LA DIVINA ESPERANZA A LA MONCLOA

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Cándido Marquesán Millán

                             

            

Unas veces, el triunfo de un ciclista le sirve para mostrar su patriotismo, al entonar  a su manera el himno nacional. Otras veces,  la ruptura del proceso de diálogo social como consecuencia de las posturas intransigentes de la CEOE, para acusar al Presidente del Gobierno de sindicalista piquetero y retrógrado, ejerciendo de ariete de la patronal, en sintonía con la frase emitida por Gerardo Díaz Ferrán de que es cojonuda. Y qué pocas críticas recibe desde la mayoría de los medios de comunicación, sobre todo de los ubicados en la capital de España. Todavía más, todo lo que sale de su boca les parece ocurrente y gracioso.  Qué pocas críticas hicieron también, y qué pronto consiguieron correr un tupido velo para ocultar los turbios procedimientos usados para alcanzar la Presidencia de la Comunidad en 2003, cargando todas las tintas en los diputados socialistas Tamayo y Sáez, sin tener en cuenta el ¿Cui prodest? Obviamente éstos no están libres de culpa, más si alguien se vende es porque alguien les compra.  Y si no se hubiera producido esta circunstancia en aquel año el Presidente hubiera sido Simancas. ¿Podremos conocer alguna vez qué altos intereses urbanísticos había detrás de estos hechos? Aquí tiene trabajo ingente el paradigma del periodismo de investigación. Y también qué pocas críticas han ejercido por el cierre, aprisa y corriendo, de la Comisión Parlamentaria en la Asamblea de Madrid para investigar los casos de espionaje a miembros de su propio partido. Realmente, todos esos medios de comunicación actúan de acuerdo con los dictados de su amo, sin apercibirse que la adulación deforma el espíritu, que al adulador, en el fondo se le desprecia, pero no se le aleja; y que la adulación aumenta por tal debilidad.

 

            Que es muy ambiciosa resulta claro y manifiesto. Por cierto, la ambición no es un defecto, sino virtud, cuando hay equilibrio entre ella y el que la siente. Cuando detrás de la ambición sólo se encuentra vulgaridad, resulta grotesca. Como acaba de escribir recientemente González Casanova. Nada más conocerse los resultados del 9-M, desde los medios de comunicación afines a Esperanza, comenzaron a lanzar la conveniencia de sustituir a Rajoy. Sánchez Dragó desde Tele Madrid, uno de los ejemplos más vergonzosos de uso partidista de una cadena pública. Federico Jiménez Losantos desde la muy católica COPE, aunque muy poco cristiana. La temible y siempre iracunda Isabel San Sebastián en diferentes artículos. Y como guinda, se sumó en esta empresa  el de los vistosos tirantes. Todo parecía estar cantado para que D. Mariano se marchara y llegara en olor de multitudes, la entrañable Espe, también conocida como la “lideresa nacional” o “la guay de Bombay, de donde salió corriendo a toda prisa dejando con el culo al aíre a todos los miembros de su delegación.  Mas no tuvieron en cuenta la máxima del Conde de Romanones de que Quien ocupa el primer puesto, jamás lo abandonará voluntariamente, y menos pasará gustoso al segundo. Por ende, D. Mariano ya el 12 de marzo ante el Comité Ejecutivo del PP, aseguró que en el próximo Congreso del partido, a celebrar en junio de 2008, se presentaría con su propio equipo y con su propio programa, y lo que suponía ser el candidato para el 2012. Rajoy retó a cualquiera a que presentase su propia candidatura, y en su propio discurso le lanzó una pulla envenenada a Esperanza, al decir: “Me presentó porque el PP es independiente, también de algunos que se creen muy influyentes y se ha demostrado que no lo son tanto digan lo que digan, aunque sea desde televisiones públicas”.  A pesar de todo, tengo la impresión de  que Esperanza no se da por vencida, ya que frecuentemente hace gala de buscar un protagonismo que sobrepasa el ámbito de su propia Comunidad. Es una mujer de raza, que tiene muy claro que la política es una batalla continua, en la que no hay que tener miedo a los golpes que se reciben, ni tampoco a devolverlos con la mayor violencia cuando llega el caso.

