LA SOCIALDEMOCRACIA QUE NUNCA LLEGA - I

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Fernando Bolea Rubio

Muchas personas de izquierdas se consideran socialdemócratas, sin más análisis ideológico que el que la propia palabra encierra, entendiendo como tal, que se trata de una tendencia cuyo credo político es, apoyar a las clases menos favorecidas de la sociedad en la distribución de la riqueza, en la igualdad de oportunidades, en el derecho a la educación y la sanidad, junto con criterios de justicia social y rasgos humanitarios. Pero, ¿Es bastante con ello? ¿Eso es todo? ¿Qué papel juega, por ejemplo, el tipo de economía que se realiza?

Más, ¿La sociedad conoce suficientemente la socialdemocracia, la respeta y confía en ella? ¿Los partidos socialistas la practican de verdad? ¿Es un ideal atractivo para la juventud? ¿Sigue siendo una esperanza para la mayor parte de la humanidad, las clases trabajadora, media y baja? De hecho, todos estos condicionantes que enaltecerían su trayectoria orgánica e ideológica están ahora en duda. Como se puede valorar, por la insignificante implantación de gobiernos socialdemócratas o socialistas en Europa y en el mundo, por el desprestigio general que sufre la política y los políticos, a causa del descontento social que provoca el neoliberalismo dominante, con el agravante de que la inmensa mayoría de la izquierda en vez de atajarlo, lo asume; e infinidad de dirigentes y ministros lo veneran, como ocurre actualmente en el caso del partido y del Gobierno socialista español. Una profundización mayor en este calamitoso estado, nos llevará a la terrible conclusión, de que la socialdemocracia junto con el resto de la izquierda, han dejado de influir sustancialmente en la economía y la política que se ejerce, siendo casi nula su influencia para cambiar el destino ultraliberal español, europeo y mundial que se impone, ante el silencio y la inactividad general.

La izquierda languidece cada día, siendo insignificante la fuerza que retiene; lo cual es, vergonzoso y una ofensa para todos los antepasados que pelearon y dejaron la vida por ella, para lograr un mundo más justo y mejor. Hay que reaccionar y si es necesario imponerse, para impedir que la derrota vaya a más, volviendo las riendas del caballo, para hacer frente a los contrarios que la derrotan desde dentro de sus propios partidos y desde fuera, venciéndolos con firmeza de ideas y afán de lucha. Olof Palme dijo: “Nuestro destino es cuestionar todo continuamente y en forma objetiva comprobar su vigencia nuevamente, dudar de la autoridad y desconfiar de las autoridades. Nuestra responsabilidad es profundizar nuestros conocimientos y afirmar nuestras ideas en un convencimiento personal. Quizá esto no parezca grandioso; pero es nuestra libertad y nuestro honor”.

Así todo, cuando no queda casi nada, lo mejor es volver a los orígenes, a los principios y las raíces de la socialdemocracia, poniendo al día sus ideales para que sean repuestos y mejor conocidos en general y por la juventud, que como es lógico no considera atrayente lo que ve y de fondo desconoce. Nosotros fuimos jóvenes con ideas, totalmente identificados con ellas. Sin ideales no se comprende ni satisface la política. Sin embargo, con ello no basta. Hace falta, además, tener ilusión y cierto orgullo militante, por pertenecer a la tendencia propia, hecho este que no surge si esta se desconoce.

Partiendo siempre de una premisa principal, el socialismo no generará simpatía en las personas, si a estas previamente no les conmueve la injusticia social, no tienen principios humanistas, si prevalece en ellas la insolidaridad del interés exagerado por el beneficio personal sobre el de la colectividad. Empezando por disponer de una buena virtud, la humildad. Sin ella, que nadie se aproxime al ideario socialdemócrata con la idea de quedarse en él, si no tiene respeto y consideración a las trabajadoras y a los trabajadores, a los asalariados, los obreros, a la clase trabajadora. Que se orienten hacia las filas de la derecha, los que les de vergüenza ser asalariados, renieguen sin razón de los sindicatos de clase, o se consideren de un estatus supremo, solo por tener estudios superiores o alguna insolencia imperiosa, como ahora ocurre en algunos jóvenes que, con una ignorancia infinita, piensan que no serán obreros como sus padres, al creer que van a ser más. O, que estos tipos o ciudadanas escojan la ruta del individualismo y de la soledad, porque sin las clases bajas y los trabajadores las organizaciones socialistas y progresistas no hubieran existido jamás, ni por descontado tendrían razón de ser. Sin el movimiento obrero el socialismo no existiría.

