MÁS SOCIALISMO ESPAÑOL EN EUROPA

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Fernando Bolea Rubio

 

La socialdemocracia europea no es casi nada y se tiene que levantar. Partiendo de la evidencia, de que la derecha y el capital eran localistas y la izquierda internacionalista; cuando ahora es al revés, en nuestro perjuicio. El que poco más o menos, se haya perdido ese principio de unión sin fronteras de las clases populares, no tiene explicación. Lo cierto es, que la derecha se impone con suma facilidad en toda la Unión Europea, sin que haya excesivo interés, en que exista un bloque socialista opositor y ganador bien organizado y fuerte, en cada uno de los países y de modo general.

Si los luchadores de antaño vieran el estado en que se encuentra su ideología, cogerían los palos de las banderas rotas y los actuales dirigentes avergonzados no sabrían que decirles. ¿Cómo les iban a explicar, que las terceras vías medio derechistas que se han practicado han sido un fracaso? Suponiendo además para el socialismo, una salvaje fragmentación en reinos de taifas, con mando individual en plaza, del tipo “sálvese quien pueda” y el “último que cierre la puerta”. Más, una sombra de desconfianza general de difícil recuperación. Quedando una duda a dilucidar, ¿se quiere de verdad recomponer la idea del socialismo universal y metas similares, o para algunos partidos con la poca unión y entendimiento que hay es suficiente, para no adquirir mayores compromisos de solidaridad internacional?

Del socialismo europeo nació y se propagó el Estado del bienestar que, actualmente va revocando el neoliberalismo gobernante, ante la pasividad de la Internacional Socialista que parece no existir. Por tanto, así no se puede continuar. De una vez, hay que tomarse muy en serio erradicar esta infernal dinámica de acorralamiento, usurpación de derechos, malas condiciones de vida, en que los pueblos europeos se ven sometidos, sobre todo en el sur. Defendiendo a las clases bajas e intentando situar a las altas en la grandeza de la justicia social.

¿Pero por donde empezar? Veamos el contexto general. El siempre admirado socialismo francés, esta cruzando por verdes praderas al gobernar y oscuros túneles por su gestión. Como resultado, de recortes públicos exigidos por Alemania-Bruselas, dado el poco vigor de la economía gala; principalmente, por la causa ajena de la fracasada política económica que en la Unión la derecha impone. Y, debido también, a las dos almas ideológicas que históricamente conviven en su seno. Una de socialismo de gobierno y de gestión, junto a otra de protesta y descontento. Con razones una y otra, si bien sin suficientes consensos entre ellas; y a su vez, demasiado afán de hacer públicas sus diferencias, para desorientación de la población y perdida de estimación hacia sí.

Como dice el secretario del Partido Socialista francés, Jean-Christophe Cambadélis, “siempre ha habido dos culturas de izquierda en Francia: una que predica la reforma, la otra que quiere tener el monopolio de la protesta”. Para Jean-Marie Colombani, “los socialistas franceses están pagando caro el no haber querido hacer nunca el aggiornamento (puesta al día) ideológico que los demás han realizado”. “¡Hay que ser socialistas antes que marxistas!” se dijo aquí. Es extraño, el que no sepan bien, si son socialistas (democráticos, claro) o socialdemócratas, cuando estos dos conceptos a todos los efectos significan lo mismo. Así, las consecuencias son pésimas para el socialismo-socialdemocracia francesa.

En mi opinión, no toda la culpa de la caída del socialismo francés, la tienen las reformas que se hacen -calificadas de neoliberales por unos y negadas de que lo son por el Gobierno-, sino que hay que valorar otras variables.

Por obtener el 51,63% de los votos en la segunda vuelta, el socialista François Hollande es presidente de la Republica Francesa, desde el 15 de mayo de 2012. Sumando como tal 28 meses tan solo. Y, en ese corto tiempo, ha cambiado a su primer ministro y éste al ministro de economía. A más de que entre sus parlamentarios, se han organizado los que se autodenominan “les Frondelirs”, -los contestarios-, de la tendencia de protesta al uso. Los cuales, amenazan continuamente con abstenerse o votar en contra de las propuestas del primer ministro, Manuel Valls, llegando a cumplir sus ultimátums, en un clima de sensación de inseguridad política permanente. Lo que se traduce en pérdidas de valoración popular de los líderes, puesto que el 80% de los franceses desaprueba la gestión del presidente, mientras que otro 56% no respalda la del primer ministro; con un apoyo del 59% y el 63% respectivamente de los simpatizantes socialistas.

