EURO ¿SÍ O NO?

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Fernando Bolea Rubio

Los pros y los contras de los efectos del euro, están llegando a la mesa de discusión de los españoles. En mi caso, con un brote de convicción de que con su llegada vivimos un espejismo. Prometía mucho y lo ensalzamos más. Vino, y sin más entregamos la peseta, el Banco de España quedó noqueado. Pero era igual, podíamos cruzar los Pirineos sin cambiar de moneda y seis mil euros eran todo un millón. Por fin, éramos un país rico, nuestra moneda valdría más que el dólar. Solo nos faltaba hablar inglés para conquistar el mundo. Aunque con el redondeo del cambio (en vez de 0,70-1) llegó el primer desengaño amoroso.

A las lágrimas de esa picardía se unió la lluvia ácida de los poderes financieros-políticos reales, que se han ido quedando con el control de la nueva moneda y con el mazo de la devolución rápida de la deuda pública; junto con la imposición del aval del Estado en las bancarias y privadas. Así, se debe revertir la consideración fantasiosa inicial, al intuirse hoy con el euro un futuro peor, atroz para muchas personas. Yo ya miro el euro con desdén, con desconfianza. Mi fidelidad plena, se empieza a romper. El primer ministro eslovaco, Robert Fico, ha declarado: “Veo una ruptura del euro tan realista como la permanencia, 50% a 50%”. Con lo cual reconoce que el euro ha perdido su seguridad. Su continuidad es ya dudosa al menos para todos los países, al estar siempre Grecia en la puerta de salida; como en entredicho están lo que los salchicheros llaman países oliveros del sur.

 

¿Se perdería mucho con la vuelta a la peseta, fuera el que fuese su valor? Los ricos sí,  los pobres no. Como nada o poco tienen, nada o poco podrían perder. Su único patrimonio es el Estado del bienestar. Pero claro, si seguir con la sustraída y manipulada moneda es perder ese estado social, como ahora ocurre con los recortes; el euro se hace odiar y deja de interesar. Lo siento por él, pero mi tarjeta de sanidad... me gusta mucho más que el euro. No lo puedo remediar. Hemos de saber que nos regimos por un euro alemán, no del conjunto de la Eurozona. Por un euro de parte, no con el de un todo con un fin general. En consecuencia, si los alemanes quieren ser europeos como medio al servicio de sus intereses; esa Europa no me interesa. Si se beben el agua pasando el sur sed, que se bañen en su río, pero no con nuestra agua y complacencia.

 

En mi opinión, tres  motivos son las causas del incipiente fracaso del euro en España. Uno, que es una moneda que nació con favorables objetivos políticos, sociales, de unidad, grandeza; siendo su gran drama posterior el que, por la cortedad de los dirigentes actuales, ésta no se haya desarrollado en toda su intensidad, con un euro bien instaurado con su Banco Central Europeo propio -no como el actual que en realidad es alemán-, su unión fiscal, bancaria, económica y hasta política en cierto grado. Dos, la política económica conservadora de austeridad, carente de generación de empleo y de crecimiento; que ha hundido el consumo, tanto como la recaudación fiscal. Tres, por haber surgido capitaneados por Alemania, los poderes financieros ocultos, los poderes reales que controlan la economía y la política del momento, imponiendo a los países miembros déficits presupuestarios sobrenaturales. Porque su principal interés es, el que esos estados paguen a toda prisa lo que deben, principalmente a la banca alemana -aquí más por el ladrillo y el problema bancario-; aunque para ello, agoten la casi totalidad de la riqueza anual que sus economías generan. Sin dejar margen para la recuperación, la inversión pública, el relanzamiento de la economía productiva, la sostenibilidad del conquistado Estado del bienestar, como en España ocurre.

 

Por consiguiente, en estas condiciones el euro no me interesa, no lo quiero, lucharé en contra de él. Debido a que esta llevando el país a la desdicha más absoluta y a la población a un retroceso inimaginable. ¿Qué sin el euro también ocurriría? Hay diferentes opiniones al respecto. Si estoy totalmente seguro de que, con la trayectoria actual de un rescate o fracaso tras otro, el euro que conocemos acabará llevándonos a la desastrosa situación económica y social de Grecia: con un desempleo galopante, más reformas laborales, reducciones salariales, agotamiento de las pensiones. Para finalmente tener que abandonar el euro por voluntad ajena o propia, al no poder vivir con él, como allí puede ocurrir. Y, por supuesto, si esto va a pasar, cuanto antes suceda mejor. Esperar más y salir peor, sería de necios.

