LA GARRA APRIETA

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José Benito Butera Aured

En el Supremo Acaba de verse la causa seguida contra el muy culto Segismundo Pey Ordeix. Todo el mundo sabe que Pey fue cura, y repugnando de sus sentimientos elevados la vida sacerdotal, colgó los hábitos, como vulgarmente se dice y volvió a ser hombre. Luchó, batalló, rompió lanzas por causas justas, porque su conciencia de hombre honrado no permitía ningún desafueroEnmendando su error, amó y quiso crearse un hogar feliz y honrado. Elevó su petición a Roma para contraer matrimonio, y la dispensaria Roma no le hizo caso. Recurrió al Estado y éste no le amparó. Y huyendo de su patria por negarle vida legal, fuese a donde no hubiese una garra que como esta, apretase hasta ahogar. En Francia casose con una mujer que supo ser madre de hijos fuertes y hermosos, no al igual que esos que llevan marca de sacristía…

Y ahora que el ciudadano honrado y bueno veía sus verdaderos sueños realizados… surge la implacable y odiosa garra. Por un ministro digno de haber vivido épocas inquisitoriales, es declarado su estado ilegal y pugnan por romper su vida y la de los suyos. Injurias, hasta esto, llegan a su hogar, no hace mucho feliz, para demostrarle que no estaba en un error al negar del sacerdocio, única y angustiosa garra que apresa a nuestra pobre España, cuna en donde se mecen tantas injusticias y absurdos desaciertos.

Del resultado de la causa seguida contra Pey Ordaix se verá el estado de esta nación, que, a juzgar por sus leyes, está dormida en letárgico sueño. ¿Despertará? ¿Cesará la garra de apretar? ¿Le limaremos sus garfios? Ideal de Aragón nº 43, 17 de junio de 1916 El personaje, que Almina (Pilar Gines) nos presenta en éste artículo; así como el artículo en sí, no pueden en estos momentos ser de más actualidad. El personaje Don Segismundo Pey Ordaix Nacio en San Vicens de Torelló (Barcelona), se educó en el seminario de Vich. Tomando los habítos de la Orden de Jesús (Jesuitas) Escribió en el periódico El Urbión, de donde fue echado.

En un principio fue un sacerdote integrista, con gran predicamento entre los carlistas, pero un conflicto con sus superiores le volvió un furibundo anticlerical y especialmente antijesuita. Escribió Miguel Servet, el sabio víctima de la Universidad, el santo víctima de las iglesias. Su vida, su conciencia, su proceso, su vindicación (1911). Después publicó su Historia crítica de San Ignacio de Loyola en varios volúmenes (1914),El padre Mir e Ignacio de Loyola (Madrid: Imprenta Libertad, 1913) y la novela erótica Sor Sicalipsis, de la que se hicieron dos ediciones, una en 1924, que fue censurada por el dictador Miguel Primo de Rivera, quien mandó destruir 3.000 ejemplares de la obra, y otra en Barcelona en 1931.

También se acercó al teatro con el drama antijesuita Paternidad (1901) Como puede apreciarse y prescindiendo de su biografía; lo que Pilar Gines resalta es la intransigencia del régimen de entonces y el apoyo que el sistema político daba a la Iglesia, en contrapartida al recibido por ella. Para hacer de actualidad este viejo papel, no hay más que cambiar un nombre por otro; el de Segismundo, por el de Baltasar; exceptuando la formación de la familia, la situación familiar ahora mismo es la misma en ambos ejemplos. Una familia anatematizada; por causas distintas pero… la garra sigue apretando; y por lo que se ve desde siglos; cuando no es un Poder es otro el que persigue y atenaza a los españoles.

Los interrogantes planteados por Pilar Gines, todavía están sin responder y parece que, poe el cariz que toma la sociedad, hay aún otro siglo más para hacerlo ya que somos tan pocos los dispuestos al enfrentamiento y además carecemos de medios para ello, que solamente con la difusión de nuetra palabra no es suficiente. Los políticos que habrían de tomar cartas en el asunto, debido a la separación de poderes, son incapaces de dar un paso en cualquier sentido; y cuando alguno tiene la osadia de hacerlo, el siguiente en el turno deshace lo hecho por el anterior. En fin, el avance social no va parejo al ideológico y las GARRAS siguen apretando y apretando, cuando no es en un ámbito es en otro; el caso es no abrir los garfios y propalar la libertad del individuo.