            En democracia es buena la alternancia. En nuestro país, si no cambian mucho las cosas, después del Gobierno socialista, tiene que llegar el del PP. Mas, si algún día se diera la posibilidad de que llegase a la Moncloa, la divina Esperanza sería como para ponerse a temblar, ya que su ideología política es propia del neoliberalismo, más exacerbado y reaccionario que el llevado a cabo en Inglaterra hace unas décadas por Margaret Thatcher. La hoja de ruta del Gobierno de Aguirre la marca la patronal y el mercado. Uno de los principios básicos, además de otros, de esta ideología es la creencia de que los agentes privados tienden a ser más productivos y eficientes que los públicos y que el Estado debe adelgazarse para ser más eficiente y permitir que el sector privado sea el encargado de la generación de riqueza. De acuerdo con ello podemos entender lo que está ocurriendo en la Comunidad de Madrid, un auténtico desmantelamiento de los servicios públicos básicos como: educación, sanidad… Y también que sea donde más trabas se está poniendo al desarrollo  y puesta en marcha de la Ley de Dependencia.

 

 En el blog Ventanas del Falcón muestran contundentemente cuáles son los objetivos últimos de estas políticas en la Comunidad de Madrid. En el ámbito sanitario, con  la Ley de "libre elección" cada paciente podrá elegir médico de familia, pediatra, enfermero en atención primaria y hospital. Suena bien, pero lleva truco. Detrás de ello están las intenciones del PP de Madrid de privatizar la sanidad. El dinero sigue al paciente. Así, cuando un paciente se mueva de un centro de salud a otro el dinero se va con él y pasa a engrosar el presupuesto del ambulatorio en cuestión. El centro que más "clientes" consiga captar, más recursos tendrá. ¿Qué ocurrirá con los centros menos demandados? ¿Qué pasa si un especialista de renombre o un centro de salud en concreto se ven desbordados de peticiones? ¿Seguirán aceptándolas hasta la saturación? El resultado es que unos servicios concentrarán buena parte del gasto, en detrimento de los menos eficientes y peor valorados que, si ya están mal valorados y cada vez reciben menos recursos, acabarán cerrando. Eso es lo que se pretende: cerrar unos centros públicos y masificar otros (también públicos) para que más gente se vaya a los privados.

 

En el ámbito educativo se van a clasificar los institutos madrileños por estrellas, como la guía Michelín. Podrán tener hasta siete estrellas y 15.000 euros. Las estrellas no se otorgarán a los centros por atender a un alumnado con necesidades de compensación educativa o por tener programas de convivencia escolar, sino por razones arbitrarias como la nota que se haya sacado en el examen censal de 3º de la ESO, que es técnicamente malo, inútil y errático. No se tiene en cuenta el “valor añadido” que incorpora el centro educativo, partiendo del perfil del alumnado que escolariza. Se favorece descaradamente a aquellos que trabajan con una población de extracción sociocultural alta y se penaliza y desmoraliza a los demás. Además, se provoca que los mejores alumnos se vayan de los centros con peores resultados. ¿Por qué no dan una estrella por cada 20 inmigrantes escolarizados o por fomentar la participación de las familias en el centro; por participar en proyectos de innovación educativa o por llevar a cabo programas de mejora de la convivencia escolar o por tener programas de animación a la lectura o por las “buenas prácticas” o por el “valor añadido”,…? Si tenemos en cuenta que, además, los centros públicos han visto reducida la partida de gastos de funcionamiento en favor de los privados-concertados, los cuales se van incrementando en número con la cesión de terrenos públicos para su construcción, llegamos a la conclusión de que se quita a los que más lo necesitan y se les da a los que menos lo necesitan. Esta iniciativa forma parte de un programa perfectamente calibrado y secuenciado para deteriorar, dualizar y privatizar la educación madrileña. En Madrid habrá 3 divisiones: la de los centros privados y privados-concertados, la de los centros públicos "7 estrellas" y la de los centros públicos sin estrellas.

 

             Y qué podemos pensar en otros ámbitos, si alcanza el poder. En buena lógica, desaparecerían las leyes del matrimonio homosexual, de la reforma del divorcio o del aborto.... Como también todo lo que huela a Ciencia: evolucionismo, cambio climático, investigación con células madre....

 

De verdad, con solo pensarlo es como para ponerse a temblar.

 

 

 

Publicado en ElIndependientedeCanarias, 31 de julio de 2009.

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