EL TRÁGICO DESTINO DEL LÍBANO

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Cándido Marquesán Millán

Parece una realidad insoslayable que muchos países de la zona tengan el derecho de dirimir sus diferencias en su territorio. Su población de religión musulmana se divide entre suníes, chiíes y drusos. Los cristianos son fundamentalmente maronitas, aunque también hay griegos católicos y ortodoxos. Esta estructura religiosa tiene su reflejo en su constitución política. La Presidencia de la República es para los maronitas, la Jefatura del Gobierno para los musulmanes suníes y la Presidencia del Parlamento para los musulmanes chiíes. En el momento de acceder a la independencia los maronitas tenían preponderancia, lo que provocaría en 1958 la rebelión musulmana de fuerzas drusas y chiíes, y refugiados palestinos, que sería aplastada por marines norteamericanos. De 1975 a 1990 hubo una cruenta Guerra Civil entre más de treinta diferentes grupos. Para agravar la situación interna entraron las potencias vecinas. Israel en 1978 para destruir las bases palestinas del sur del Líbano, bombardeando el Beirut musulmán en 1982.

Los días 16 y 17 de septiembre del mismo año se produjeron las matanzas por parte de la Falange libanesa en los campos de refugiados palestinos de Chabra y Satila, en territorio ocupado por los israelitas. Poco después, en abril de 1983 se produjo el atentado ante la embajada norteamericana, La intervención judía provocaría la aparición del grupo chiíe Hezbolá en 1982, propiciado desde Irán. En 1976 irrumpió Siria, a instancias de la Liga Árabe, para mediar en la Guerra Civil. Esta terminaría tras los acuerdos de Taif de 1989. Mas las secuelas serían irreparables, destruyendo la economía más próspera de todo Oriente Próximo. Esto no significaría de momento la marcha de Israel y Siria. El primero lo haría en el 2000, aunque en el verano de 2006 retornó para luchar contra Hezbolá. El segundo, tendría que hacerlo tras el movimiento prooccidental y antisirio de 14 de marzo de 2005, formado por suníes, drusos y la mayor parte de cristianos maronitas, tras el asesinato de Rafic Hariri. Enfrente está el grupo prosirio, compuesto de chiíes de Hezbolá y Amal, y otros grupos cristianos, el del Presidente de la República, Emile Lahud, y Michel Aoun. Hoy existe un vacío político que se agrava cada día más. La oposición-los prosirios de Hezbolá y su aliado Michel Aoun- no reconocen la legitimidad del Gobierno de Siniora, y el país carece de Presidente desde que el 23 de noviembre Emile Lahoud abandonara el palacio presidencial. Los dos grupos: los prosirios y los prooccidentales luchan encarnizadamente para alcanzar la Jefatura del Estado. Según todos los indicios, todos los asesinatos políticos cometidos desde febrero de 2005: Samir Kasir, George Hawwi, Yibran Tueni, Pierre Gemayel, Salid Eido, Antoine Ghanem se han atribuido a Siria, con el objetivo de neutralizar en el Parlamento la exigua mayoría parlamentaria del primer ministro, Fuad Siniona, a golpe de coche bomba o a tiros.

Pese a los asesinatos, el bloque antisirio todavía tiene los votos necesarios. Tras la muerte de Ghanem, el número de diputados de la mayoría parlamentaria es de 68, en un total que pasa ahora de 128 a 127 diputados. Inmediatamente después de la conferencia de Annapolis, la mayoría anti-Siria del parlamento libanés accedía a apoyar al candidato de Siria, el General Michel Suleiman, como próximo presidente libanés a reemplazar a un agente sirio, el ex presidente Emil Lahoud. Como explicaba al Times, Talal Atrissi, analista político de la Universidad Libanesa, "los sirios no querían ir a Annapolis y sin ellos la conferencia habría sido un fracaso...

Los sirios cambiaron su participación, que no les costaba nada, por un acuerdo sobre la presidencia libanesa”. El llamado a suceder a Suleiman, al frente de la Jefatura del ejército es el asesinado ahora, el general Francois al Hajj. Las posibles interpretaciones son muchas. Puede ser obra de Al Qaeda, ya que al Hajj desempeñó un papel esencial en el despliegue de las tropas libanesas en el sur del país, tras la guerra del verano de 2006 entre Israel y el brazo armado de Hezbolá. Asimismo, fue el encargado de dirigir las operaciones contra los combatientes islamistas del grupo radical Fatah al Islam que se enfrentaron durante más de tres meses al Ejército libanés en el campo de refugiados palestino de Naher el Bared. Pero volviendo a Annápolis y el atentado de hace unas horas, la bomba iba dirigida en esta ocasión al General Francois Hajj. Aunque todas las bombas del servicio secreto sirio – Al Yazira lo da por hecho– han estado dirigidas a liquidar a los miembros de la oposición (necesita matar a 8 para forzar un proceso favorable y ya ha matado a 6), la necesidad de matar a un miembro del ejército es ésta: Hajj, católico maronita de 55 años, era el principal candidato a suceder en el ejército a Suleiman, una vez éste hubiera ocupado la presidencia. Y era reformista, pro-occidental, y anti-Hezbolá.

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