PASADO Y PRESENTE DE UGT

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Fernando Bolea Rubio

En principio es destacable que, entre el pasado y el presente, el conflicto capital trabajo es bastante semejante. Antes las reivindicaciones eran por erradicar el trabajo infantil, el derecho y la regulación del trabajo, la jornada. Ahora se lucha porque no se pierdan derechos, se respete e incremente el valor del trabajo, para que los trabajadores no sigan siendo los que paguen las consecuencias de los errores y los abusos del capital.

 Antes, en los años treinta, durante la republica, la implantación de las ocho horas de trabajo los caciques lo llevaron muy mal, dado que no toleraban que al cumplirse la jornada los criados se fueran a su casa y los amos se quedaran trabajando en el campo. Ahora, setenta años después, a las patronales no les gusta tener que pagar por despedir a los trabajadores, ni por supuesto las 35 horas semanales o que no haya una liberalización total con medidas a su antojo y semejanza en la legislación laboral; fin este, muy jaleado también por otras personas de diferente estirpe y condición obedeciendo siempre la línea de pensamiento de la derecha, como el Gobernador del banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, voraz impulsor de reducir el coste del despido, viendo todos ellos en la actual crisis financiera una oportunidad para conseguir en beneficio del capital esa nefasta pretensión antisocial.

 No obstante, entre lo anterior y lo actual si podemos diferenciar que antes se hacia un sindicalismo atacante, al no haber nada y estar todo por hacer; pero ahora, se realiza un sindicalismo más defensivo, debido a que actualmente se tiene bastante mas, aunque no lo suficiente porque quedan mileuristas, los salarios y las pensiones son mejorables, el bienestar laboral ha de ser un objetivo sindical continuo, por lo que en mi opinión, la acción sindical de carácter ofensivo no se debería dejar de hacer nunca, al menos cuando el contexto económico y empresarial lo permita. Surge pues, un primer motivo de reflexión porque el sindicalismo moderno tiene quizá un defecto a corregir al poder tener un perfil menos combativo que el antiguo, e incluso del que se efectuaba tal solo hace unos años. Eso sí, a los trabajadores nunca les han regalado nada. Alejandro Soteras, un republicano antifascista de Gurrea de Gallego, en su libro de memorias dice: “El obrero nunca ha tenido nada por las buenas, lo que ha logrado le ha costado mucho dolor y mucha sangre”. Y mucho esfuerzo diría yo, tanto antes como ahora.

Orientación política.

En relación con la orientación, UGT sigue siendo un sindicato político y de clase. Si bien, con una diferencia sustancial en lo político, ya que en sus inicios el movimiento obrero luchaba por conseguir una sociedad sin clases, por tres caminos diferentes: el comunista ya en los años veinte por medio de una revolución y una dictadura del proletariado posterior, el anarquista con su revolución y la utopía de la inexistencia de Gobiernos, y el socialista pacíficamente sin dictaduras con Gobiernos y en plena libertad. En 1902, el histórico dirigente socialista aragonés, Isidoro Achón, escribió: “Dos tendencias luchan entre sí con entusiasmo y encono dentro del proletariado: los revolucionarios, amigos en todo momento y ocasión de motines y atropellos como medio de emanciparse de la tutela burguesa; y los evolucionistas, partidarios de los medios legales, de mejoramiento y educación inmediatos y progresivos, como garantía única para abolir en su día, lejano aún, el régimen del salario, con fundamento, conciencia y pleno conocimiento de sus propósitos y acciones”.Y, añadía, “La característica de los evolucionistas es usar la legalidad, incluso el derecho de sufragio”. Así, dejaba claro que consideraba el derecho de voto de la población, como un método democrático para alcanzar la sociedad socialista sin clases anhelada. Pero, es significativa la palabra “incluso” que añade a su solicitud de sufragio, debiéndose considerar la misma, en mi opinión, como un paso político personal valiente e importante, porque sin duda por pedir que el cambio de sociedad se conquistara en las urnas y no por procedimientos de lucha radical como era la idea imperante en la izquierda, los llamados revolucionarios lo tacharían de revisionista. Lo cual en ese contexto ideológico y aun en la actualidad seria como un insulto.    