Para mí es magnífico, que la izquierda socialista francesa exista y que luche con empeño por sus ideales; aunque la sensatez y lo bien hecho no le quitaría valor a su política más social. Yo pienso, que nuestros vecinos socialistas deberían proceder con más criterio unitario, lavando asimismo lo sucio y separativo en casa. Hollande trata de influir en Merkel en contra del austericidio económico de ella, mas todo es infructuoso. ¿Hollande y Valls -que acaban de perder la mayoría en el Senado- harán caer aún más el socialismo francés? Me temo que sí, porque por una u otra razón, no hacen lo que prometieron y eso no se perdona. Por estos y más motivos, dejemos a los compañeros franceses allí, aclarándose entre ellos, ya que en relación a ser antorcha socialdemócrata para los demás territorios, de momento les falta luz e intención impulsora.

De los socialdemócratas alemanes, igualmente gobernando -pero en coalición con los democristianos de la canciller Angela Merkel-, en el criterio de aumentar la organización y el empuje socialista europeo e internacional, se debe esperar poco. El efecto de su política influye en Alemania, con la implantación del salario mínimo, la jubilación a los 63 años. Sin embargo, su aportación al resto del socialismo, seguirá siendo nula, si la política económica que desde ese país se dicta y los poderes neoliberales ejecutan, sigue siendo la del dogma de fe merkeliana de no gastar más de lo que se ingresa. Sin ningún criterio keynesiano, de estimular la economía cuando desfallece. Como Barack Obama ha hecho en EEUU. Y, en Europa, sin el influjo negativo del norte, se tendría que hacer.

De los socialdemócratas italianos decir, que de la unión de los tres principales partidos de la historia republicana: El Partido Comunista Italiano, la Democracia Cristiana y el Partido Socialista Italiano; nació el Partido Democratico, de centro izquierda, por su cultura socialdemócrata y social cristiana. Su líder, Matteo Renzi, es el actual primer ministro italiano y un político a tener en cuenta, a pesar de tener algún defecto antisindical a corregir. Él no quiere seguir la senda de la austeridad. Se niega en redondo a tomar como ejemplo a España: “Me dan ganas de reír”, afirmó. Quiere cambiar Italia en los próximos 1.000 días. Asegura, que su Gobierno “no puede imitar a otros países europeos reduciendo el sueldo a los trabajadores”. En materia de reforma laboral, su modelo es el alemán y no el español. Los sindicatos lo esperan, porque no quieren ceder en los derechos históricamente adquiridos. Con el Partido Democratico y Matteo Renzi, habrá que contar.

El socialismo portugués y el laborismo británico, encabezan las encuestas para ganar sus respectivas elecciones el próximo año. Lo cual, si se une a los Estados que ya se gobiernan; se puede decir, que la socialdemocracia y la izquierda europea van acumulado fuerza, para con unidad y nervio cambiar la actual “Europa de los mercaderes”, por una “Europa de los ciudadanos”, tal como en su día se pretendió.

La socialdemocracia española esta viviendo un nuevo tiempo, con el recientemente elegido secretario general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Pedro Sánchez, al que las clases media y trabajadora tienen que aupar hasta la presidencia del Gobierno en 2015; para bien, de la inmensa mayoría de los españoles. Si fuera así, la Internacional Socialista recibiría un fuerte impulso, al poderse unir en los debates de Bruselas, las socialdemocracias: francesa, alemana, italiana, española, y hasta quizás, la portuguesa, británica, más otras con incidencia también.

Cabe la sugerencia, de que Pedro Sánchez y el PSOE, empiecen ya a jugar un papel más determinante en la socialdemocracia europea; no siendo España vagón de cola, sino máquina motriz. Para el trío, Manuel Valls, Matteo Renzi, Pedro Sánchez, el mitin conjunto que recientemente dieron en Italia... ha de ser el principio de una buena amistad. A su manera, el colega alemán, Sigmar Gabriel, algo hará.

      1. Fernando Bolea Rubio

 

Sindicalista

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