Ahora hay personajes en la misma trinchera que cantan mal la copla, como el exministro Jordi Sevilla, al haber escrito que el proyecto socialista debía modernizarse y considerar a las clases medias como las bases sociales del proyecto socialista. ¿Los trabajadores mileuristas también son clase media? El magnifico analista Vicenç Navarro que lo denuncia añade que, José Luis Rodríguez Zapatero, en las primarias del 2004 hablaba únicamente de las clases medias como las bases del nuevo socialismo y nunca (ni una vez) hablo de clase trabajadora. Es verdad, no utiliza esa expresión, así le va. Estos síntomas pueden ser un reflejo de la grave enfermedad que padece la socialdemocracia, cuya desviación ideológica es manifiesta. Sí, habrá que abrir la celda de las ideas puras para coger impulso y volver a empezar, recordando o sabiendo inicialmente.

¿Qué es la socialdemocracia?

La socialdemocracia nació en los últimos años del siglo XIX de las filas del movimiento obrero y el socialismo. La necesidad de organizar políticamente el movimiento proletario, aconsejo la creación de partidos políticos inspirados en el pensamiento marxista. El primer partido socialdemócrata fue el alemán (1869, en 1891 SPD), considerado como ejemplo a seguir. Tomado como modelo, se implantaron los partidos socialdemócratas o socialistas de España (PSOE, en 1879, el segundo del mundo que se fundó), Bélgica (1885), Austria (1889), Suecia (1889), Rusia (1898). En Inglaterra y otros países los partidos socialistas adoptaron el nombre de Partidos Laboristas. Al principio y una vez expulsados los anarquistas de la II Internacional en 1869, todos los partidos socialdemócratas tuvieron planteamientos ideológicos muy semejantes. Inicialmente estos partidos incluyeron socialistas revolucionarios como Rosa Luxemburgo y Lenin, moderados que defendían un camino intermedio como Karl Kautsky (rompió con Rosa Luxemburgo y el ala izquierda del SPD en 1914) y Jean Jaurés y quienes se concentraban en dos metas, el logro del sufragio universal y la conquista del Estado para utilizarlo como instrumento de progreso al socialismo, como Ferdinand Lassalle y otros.

En sus memorias, Nicolas Redondo (dirigente histórico de UGT) afirma: “Nosotros siempre hemos relacionado nuestro socialismo con el de Jean Jaurés, y con el de Fernando Lassalle; con la socialdemocracia de corte europeo”. Para el francés Jaurés (1859-1914):“Solo hay una humanidad y el hombre de izquierdas debe implicarse por la República en una revolución democrática y no violenta”. Lassalle, participo en la revolución alemana de 1848 y fundó en 1863 la Asociación General de Trabajadores Alemanes, luego Partido Socialdemócrata Obrero y finalmente SPD. Para Tulio Elí Chinchilla: “si no hubiera muerto a los 38 años, es probable que el pensamiento socialdemócrata hubiera triunfado sobre el marxismo totalitario y que este no terminara engulléndose a aquél después de 1875”.

Yendo a lo anterior, pronto se abrió una brecha ideológica por parte de Eduard Bernstein (1850-1932, político alemán del SPD, considerado padre del revisionismo y uno de los principales fundadores de la socialdemocracia), quien postuló que los métodos de 1848, en referencia al Manifiesto Comunista, eran obsoletos en todo sentido; afirmando, que el socialismo se lograría a través de una lucha prolongada, tenaz, avanzando lentamente de posición en posición. Consecuentemente, Bernstein analizaba la posibilidad de transformación de una sociedad capitalista a otra socialista una vez abolida la clase capitalista, más que por la revolución armada, mediante un proceso de reformas políticas y económicas; por lo que la confrontación electoral y la presencia parlamentaria de los partidos socialdemócratas se tendrían que convertir en la regla central al socialismo.

Los comunistas lo denunciaron como revisionismo, aunque la tesis tuvo influencia en el socialismo internacional. “Los revolucionarios y los evolucionistas” que llamaba el viejo dirigente aragonés: Isidoro Achón. Por su parte, los partidos laboristas estaban también fuertemente influidos por la visión de la Sociedad Fabiana, quienes creían que la transformación a una sociedad socialista podía conseguirse mejor mediante una evolución dentro de la democracia representativa, que por una revolución violenta u otro medio alternativo al de elecciones democráticas.