Y que nadie se extrañe, hace 35 años aun explicábamos así las ideologías para diferenciar a UGT de CCOO y la CNT, cuando hablábamos con los trabajadores para que se afiliaran al sindicato. Yo al menos si lo hacia, lo que demuestra la fuerte convicción de los sindicalistas que luchamos por la democracia por el cambio de sociedad. Sin embargo, en la actualidad aunque nuestra organización sigue siendo política y por supuesto siempre lo debe ser y sin duda lo será, en la practica la sociedad sin clases ya no es su principal objetivo, limitando su acción en lograr una sociedad capitalista socialmente mas justa y nada mas, aunque se conserven individualmente las ideas marxistas, como es mi caso, en muchos compañeros, dado que no puede ser mas justo el principio de que “los bienes de la tierra deben ser de toda la humanidad” y no de unos pocos privilegiados que para mayor afrenta nuestra se consideran superiores y con mas derechos que los demás. Siempre he pensado que la política se hace con objetivos claros, tranquilidad y pasos firmes.

 ¿Hace bien el sindicato al haber abandonado la lucha por el cambio de sociedad? Este puede ser otro debate interesante de dilucidar. Yo pienso que al menos debería ser  materia de discusión entre los sindicalistas jóvenes en su fase formativa. En la injusta sociedad que nos toca vivir y padecer, los cuadros ugetistas han de ser como mínimos marxistas de corazón. Por su componente político, los viejos fundadores que no se si reconocerían a la UGT de ahora, dirían: ¿Pero estos jóvenes que han hecho con el sindicato? Son tan inocentes que han cambiado la orientación final porque no saben lo malos que son los caciques, “ve con cuidado con lo que haces, que tu no sabes lo mala que es la derecha de este país” me dijeron cuando empecé a hacer sindicalismo en los años setenta en plena dictadura franquista; pero nuestros maestros también se sorprenderían con la sociedad más equitativa del momento en cuanto a derechos obreros como ellos dirían, y con total seguridad estaría encantados con la evolución y las conquistas sindicales conseguidas, siempre, claro esta, que no se olviden los principios de solidaridad y fraternidad, ni el espíritu de lucha que ha caracterizado históricamente al movimiento sindical y que por muchos cambios que se den sigue y seguirá siendo primordial.

Sentido de clase

Eso sí, que nadie se alarme por nada, porque seguimos siendo un “sindicato de clase”, de la “clase trabajadora”. Pero, ¿Cuántos sindicalistas tienen hoy sentido de clase? Yo no lo sabría decir. El sentido de clase se tiene o no se tiene y por mucho que se busque no se encuentra, hasta que llega un momento que se cae en él y ya no se pierde nunca. En los primeros años, uno de mis maestros, Armando Peruga, me decía: “Fernando, tienes en demasiada consideración a los trabajadores”. Y era verdad, la he tenido al máximo nivel durante toda mi vida y la sigo teniendo en la misma intensidad, como consecuencia inconsciente de mi sentido de clase. También este concepto debería formar parte del orden del día formativo de los sindicalistas en formación y en activo. A los trabajadores hay que tenerles afecto. Cuando un sindicalista se dirige en una asamblea a compañeros que incluso no conoce con problemas y a los dos minutos no los observa con sumo cariño y simpatía, tiene que dejar de inmediato los cargos que ocupa e ir en peregrinación con un saco de arena a su espalda, por las rutas del sentido sindical puro para que el de clase se acerque a él y lo purifique. ¡Sí! UGT continua siendo un sindicato político y de clase, pero quizá ahora mas técnico que ideológico porque los cuadros jóvenes saben mucho de leyes y poco de ideología, o más bien nada diría yo, ante lo cual la organización debe reaccionar y cubrir esa carencia con charlas y formación especifica. Lo que no se recuerda se olvida y si no se cultivan las ideas, con el tiempo habría que cambiar la camiseta roja del color de la sangre obrera caída en la lucha que llevamos,  por una de amarillo chillón. Existiendo un peligro más, para muchos compañeros y compañeras UGT es mas un sindicato de servicios que de clase y hay que advertirles de inmediato para que corrijan ese grave error, dado que un sindicato no es solo un despacho de abogados si no una herramienta para nuestra superación.

