LAS CLAVES DE VIDA NUEVA

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José Benito Butera Aured

Después de manifestarlo por escrito, me di cuenta del equivoco, al leer en uno de los últimos números del año treinta y dos que al articulista que firmaba con el seudónimo de Juan Pueblo, se le había muerto un nieto, y el equipo de redacción le daba el pésame.

Juan Beraza no podía ser ya que por aquellas fechas de 1932, su hija tenía doce años e indudablemente Juan Beraza no podía ser abuelo.

Con el dato de esa muerte; más la remisión que la redacción hacia, a otro artículo con su firma en  el que Juan Pueblo clamaba  por el sufrimiento que dios lanzaba sobre los hombres al arrebatarles las vidas de sus hijos, nombra también la muerte de una hija suya de veinte y un años.

Con estos datos; entonces busqué alguna relación que me condujera a la persona de la que deseaba saber. Entre los entierros producidos en las fechas que en el semanario se apuntaban, no encontré pista alguna.

Ciertamente en aquella ocasión no tuve demasiada suerte en dar con el dato exacto; no obstante algún otro si encontré que podía conducirme según creía a la dilucidación de la personalidad de Juan Pueblo. Olvidé el asunto por un tiempo y ciertamente deje de interesarme por la cuestión, aun qué en el inconsciente permanecía el misterio de esa personalidad que desde, casi el primer número de Vida Nueva; concretamente en el número dos, firma una sección con el título de “Absurdos”, y que en esa ocasión su autor dice ser Juan Español. En el siguiente número la misma columna ya viene firmada por Juan Pueblo, manteniéndose éste seudónimo, hasta el final de la vida del semanario; número doscientos cincuenta, de fecha seis de junio de 1936, en que entonces firma una columna que titulada Se aseguraconcluyen con su colaboración así como también el periódico termina su andadura.

Pues bien, hace escasos días y por una de las casualidades que me surgen de tanto en tanto, al consultar otro seudónimo, en el número cincuenta de la publicación (Vida Nueva); correspondiente al día catorce de junio de 1931 surge la solución a mi dilema.

Juan Pueblo, no es otro que Francisco Cubero.

En ese número se inserta el obituario de aquella hija, que él lamenta su muerte un año después.

Además de despejarme la incógnita, me sumerge en la necesidad  de llegar lo más lejos que pueda en el conocimiento del personaje.

De este modo comienza el descubrimiento de un hombre que dio algo de sí, a una causa, que entendió necesaria para el progreso social.

Nacido en 1886 en mayo, lo hizo en la localidad de El Frasno, su profesión era la de tipógrafo, y arribó a Zaragoza en 1919; habiendo pasado antes por Barcelona, donde nacieron tres de los cuatro hijos del matrimonio Cubero/ Ferrer, el cuarto ya nació en Zaragoza.

La impaciencia de poner en conocimiento de todos los que siguen esta Web, el descubrimiento realizado que nos aclara, sin ninguna duda la identidad de uno de los colaboradores habituales de VIDA NUEVA, me impele a, de momento no profundizar más en la trayectoria de este gráfico que puso al servicio de una causa su saber.

Las primeras averiguaciones sobre Juan Pueblo, o si se prefiere Francisco Cubero; no resuelven satisfactoriamente  todas las dudas que se plantean al desentrañar unos datos, que todavía provisionales hay que indagar con mayor profundidad, ya que nuestro  desconocimiento de los que nos precedieron es tal que, no debemos correr riesgos que puedan confundirnos y atribuir a quien no se deba méritos que no hayan sido constatados.

Francisco Cubero, firmó treinta artículos durante la vida del semanario con su nombre, en calidad de afiliado a la Federación Gráfica Española, y como ya se apunta en el principio con el seudónimo de JUAN PUEBLO, en cada uno de los números del semanario.

También y como varios articulistas más de VIDA NUEVA en el número treinta y nueve, firma con el palíndromo de su apellido “Robecu” (o más bien: vesre, derivación del lunfardo, por entonces parece; estaba muy en boga) un artículo en el que plantea algunos problemas que él llama urgentes. De estos palindromistas tenemos: DONARBER, Bernardo Rubio González a la sazón subdirector de VIDA NUEVA; y como su director afiliados a a la Federación Gráfica Española, en su sección de Zaragoza. También hay otro, del que se ha logrado la identidad, con una atenta lectura de VIDA NUEVA; que firmando OCNARF, corresponde a Antonio Franco Cendejas que firma crónicas desde pueblos de la comarca de Calatayud.

Volviendo a Francisco Cubero, es mi deseo profundizar más en la personalidad y vivencias de este afiliado a UGT, que dejó una amplia labor de opinión y literaria digna de estudio, ya que desde la lectura de esos artículos se puede acceder a una serie de acontecimientos acaecidos en esa década que explicados sin florituras nos muestran tanto la vida, como los avances de una sociedad que durante cientos de años había sido menospreciada, esclavizada y explotada, y que durante unos años pudo expresarse y luchando sin descanso consiguió avances que todavía perduran; y que a pesar de que algunos de los muchos que en el semanario se consiguen claves, fueron sacrificados, sin embargo no pudo el asesino de aquellos inocentes, erradicar los avances conseguidos por todos ellos, que directa o indirectamente, alcanzaron a conseguir, legándolos para las generaciones venideras y, que ahora hay que ir poniendo de manifiesto, puesto que la historiografía al uso durante tanto tiempo, quiere reivindicar para quienes no crearon los estados de justicia y bienestar que vigentes durante un periodo corto de tiempo, hubieran avanzado más si no se hubiesen parado en seco por unas oligarquías que urdieron un golpe de estado que arrastró a la sociedad española a una guerra inhumana, donde cayeron infinidad de buenas personas que no habían cometido otro delito que expresar su inconformismo y luchar por una sociedad más justa.                          


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