Para mayor claridad añadiré, que el planteamiento de Bernstein se basaba en la teoría de la sociedad elaborada por Marx y Engels -el socialismo científico-, estando en desacuerdo en muchos de sus puntos. Sobre todo en el que sostiene que la vía para lograr la conquista del poder político por parte del proletariado, debía ser a través de la revolución. Para los socialdemócratas, dicha conquista debería lograrse por el camino de la lucha parlamentaria, mediante la explotación del derecho de voto y la utilización de todos los instrumentos legales. Bernstein definió la socialdemocracia como un partido de reformas socialistas democrático, que lucha por el progreso social y la conquista de la democracia con la finalidad de impulsar el desarrollo de la sociedad socialista. En suma, la propuesta bernsteiniana, al igual que el marxismo clásico, tiene como meta la transformación del capitalismo en socialismo.

En conclusión, puede afirmarse que la ideología socialdemócrata, desarrollada por Eduard Bernstein, logró superar teórica y prácticamente el utopismo socialista, aunque manteniendo el ideal de construir una sociedad más justa e igualitaria, una sociedad socialista. Lenin le atacó como reformista. Todas las ideas socialistas o socialdemócratas tenían como fin, trasformar la sociedad. Se pretendía llegar a un socialismo sin propiedad privada. Los laboristas bajo la influencia del keynesianismo, llegaron a proponer que lo central es el control estatal de los mecanismos financieros, a partir de lo cual seguiría un proceso lento de evolución hacia el socialismo. Para Vicenç Navarro: “Socialdemocracia es socialismo en democracia”.

De cualquier modo, se demuestra con claridad, que Lenin y sus camaradas no eran más de izquierdas que los socialdemócratas de entonces, como a veces se alega; solo los separó el que los últimos que iban por la misma vía, tomaron otra ruta diferente y más procedente para llegar al mismo destino. Al comparar hoy la calidad del Estado del bienestar alemán y el ruso, apreciamos las grandes diferencias existentes entre los dos modelos socialdemócratas: el radical y el democratico, por el grado de superación político social alcanzado por el revisionismo en comparación con el leninismo.

¿Influyó este en aquel, al recibir los países europeos desbastados por la Segunda Guerra Mundial, los 13 mil millones de dólares americanos del llamado Plan Marshall - European Recovery Program- para su reconstrucción, y a la vez según se decía para que la opción socialdemócrata se impusiera a la otra, para contener un posible avance del comunismo? Sin duda tendría influencia. En mi opinión, los dos sistemas fueron inevitables, dado el enorme dominio explotador que la clase capitalista ejercía sobre las demás. Para los trabajadores, debió ser difícil preferir uno u otro método en esas circunstancias, aunque yo siempre hubiera elegido el de no a la violencia y a la guerra y sí al que apostara por la democracia y la libertad en paz, siendo siempre como ahora marxista de corazón. No obstante, yo pienso que las ayudas del ERP no fueron determinantes, porque en los países centrales europeos en 1947 ya estaba muy implantada la cultura socialdemócrata del SPD y de sus partidos hermanos. Posiblemente, estos evolucionistas hubieran sido capaces con el tiempo de obtener similar resultado, sin esas fundadas ayudas económico políticas; al demostrar que hicieron magnos progresos de por sí, después de finalizados los cuatro años de vigencia del citado plan.

El triunfo de la revolución bolchevique, hizo que el socialismo internacional se dividiera en dos grandes grupos. Las partes más radicales (que no más de izquierdas) de los partidos socialistas y socialdemócratas se escindieron y crearon partidos comunistas, integrados en la III Internacional, que siguió una línea próxima al gobierno de Moscú a fin de conseguir la socialización de los medios de producción, cuyo objetivo nunca se logró bajo ningún gobierno comunista en el mundo. Los partidos que seguían las tesis de Bernstein continuaron denominándose socialdemócratas y se agruparon en la Unión de Partidos Socialistas.

Aparte de los mencionados, los pensadores y políticos más conocidos que tuvieron influencia sobre la socialdemocracia en este periodo, se encuentran: Pablo Iglesias, José Batlle Ordóñez; Léon Blum; Ramsay MacDonald; Pierre Mendes France; Tony Crosland (principal implementador político de las ideas de Keynes); John Maynard Keynes; John Kenneth Galbraith, Olof Palme, Nehru.

Con el dolor de muchas personas, el anarquismo y el comunismo han muerto. El socialismo democratico está en la UCI, aun le queda un hilo de vida. Pero apartemos de él a los brujos y a las brujas neoliberales que lo rodean... porque si no, pronto ocurrirá la tercera desgracia. Y ya no queda más.

 

Fernando Bolea Rubio. Sindicalista

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