LA SOCIALDEMOCRACIA QUE NUNCA LLEGA - II

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Fernando Bolea Rubio

“Era un igual. Quería ser un igual. Nunca tenía nadie la sensación de que te miraba desde la cumbre de su alto cargo. Al contrario, él trataba de encontrar en sus colaboradores alguna cualidad en que lo superasen para ponerla de manifiesto”. Así hablaba un colaborador de Olof Palme. Solía expresar su visión de la Humanidad en relación al tercer mundo: “No hay ellos y nosotros. Sólo nosotros”. El día del entierro de Palme, el presidente de Mozambique dijo: “Ha muerto uno de nosotros”. ¿Se puede decir algo mejor de uno de los principales lideres socialdemócratas.

Con motivo del 75 aniversario de la Confederación General de Trabajadores de Suecia, en su discurso Palme dijo: “En 1973 proliferan los homenajes a los sindicatos. Todo el mundo manifiesta su respeto. En el fondo es la expresión del respeto que el obrero sueco se ha ganado. Todo el mundo sabe que el movimiento obrero es un sólido puntal para la democracia. En Suecia, la transformación de la sociedad ha tenido lugar de un modo pacífico. Las batallas sociales han sido duras. Pero nos hemos librado del cambio violento. No hemos sido víctimas de la catástrofe que supone el que los ciudadanos se enfrenten entre sí con la violencia escrita en el rostro. La amargura y el estancamiento que pueden nacer de una revolución violenta no nos ha afectado a nosotros”. En esos años, las luchas del pueblo español por conquistar la democracia eran intensas. El triunfo llego poco después, pero aquí habiendo sufrido una guerra civil con centenares de miles de muertos inocentes de los dos bandos y cuarenta años de dictadura. La historia enseña, que los buenos estadistas marcan la trayectoria de la humanidad. Al final, él fue el único que pago con su vida la ferocidad de sus enemigos.

Olof Palme,1927-1986; fue ministro sin cartera en 1963, a los 36 años, de Comunicaciones, de Educación y líder del Partido Socialdemócrata de Suecia desde 1969. Primer Ministro entre 1969 y 1976, volvió a ser reelegido en 1982. El 28 de febrero de 1986, a los 59 años, siendo aún Primer Ministro, fue asesinado por un desconocido mientras paseaba con su esposa antes de entrar en un cine. Este año, en 2011, al cumplirse 25 años, prescribe el caso y no se buscará más al culpable. Se sospecha que los autores pudieron ser los servicios secretos de la República de Sudáfrica, ya que Palme era un luchador contra el apartheid al que estaba sometida la población negra de ese país. Se apunta que pudo ser la CIA o los servicios secretos ingleses, debido a que se destacó por su oposición al neoliberalismo entonces incipiente que estaban llevando a cabo Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Tal vez, por ser una expectativa diferente y contraria a la política de bloques (capitalista y comunista) en los que se dividía el mundo. Él se distinguió por su política a favor de la paz y el desarme. Se afirma que quizá fue por mandato de alguna de las personas ascendientes de los dictadores portugués, chileno, español. Se ha considerado, que fueran fascistas italianos, neonazis alemanes o paramilitares argentinos.

¿Fue un asesinato del fanatismo ultraderechista, del neoliberalismo como se sospechó, de imperios económicos ocultos al considerar su política un peligro para sus intereses, u obra de un loco? A mí, la última posibilidad es la que menos me convence. En cualquier caso, es vergonzoso que no se haya atrapado al culpable. Debieron ser poderes muy fuertes y organizados para no llegar a descubrirse. ¿En que mundo vivimos? ¿La juventud se da cuenta en donde está, al llegar a pensar algunos indignados que la solución a problemas como éste y de todo tipo es, la falta de compromiso personal con inútiles procesos asamblearios, en vez de organizarse en función de sus ideas en partidos y sindicatos coherentes? Los verdaderos indignados con el mundo son los afiliados. Con la resistencia en la red, no es suficiente. En las organizaciones políticas y sindicales hay que estar por sus ideas, no por las personas que temporalmente las rigen como a veces se censura, porque estas si son rechazadas se cambian; aunque una gestión tan fabulosa como la de Palme, no se puede hacer si los mejores dirigentes se sustituyen cada poco tiempo, como ciertos jóvenes erróneamente parecen preferir. Los líderes malos se apartan, los buenos se apoyan. Los viejos socialistas tuvieron unas vidas entregadas a la defensa de la honestidad, la libertad y la justicia. Olof Palme es un buen ejemplo a seguir, por las nuevas generaciones con inquietudes sociales y rasgos de superación. Tal como he oído decir: “Ser un buen socialista siempre es un objetivo noble”.