 

¿Puede recomponerse el euro actual, para que resulte viable y atractivo para todos los europeos? Sin duda, si hubiera voluntad y capacidad política para hacerlo. Para ello, no tendría que haber países que manden y otros que obedezcan, el poder político se ha de imponer al de los mercados financieros, se gobernará para los ciudadanos, a los gobiernos que lo deseen se les dará más tiempo para obtener los objetivos de déficit presupuestario, al objeto de que sus economías pueda respirar y sobrevivir. Su estructura operativa será igual a la de la libra o el dólar, a lo que son las monedas de verdad. ¿Pero esto quién lo hará? ¿Qué países se enfrentarán a los alemanes, para arrebatarles el cetro? Rajoy por descontado no. El socialista Hollande camina muy despacio.

 

Por lo que hay que llegar a la conclusión, de que por el deterioro político e ideológico gobernante, el euro no se va a rehacer. Y en caso de hacerse, al menos hasta dentro de diez años no se van a corregir los defectos actuales. Antes habrá que pagar los pufos de los bancos. Opel España no contempla una mejoría del mercado español, al menos hasta el 2016. ¿Y en el 2022 que quedará del país? ¿Hasta donde habrán desaparecido las ventajas sociales actuales? ¿Como será el balance del deterioro del poder adquisitivo y la pérdida de derechos? Puede que no quede nada. África puede empezar en los Pirineos. Si se sigue analizando que esto va a ocurrir, lo más coherente y necesario será poner remedio a tiempo. Debiendo ser motivo de preocupación y acción sindical.

 

Sobre la continuidad o no de España en el euro, Luis Garicano, Jesús Fernández-Villaverde y Tano Santos han escrito de manera radical: No queremos volver a la España de los 50. Como la única financiación que entra en el país viene del BCE, si España se saliera del euro no tendría ninguna fuente de financiación. Todos los productos importados subirían de precio. Las empresas globales suspenderían pagos con sus proveedores y perderían sus relaciones con los clientes. Al aumentar la carga de la deuda, empresas, bancos y sector público se enfrentarían a la bancarrota. La España que rebotaría sería la España de los cincuenta, con ingresos bajos derivados del turismo, baja productividad, bajos costes. Para Carmen Alcaide: Sería difícil evitar la posible huida masiva de capitales del país (ahora ya lo hacen). Lo peor de todo es que España no resolvería los graves problemas de su economía (y así tampoco).

 

Antón Costas ha profundizado en el mal, al afirmar: “El euro es utilizado por Alemania como un instrumento de dominación cuasi neocolonial. O se hace del euro una verdadera moneda común, con su banco central merecedor de tal nombre, o no tiene sentido seguir con este malentendido”. 

 

Para algunos analistas, la mayor ventaja de la salida del euro sería la devaluación de la nueva moneda, que se estima entre el 30% y el 50%. Coincidiendo ese porcentaje, con el que tasan los neoliberales de, Angela Merkel y de Mariano Rajoy, que se deben reducir los salarios y el gasto social en España para que el país sea competitivo, debido a que el euro no se quiere devaluar. Así pues, solo quedan dos soluciones: O tenemos una moneda que los propios españoles puedan depreciar y controlar; o seguimos en la deficiente vida del euro y perdemos sobre el 40% de nuestro nivel de vida. Por tanto, o devaluación de la moneda en perjuicio de los poderes financieros locales, o devaluación del Estado del bienestar en menoscabo del pueblo. Yo optaría por el primer supuesto.

 

En vista de lo cual, si me preguntarán: ¿Euro sí o no? Mi contestación sería radical: Este euro ¡No! Que los ricos se queden con él. Yo quiero un euro que beneficie también a las clases media y baja. Y, si no es así, no me interesa.

 

La socialdemocracia dejó la economía en manos de los liberales. Ellos la cedieron a los ultraliberales. Y estos a los financieros, la banca y los mercados. Así la política se ha ido perdiendo. Ya no manda ni dirige. Es el dinero el que gobierna Europa. Siendo el euro malo que nos ocupa, una consecuencia de su devastador poder. Que a los poderes reales, se los lleve el viento. 

 

 

7.09.2012                                                                                                                           Fernando Bolea Rubio

                                                                    Sindicalista       

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