LOS VALORES COMO ACCIÓN POLÍTICA

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Fernando Bolea Rubio

Como consecuencia de la crisis que los poderes financieros y los gobiernos no saben atajar, están ocurriendo tantas misteriosas e incomprensibles novedades políticas que, a mi modo de ver, algunas personas de izquierdas pueden padecer tal desorientación ideológica que lleguen a asumir las recetas de la derecha, como las únicas validas en el estado actual.

Cuando al principio se preguntaba ¿Quién tiene la culpa de la crisis? Se respondía la banca. Ante la misma cuestión, ahora se dice Zapatero. ¿Cómo se puede solucionar? Con reformas laborales, amigo millonario, indican aun hoy personajes faranduleros, los ricos y sus palmeros. Lo cual es lo mismo que querer ir a Francia con rumbo a Ceuta. ¿Señor Rajoy, como piensa usted solucionar la crisis? Con una profunda reforma laboral, que cuando la conozcas te arrepentirás de no haber ido a votar o de haberme votado, camarada e ignorante obrero. Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, critican por estribor. Este Gobierno ha derrochado el dinero, abronca el derechismo político ahora eufórico ante el eminente triunfo electoral del Partido Popular: con las ayudas a los viejos, la Seguridad Social atendiendo emigrantes y operando extranjeros, reparando aceras, con pagas por hijos, los 400 euros en el IRPF, u otras lindezas, critican. Un mensaje político confuso e iluso se ha establecido en la sociedad, con el silencio enigmático del socialismo gobernante, que ha perdido la influencia de la comunicación y por ende la posibilidad de amparar su propia gestión. 

Pero basta con recordar levemente el pasado para que la luz alumbre. La crisis nació en 2007 en EE UU, es mundial, fundamentalmente de los países occidentales. Los culpables de la misma son los banqueros y los mercados financieros especulativos, quienes como consecuencia de sus desfalcos y raterías con las hipotecas basura (subprime), junto con sus innumerables operaciones económicas que Felipe González denomina como de: “Egoísmo inteligente”, se llevaron a sus bolsillos los inmensos beneficios de la economía monetarista que practican. Dejando bacías las arcas de infinidad de entidades financieras, estados, empresas, personas; generando en la humanidad: hambre, escasez de bienes, paro, calamidades sin fin. Sin que nadie pague condena por lo hecho. Con la dificultad de que la política no se ha sabido imponer a los mercados financieros, para influir verdaderamente en la economía de los países. Por ello, Zapatero es una victima más de la crisis, no su impulsor como se le inculpa. Que se dirijan las iras hacia los verdaderos culpables, dejando de penar a los inocentes; aunque la gestión de la crisis de los Gobiernos central y autonómicos españoles, tanto de uno como de otro color, dejen mucho que desear. Así, todo en su sitio y cada cual con su fortuna o tormento. 

De otra parte, esta crisis se recordara en España como la de las reformas laborales continuas. Desde hace un año el Gobierno no para de jugar con la pelota. Empezó facilitando y abaratando el despido. Continuó dando ventajas infinitas a las empresas para reducir personal, pudiéndose declarar hasta pérdidas de futuro... que fue como un cheque en blanco que la Administración regaló a la patronal. El 31 de agosto de 20011 entró en vigor –durante dos años- otra novedad, el encadenamiento sin límite de los contratos temporales; cuando debido a las restricciones que impuso (favorablemente en esto) la Reforma Laboral de 2010, la suma de 24 meses de contratos temporales convertía automáticamente el contrato como indefinido. Triste episodio, porque aparte de perder esa condición; es tanto como decir, que como en muchos centros de trabajo no se cumplía bien esa obligación legislativa, había argumentos legales para conseguir en los tribunales contratos indefinidos como penalización, o al menos una indemnización superior a 20 días en las negociaciones posteriores al término de la relación laboral. Ahora no será así, quedando los temporales más indefensos, al cambiarse la norma y de hecho legalizarse el fraude contractual existente. Una nueva facilidad para los empresarios que de nuevo perjudica seriamente a los trabajadores. El Ministro de Trabajo, Valeriano Gómez, para enaltecer el evento indicó:“El Gobierno prefiere un trabajador temporal a un parado”. Similares palabras se decían cuando se aprobaron a gran escala los contratos eventuales, llegando a suponer este fenómeno una lacra de hasta un 35% de precarización, de contratos basura.  

¿Agosto podía dar más de sí? Pues claro, los Contratos para la Formación hasta los 34 años si el trabajador no tiene cualificación profesional, cuando al tener 35 años las empresas no contratan a estos jóvenes por viejos. En mi caso, a los 18 años era oficial de primera mecánico fresador en una empresa.¿Nos damos cuenta del destrozo laboral que se ha hecho en este país con los jóvenes, por culpa en muchos casos de la golosina salarial del ladrillo y de no potenciarse a tiempo la formación profesional? ¿Cuándo van a empezar a cotizar a la Seguridad Social? ¿Con cuantos años se tendrán que jubilar para tener derecho a una pensión? De entrada, se les condena a tener que adquirir además de la pública una pensión privada. Con un desempleo del 20% y un paro juvenil del 43%, la situación de los no cualificados profesionalmente está siendo ya dramática. ¿Qué van hacer, ir por la Unión Europea realizando los trabajos que nadie quiera? A estos jóvenes y por supuesto a los demás, no se les puede ayudar con reformas laborales como ésta, que aún los aleja más de la solvencia que como personas necesitan. Son necesarios planes específicos de mayor alcance financiados por el Estado, con ayuda empresarial y colaboración con ímpetu de los agentes sociales.