Salvo raras excepciones, como ocurre en algunos grandes almacenes, ni antes ni ahora el sindicalismo amarillo (no de clase) ha tomado cuerpo en España y para bien de los trabajadores jamás lo debe tomar. Eso no es sindicalismo, sino intentos patronales de dividir el movimiento obrero organizado para quitarle fuerza orgánica y vigor reivindicativo. Sin embargo, han cogido cierto arraigo opciones amarillas corporativas en el colectivo de funcionarios, los pilotos de aviones o los maquinistas del tren. Estas organizaciones descafeinadas no son solidarias con el conjunto de los trabadores del país e incluso de su misma empresa. Su papel se limita a defender lo suyo; aunque en los casos reseñados no se les puede acusar de ser fomentados por las patronales correspondientes, pero si de que se aprovechan de la existencia de los sindicatos mayoritarios y de la complejidad del sindicalismo en sí, utilizando el descontento que al final de todas las negociaciones se produce, para abrir pequeñas brechas interesadas de división. El sindicalismo amarillo corporativo es claramente de derechas, lo mismo que las personas que lo dirigen y por supuesto, nadie de izquierdas lo acepta ni puede formar parte de el. El sindicalismo amarillo es enemigo del movimiento obrero y por el bien de los trabajadores se tiene que combatir. Las nuevas generaciones de sindicalistas deben estar preparadas para enfrentarse al mismo.
 
UGT es un sindicato para todos, pero de tendencia socialista o mejor dicho socialdemócrata. En España, declararse socialdemócrata antes de los años ochenta tanto en el partido como en el sindicato era una autentica temeridad, porque suponía recibir descalificaciones e iras sin fin de los socialistas amigos de pata negra entre los que me encuadraba. Ahora se puede decir, pero no todos los compañeros saben lo que son. Por ello cabe afirmar, que dejamos de ser socialistas evolucionistas y nos convertimos en socialdemócratas de pura cepa, en el mismo momento que decidimos transformar la sociedad capitalista en vez de abolirla. Yo ahora no tengo inconveniente en declararme socialdemócrata, aun siendo marxista no revolucionario, o evolucionista, mientras se preserve y vaya avanzando social y laboralmente el estado de bienestar. Sería incoherente si no lo hiciera, dado que es la actividad que realizas y los objetivos que persigues los que delatan tu condición. Pero que nadie se desanime o considere la actual como una política menor, porque tanto una vía como la otra sirven para progresar, debiéndose utilizar las mismas en función de la necesidad o el contexto de cada momento. No obstante, porque se utilice una no se debe renegar de la otra debido a que si las circunstancias cambiaran radicalmente, habría que volver al socialismo primario como arma de defensa y emancipación. En UGT estamos preparados para todo, hemos sido mas años socialistas que socialdemócratas y si hay que volver a serlo se será. En mi opinión, el ser hoy marxista es como alguien que no usa colonia pero que guarda el frasco de las esencias y conserva el olor.

Cultura de la negociación
 
Entre las diferencias del sindicalismo del presente en relación con el del pasado, se ha de destacar que se ha implantado la Cultura de la Negociación, sin olvidar la presión, tanto en UGT como en CCOO; lo cual, es un triunfo de UGT, porque se ha impuesto su estrategia de NEGOCIACIÓN-PRESIÓN, y no la de PRESIÓN-NEGOCIACIÓN que practicaba la CNT en su momento y más recientemente el otro sindicato mayoritario.

