PERSPECTIVAS DEL DIÁLOGO SOCIAL

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José Benito Butera Aured

El pasado día quince de este mes, contra mi costumbre, leí el editorial que El País dedicaba, bajo el título de “Un mal comienzo” al asunto que los días anteriores había reunido a la representación sindical con el nuevo ministro de trabajo, para reanudar el diálogo social.
El pasado día quince de este mes, contra mi costumbre, leí el editorial que El País dedicaba, bajo el título de “Un mal comienzo” al asunto que los días anteriores había reunido a la representación sindical con el nuevo ministro de trabajo, para reanudar el diálogo social.

Ese mal comienzo se refería a la exigencia que desde la representación de los débiles en este asunto, se hacía de la numantina actitud de éstos, no renunciando a la pérdida de derechos, como premisa para esa reanudación dialogal.

Ese día había algún personaje del mundo político – Nicolás Sartorius – que en el mismo medio, ponía de manifiesto la inutilidad de esa reforma, y el bombardeo a que está sometida la sociedad española – sobre todo la clase trabajadora – por una serie de simplificaciones que se están difundiendo en torno a este asunto.

Los editorialistas, se dedican con fruición a descargar sobre los sindicatos la culpa del desarrollo del decreto de reforma, si este fracasara. Entre sus argumentos están: la insostenible pretensión política de abrogación de la ley votada en el Congreso y a la cual no le sirvió el clamor de la calle el día veintinueve de septiembre, tildándola de fracaso no aceptado por los convocantes.

La plasmación en esa ley que dicen de mínimos, que va en el camino de suprimir la dualidad del “mercado de trabajo” – contratos con unos derechos y despidos suprimiendo esos derechos – a lo que los editorialistas se atreven a decir que este asunto estimulara al empresariado a contratar, menos mal que ellos mismos reconocen que la reforma no creará ni un solo empleo, contradiciéndose en la defensa que de ella hacen.

La intermediación en el mercado de trabajo, que según ellos, activará la contratación; precisión del arbitraje en las causas de despido, pretendiendo interponer a alguien entre las dos partes interesadas, ya que si existe la posibilidad de un tercero ajeno, seguro que será manipulada su designación por la parte más interesada; aproximación de los costes del despido en los tipos de contrato – a la baja ¿o no?– ; y sobre todo; el descuelgue de la negociación colectiva, por parte de las empresas; para que los trabajadores puedan cambiar salario por empleo si lo desean, argumentan ladinamente estas lumbreras de El País.

Se atreven a inducir a la meditación y a la rapidez – términos antitéticos – augurando que no infunde optimismo la sensación que los agentes sociales evitan entrar en esa negociación con realismo. Hubo un tiempo –dos años, –en que se negoció con realismo y meditación, por lo menos por la parte sindical y el resultado fue este decreto amparado en la intransigencia e interés de los patronos.

Luego aseveran una perogrullada; la economía española está estancada y sufre, un exceso de endeudamiento, que los inversores financian con costes elevados. ¿Dónde están las ganancias reinvertidas? ¿Dónde la capitalización por medios propios? ¿Dónde la productividad de las empresas? ¿Dónde el desarrollo tecnológico? O como colofón ¿Quiénes son esos inversores? Así un sin fin de dóndes y de quienes, que cualquiera que se moleste en ver, los verá y que por muchas reformas que se negocien o se impongan, seguirán estando ahí.

Luego sus conclusiones además de un ataque infundado a los agentes sociales, que luego trataré; se dedican a dar las soluciones que dicen son conocidas, y cito textualmente: más ahorro – 0,01% en cuentas de ahorro para los ahorradores comunes – un plan de ajuste del gasto público, una mejora de la productividad – obvian la producción que es de lo que se tiene que hablar – aducen que para este enunciado la clave es una reforma laboral seria, y una reforma de las pensiones que alivie la presión sobre las finanzas públicas. Luego avisan. El nuevo episodio de crisis de la deuda acrecienta la probabilidad de que sean necesarios nuevos ajustes de gasto, incluyendo la sanidad en 2011.

En cuanto al ataque a los “agentes sociales” después de cargar las tintas sobre los sindicatos exclusivamente y para no quedar en evidencia al final también incluye a CEOE; dice que si todos ellos no son capaces de aceptar la urgencia de este diálogo, tal vez deberían ser remitidos al Ministerio de Hacienda para que se negocie a la baja las cuantiosas subvenciones que reciben por su papel negociador.

Una propuesta del principio de la legislación democrática presentada por UGT; precisamente sobre el asunto de la representatividad y el coste de la negociación colectiva, que en el mundo se llama “Canon Sindical” y que distribuye el coste de esa negociación entre los trabajadores, al cobrar un porcentaje de lo negociado a los trabajadores afectados que no estén afiliados a los sindicatos que negocian, ya que los afiliados pagan su cuota con anterioridad a cualquier negociación; esa propuesta fue impugnada y también tildada de inconstitucional por el Alto Tribunal.

De aquellos polvos vienen estos lodos de las subvenciones sindicales que un día sí y otro también pretenden enfangar una labor impuesta por la Ley máxima y asumida por los sindicatos, con ese coste de maledicencia que en estos momentos se está vertiendo sobre las organizaciones y sobre todo, sobre sus componentes, que altruistamente pierden de su tiempo para intentar oponerse a las tropelías de esos que continuamente piden más.

Parece claro que a los editorialistas les sobra tremendismo y les falta ecuanimidad. Como digo no suelo leer los editoriales ya que eso comporta dejación de mi juicio a las noticias; pero así como del que vengo refiriéndome fui avisado por otro que se había molestado con lo que él entendía como ataque al sindicalismo y que resulta cierto, nunca en este tiempo de crisis he sido avisado de un editorial que hubiera puesto el punto sobre las “ies” (y crisis tiene dos) de este momento. Jamás he leído reproches al rescate bancario; a la especulación del suelo; a la avaricia de los gestores del capital; en fin a ninguno de los desmanes que han arrastrado a esta situación; que parece, en el ánimo de esos editorialistas, continuar como siempre. Haciendo leña del árbol caído.

¿Alguna vez se editorializa sobre los salarios españoles y extranjeros? ¿Sobre ese estado de bienestar del que disfrutan desde hace décadas el resto de europeos? ¿Sobre el atraso de los empresarios en cuanto a tácticas empresariales, investigación, capitalización, etc.?

La esperanza que debemos de poner en los sindicatos, pasa necesariamente por la medición de los tiempos desde luego, y la intransigencia en desarrollar una legislación que realizada a medida de la parte contraria, su desarrollo si no es claro y conciso no debe de ser aceptado; aunque esto comporte como auguran en el editorial, la equiparación con Grecia o Irlanda. Es mejor equipararnos a nuestros hermanos que doblegarnos a las reformas cameronianas que se nos pueden imponer; como está en la mente de los relevistas, que en este momento dicen que están a favor de los débiles; pero tienen el espejo de David Cameron, puesto en la habitación y en él se miran diariamente.

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