Con su muerte, se cortó el tallo de una rosa que florecía como ninguna, en la esperanza de los desfavorecidos de la humanidad. Con él, hoy Europa sería mejor y las injusticias globales menores. Él afirmaba: “La democracia es una forma de gobierno exigente, exige justicia, uno no puede ganarse al pueblo llenando el bolsillo de los que ya los tienen llenos mientras los pobres se hunden cada vez más en la miseria”. Un mensaje que goza de total actualidad. Aseguraba que la democracia no debía detenerse en las puertas de las fábricas. Prediciendo lo que ahora ocurre: “Si no son los ciudadanos los que forman la política, los partidos se convertirán en máquinas de propaganda y la gente perderá la confianza en la política”. Al PSOE ya hace tiempo que lo convirtieron en una simple máquina electoral. Para colmo, he oído decir en una tertulia, que en el PP también hay socialdemocracia. Es de coña. ¿Tanto temor electoral tiene la derecha a esa alternativa fruto de la cultura social popular, y a que los votantes socialistas desencantados hagan las paces con el PSOE?

Conservo un librito del zaragozano Francisco Uriz (del añorado periódico “el día”), con una selección de discursos de Olof Palme, que sería sumamente ilustrativo para la juventud actual, más incluso que el libro ¡Indignaos! de Stéphane Hessel. De entre Willy Brandt, Bruno Kreisky, François Mitterrand y Olof Palme, he destacado a este último, por considerar que fue un socialista excepcional. Siendo Primer Ministro, al averiarse el coche de la policía que lo trasladaba, fue capaz de hacer “auto-stop” e irse solo, para llegar a tiempo a coger un avión. Iba por la calle sin escolta, lo cual no debió hacer nunca. Trato de cambiar el mundo a pecho descubierto, arropado con la fuerza de los ideales y la palabra. Sembró raíces que germinaran cada día con más impulso, aunque ahora los dirigentes socialistas no lo recuerden.

En el PSOE se decía: “Nuestro modelo socialdemócrata es el de los países nórdicos”. Con él, los suecos llegaron a la socialdemocracia casi plena, partiendo de un país retrasado y pobre. A una socialdemocracia que en España nunca llega. La cooperación político-sindical entre el partido socialdemócrata y la actual Unión General de Trabajadores Sueca (LO), fortaleció el crecimiento y desarrollo de la socialdemocracia. Palme creo ilusión, un Estado del bienestar insuperable, no se olvidó de los demócratas españoles, al pasearse rodeado de periodistas por un mercado de su país, con una hucha en la mano, en una acción de protesta contra el dictador Franco. La noticia dio la vuelta al mundo. ¿Fue esta la causa de su asesinato? Era otra hipótesis, pero nunca se sabrá.


Socialismo es libertad

 

“En la década de los ochenta, con usted, Felipe González, tocamos el cielo con la punta de los dedos. Y cuando algo tan hermoso se pierde, se cae en la añoranza”, escribió Pilar Miró en 1996. Yo creo que estas palabras reflejan bien, lo que fue el ascenso espectacular del felipismo y el desencanto que en unos años generó, fundamentalmente en el movimiento sindical. El Felipe (Isidoro) de la clandestinidad, del Congreso de Suresnes (Francia) en 1974 cuando alcanzó la Secretaría General del partido, el de 1982 cuando obtuvo la Presidencia del Gobierno; se consideró de forma muy diferente, al Felipe González (ya con apellido) que llevo a UGT y CCOO a realizar la histórica huelga general del 14 de diciembre (14-D) de 1988.

Hubo un Felipe de la ilusión y la esperanza colectiva de la mayoría de los españoles, que supuso un soplo de aire fresco democrático y social. Al contrario que Zapatero, él si empezó hablando de los trabajadores. En 1978, en el libro: “Socialismo es libertad”, con una biografía suya de Antonio Guerra; Felipe escribió:“Durante siglos, las clases trabajadoras han luchado por la consecución de un orden que les permitiera aspirar al máximo de la felicidad, en el marco de la libertad. Hoy, el socialismo es un movimiento de trabajadores de todas las clases, de hombres que viven exclusivamente de su trabajo. Desde la permanente tensión utópica hacia la felicidad, en la libertad y la igualdad, los socialistas hemos luchado: por un salario digno, por un puesto de trabajo para todos, por una jornada laboral no agotadora, por el derecho a la huelga en defensa de estas condiciones laborales...”