 La divergencia entre ambas posiciones era notable. Siempre se ha dicho que UGT es un sindicato negociador. Esta característica la conocen los trabajadores -aunque convine recordarla- y es un sello de identidad de nuestra organización. Siendo así, porque de acuerdo con su estrategia centenaria de negociación-presión y en aras de un resultado más eficaz, cuando los sindicalistas ugetistas se sientan en una mesa de negociación con las patronales enfrente, solo piensan en eso, en negociar, en llegar a acuerdos, dando para ello mucha importancia a la negociación; eso sí, teniendo a la vez el firme convencimiento, de que si la negociación fracasa, serán los primeros en acudir a la presión y a la huelga y con mas organización y fuerza que nadie.

Sin embargo, tengo duda de que todos los jóvenes colegas del sindicato conozcan este principio tan determinante, basado en la experiencia acumulada de muchas negociaciones, huelgas, conflictos y luchas que durante sus casi ciento veinticinco años de existencia UGT ha tenido que abordar. Nuestros antepasados descubrieron en la negociación como primera opción, la mejor estrategia de actuación sindical y nos la han dejado de herencia. Pero, se ha de pensar que no basta con tener únicamente capacidad negociadora, se ha de tener tanta o más de movilización, para utilizarla en caso de necesidad y para que la otra parte de la tabla lo sepa y lo considere; así como, la firme voluntad de hacer las presiones efectivas sin vacilación, si una posición intransigente empresarial o la justicia social lo requieren. Un sindicalista ha de ser negociador y movilizador, siendo uno u otro en función de las circunstancias y los objetivos a conseguir. Ambas facultades se complementan y fortalecen al sindicalista. Si carece de una de las dos, seria como tocar el tambor con un palillo solo.

 Por otra parte, el sistema superado de presión- negociación consistía en sentarse a negociar y a las cuatro o cinco reuniones, en todo caso antes de que el proceso de negociación se hubiera podido desarrollar en toda su plenitud, se convocaban las movilizaciones de rigor para aparecer ante los trabajadores como muy reivindicativos, luchadores y valientes; durándoles muy poco tiempo este estado de gloria, debido a que en pocos días quemaban sus fuerzas y volvían a la mesa vencidos, porque ya sin ese apoyo detrás, eran simples marionetas sin poder de persuasión y en consecuencia de negociación. Los sindicalistas que solo saben tirar de las plantillas para que les hagan el trabajo, no son el mejor ejemplo para el movimiento sindical. Hay que reconocer que con la cultura de la negociación asumida de manera general: el sindicalismo ha mejorado, ha sido altamente positivo para los trabajadores, evitando asimismo divisiones entre los sindicatos lo cual es primordial. No obstante, en España todavía falta mucha cultura sindical, como consecuencia de los cuarenta años de dictadura que se llevan de retraso, en relación al resto de los principales países de Europa.

Otra característica del sindicalismo del presente es, su capacidad para negociar y pactar. ¿Qué seria de este país, si los sindicatos y la patronal no fueran capaces de hacer acuerdos, como ocurre durante la actual crisis financiera por su gran irresponsabilidad entre los partidos políticos? Además de que los trabajadores se quedarían sin convenios, se ha de destacar el papel sindical constructivo en las crisis de 1977, de 1993, en la actual, tanto en las empresas como a nivel general. ¿Cuántos puestos de trabajo y empresas se han salvado gracias a la responsabilidad del sindicalismo español durante estas crisis? Quizá esta responsabilidad, fe constructiva y capacidad demostrada se puede valorar mejor si, comparamos las formas de proceder del sindicalismo español y el griego durante estos días, ante los recortes saláriales y sociales gubernamentales al objeto de reducir el déficit de deuda exterior generada en los dos países por la crisis especulativa y financiera mencionada. En España, se negocia y se va paralizando pacíficamente entre otras medidas socialmente negativas, la reforma laboral precaria y salvaje que desde las patronales y los sectores económicos desearían implantar. En Grecia, se pelea de forma menos racional por medio de varias huelgas generales y sin resultados aparentes, agravándose por tanto la situación financiera del país y de los trabajadores griegos.


