Huelga de 14-N. Por el bien de todos

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Fernando Bolea Rubio

La inmediata huelga general de 14 de noviembre, tiene un nuevo significado y un fin más común. Si las anteriores han sido casi exclusivamente por cuestiones laborales, ésta también lo será, en clara lucha por la derogación de la vigente reforma-estafa laboral impuesta por el Gobierno popular, por sus devastadores efectos negativos para los trabajadores.

Dado que no crea ni creará empleo como falsamente se aseguró, precariza la contratación no dando a la juventud estabilidad laboral en el trabajo, altera las relaciones laborales rompiendo los canales de negociación y entendimiento entre las partes económico-sociales, facilita el despido de manera vergonzante para las personas afectadas y el movimiento sindical. Todo lo cual hay que eliminar, limpiando la basura de la legislación para que sea de todos y no de parte, con etiqueta netamente patronal.

 

Pero si sólo lo anterior merece la más agria repulsa, en esta ocasión la protesta ha de ser mayor a otras y la reprobación más contundente. Expresada no exclusivamente por los trabajadores, sino por toda la sociedad con sus clases medias bajas y altas al frente,  porque la movilización tiene un componente más a modificar, la ideología radical de la austeridad. Sí, la política de contención total del gasto público que la derecha española y de la Unión Europea han impuesto; eliminando de raíz el crecimiento económico y la creación de empleo. El despilfarro si lo hay se elimina, pero no se debe prescindir del acompañamiento con fondos públicos a la economía cuando ésta se halla en recesión y sufriendo el país una atroz crisis bancaria y financiera.

 

Con el credo de la austeridad y la tijera de los recortes, mientras se salva a los bancos, España caerá más cada día y la población pagará las consecuencias, perdiendo el Estado del bienestar que mayormente es su único patrimonio. Es una vergüenza que a mí me produce hastío, oír hablar a los jóvenes en los autobuses diciendo ellos y ellas que se van a ir a buscar trabajo fuera del país, porque aquí no hay nada. ¿Hasta que extremo hay que aguantar para saltar? Los ejemplos de Grecia y Portugal los tenemos a la vista, el que no los quiera ver que no mire ya que pronto los sufrirá. 

 

Que los gobiernos sigan con sus presupuestos míseros y de raquitismo inversor, si así sueñan con luces y campanas de recuperación económica, cuando casi nadie las oye sonar y se sabe que ningún país ha salido de la crisis con austeridad. España sería el primero en hacerlo. Pero al menos, que pongan cinco euros en una cuenta para políticas de crecimiento, con generación de empleo en nichos adecuados de actividad; porque la austeridad, debe tener una línea paralela de crecimiento, para salir del pozo de la recesión, e ir acabando con el paro. Generando actividad al objeto de que no se vayan y regresen esos jóvenes que, expulsan la crisis y la política económica errónea de la Cancillera Angela Merkel y la del Presidente Mariano Rajoy.

 

No es pedir demasiado. Simplemente, que se aplique en España y en Europa el tipo de política económica con tintes keynesianos que Barack Obama realiza en Estados Unidos, que aún sin ser la ideal, después de superar la crisis de las hipotecas subprime, de la banca, del automóvil, esta creciendo y situando el paro en un 7,9%; haciéndole ganar las elecciones presidenciales, para satisfacción de las capas mas desfavorecidas estadounidenses y de la izquierda mundial.

 

Es cierto que allí tienen la Reserva Federal y no un Banco Central Europeo malo como aquí, con una moneda propia que controlan y no el euromarco que gobierna esta zona a voluntad germánica. Ante este abuso avasallador, desde la política se calla, se obedece, se asiente con complacencia. Sin embargo, el sindicalismo europeo ha dicho basta, al convocar la Confederación Europea de Sindicatos (CES), una jornada de Acción y Solidaridad Europea el 14-N, con huelgas y movilizaciones en todos los países; en contra de esta lacra de la austeridad que, los gobiernos ejercen con las consecuencias antisociales e inhumanas conocidas, para exigir otra forma de política y de vida. 

 

Los mayores, los jóvenes, profesores, alumnos, parados, jubilados, el tendero, la carnicera, los trabajadores, autónomos, los pequeños y medianos empresarios, los ejecutivos, profesionales liberales, en concreto el 99% de la población que necesita lo que el 1% tiene, según afirma el Nobel Joseph E. Stiglitz, tendría que salir a la calle y alzar la voz en pro de la rectificación y el cambio de orientación económica que se necesita y reclama.

 

No conozco a nadie que este a favor de la austeridad sin más. Ni los empresarios la defienden. Todo el mundo entiende, que a la vez debe haber crecimiento y estímulos públicos para que progrese la economía. Así, se ha de entender que esta huelga es en beneficio de todos y a una hemos de responder. Nos dejan sin futuro. Hay culpables. Hay soluciones. ¡Vamos!

 

 

8.11.2012                                                                                                  Fernando Bolea Rubio

                                                                     Sindicalista                      

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