PARA MI UN DESCUBRIMIENTO

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José Benito Butera Aured

Con motivo de documentarme en el trabajo que actualmente me tiene entretenido he de consultar libros que me sitúen en el contexto de lo que quiero expresar y es ahí donde se producen los descubrimientos. Del que hoy me atrevo a escribir, tengo la seguridad de que no lo sea como tal para el público en general, ya que el camino seguido para acercarme a él viene de otras consultas; pero estoy seguro que a excepción de unos pocos de los que en este momento conformamos el grueso de ugetistas, para ellos también será un descubrimiento el saber que entre los antiguos militantes de UGT se dieron gentes que pudieron alcanzar un espacio en las letras hispanas y que por culpa de unos malhadados hechos cayeron en el olvido y en la marginación dentro del ámbito de esa cultura que produce la literatura.

La Almolda – objeto de mi trabajo – dista de Monegrillo 21 Kms. y como tengo el afán de contar algo sobre lo que ocurrió en la villa de La Almolda durante los meses transcurridos entre el dieciocho de julio de 1936 y el 23 de marzo de 1938 en que el avance del 5º cuerpo del sublevado ejercito, entró en la citada villa y sus posteriores consecuencias para los pobladores de la misma; además como también fueron hitos de aquel frente Bujaraloz, Pina de Ebro, Monegrillo, Farlete y buena parte de la mitad del territorio zaragozano perteneciente a los Monegros; había que leer algo sobre la zona y aquí surge la sorpresa, José Luis Melero publicó un libro cuyo título Los libros de laguerra, incluye en su obra uno que una vez leída la reseña que hace el autor, me llenó de curiosidad por dos razones, la primera, que trataba del territorio de mi interés y la segunda al descubrir que el autor del título reseñado había pertenecido al la Federación de Empleados de Banca y Bolsa de UGT – precisamente de Zaragoza de donde era natural; Garrapinillos *1905 – Zaragoza †1973, después de retornado del exilio mejicano – el afiliado en cuestión José Ruiz Borau – pariente del director de cine – tiene publicados bastantes escritos según el introductor y editor del volumen que adquirí y que tiene el título de El cura de Almuniaced, escrito bajo el seudónimo de José Ramón Arana, junto con otras publicaciones que componen un libro de 281 páginas.

Las vicisitudes de este hombre a las que nos introduce Luis A. Esteve Juárez en el citado volumen no las voy a reproducir por que no se me acuse de plagio; pero si diré que tanto Enrique Bernad en su obra Republicanos y República Socialistas y republicanos de izquierda en Zaragoza y provincia, como Herminio Lafoz en el volumen nº 1 de la colección Casa del Pueblo, editado por esta fundación cuyo título Dirigentes y cuadros socialistas de la UGT en Aragón (1931 – 1939) citan al autor objeto de mi sorpresa.

El libro en cuestión estará a disposición de los usuarios de la biblioteca de la Fundación en breves fechas, ya que el no encontrarlo en la pública de Zaragoza, me empujó a su adquisición y una vez leído el libro su volumen ocupa un espacio que yo ya no lo tengo.

Espero que si la curiosidad que a mí me produjo el descubrimiento y la posterior satisfacción de su lectura y el acercamiento a uno que como yo militó en la misma organización y que parece que le movían también inquietudes literarias que plasmó en algunos escritos de variado cariz y de los cuales en el citado volumen se da cuenta de algunos de ellos en este caso, cuentos; pero también ensayo y artículos en revistas; el libro en cuestión termine manoseado al cabo del tiempo.

En cuanto a la temática del cuento sobre el cura de Almuniaced hay que decir y de ahí mi interés por él, que el tal pueblo no existe en la toponimia aragonesa ni española, pero el ya citado introductor nos explica que es la descripción paisajística de Monegrillo; pueblo en el que él habitó y en el que está enterrado junto a su madre que era natural de ese lugar, donde él permaneció una corta temporada nada más producirse la sublevación militar de julio de 1936 y desde donde refugio a su familia en Cataluña pasando él a formar parte del Consejo de Aragón y a otras tareas al servicio de la república.

El prestigioso hispanista Paúl Preston en su obra más reciente El holocausto español (2011) da las cifras de la represión durante la guerra y la posguerra aplicando a Zaragoza en concreto 6.000 efectuadas por los franquistas y 742 atribuidas a los republicanos.

Ese cura que despertó mi curiosidad no me molestaré en averiguar la realidad si la hubo, ya que considerándola dentro de la ficción sería inútil el perder el tiempo. Si es cierto que hubo curas que no fueron asesinados como el ejemplo paradigmático de Jesús Arnal que él mimo nos cuenta por que fue secretario de Durruti.

José Ruiz plantea en su cuento que en ese pueblo los del Comité no dejaron que fuera fusilado el cura por las columnas anarquistas que ocuparon el territorio y que cuando en marzo de 1938 fue ocupado por los rebeldes fueron estos – un moro – el que acabó con la vida del cura.

En La Almolda en 1935 había censados dos curas Vicente Aguilar Romero de 32 años y Eusebio Antolin Moliner de 64 años; de ambos solo he localizado al último reseñado que según Antonio Montero Moreno en su obra Historia de la persecución religiosa en España solo el segundo de los curas fue fusilado adjudicando a Bujaraloz el lugar del hecho, del otro cura, todavía no tengo datos.

Reconstruyendo los hechos que en La Almolda se produjeron por medio de los expedientes de responsabilidades políticas que hasta el momento llevo leídos, a ese pueblo de Bujaraloz llevaron desde La Almolda a una serie de vecinos y allí fueron fusilados entre ellos puede suponerse iba el cura citado, ya que los que fueron fusilados en el pueblo son otros que tienen reflejados sus nombres en los expedientes citados.

Aun teniendo la misma matriz que los escritos bajo el título de Trabajan para la eternidad y les pasaron cuentas, en esta ocasión el asunto cambia de actores y aun saliendo citado el pueblo de mi interés no me refiero a él por lo que forma un cuerpo aparte de la serie.

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