Defensa sindical ante las agresiones del capital

Pero, ¿Cómo nos defendemos ahora en España de las agresiones del capital? Principalmente tenemos una buena herramienta a través del dialogo con el Gobierno, que frena en parte los objetivos antisociales patronales. ¿Sin embargo, por que nos respeta y nos hace caso el Gobierno? Por la fuerza que genera la unidad de acción real que se da entre UGT y CCOO formando un bloque compacto indivisible; y porque fuimos capaces de hacer la espectacular huelga general del 14-D en 1988, dado que ese día establecimos la “correlación de fuerzas” existente entre los sindicatos y el Gobierno de turno. A partir de entonces, todos los gobiernos posteriores, incluido el socialdemócrata actual, saben muy bien, que sin acuerdos con los sindicatos estos volverían a parar el país, como ya demostraron que saben y pueden hacer en ese día histórico para el sindicalismo español. Lo cual viene a demostrar que, negociación sí, siempre; pero para que sea eficaz, con las pancartas preparadas al lado de la mesa de negociación.

¿Cómo nos imponemos en las empresas a las agresiones del capital? El primer frente ha de ser el dialogo. Pero un dialogo con la plantilla detrás: estando bien informada, participando activamente en las asambleas, con los trabajadores dispuestos a movilizarse si fuera necesario. Las dos palabras sindicales más significativas son: negociación y movilización. Son dos palabras hermanas y a la vez la madre y el padre del sindicalismo de todos los tiempos. No obstante se ha de añadir que, el saber y el poder aplicarlas en el momento preciso, distingue a los buenos de los malos sindicalistas.

¿Cómo nos enfrentamos a los retos en las grandes empresas? Con una sección sindical fuerte en cada centro de trabajo en numero de afiliados y de delegados en el comité de empresa, para tener fuerza representativa. Poniendo el sindicato al servicio de los trabajadores y ¡no! a los trabajadores al servicio del sindicato; entendiendo como tal, que no se debe hacer sindicalismo pensando fundamentalmente en si se mejoraran o empeoraran los resultados en las siguientes elecciones sindicales, sino ante todo defendiendo los intereses de los trabajadores, aunque esa entrega desinteresada de momento no sea bien entendida y pueda repercutir negativamente en términos partidistas (bajo mi responsabilidad, UGT en Opel España siempre lo ha hecho así y siempre ha ganado las elecciones), eso si -yo siempre he dicho que nunca haría nada en sindicalismo que no fuera capaz de explícalo en una hoja informativa a la plantilla y que esta lo entendiera- y he sido fiel a esa idea. Teniendo como primer objetivo la defensa del empleo y la estabilidad laboral; porque el empleo siempre ha de ser la primera reivindicación, dado que de el depende todo lo demás ( un amigo mío dice: “el trabajador que no sabe defender su puesto de trabajo no merece tenerlo”). Actuando siempre y en cualquier circunstancia con coherencia sindical; para merecer respeto empresarial, alcanzar los fines propuestos, al objeto de que la plantilla tenga confianza en lo que el sindicato es y vaya a plantear, lo que genera seguridad personal y colectiva (en Opel, hasta personas de los sindicatos minoritarios e inconformistas me dijeron antes de irme: “UGT siempre ha sido coherente, tiene unas ideas y las va desarrollando, UGT ha dicho siempre lo mismo, siempre se sabia lo que iba a hacer, nunca ha engañado a nadie”). Cambiando en las relaciones laborales el Modelo de Confrontación por el de Participación ( por esta vía se han conseguido los mayores avances en la fabrica mencionada, yo soy un firme defensor de ese sistema, a tal efecto escribí el libro: “La Empresa del año 2000”). Haciendo un sindicalismo negociador y de cierto consenso, pero firme con la empresa y con el “pito” en el bolsillo de los sindicalistas, por si hay que parar las maquinas ante una injusticia social. En Opel España he tenido muy buenas relaciones personales con los jefes de personal, pero eso sí, con lo que yo llamo “una riña cariñosa diaria”, porque siempre he pensado que un sindicalista con carácter y negociador evita infinidad de movilizaciones y conflictos de toda la plantilla.

