LUZ Y ESPÍRITU OBRERO EN LA MEMORIA

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Fernando Bolea Rubio

Hay que encender la luz de la conciencia, los candiles que hagan ver como una mini clase financiera, esta acaparando para sí los bienes y los capitales, empobreciendo y haciendo sufrir a las clases populares; sin que los gobiernos, intenten sujetar sus avaricias. Así no se puede vivir. No pierdas el tiempo, ni el honor de ser trabajador. Ahora, ese nombre esta mal visto. En la actual incultura sindical, no se dice ni obrero ni trabajador. A los asalariados de siempre, a los que trabajan por un sueldo, a jornal como toda la vida, la modernización ideológica sin sentido de clase los denomina clase media. La señora podría decir, necesito a un clase media fontanero. Y yo, una clase media peluquera. Valga esta mofa, por la ridiculez de esta suplantación. Los trabajadores son eso y nada más. Y como colectivo clase trabajadora, no media, ni media baja. Suplantar lo real es un eufemismo que oculta la verdad, en beneficio de las clases del poder, al intentar hacer desaparecer esa condición unitaria de referencia. Con sentido de clase, a la clase trabajadora se le quiere, se le defiende, se le ayuda, se le estima al ser parte de uno mismo.

Tu no me digas que estas mal, dime si tienes conciencia de clase o no. Si es que sí, con eso basta, porque la misma lleva en si el compromiso de solidaridad, organización, afán reformista, lucha, emancipación. El sentido de clase no se busca, el mismo viene a ti para no irse nunca. Por ahí hay que empezar, para poner remedio a los males. Sólo no puedes hacer nada, ni aún con tu familia. Tienes que buscar amigos que te llamarán compañero. Hermano, en otras partes del mundo. Para Luis Gómez Llorente: “Los débiles sólo se hacen fuertes cuando actúan conjunta y decididamente”.

Hay que encender la luz de la conciencia, los candiles que hagan ver como una mini clase financiera, esta acaparando para sí los bienes y los capitales, empobreciendo y haciendo sufrir a las clases populares; sin que los gobiernos, intenten sujetar sus avaricias. Así no se puede vivir. No pierdas el tiempo, ni el honor de ser trabajador. Ahora, ese nombre esta mal visto. En la actual incultura sindical, no se dice ni obrero ni trabajador. A los asalariados de siempre, a los que trabajan por un sueldo, a jornal como toda la vida, la modernización ideológica sin sentido de clase los denomina clase media. La señora podría decir, necesito a un clase media fontanero. Y yo, una clase media peluquera. Valga esta mofa, por la ridiculez de esta suplantación. Los trabajadores son eso y nada más. Y como colectivo clase trabajadora, no media, ni media baja. Suplantar lo real es un eufemismo que oculta la verdad, en beneficio de las clases del poder, al intentar hacer desaparecer esa condición unitaria de referencia. Con sentido de clase, a la clase trabajadora se le quiere, se le defiende, se le ayuda, se le estima al ser parte de uno mismo.

En mi opinión, en España casi hemos perdido tres décadas de jóvenes o, al menos el 60% de esta generación, para el movimiento sindical. La desviación se ha cocido sin que se viera la llama. Dado que gracias a los socialistas, a partir de 1982, los hijos e hijas de los trabajadores podían estudiar de manera generalizada. Los padres al querer lo mejor para ellos, de modo natural y lógico, encaminaron a los hijos masivamente hacia la universidad; evitándose en lo posible, el camino del trabajo manual en las empresas. “Hijo, procura ser más que tu padre”. “Evita ponerte el mono como yo tuve que hacer”, se decía mal dicho. Se pasó radicalmente de los oficios a las carreras. Así, la universidad era un signo de distinción y hasta de tropa lista. Siendo equivocadamente la formación profesional, una bajeza propia de inferiores. Cuando por ejemplo, una de las ventajas competitivas de Alemania es su magnifica formación profesional.

Generándose una trasformación asombrosa. Infinidad de estudiantes al cruzar la puerta de la facultad, pasaban a ser elementos inservibles para el movimiento sindical. Al pensar: ¿Proletario? ¿Obrero? ¿Trabajador? ¿Asalariado? Pero, ¿como? si yo seré físico, catedrático... Eso que dices tan ordinario, acaso serían mis abuelos, mis padres. Yo no seré clase baja. Mi vida se desarrolla en otro estatus. Esa concepción es propia de tiempos pasados. Y, ¿por que haces huelga?, si no sirve para nada. Yo no estoy afiliado a ningún sindicato, ni me afiliaré. A mi las ideologías y los ideales no me interesan. Los partidos de izquierdas son cosa de pobres. Ni voy a votar tan siquiera. Amigo se moderno y actual. Padre habla de otra cosa.

Al final, el hijo desclasado e idiota, como ejecutivo agresivo e inmoral, llega a maltratar y a despedir trabajadores. Y hasta a su propio padre, si es menester. Me dicen que, van llegando cada día más, mandos jóvenes raspas de poca estima. En las fabricas y empresas de hoy, se incrementa este tipo de bebes jefes sistema, sin principios ni respeto a la clase trabajadora; dando lastima por su ignorancia, verlos proceder.

Nosotros empezamos de manera muy diferente. En mi caso, como niño explotado del franquismo, siendo aprendiz en los talleres de la época. Nuestra escuela fue muy distinta. En las empresas sufrimos los avatares del momento. Descubrimos nuestros problemas y los de los demás. Conocimos a compañeros de nuestra misma condición y padecimiento. Enseguida surgía la idea de la unión. La necesidad de la organización, de la sindicación. Los problemas laborales de otras empresas, eran nuestros problemas. Los demás trabajadores, pasaron a ser compañeros de trabajo, de clase. Brotaba la solidaridad, la idea de la libertad, la izquierda. Las reivindicaciones comunes, fueron motivo de negociación, de pelea. Se sabía que la empresa la componían dos partes, la empresarial y la trabajadora. Que sus intereses eran antagónicos. Me hice oficial de primera, mecánico fresador.

Las magnificas y plausibles posibilidades de estudio y superación que se iniciaron, han sido un avance indescriptible para las familias trabajadoras del país. Por fin, existía igualdad de oportunidades. Sin embargo, sus efectos en la lucha continua por la distribución de las rentas, de la riqueza, en defensa del valor del trabajo, en la concordia de clase; han sido desencaminados y difícilmente salvables. Los jóvenes han podido llegar a ser mucho, pero si han olvidado a los demás y están solos, humana y socialmente son poco. Su formación es incompleta. El espíritu del antiguo compromiso obrero, hay que tenerlo en el tajo y en la cátedra. Desde el trabajo manual al intelectual, porque todo es trabajo y como tal, esta sujeto a mejoras, injusticias o abusos, como los que ahora nos avergüenza contemplar. Yo he conocido a altos ejecutivos alemanes afiliados al sindicato IG Metall. He oído a tres alemanas hablando de la clase obrera alemana. De haber sido españolas, hubiera sonado extraño oírlas conservar así.

Que por fin, surjan nudos unitarios de concordia, como método de rectificación. La cantante Estrella Morente dice: “Donde mejor se puede estar ahora es cerca del pueblo. Nosotros somos obreros del pueblo”. Seamos la memoria de los obreros junto a los obreros, sin vivir en la nube de la diferencia.

 

Fernando Bolea Rubio

 

Sindicalista

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