Se señala que la prioridad del Gobierno es luchar contra el paro y quizá en ese sentido ha debido impulsar las reformas laborales que comentamos. Sin embargo, el paro y la temporalidad en vez de reducirse aumentan, por haberse incrementado la crisis y en mi opinión, debido a que las reformas han tenido un error grave de orientación. La solución no debió ser flexibilizar y abaratar más la contratación y el despido, pensando ingenuamente que con esas premisas los empresarios contratarían más y mejor. Nada de eso han hecho y las medidas gubernamentales han acabado en un rotundo fracaso. No se debió ir por el camino de la desregulación, sino por el de limitar las facultades que las empresas ya tenían para contratar y despedir; para impedir que pudieran desprenderse de los trabajadores con tanta facilidad, contratando a los nuevos asalariados con mayores garantías de estabilidad. Todo ha sido un despropósito. Es lógico y fácil de entender que si se ha deteriorado el equilibrio laboral, dando más poder de ejecución al empresario este lo aplique en su propio bien. Si a los niños se les da caramelos se los comen. Si se hacen reformas laborales gustosas, se consumen con mayor agrado.

En unos meses puede instalarse el PP en el Gobierno, con la receta citada de una nueva reforma laboral profunda. Más de lo mismo. Les parece poco el fracaso que se ha tenido que quieren superarlo con creces. Modificando la legislación laboral no se crea empleo y según como se haga (como se ha valorado) se puede perder más deprisa el existente. No es así como mejoraran las cifras del paro. El desempleo necesita que la economía crezca de forma natural para que cree empleo. No sirve valerse de artimañas ficticias, que pueden tener como principal fin, no el que se dice, sino reducir los derechos de los asalariados, ya bastante limitados en este país en comparación con otros de la Eurozona. Que no empujen para atrás, que hay mucho que hacer por delante.

El vivir por encima de las posibilidades es una afirmación socialmente peligrosa, dado que llevada al extremo, puede ser utilizada por los neoliberales para reprochar a los trabajadores y a las capas populares de gozar de mejoras imposibles de mantener, justificando así que habría que recortar el Estado del bienestar, cuando eso sería totalmente incierto. Aquí sí se ha vivido sin freno ni control; pero han sido sobretodo los promotores y los banqueros del ladrillo, no así la población en general. Ni tampoco  el Ejecutivo socialista, porque no se debe olvidar que antes de la crisis el Estado llegó a tener superávit; siendo aún hoy, el porcentaje de la deuda publica española uno de los más bajos de la Unión. No tanto la privada, que es considerable (más de dos veces superior a la pública), en parte como consecuencia de la errática construcción masiva de viviendas que se efectuó, cuyo estoc sin vender esta restando valor a los activos de algunas entidades financieras. Fenómeno este que impide gravemente la superación de la recesión en España. Una política de vivienda equivocada, que el PP impulsó y que el PSOE desafortunadamente no paró.

Es asimismo sorprendente que, cuando tenemos uno de los mejores sistemas de Seguridad Social del mundo, haya personas que piensen que los responsables y dirigentes que la gestionan son tontos. Como si no cobraran en los correspondientes seguros y países de los afectados, los servicios que prestan a los extranjeros si estos no cotizan aquí. Lo mismo que cuando un español se opera en cualquier otro país y la sanidad española paga la cuenta, o dispone de conciertos económicos establecidos de compensación. El que las pagas por nacimiento de hijas e hijos y del IRPF, fueran para todos, sin limitarlas en función de altas rentas, fue equivocado y censurable. No así las ayudas a la dependencia, porque la falta de protección de los mayores era un déficit social propio que había que cubrir, como en su momento se hizo en otras naciones del  entorno. El Plan-E de rehabilitación de las poblaciones, fue un programa expansivo público para ocupar durante un año desempleados de la construcción, una vez pinchada la burbuja inmobiliaria. Por su objetivo laboral, yo estuve de acuerdo con él.

El poder de la derecha y las incongruencias que seguirán surgiendo desde el partido socialista, continuarán ensombreciendo el panorama político y sindical. En consecuencia, se ha de estar preparados para afrontar los ataques que iniciara el neoliberalismo sentado a la derecha y la izquierda, estando en el Gobierno y fuera de él. Que sus mensajes no confundan a los luchadores sindicales, al movimiento obrero, ni a los trabajadores y las personas progresistas y con conciencia social. En realidad nuestro ideario ha de ser, guiarnos y refugiarnos en los valores sindicales y políticos de la izquierda, cuyos principios e ideales nadie nos podrá arrebatar jamás. Que no se pierda la ilusión y la esperanza, porque los verdaderos socialistas no necesitan tutores, lo que desean lo saben conquistar.        

Fernando Bolea, Sindicalista

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