LA HUELGA GENERAL

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José Benito Butera Aured

"Precisamente, para salir triunfantes los trabajadores en esa clase de luchas contra el capital, (...), han de reunir las condiciones precisas de capacidad, reflexión y disciplina, exigidas por las modernas luchas de nuestros días, cualidades de que carece hoy la inmensa mayoría de la clase obrera española. En mi concepto, por el carácter y condiciones de las huelgas, puede medirse, no solo el adelanto industrial en cada país, sino también su grado de cultura" Isidoro Achón julio de 1904, para la Revista de Aragón.

¿Podemos preguntarnos si este trozo de pensamiento expuesto ya hace un siglo tiene vigencia?  También es mi concepto, que traído a la actualidad, éste párrafo del interesante trabajo que en aquel lejano 1904/1905 realizó Isidoro Achón. Para  primero: explicar a la burguesía aragonesa, el porqué de la lucha de clases; segundo: concienciar e instruir a los trabajadores en como se debía realizar una huelga.
Así expuesto y con la sola referencia al “capital” palabra ya obsoleta; puesto que en este momento ya no tiene las connotaciones de antaño, aunque en última instancia siga siendo el poder omnímodo en este momento, el que dicta sus caprichos y acogota a aquellos que le interesa; pero ya no es ese capital productivo de antaño. Ahora ese capital se dedica no a construir, sino a destruir empleo, por lo menos en el mundo occidental, donde nuestro país esta inmerso.

Al pervertirse la palabra capital; antes productivo, ahora especulativo; como también se han pervertido el resto de las palabras concepto que aquí se viertan;
huelga, clase obrera, clase política, – ésta de reciente instauración – y el resto de grupos que componen la sociedad, que nos obliga a orillar conceptos y palabras que hace un siglo tenían sentido y ahora mismo hay que buscarles una similitud y forzar mucho el entendimiento, para encajarlas en ésta primera década del siguiente siglo – XXI –.
Por ese motivo otro de los conceptos expresados por Isidoro Achón en el citado trabajo […] Se nos habla con frecuencia de la maravillosa y necesaria armonía del capital y el trabajo. ¿Y qué se quiere decir con eso? Que para el hecho de la producción es preciso el concurso del trabajo actual y del trabajo anterior acumulado, que no otra cosa representa el capital? ¿Y quien ha negado esa verdad?Toda sociedad de la producción vive, y esa necesidad social de la producción es superior a todos los antagonismos religiosos, filosóficos, políticos y económicos. Discordes en ideal, desiguales en derecho, oprimidos y opresores, en todo tiempo han tenido que reunirse para que esta función nutritiva de las sociedades no sufra interrupción ni menoscabo”.
“Pero la necesidad de esa concordia forzada para la producción, ¿supone, necesariamente, la existencia de clases, de amos y esclavos, de señores y siervos, de capitalistas y proletarios? Muy al contrario, las maravillas de la producción se verifican a pesar de esas divisiones de la familia humana, a pesar de los antagonismos sociales, a pesar de los privilegios que menoscaban el derecho común.[…]

Si reflexionamos sobre lo hasta ahora expuesto y yo lo hago invitando a los demás a que lo hagan también, enseguida surgirá la pregunta ¿es necesaria una huelga general ahora?
¿Contra que capital nos enfrentamos en este momento? ¿Cuáles son los medios de producción que se verían afectados por una acción tan seria como la huelga? ¡Ninguno!. Isidoro sentó entonces y en este enjundioso trabajo, los conceptos y las normas a tener en cuenta cuando había que tomar tan seria decisión.
En estos momentos en España se quiere manipular a los trabajadores y lanzarlos a una huelga sin beneficio para nadie que no tenga un interés directo en que pueda caer un Gobierno; asunto este difícil de conseguir y que en éste país ya se ha dado en alguna ocasión. En ese siglo ya periclitado, hubo tres de importancia, – 1917, 1930 y 1934 – ninguna de ellas consiguió su propósito; ni se modificaron las condiciones de vida de los trabajadores; ni se instauró la República en aquel momento; ni se hizo la revolución proletaria. Por el contrario, hubo muertos, presos, exiliados; pero la sociedad siguió igual.

Más modernamente también se han realizado tres generales, – 1988, 1994 y 2002, (huelga que no existió para el Gobierno de entonces). Éstas, que siendo generales y por consiguiente podríamos calificar de políticas; tenían un objetivo laboral todas, contra reformas de los derechos de los trabajadores – y me refiero solo a las que fueron convocadas por los sindicatos mayoritarios, UGT y CC. OO., de  forma unitaria y consensuada; porque también en este tramo de tiempo ha habido otras con convocatoria conjunta o separada, como la que en 1991 se convocó contar la participación en la Guerra del Golfo, de cuatro horas, o más cerca la convocada por UGT de dos horas contra la entrada en la guerra en Irak y que secundaron algunas federaciones de CC. OO.                                     
Por todas estas razones, debemos de reflexionar la clase productora el beneficio a obtener y el enemigo a domeñar.

