ESPERANZAS, SALARIOS Y LÁTIGOS DE PAPEL

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Fernando Bolea Rubio

Con medio año de retraso, aunque más vale tarde que nunca, una pequeña esperanza brota en el movimiento sindical, debido al hecho de que el Ejecutivo esté negociando con los Agentes Sociales: la reforma laboral y las pensiones, entre otros asuntos; lo cual es positivo, porque a pesar de que los sindicalistas llevan eternamente las movilizaciones en el corazón, negociando nunca se pierde el tiempo. La negociación es buena para las partes, siempre. Al final hasta las guerras acaban con un acuerdo. En próximas fechas conoceremos el resultado.

Otra rama de confianza florece, al reconocer en los últimos días, tanto el Presidente Zapatero como el Gobernador del Banco de España, la tormenta  bancaria española, asentada más fuertemente en las cajas, por su necesidad de una rápida recapitalización por las secuelas del ladrillo, que han secado la fuente que fluía el crédito a PYMES y autónomos.

“Lo que el ladrillo nos dio el ladrillo nos va a quitar”, ha dicho un líder socialista. Sí, pero no a todos, ya que como afirmó en 2006, Antonio Baratech, del Grupo Ferrovial: “Las grandes fortunas han venido por ventas de suelo urbanizable”. Esta semana  leemos impresionantes noticias de prensa: “Los mercados han cerrado a cal y canto el acceso a la financiación de las cajas”, “Fondos de otros países buscan comprar cajas a precio de saldo”, “Las dudas sobre las cajas en los mercados son formidables”, “La conversión obligatoria de las cajas en bancos no nos gusta” (CECA). “El lobby de las cajas planta cara al Gobierno por la aceleración de la reforma”, a pesar de que el IBEX-35 avanzó casi un 15% en menos de dos semanas, desde el 11 de enero que ZP anuncio que se preparaba la reforma en pos de la solvencia de estas entidades.

El efecto sobre el empleo será enorme. Se cerrarán oficinas, empeorándose el servicio. Y, por descontado, nadie sabe con exactitud el capital que necesitan las cajas. La desorientación es tal, que  se habla de una imprecisa horquilla de entre 10.000 y 80.000 millones. Ningún ser humano sabe la cantidad exacta. Unos la cifran en 42.800 millones, otros en 44.900, lo hacen en 50.000 y parece existir un cierto asentimiento en valorar la brecha en 60.000 millones de euros. Pudiendo ser más, sobretodo si entran en juego algunos bancos y empiezan a lanzar la pelota.

Con este desaguisado financiero se demuestra que la incompetencia del Banco de España, ha llegado a limites inconcebibles. Ha estado perdiendo el tiempo dos años, al afirmar reiteradamente que la banca española no tenía problemas, a pesar de que la burbuja inmobiliaria en España era una de las más grandes del mundo, lo que parecía milagroso; mientras que otros países, se dedicaban a sanear sus entes financieras y actualmente están saliendo de la crisis: véase Alemania y EE.UU. Al final, va a tener que ser el Estado el que aporte temporalmente capital a las cajas, con pago de intereses o a cambio de participaciones en el capital, con la idea de devolverlas; hasta que el capital privado esté dispuesto a desarrollar esa función, dado que de momento no lo está”. El crecimiento experimentado por España solo es comparable al de Irlanda”, aseguro en el 2007, Danny Leipziger, vicepresidente del Banco Mundial. El ladrillo allí y aquí hacia prodigios y hoy sus estragos son descomunales. Ese país ha sido rescatado financieramente por la Unión Europea y en nuestro caso se intenta evitarlo.      

Ahora, sin embargo, los que tiraron la piedra y rompieron el cristal, el principal partido generador del debacle... se presenta como la solución mágica al desastre. No está mal. El crecimiento económico con los Gobiernos del PP (1.996-2004), fue debido básicamente, a que con su desmedida apuesta por el suelo y la vivienda, seguida después por el PSOE, se llegó a que en 12 años se construyeran los pisos que se necesitarían en 20. Y ahora ¿qué? Tenemos hechas las casas que se van a precisar al menos hasta el 2015 y el sector está parado; cuando la construcción inmobiliaria debería ser, uno de los motores fundamentales para superar la crisis general que resistimos.

Si llegan al poder, ¿Cómo piensan remediar los populares esa falta de impulso de la construcción? ¿Caminando socialmente para atrás del todo, por ejemplo, bajando un 20% los salarios para que el país sea competitivo, como destacados economistas y personajes afines a la derecha, como el aragonés Manuel Pizarro, han insinuado? “Para conseguir equilibrar sus posiciones netas externas, España necesitaría devaluar su tipo de cambio real un 20%. Pero el gran reto está en aumentar la productividad laboral”, decía asimismo Guillermo de la Dehesa, el pasado octubre. Y cosa curiosa: nadie cuestiona los beneficios empresariales, la falta de inversión, ni la limitación de créditos de la banca, que son la principales imperfecciones que erosionan la competitividad nacional.

