LA CONCIENCIA DE ISRAEL

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José Ramón Villanueva Herrero

Resulta preocupante la aprobación el pasado 19 de julio de la Ley Básica del Estado-Nación Judío por parte del Parlamento de Israel, un ejemplo más de la deriva cada vez más derechista del gobierno de Binyamin Netanyahu, alentado por el apoyo entusiasta que le brindan los EE.UU. de Donald Trump. Y es que tan polémica ley, pretende imponer el predominio del carácter judío del Estado por encima del carácter democrático del mismo y, en consecuencia, supone una inaceptable exclusión para los ciudadanos árabes israelíes (el 21% de la población) y demás minorías no judías como es el caso de los drusos y los cristianos, además de otros aspectos muy negativos como la declaración del hebreo como único idioma oficial, excluyendo de tal condición al árabe, o el apoyo a los asentamientos judíos en territorio palestino, ya que la ley señala expresamente que el Estado los considera como “un valor nacional y actuará para promover su establecimiento y consolidación”, toda una pésima noticia que termina de volatilizar los anhelos de una paz justa entre Palestina e Israel.
En consecuencia, nos hallamos ante una ley que ha recibido fuertes críticas no sólo de la Autoridad Nacional Palestina o la Liga Árabe, sino también desde la Iglesia Católica, del influyente Congreso Judío de América o desde la misma Unión Europea. También figuras destacadas del mundo de la cultura como Daniel Barenboim reconocía, tras la aprobación de tan polémica ley, que “me siento avergonzado de ser israelí”, dado que esta norma, que tiene rango constitucional, supone para el prestigioso músico, “una clara forma de apartheid”, fruto del nacionalismo y el racismo judío.
Peso si alguien ha denunciado permanentemente la deriva autoritaria de la política y la sociedad israelí en los últimos años ha sido, sin duda, el escritor Amós Oz. Y es que Oz, pacifista de izquierdas convencido, a sus 80 años tiene todavía el coraje personal e intelectual de lanzar una fuerte crítica contra el fenómeno de la intolerancia que afecta a la realidad política y social de Israel, contra líderes como Netanyahu y los grupos que lo apoyan, los mismos que “reclaman las conquistas de las imaginarias fronteras bíblicas” a costa de negar la posibilidad de llegar a una paz justa y duradera con Palestina y, además, como el riesgo de perder en el camino los valores democráticos sobre los que se debería de sustentar Israel. De este modo, Amós Oz, empeñado en combatir el fanatismo, algo de lo cual en su tierra y, por extensión en todo Oriente Medio, van bien sobrados, como en su día hizo Émile Zola, lanza su particular “Yo acuso” a los políticos hebreos que están llevando al país a lo que, con tristeza, no duda en calificar como “un desastre de amplias dimensiones”.
Sobre este tema, al cual Amós Oz ya dedicó su libro Contra el fanatismo (2004), vuelve de nuevo con la reciente publicación de su obra Queridos fanáticos (2018), en la que profundiza en las características de la intolerancia, “cuya semilla se cultiva en los campos del radicalismo”, en el germen del fanatismo surgido en actitudes de “profundo desprecio” hacia el prójimo. En contraste, reivindica la diversidad y la riqueza humana y cultural que supone el vivir en vecindad con personas de creencias y culturas diferentes, una cuestión de absoluta actualidad para nuestras sociedades, cada vez más multiculturales y multiétnicas.
En consecuencia, el escritor, que fue fundador de la asociación pacifista Shalom Ajshav, insiste una y otra vez en que la solución sólo puede ser la búsqueda de la paz basada en la justicia dado que, como nos recuerda, las soluciones violentas no sólo derraman demasiada sangre inocente, sino que han demostrado ser “de una inutilidad escandalosa”, y bien que lo sabemos en aquella atormentada región del Oriente Medio. Es necesaria una respuesta, una alternativa, una creencia atractiva, unas promesas más convincentes”. Es por ello que la mejor forma de combatir el fanatismo es la capacidad de resolver con valentía y visión de futuro, conflictos enquistados como el de Oriente Medio. Amós Oz, que lleva defendiendo desde 1967 la necesidad de crear un Estado Palestino, en un tiempo en que, como recordaba con ironía, los pacifistas israelíes podían celebrar sus mítines y congresos “en una cabina telefónica”, plantea avanzar hacia “zonas de acuerdo”, siquiera sean “de acuerdo parcial”, que permitan llegar a “compromisos dolorosos” los cuales supondrán renuncias por ambas partes y ello pasa, sin duda, por la existencia legal e internacionalmente reconocida de “dos Estados para dos pueblos”, Palestina e Israel, ambos con capital compartida en Jerusalem, la vuelta al mapa de fronteras anteriores a 1967 con la devolución de todos los territorios ocupados por Israel y, por supuesto, el desmantelamiento de todos los asentamientos judíos ilegales en territorio palestino, tal y como se contempla en los Acuerdos de Paz de Ginebra de 2003. La posición valiente de Amós Oz en estos temas ha hecho que los sectores más reaccionarios de la sociedad israelí le califiquen de “traidor” y que incluso haya recibido frecuentes amenazas de muerte. Por esta razón escribió otra de sus obras de título provocador: Judas (2015) ya que, como en alguna ocasión ha reconocido, “es un orgullo que algunos israelíes me llamen traidor por oponerme a la ocupación”.
Por ello Amós Oz reivindica para Israel una cultura laica, un país en donde la política y la sociedad son cada vez más rehenes de los partidos ultra ortodoxos judíos con el riesgo que ello supone para el futuro ya que advierte de “el peligro de una dictadura orientada por el nacionalismo religioso”. Y es que, el creciente auge de los ultraortodoxos en Israel, unido al nacionalismo reaccionario y belicista de Netanyahu, está propiciando una nueva diáspora, esta vez de los judíos laicos, para los cuales Israel está dejando de ser el ideal democrático con el que soñaron.
Amós Oz, con palabras no exentas de tristeza reconocía que “Amo a Israel incluso cuando apenas puedo soportarlo…Temo al futuro…hoy muchos aúllan y pocos escuchan”. No obstante, la firmeza y la honestidad personal e intelectual de Amós Oz, han hecho del galardonado escritor israelí, eterno candidato al Premio Nobel de Literatura, que logre el mejor de los títulos, el mejor de los premios que se puede conceder a un intelectual comprometido, el de ser la conciencia ética de su pueblo, la conciencia de Israel.

José Ramón Villanueva Herrero
(publicado en: El Periódico de Aragón, 13 agosto 2018)