Yo diría que hay que cavar primero las trincheras de resistencia, tal como UGT ha hecho a lo largo de su historia, porque si los nuevos experimentos fracasan, siempre nos quedara un cobijo al que volver. Por eso, el sindicato no puede olvidar: Uno, sus raíces; UGT nació para defender y emancipar a la clase obrera, a los trabajadores, después se fundo el PSOE para que el resultado fuera más eficaz, el fundador de ambas organizaciones, Pablo Iglesias, decía: “Si unimos la lucha en las fabricas a la del parlamento, el edificio del capitalismo se caerá por su peso”. Dos, las costumbres del movimiento obrero: las movilizaciones si son necesarias, asistir a las manifestaciones del 1º de Mayo es una obligación, un deber obrero; si obrero, como antes se decía y ahora deberíamos decir mas, sí una significativa palabra, que honra a quien la dice por su componente de clase, que los jóvenes la usen al menos una vez en la vida antes de alcanzar el grado de sindicalistas, porque no hace daño usarla ni salen canas por eso. Tres, su labor política, humanista y social. Cuatro, su conciencia de clase. Cinco, su autonomía; socialistas sí, pero con los hermanos políticos del PSOE, cada uno en su local.

Consideraciones finales

Al sindicalismo hay que darle mas que pedirle, para que prospere con vigor y sano de ideas. Hemos de entender, que la fuerza del sindicato es nuestra fuerza. En sindicalismo no cabe criticar sin aportar. UGT como tal no es culpable de sus defectos, dado que bien o mal el sindicato lo hacemos nosotros, sus miembros, con cada actividad. Nadie puede escalar solo y de una vez una gran montaña; si se puede hacer por tramos organizados y en buena compañía.

Tanto estratégicamente, como ideológica e internacionalmente, hace muchos años que UGT ha hecho el sindicato que necesitan los trabajadores españoles. UGT esta siempre en su sitio, siendo los demás sindicatos los que vienen hacia sus principios estratégicos... y, en general, se sitúan a su derecha. Nadie puede quitar a UGT su larga historia de trabajo sindical y social. No hay que perder el orgullo de pertenecer a UGT.

Y para terminar cuatro frases significativas: “Siempre que se negocia se avanza”, yo creo mucho en la negociación. “Prefiero darles las tres pesetas a cada obrero para que se las gasten en vino, que aportarlas a la Caja de Previsión Social”, esta era la opinión retrograda y caciquil del zoquetudo empresariado español, con el que tuvieron que luchar nuestros mayores. Las palabras obtusas de Henry Ford al principio de la era industrial: “El principal problema es que cuando necesito dos brazos me vienen con un cerebro”, en realidad a los empresarios nunca les ha gustado que los trabajadores pensemos. Lo que dijo el chofer de Pancho Villa, en marzo de 2010, poco antes de morir a los 109 años de edad: “Si hay necesidad de una nueva revolución, ahí estaremos, si Dios nos concede vida le entramos”. Así son también los sindicalistas, gente dispuesta a luchar siempre, porque los sindicalistas no se jubilan nunca, se es sindicalista toda la vida y después... por las raíces que se siembran y que otros cultivaran. 

4 de mayo de 2010

  

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