Los sueldos españoles no son una burbuja a reventar, como sueñan en círculos liberales acercando la aguja, porque los salarios medios españoles son de los más bajos de Europa. Bulgaria: 2.862 euros brutos al año. Hungría: 9.899. Portugal:17.179 euros. España: 21.500. La media en la Unión Europea: 27.036. Alemania: 40.914. Holanda: 42.720. Reino Unido: 46.058. España solo figura por encima de cuatro países que no alcanzan 10.000 euros y de Portugal. El salario medio español es un 20% inferior a la media europea. La diferencia con los tres que más cobran es del 34,4%. Para el catedrático Vicenc Navarro: “Las empresas españolas han visto aumentar sus beneficios netos un 73% entre 1.999 y 2.006, más del doble que la media de la UE-15, mientras que los costes laborales solo han aumentado un 3,7%, cinco veces menos que en la UE-15. La exuberancia de los beneficios empresariales en España se basa en gran medida en la moderación salarial”.

Así que bromas ninguna. Influye el que aquí se ha optado excesivamente por un trabajo de baja cualificación y coste; pero ante todo, a que se gana menos dinero a todos los niveles. Sin bastante crecimiento, no se generará suficiente empleo ni se podrá pagar debidamente la deuda soberana. En este sentido, es básico elevar la productividad, pero no a costa  de reducir las condiciones saláriales y laborales; entre otros motivos, porque como ha asegurado, José Maria García de la patronal CREA: “La productividad no depende de las horas que trabajas, sino del capital que dispones”. Productividad o rebaja salarial, dicen los catedráticos del capital.

Por si es poco, el 12 de enero entro Bruselas sin freno en nuestro corazón, con sus opiniones y propuestas fantásticas, propias de un atroz desconocimiento sobre la realidad española y del pensamiento liberal-conservador que domina la Comisión Europea. Así, empieza afirmando: “España es el país de la zona euro que más competitividad ha perdido desde 1.998 y señala que necesita un amplio ajuste de precios y salarios para corregir sus desequilibrios económicos internos”. Y, continua: “Los países con un alto déficit público y una elevada tasa de desempleo, como España, deben revisar sus seguros de paro y flexibilizar sus salarios para fomentar el crecimiento económico y la creación de empleo”.

Proponiendo en concreto para los países periféricos, o sea de nuevo señalando a España: “Que se flexibilicen los salarios y la contratación”. “Que se reduzca la sobreprotección de los trabajadores con contrato permanente”. “Que se introduzca una estricta moderación salarial”. “Que se eliminen las cláusulas de revisión salarial”. “Reforma de los seguros de paro para que incentiven a buscar empleo de forma activa, penalicen a quien no lo haga y eviten una dependencia de los subsidios”. En definitiva, todo un destructivo primer ataque político y económico a nuestro Estado de Bienestar. No se si inspirado por los liberales alemanes, pero quizá sí. Por de pronto, otra mano que nos quiere mecer la cuna y ahogar laboralmente, con el asentimiento, al menos de momento, del comisario socialista español, Joaquín Almunia, dado que no se ha manifestado de contrario.  

Pero, por si no basta con todo lo dicho, viven en el mundo los “látigos de micrófono y  papel”. Sí, existen, lo puedo asegurar. Se les localiza pronto, la mayoría son azules de corazón, ultraliberales de cabeza, de pequeña mente. Se distinguen por ser contrarios acérrimos de los sindicatos, del sindicalismo en sí. Actúan en las cavernas del “cazalla party” y a veces por desconocimiento e ignorancia, pero casi siempre con idea de desprestigiar y herir. Mienten y no rectifican. Se sientes dueños y señores del debate mediático. Reyes y reinas del infundió. Maestros de la confusión. Yo ante ellos tengo un pesar enorme. ¡Que penalidad! Me acuso de ser sindicalista. Que para mayor recargo he sido delegado sindical. Y liberado... y, a mucha honra, para que alucinen más.

Las perlas con las que los látigos nos han obsequiado en las últimas jornadas son de mérito: “Uno de cada tres delegados sindicales esta liberado de sus tareas”; no estaría mal, pero es una falsedad mayúscula. “El que piense que va a ganar 1.500 euros, trabajando ocho horas y con un mes de vacaciones, tendrá que cambiar de idea”. ¡Impresionante! Un azote en el programa de TVE , 59 Segundos: “No es momento de derechos, los sindicatos que digan lo que quieran y ya esta”. Que majo él. Otro, en el mismo espacio, concretamente, Pedro Schwartz: “No al Salario Mínimo, fuera los convenios, y así con una reforma laboral acorde el 20% de los parados trabajaría”. Un nuevo participante: “Son necesarias reformas más potentes, reformas de caballo”. Simpáticos, ¿verdad?

Todo este acoplamiento de recomendaciones devastadoras contra la clase trabajadora española, ha sido culminado con la reciente frase de Mariano Rajoy: “Hacer más, con menos”. Pues mire, no. Ése es un mensaje ruin y de perdedores. Sin embargo, siempre he defendido la idea de: “Con lo mismo más, por medio de la colaboración”. Pero es igual, ya sabemos que la derecha y muchos trabajadores votan al PP aunque el candidato sea una escoba.

25-01-2011

Fernando Bolea Rubio, Sindicalista

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