EL SINDICALSMO QUE SE ODIA

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Fernando Bolea Rubio

Sobre los intoxicadores antisindicales, allá ellos con sus fobias y odios. Al sindicalismo de clase no lo vencerán jamás. Quitarán una piedra y les caerá la montaña encima. El historiador Ian Gibson, en 2007 dijo: “Sin una derecha razonable y dialogante, España nunca será el país que tantos anhelamos”. Vivimos tiempos de niebla y sin confianza en que brote la primavera. Que los sindicatos empiecen a regar los floreros.

Tú haz lo que quieras, pero yo sigo. Y continuaré siempre, porque nunca renunciaré a mi ideología socialista, ni renegaré jamás de mi sindicato la Unión General de Trabajadores. La organización obrera con 125 años de historia, que ha visto de todo, superando en todo momento los intentos de su liquidación.

UGT ha vivido periodos revolucionarios, la república, la guerra civil, la dictadura franquista, la clandestinidad y por fin la democracia y la libertad. Ha luchado, lucha y luchará, contra gobiernos y patronales por: La emancipación de los obreros, contra el hambre, la esclavitud en el trabajo, la precariedad, por el empleo, por mejoras salariales y sociales para los asalariados, por la justicia social en las empresas, por el Estado del bienestar. Siempre con un único fin, poder ser una herramienta de apoyo a la clase trabajadora y a las capas más desfavorecidas de la sociedad. Su trayectoria es impecable por sus objetivos, limpieza y claridad. Yo estoy profundamente orgulloso de ser ugetista y militante sindical. Si este sindicato desapareciera, los trabajadores lo volverían a reimplantar, como ya lo hicimos fortaleciéndolo en los pasados años setenta. Que el ultraliberalismo político y mediático lo tengan presente en sus oraciones antiobreras.

Los capitostes de la ultraderecha intolerante, no cesan en su empeño destructor del sindicalismo. En su interés anulador utilizan todo, hasta que los trabajadores puedan comer lo que les gusta. Esperanza Aguirre, esa aguerrida ultraderechista, acaba de hacer el ridículo más espantoso, al publicar una foto donde aparece un compañero del sindicato Comisiones Obreras cortando jamón. Como si los sindicalistas no tuvieran derecho a consumirlo. Los pobres saben criar el cerdo y comerse el jamón, pero ella sin los pobres que le crían el cerdo... comería esparto. Son tan ridículos e insignificantes que sus artimañas me producen tristeza, por su bajeza intelectual y mala intención.

¿Pero que derecha es ésta? ¿Cómo este país ha caído tan bajo? No se pueden aguantar estas estupideces y hay que reaccionar, más cuando ellos están destruyendo los derechos de los trabajadores, la educación, la sanidad, las pensiones, en suma el Estado del bienestar. Naturalmente, toda esta tropa liquidadora sabe muy bien que, el sindicalismo es la piedra que les duele en el zapato y el principal freno, a sus cruzadas patrióticas y privatizadoras de lo público. Por eso van a por él. Y seguirán yendo, con razón o sin ella. Su meta es eliminar la capacidad de respuesta de sus contrarios de clase, en detrimento de los intereses de la mayoría del pueblo español.

¿UGT hace todo bien? Yo diría que casi todo y que si alguien suyo comete un error lo sabe depurar y enmendar pagando sus deudas. ¿Acaso no lo hizo con su cooperativa de viviendas PSV, al dedicar todo el capital recibido por su patrimonio histórico para no perjudicar a los cooperativistas? El fracaso de este proyecto, se fraguó en parte, por culpa del ataque financiero demoledor que recibió, al no permitirse por más tiempo, que el sindicato tuviera la cooperativa de vivienda sociales más grande de España.

Mas, como los músicos no paran de tocar, en agosto estamos contemplando dos campañas orquestadas. Una, de la CEOE, proponiendo eliminar los pocos derechos laborales que quedan, e intentado implantar lo que llama “hiperflexibilidad” contractual; o sea, contratos de capricho, baratos de coste, de superdominación de los empleados, con jornadas inacabables y sin cobrar el tiempo de más. Otra, contra UGT, con el impulso del periódico El Mundo, como primer actor, sacando con cuentagotas para que tenga mayor impacto negativo, una serie de acusaciones sobre posibles facturas falsas de eventos del sindicato en Andalucía, giradas para su pago a la Administración andaluza.

Pues bien, con estas dos cuñas querían debilitar al sindicato de cara a las movilizaciones sindicales de otoño que, sin duda se harán, para impedir los sueños empresariales- gubernativos de liquidación total de la legislación laboral. Sin embargo, la estrategia de acoso y derribo les va a salir mal. Dado que, por un lado, UGT ya ha dicho que no va a negociar la pretendida “hiperflexibilidad”, “porque suena a una desregulación total”; y, como es previsible, los esperará en los centros de trabajo y en la calle. Y, por otro lado, el nuevo Secretario General de UGT Andalucía, Francisco Fernández Sevilla, bético e internacionalista según dice, acaba de declarar que “no es verdad que allí se utilicen facturas falsas”.

Se les acusa de girar 29.774,94 euros, por la publicidad de un curso en la contraportada de una revista sindical, cuando aseguran que facturaron muchísimo menos. Harán una revisión documental para si existe algún error del gasto corregirlo y reintegrarlo. Han informado que en los últimos cuatro años, el sindicato ha impartido 7.000 cursos de formación para 108.000 trabajadores. UGT Andalucía cuenta con 93 centros acreditados para impartir dichos cursos y cuenta además con un aula bus para llegar a todos los rincones de la comunidad. Asimismo, una media de 161 personas trabajan allí en orientación laboral. Fernández Sevilla ha declarado: “Somos los primeros interesados en que todo se clarifique y que todo se justifique correctamente, para que el buen nombre de UGT Andalucía siga manteniéndose y que la entidad sea útil para los trabajadores”. De todas formas, aunque no parece haber habido ningún lucro personal; la Comisión Ejecutiva Confederal de UGT, tiene que involucrarse también en este asunto, revelando algún delito si lo hubiera.

Yo no conozco a ningún sindicalista rico. Si sé que todos ellos y ellas pierden dinero por su actividad sindical y cuanto más tiempo la desempeñan mayor es la pérdida. Como ha sido en mi caso, la inmensa mayoría de ellos, únicamente cobran el salario profesional de la empresa que pertenecen y nada más, cuando son mayores los gastos que conlleva la actividad. Cabe incluso decir que, los salarios que reciben sus máximos responsables orgánicos, no son acordes ni mucho menos con la alta responsabilidad de los cargos que desempeñan. El sueldo del máximo líder de UGT, Cándido Méndez, es de 2.574 euros al mes, una vez deducidas las cotizaciones sociales.

Sobre los intoxicadores antisindicales, allá ellos con sus fobias y odios. Al sindicalismo de clase no lo vencerán jamás. Quitarán una piedra y les caerá la montaña encima. El historiador Ian Gibson, en 2007 dijo: “Sin una derecha razonable y dialogante, España nunca será el país que tantos anhelamos”. Vivimos tiempos de niebla y sin confianza en que brote la primavera. Que los sindicatos empiecen a regar los floreros.

      1. Fernando Bolea Rubio

                           Sindicalista

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