El PSOE fue fundado (1879) por Pablo Iglesias, en un principio como partido marxista de la clase obrera, socialista y revolucionario. Evolucionando más adelante hacia tendencias reformistas, dentro de la socialdemocracia. Finalmente, con Felipe González, en el 28º Congreso del partido, en 1979, al que asistí, se terminó aceptando la economía de mercado, renunciando a toda relación con el marxismo, incluidas las teorías revisionistas de Eduard Bernstein. “Hay que ser socialistas antes que marxistas”, invocó Felipe desde la tribuna ante un auditorio a lagrima viva, al afirmar que no se presentaba a la reelección; si bien, retomo la Secretaria General unos meses después. Él sabia que en la nueva época democrática, con la ideología marxista, el partido nunca ganaría las elecciones legislativas en España, dado que era victima de la critica confusa y fácil de sus oponentes.

En concreto ocurrió, que se renunció a la transformación a una sociedad socialista sin clases, ni propiedad privada; como ya se había hecho en los demás partidos socialdemócratas. Aceptándose el mercado como guía general, separándose del Estado neoliberal de la derecha, por un Estado social de orientación socialdemócrata, amparado en el Estado del bienestar. Este cambio se considero lógico en ese contexto, no causando gran malestar en la militancia. Intelectualmente, cada cual conservó su propio ideario.

En 1985, tres años después de ser elegido Presidente (en las elecciones de 1982 el PSOE aventajó en 20 puntos a la derecha), muchos sindicalistas de UGT ya no lo defendíamos en las fabricas, debido a que no estábamos de acuerdo con su política social y porque hubiera afectado a la credibilidad del propio sindicato. Se rompía así, el modelo de colaboración político-sindical PSOE-UGT de muchos años, tipo sueco y de otros países. De la critica moderada se paso al enfrentamiento total al final de los ochenta, cuando por haber recaudado el Estado más dinero del esperado, el sindicato consideró que se daban las condiciones económicas para que se hiciera el Giro Social que desde el principio demandaba. Al rechazarlo el Gobierno, se originó la huelga general del 14-D, que paralizo el país, prestigió a los sindicatos y debilito la influencia presidencial. A partir de entonces, el partido y el sindicato son dos organizaciones autónomas, aunque en momentos determinados puedan buscar el mismo fin.

Antonio García Santesmases ha dicho que, para muchos, Nicolás Redondo pasará a la historia como el hombre que convocó tres huelgas generales al gobierno de Felipe González. Con todo, no se logró cambiar la política económica del gobierno. El PSOE había derivado hacia el social liberalismo, a lo que se podría llamar capitalismo social, pero no socialdemocracia; consistente en una política liberal no distributiva ni de Estado en lo económico, con algunas medidas sociales, siempre que ese tipo de economía de bajos impuestos y reducido patrimonio y gasto publico lo permitiera. Junto a los recortes laborales que se efectuaron y que los sindicatos atajaron en parte. Así, con Felipe González la socialdemocracia paso al baúl de los recuerdos, al girar su política a la derecha en vez de a la izquierda, como esa alternativa requería para materializarse y UGT le había sugerido. “En Felipe no reconozco a Isidoro” declaro Nicolás.

En febrero de 1987 escribí algo jocosamente mi primer articulo critico titulado: “Los trabajadores, Solchaga y la patronal”, debido a las constantes declaraciones antisindicales chulescas del ministro de economía; en él decía, “los críos no callan con lo de papa, ¿qué es el socialismo? Pobre gobierno socialista tan lejos de los trabajadores y tan cerca de la CEOE”. No deseábamos debilitar el socialismo, sino que se comportara como tal. En 1989, el propio coautor del libro citado, Antonio Guerra, escribió sin duda con pesar: “Subió al estrado y arengó, hemos logrado situar a los ciudadanos españoles en unos niveles de bienestar europeos con los que nunca podían haber soñado. El límite de los sueños es infinito, situando al presidente lejos del análisis sereno y comunicador del que supo hacer gala tantas veces. ¿Habrá que volverlo a enfundar en su vieja pelliza con la que repartía la leche y asistía después a las clases de la Universidad, para que la memoria nos devuelva al Felipe González de siempre?”

Fue una autentica pena, que este hombre no llegara a ser políticamente el Olof Palme español, como muchos deseábamos, porque al principio tenia ideales y facultades para serlo. Ciertamente, hubo un Felipe de espejismo... y un Felipe González de frustración. En España, no terminamos de tener suerte con los políticos socialistas, todos empiezan bien y acaban mal. Habría que formar mejor a la juventud y a muchos dirigentes actuales, para que lleguen a ser de una vez lideres socialdemócratas auténticos. Si no se hace, los jóvenes, la sociedad y el partido lo perderán.