Para el próximo ocho de junio los trabajadores a quienes les paga el Gobierno de la nación, tienen convocada una de veinticuatro horas contra la rebaja de sus salarios. En principio legítima; pero esos funcionarios han de hacerse una reflexión y es: ¿a quien sirven? A un gobierno o a una sociedad. ¿Quien les paga? Indudablemente es el gobierno quien les paga como empleador que lo es; pero ese capital que emplea en sus retribuciones ¿lo producen ellos con su trabajo? No. Es aportado por el resto de la ciudadanía que con sus aportaciones pocas o muchas según su estatus acercan al erario público, que luego es distribuido entre las distintas competencias que se han delegado en él. Si hemos de recortar gasto en infraestructuras, en sanidad y educación – aunque se niegue la mayor – y en otras muchas actividades que patrocinadas por el gobierno inciden en la economía productiva, y que se quiera o no, si se detrae dinero para todas esas cuestiones, éstas han de repercutir en esa economía que es la que da trabajo a los que no son funcionarios. Deben pues estos empleados reflexionar y algunos ya lo han hecho si esas detracciones monetarias que a ellos les amenazan son justas o no; porque si no se sienten parte del Estado y responsables del bienestar general, deberían renunciar a su privilegio de empleados.

El resto de trabajadores; los que solo viven de la economía real; los expuestos a los vaivenes del mercado y a los que el Gobierno no puede retenerles sus salarios en un momento determinado, esos que no están incluidos en el decreto que ahora se repudia, esos que en realidad son como decía Isidoro los artífices de la vida, son a los que como a Ulises en su viaje en busca del vellocino de oro, las sirenas instaladas en la “derecha” política y mediática, les cantan la gloriosa canción de la huelga, para atraerlos a sus objetivos, por eso han de atarse a los mástiles para resistir esos cantos melodiosos e interesados, que pretenden arrastrarlos a la “Huelga General” .
A los pensionistas, entre los que me hallo, también se nos anuncian recortes, y de nuevo las sirenas entonan su melodía; hay que respetar el “Pacto de Toledo”  pretendiendo como dicen ellos cuando no son los beneficiarios del que llaman voto cautivo, beneficiarse de ese canto tan atractivo que están lanzando a los aires políticos y cosechar en el tiempo próximo esa cantidad de votos que los pueden aupar al poder.

Esa concordia entre trabajo y capital que también nos es señalada, resulta que ante la poca estima que de ella tienen algunos dirigentes de la patronal, está  en peligro, ya que se ha anunciado que si a fecha determinada no se llega a un acuerdo se dictará un Decreto que solucione el asunto. Y cuando ese decreto – inminente ya – salga en el BOE, de nuevo las sirenas entonaran sus melodías engañosas, para tratar de engrosar ese fondo de votos que los aúpen al poder; entonces se habrá acabado la crisis y con ella los cantos de sirena que ahora están lanzando a los cuatro vientos.

Si como antes se ha dicho, el capital, mayoritariamente ya no ejerce la función que desde la revolución industrial se abrogó y que era la creación de riqueza, que por un lado acaparaba y por el otro ponía a disposición del proletariado objetos de consumo para detraerles de nuevo lo que les había dado, función todavía permanente en nuestra cultura, con la salvedad que ahora ese proletariado es más caro que antaño, con más derechos y también como abogaba Isidoro, más culto y no tan fácil de manipular, llegamos al momento de demostrar ese avance logrado por los trabajadores – que ya no son proletarios, dado que la prole escasea en las familias españolas y si se emplea ese término alguien se puede sentir ofendido, a pesar de la hermosura de la palabra – .
Esa armonía que desde antiguo se ha pretendido que existiera sobre todo cuando las vacas eran gordas; parece que en este momento no existe, puesto que, si la CEOE no saca la tajada que ella quiere de esta crisis continuará con su despiadada política de dejar sin trabajo, o dándolo fuera de los circuitos legales, para conseguir su objetivo de mayores ganancias.

Así que los ciudadanos españoles hemos de preguntarnos que tipo de huelga es la que conviene en este momento y contra quien hay que lanzarla.
Si irreflexivamente nos lanzamos a la aventura de la movilización ¿pondremos de rodillas al capital especulativo causante del marasmo actual? Seguro que no, puesto que es él, quien nos impone sus condiciones. ¿Cuál es la estrategia a seguir? Seguro que la huelga general no les afecta y sino veamos el tema en Grecia y saquemos las debidas conclusiones; cinco huelgas no han frenado los ajustes impuestos a la economía griega, por el contrario, además de las pérdidas de salarios, horas de producción y esos muertos causados por la irreflexividad y el descontrol de la masa, ni han podido ni podrán parar los ajustes impuestos. Yo a modo de estrambote propongo. Una huelga de depósitos bancarios; saquemos todos lo poco o mucho que tengamos depositado en los bancos y si esa acción no provoca la reacción del corralito argentino, habremos conseguido inquietar a ese capital improductivo y especulativo que nos ha conducido a esta crispación colectiva; pero sobre todo, hagamos oídos sordos a los melifluos cantos de las sirenas mediáticas y políticas que pretenden atraernos a sus fauces; no para nuestro bien, todo lo contrario, con su  hacer y su discurso liberal empujarnos más profundamente ¿Se acuerdan ustedes de la Ley del suelo que reformo el liberalismo aznarino?  ¿No fue esa ley la causante de esa denominada burbuja inmobiliaria que miren por donde, no les ha explotado a ellos?      

José Butera es autor de Isidoro Achón: Artículos y escritos. Zaragoza: Fundación Bernardo Aladrén, 2010  

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