Juan Beraza Cortés. Un sindicalista silenciado

Biografiar a una persona que no se ha conocido, supone una labor complicada; no obstante y creo que un factor importante para conseguirlo es la empatía que se alcance con el personaje a biografiar.
Si no hubiera logrado ese grado de empatía hacía Juan Beraza, creo no me hubiera atrevido a hurgar en una vida, que no fue larga y que además fue oscurecida por unas circunstancias que trágicamente ensombrecieron la vida de varias generaciones de españoles.

Como las cosas no surgen por casualidad, aunque si interviene en alguna medida el azar; el contacto con este sindicalista, lo adquirí al leer el semanario Vida Nueva en relación, no se con que asunto. El caso es que topé con una suscripción patrocinada por Juan Beraza, para –  creo  la primera de las que repase y tomé nota – sufragar por parte de los ugetistas una placa farola que había de colocarse en la entrada de la Avenida de Pablo Iglesias, cuyo nombre se había adjudicado a la Gran Vía zaragozana en septiembre de 1931; en abril del año siguiente es cuando se inicia la recaudación, termina un mes después y lo que no he localizado es si la placa se realizó y se colocó; pero como esto, no tiene mayor importancia para el asunto que me propongo, yo  lo  uso para introducir al personaje, ya que este asunto lo he tratado en otro lugar.

La lectura sistemática del periódico de UGT en Zaragoza, me llevó a interesarme por éste hombre, que había escrito en él durante la edición  del mismo, y que; como manifiesto en la parte donde se plasman sus escritos, creo, con una prolífica producción, ya que al no tener la seguridad absoluta de que todo lo que hay firmado por Juan – y distintos apelativos – sea de su creación, solo he trascrito los que están firmados con su nombre y apellido.              

Ante tal cantidad de opiniones y pensamientos, por él vertidos en el citado periódico, e inmersos todos como estamos en la vorágine  de la recuperación de la memoria  histórica; sabiendo que un sindicalista no habría de ser objeto de recordatorio  por casi nadie, y como digo atraído por la personalidad que a trabes de sus escritos parecía emanar de él, decidí comenzar la recuperación de su memoria, a trabes precisamente de esos artículos para Vida Nueva .

Había otro aliciente para ello. El pretendido biografiado, había muerto violentamente en los rojos o negros días de julio de 1936, esto del color; según se mire. Rojos. Por la inocente sangre derramada.  Miles  de ciudadanos que solamente aspiraban a una vida mejor, fueron ejecutados por haber defendido unas ideas que a los oligarcas no gustaban. Negros. Primero  por los ejecutores de aquella masacre, y después, por el ambiente que se creó en el país; se obligó a que fueran olvidadas para siempre todas aquellas victimas, no solo por la sociedad; sino también por sus allegados, que durante algunas décadas hubieron de guardar silencio sobre lo acaecido con aquel hombre o mujer que faltaba de casa y al que unos habían conocido y otros sin llegar a conocerlo, notaban su ausencia.

Juan Beraza Cortés. Un sindicalista silenciado