Este tipo de política se ha mantenido hasta hoy, agravándose más en el segundo mandato de José Luis Rodríguez Zapatero, por el hecho de que son los bancos y los poderes financieros los que tutelan la economía gubernamental. ¿Será posible ahora el incipiente giro a la izquierda, que ha anunciado el candidato socialista a las próximas legislativas? Para ello, tendría que asumir en los programas de ahora y de futuro, los postulados de la socialdemocracia real que actualmente, en mi opinión, son al menos los siguientes: Política socialdemócrata verdadera, distribución de la riqueza, impuestos progresivos, igualdad de oportunidades, pleno empleo decente y con derechos, oposición al neoliberalismo, ministros de economía socialdemócratas fidedignos, que las crisis las paguen los culpables, desconexión de las directrices de los mercados financieros, control gubernamental bancario, creación de una banca pública influyente, política económica de crecimiento invirtiendo el dinero público necesario, no a los incrementos abusivos de precios, lucha constante contra la corrupción y el fraude fiscal, situar el SMI en el 60% de la media de los convenios, incremento del gasto social a la media de los países de la UE-15, pensiones adecuadas, garantía como mínimo del poder adquisitivo de los salarios.

Servicios públicos de sanidad, dependencia y educación a cargo del Estado, extensión de la dependencia para las personas mayores y necesitadas, fortalecimiento continuo de las prestaciones sanitarias y de los planes formativos, centros educativos suficientes, protección decidida del medio ambiente y la ecología, movilidad en transportes colectivos, ayuda social a los desempleados sin prestación y a sus familias con apoyo efectivo de búsqueda de empleo, incremento del seguro de desempleo, políticas activas de empleo fundamentalmente para los jóvenes y los mayores, sector público empresarial estratégico, apoyo al autoempleo y a los autónomos, fortalecer la formación profesional, política social de vivienda, promoción de la justicia social, los derechos humanos, derechos sociales, derechos y libertades civiles, política fiscal para hacer sostenible el Estado del bienestar social.

Todo ello, dando un tratamiento moderno, justo, así como eficaz, al mundo del trabajo y de las empresas, a la economía productiva: Estabilidad laboral y competitividad empresarial; seguridad y salud laboral en el trabajo; salarios a la cabeza de los países europeos como fin; igualdad retributiva entre hombres y mujeres; empleo de calidad, con calidad en todo, en el trabajo, en el empleo, y en las medidas económicas y sociales de los convenios; mejora continua de la producción y de las condiciones de trabajo; economía segura y competitividad con flexibilidad pactada; sistemas de participación compensada de los trabajadores, en los centros de trabajo; relaciones laborales de confianza en las empresas y en la negociación colectiva general; nuevos conceptos de gestión en los negocios, con direcciones horizontales; principios de democracia en las empresas; difundir cultura empresarial en la sociedad, con ayuda y asesoramiento a los emprendedores; máxima consideración a los trabajadores y a los sindicatos, con relaciones de consenso; concertación social.

Y, seleccionando algunas ideas, para que sean divulgadas de inmediato, plantearía que se hablara: de socialdemocracia efectiva y vigente, con referencia continua de partido socialdemócrata como marca; de un giro real a la izquierda; oposición continua al neoliberalismo; plan urgente de empleo juvenil, con renumeraciones dignas, protección y derechos; inversión pública (keynesiana) de crecimiento, para crear empleo; nuevos sistemas de dirección, participación y compensación en las empresas; establecimiento de un salario social publico, para todas las personas y familias necesitadas; líneas bancarias para que el crédito llegue a las pyme y a las empresas.

En definitiva: Orientación socialdemócrata, giro a la izquierda, creación de empleo con mayor énfasis en los jóvenes, cambio económico social en las empresas, fluidez de créditos, salario social. Con un programa electoral en base a estas consideraciones, el candidato Alfredo P. Rubalcaba (escuchar, hacer, explicar) tendría un buen comienzo; aunque ya sabemos, que el problema de los líderes socialdemócratas españoles no es como empiezan, sino como terminan. En esta ocasión, Rubalcaba tiene como Palme la virtud de la modestia.

Si preguntas a los compañeros: ¿Tu que eres socialista o socialdemócrata? Hombre, socialista, suelen contestar, porque soy más de izquierdas. Espero que con estas indicaciones corrijan su error, considerándose socialdemócratas de pura cepa informados y más de izquierdas a la vez.

 

 Fernando Bolea Rubio, Sindicalista

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