de antemano.

 

Como argumento para dejar pasar el tiempo alegremente, esperando el milagro de que el temporal escampe, se habla de nuevo de primero el proyecto. ¿Pero cuantos programas necesitan? Ha existido el de los dos candidatos anteriores: el de él, el de ella, las resoluciones del último congreso y las anteriores, tienen a su alcance el programa electoral triunfal del socialismo francés, el del resto de los socialdemócratas europeos. En dos tardes con dos vinos en Casa Labra, Pablo Iglesias haría otro, dado que es fácil saber lo que hay que hacer, cuando los españoles están sufriendo tanto, por la política antisocial y salvaje del PP. Se propone concebir un proyecto de “radicalismo reformista” -Rubalcaba-. Se dice, que el “PSOE debe volver a diseñar un proyecto de mayoría y apostar por las clases medias. Que se debe ir al centro” -González-. ¿Pero desde donde? ¿A partir desde la derecha actual, o cree que se esta en la izquierda, lo que sería un serio lapsus? ¿Pero que significan para un socialista las clases medias, la clase trabajadora lo es?

 

Sobre la postura de si girar más a la derecha o a la izquierda, la apuesta es muy sencilla. Como el propio Iglesias venía a decir, la sociedad la componen: “Los que tienen y pueden” y los que “no tienen ni pueden”. Así, los primeros siempre estarán unidos y defendiéndose como clase, sin necesitar mayor atención. Es en los segundos, donde el socialismo ha de volcar su rabia transformadora, teniendo el campo abierto tanto para apoyar a la clase trabajadora, como a la clase media trabajadora, que es el mayor abanico de votantes existente. Por eso, el PSOE tiene que estar siempre con su gente, con los que no tienen ni pueden, o los que tienen poco y pueden poco, para que tengan más y puedan tanto o más que los otros. No caben más galimatías. Los problemas surgen cuando hay dirigentes que les molestan los trabajadores. Hasta se piensa que se debe prescindir de ellos, acercándose a los salones de la señora marquesa, limpiando los zapatos al señor banquero. Cuando hay más criados que marqueses y más bancarios que banqueros.  

 

El trabajo se planifica pronto, reuniendo uno a uno a todos los colectivos en todo el país, para preguntarles que necesitan y ofrecerse con la mejor voluntad a conseguirlo. El partido tendría que estar diciendo todos los días, a viva voz, que cuando vuelva al gobierno, anulará los recortes antisociales del PP, y reimplantará los derechos perdidos. Eso sí, empezando por pedir perdón a los trabajadores por la reforma laboral que el ejecutivo de Zapatero hizo, marcando el camino a la calamitosa reforma-estafa posterior de Rajoy; a los jubilados por la congelación de las pensiones en 2011; a los funcionarios por reducirles los salarios sin consideración. Excusándose ante el pueblo español, por sus errores durante la crisis: por negarla, ocultar la pésima situación de la mayoría de las entidades financieras, al no destapar el elevado endeudamiento del sector privado, por la reforma de la Constitución para la “estabilidad presupuestaria”... con prioridad absoluta del pago de la deuda y los intereses.

 

El camino es duro, pero no hay otro recorrido. El PSOE está herido y urge sanarlo. Aquí  hay algunas ideas y propuestas para que la dirección lleve adelante la operación de cura,  si de verdad sienten en su ser el sufrimiento del partido, como nos ocurre a la mayoría de los militantes y votantes de base. ¡Salud! Y esperanza socialista siempre.

 

21.12.2012        Fernando Bolea Rubio

                              Sindicalista

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