La vida dura de un socialista zaragozano: Bernardo Aladrén

Que Pablo Iglesias hubiera sido hospiciano atraía al socialismo a hombres fustigados por la misma dolorosa experiencia. Quizá Aladrén era uno de ellos. Parecía perseguir con tenacidad férrea un desquite. La vida, refinada zorra, se lo debía. Caminaba con decisión hacia cimas para las que no estaba preparado intelectualmente, aunque le sobraba honestidad y carácter. Otros menos dotados intelectualmente, sin carácter ni honestidad, pero intrigantes y de espinazo flexible, lo pasaron en la escalada por sobrarles astucia, marrullerías y baboso lubricante. Siguiendo con las palabras de su amigo Arsenio Jimeno, muchos niños abandonados se rebelan. La rebelión, si no se enriquece con recia moral y firmes principios, suele llevar a la delincuencia por ser el camino más liso y llano; un corazón limpio y una mente clara lleva a nobilísimos combates contra la injusticia por muy ingrato y pedregoso que sea el camino.  Como vemos, las circunstancias de su misma niñez le sirvieron para endurecer su carácter y toda su vida parecía perseguir con una tenacidad un desquite ante las adversidades.  Que fuera duro de carácter no significa que no fuera humano, como puede constatarse en dos propuestas suyas presentadas en mayo de 1936 en la Comisión Gestora Provincial, por su cargo de delegado del Hogar Pignatelli. En la  primera, sorprendido en su visita al Hospicio de que hubiera una tapia dividiendo el patio entre los mayores y los menores, e impidiendo que se pudieran ver los hermanos, instó a que desapareciera. En la segunda, solicitó que los familiares pudieran visitar a los niños del Hospicio todos los domingos en lugar de cada cuatro.
 
Se mostraba hombre de genio  y de temperamento  cuando la situación lo exigía. En  algún Pleno del Ayuntamiento de Zaragoza, que le tocó presidir como segundo-teniente alcalde, por ausencia del alcalde, se mostró firme a la hora de imponer el orden. En la prensa local, del Heraldo de Aragón, de 16 de octubre de 1931, aparece la noticia de que cuando el señor Aladrén abandonaba la casa de la Ciudad, una ver terminado el Pleno, fue increpado por un individuo, que momentos antes había ocupado la tribuna pública del salón de sesiones. Ante esta circunstancia Aladrén intentó responder al insulto, pero la rápida intervención de otros concejales puso fin a este incidente sin importancia.

La vida dura de un socialista zaragozano: Bernardo Aladrén

Candido Marquesán Millán

 

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Colección: Isidoro Achón, 6

ISBN: 84-933202-5-6

Páginas: 138

Tamaño: 21,5 x 15,5

PVP: 12.00 € carro compra

 


 

"Nosotros ofrecemos nuestro ideal, nuestro esfuerzo, la honradez que siempre hemos demostrado en todos nuestros actos públicos y privados; y siempre que tengáis necesidad de que os expliquemos nuestra actuación, aquí vendremos, como lo hemos hecho siempre, a la luz del día y dando la cara"

Bernardo Aladrén