Jefes con mando en plaza

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Fernando Bolea Rubio

Para los socialistas el resultado electoral del 20-N será malo, pero quizá no tanto como las encuestas predicen. Los 15 puntos que se dan al PP sobre el PSOE posiblemente se reducirán por debajo de 10, porque los votantes socialistas tendrán más sentido común del que los dirigentes han tenido en ciertos momentos, lo que puede permitir mantener el barco a flote a la espera del cambio de capitán.

Al parecer, para que un avión se estrelle se tienen que juntar por lo menos tres averías, no basta con una ni con dos. La misma teoría se puede aplicar para entender el derrumbe de los partidos. En el caso del socialista, el principal percance pudo ser el cambio drástico en la orientación ideológica y política del Gobierno (en mayo de 2010, hace un año y medio), cuando abandonó su trayectoria habitual, adentrándose en parcelas neoliberales.

La segunda causa fue sin duda la innecesaria reforma laboral y la falta de rigor para poner en cintura a la banca, al objeto de que desbloqueara los créditos a las empresas y a las familias. Además de su flaqueza por no haber negociado en la Unión Europea, unas condiciones menos duras para la devolución de la deuda soberana. Influyendo igualmente, su carente firmeza gubernamental en relación con la deficiente política fiscal existente: por falta de valor para hacer pagar lo justo a los que más tienen, no lo injusto a los que menos poseen; por la fallida gracia de suprimir impuestos sin fundamento; por no concebir lo necesario para que todos los españoles paguen los tributos legalmente establecidos. Con ese dinero habría para mucho. Según Funcas: “la economía sumergida supone un 21’5% del Producto Interior Bruto”, 70.000 millones de euros al año, 7 puntos del PIB, de los que por ellos nadie cotiza. 

Sin embargo, si los dos primeros fallos han sido de gestión el tercero es orgánico, relacionado con el mal funcionamiento interno del partido. Así es al menos en Aragón. Lo cual causa en infinidad de afiliados desánimo, cabreo, e incapacidad para cambiar el estado de las cosas, debido a la gravedad  de las desviaciones establecidas. Llegándose al extremo, de que socialistas de siempre, compañeros que se pasan la vida pensando en socialista, hablando de socialdemocracia; ellos, por lo que ven dentro, ya no pueden más y en esta ocasión no van a votar al PSOE. Posiblemente votaran en blanco y a Izquierda Unida. Su idea es fija. Lo quieren hacer y no le votarán. Tres de ellos son amigos míos y no los puedo convencer para que descarten esa idea. Este artículo es mi última oportunidad. Serían tres votos más a sumar a una causa hermosa que flaquea. 

No lo hacen por culpa de Zapatero ni de Rubalcaba, porque de ambos son defensores. Es como consecuencia, de que existen en las agrupaciones socialistas de las comunidades, jefes con mando en plaza, que hacen maravillas con las listas electorales. Es como si fueran líderes- bienhechores que desde la dirección federal nadie controla, ni por supuesto desde la base, debido a que en la práctica se han anulado los sistemas de participación y crítica. Por lo tanto, no todos los votos que se van a perder serán por desmérito de los lideres principales, dado que también influirán los desatinos de algunos dirigentes locales. 

Como buen sprinter, Alfredo sabe que sin correr no se puede ganar la carrera, ni llegar a ser el primero, ni que te puedan considerar el mejor. Pero, si la abeja reina reniega de las obreras que más han destacado, se produce una injusticia difícil de justificar y de asumir porque a nadie convence. Con el agravante, de que se priva a los electores y al partido de contar con las cabezas más brillantes, trabajadoras y eficientes que producirían el mejor néctar, pudiendo llegar a dejar a la oposición con la miel del triunfo en los labios. En estos casos, no hace falta ni acudir a la pista, basta con quedarse sentado en el banquillo del entrenador y esperar. Y sin más merito, irán pasando para no volver los mejores parlamentarios y candidatos, dejando en blanco las listas electorales para ser cubiertas por las ciudadanas y ciudadanos, que más cerca estén de las familias que ostentan el poder. En este mundo interesado,  el competir y ganar no se tiene en consideración, porque no se está sólo para defender los intereses del partido, ni los propios; sino también, para dar alabanza y grandeza a los valedores, los cuales si lo tienen a bien lo compensarán. Por descontado, esto es solo una fábula, que nadie la intérprete mal.

No obstante, votar es una fiesta, en la vida todo se arregla y lo malo cuanto antes se corrija mejor. Así, para anular radicalmente los avatares del cuento, una de las mejores soluciones es cambiar el actual sistema de designación, por las que se denominan: “Listas no Bloqueadas”. Con este procedimiento, los partidos cubren los puestos de las listas, pero los electores al votar cambian el orden de los candidatos en la candidatura del partido preferido; eligiendo en los primeros puestos, a las personas que en mayor medida lo merezcan por su valía, ser más conocidos, debido a su compromiso político y social. El candidato socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, apuesta por una reforma del sistema electoral y ha adquirido el compromiso del “Desbloqueo de Listas”. Si este método estuviera vigente el 20-N, alguno de mis tres indóciles compañeros posiblemente votaría al partido sin dificultad.

Por las llamadas: “Listas Abiertas”, se puede elegir a candidatos entre las diferentes listas de los partidos, lo que a mi no me entusiasma, porque cada cual debe escoger las siglas que le son propias por sus fines e ideología. Siempre estará la izquierda aquí y la derecha allá. Las mezclas son mejor para los carajillos de café con ron. 

Mas sé que con todo lo dicho no basta, para hacer que mis amigos pongan las manos a modo de freno, votando al PSOE para retener su descenso. Les voy a proponer un juego, que cierren los ojos durante tres minutos y que piensen en como el PP dejaría socialmente el país, después de cuatro años en el Gobierno central con mayoría absoluta. Nada menos que con la influencia de sus mayorías amplias, gobernando igualmente la práctica totalidad de las comunidades autónomas. ¿No es bastante? Rubalcaba dice: “Si Pablo Iglesias levantará la cabeza y leyera nuestro programa, no tendría dificultad en reconocer que es del PSOE”. ¿Qué no...? Los puedo castigar llamando a Felipe González, para que les cante algún fandanguillo de los tiempos de Suresnes. Ya no me queda más.

Las palabras no se escuchan, la razón no tiene peso, las ideas se devalúan. Napoleón dijo: “Es verdad que vengo de perder una batalla, pero antes de que caiga la noche puedo ganar otra”. Todo es pasajero. El gobierno popular también lo será.   

Fernando Bolea Rubio
Sindicalista       

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