PRESIDENCIALISMO E IDEOLOGÍA SUPERFICIAL

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Fernando Bolea Rubio

Al formar equipos de dirección, los líderes de verdad se rodean de las personas más competentes y los que no lo son, procuran que nadie les haga sombra para lucir ellos por encima de los demás, como la lucecita del Pardo de triste recuerdo. Esa carencia suprime tajantemente la iniciativa, las opiniones diferentes, así como el poder de decisión individual y colectiva del grupo si se quiere mantener el puesto; dando pie a presidencialismos, o lo que es igual, a la anulación real de la capacidad del órgano dirigente.

 Produciéndose una contradicción lastimosa. Mientras que en las empresas, se imponen nuevos conceptos de gestión con direcciones que vuelven la pirámide de mando al revés, dando la máxima influencia a la participación de las personas y al trabajo en equipo, naciendo las ideas de abajo arriba, porque se sabe que si el cerebro del director pesa un kilo el de toda la plantilla tantos kilos como trabajadores la componen. En política ocurre lo contrario, no se quieren oír las aportaciones de los afiliados, cuadros, colaboradores y de manera general, repercutiendo negativamente en la gestión y por ende en la población y en las expectativas electorales.

Esta obediencia ciega de ¡Si señor Presidente! ¡Muy bien Presidente! ¡Ya era hora que alguien dijera eso, Presidente! El Presidente es mi amo y señor y yo cumplo su voluntad, es uno de los motivos que ha podido llevar a Zapatero al derrumbe político en que se encuentra. Y hasta diría más, en caso de no volver a presentarse como las circunstancias le obligan, ninguno de los que han sido sus ministros debería ser candidato a sucederle, dado que si como se intuye ninguno de ellos ha tenido la talla política y las agallas necesarias para decirle: no se puede hacer una reforma laboral cuyo único objeto es facilitar y abaratar el despido para que se despida a más gente. Ni tampoco, que no procede reformar el sistema de pensiones en los términos que se hace, con los sindicatos en contra y nuestros votantes en continuas manifestaciones de protesta abarrotando las calles.

¿Nadie en el Gobierno ni el partido se ha atrevido a decirle eso? ¿En que han convertido al PSOE y a la socialdemocracia española? Todo esto es infinitamente serio y habrá que empezar a pedir explicaciones. Todo hace pensar que el partido socialista va a perder las próximas legislativas, dejando el país en manos de una derecha incompetente, irresponsable y gran medida corrupta, de la que los ciudadanos desconfían tanto como de la actual política económica del Gobierno, porque saben que será un azote aún mayor para las clases medias bajas y los trabajadores en particular. Así diré que, aunque yo no me rindo, ni me rendiré nunca a mis oponentes de clase, sí reconozco que a este enjambre del que hay que intentar salir airosos, nos ha llevado la pasividad del partido junto con las  decisiones erróneas gubernamentales, como consecuencia sustancial de la acción personalista presidencial. ¿Habrá capacidad interna para corregir la desviación social e ideológica que reclaman los votantes socialistas? Si no la hay, la derecha gobernará durante muchos años, debido a que si se trata únicamente de realizar la política que los mercados financieros exigen, ¿para que votar socialista? ¿quién lo hará?

Si sorprende como José Luis Zapatero ha podido acumular tanto poder orgánico, si recordamos que fue elegido secretario general del partido, al beneficiarse del movimiento opositor entre las fuerzas internas en el XXXV Congreso Federal que en el año 2000 lo designo. En él, de una parte comparecieron los oficialistas con su vencido candidato José Bono. Y de otra, los vencedores por nueve votos, que resultaron ser un entramado de catalanes, descontentos, trásfugas y principalmente guerristas madrileños, que les dio por apoyar a un candidato sorpresa de León que había declarado ser liberal   -impulsó la corriente Nueva Vía más centrista y a la vez más liberal, alejándose del socialismo clásico-, lo cual fue suficiente para que yo no apostara por él (mi candidata era Matilde Fernández), porque con esa afirmación, dejó de ser para mi un socialdemócrata de verdad y el candidato que la izquierda necesitaba. A partir de ahí, este hombre hasta hizo publicas sus simpatías futbolísticas por el Barcelona, aun sin “hablar catalán en la intimidad” como en mofa se recuerda lo dicho en sentido afirmativo, por el anterior líder de la derecha, José Maria Aznar. Aprobaré el Estatut que propongáis le dijo Zapatero a Pasqual Maragall, pecando de ingenuo e infantil porque por la inviabilidad de la proposición que le hizo, ese ofrecimiento no lo pudo cumplir.   

Sin embargo, sus mentores catalanes se han debido considerar tan artífices del triunfo que obtuvo y por ello con tanto poder sobre él, que hasta incumplieron su política estratégica y el compromiso gubernamental con el líder de CiU, Artur Mas, de que en las elecciones de 2006 formará el Govern a la Generalitat. Hecho el acuerdo en la Moncloa, el Presidente tomó un avión y cuando llegó a su destino, el líder del PSC, José Montilla, ya había formado un tripartito que lo postuló a él mismo como president; quedando Zapatero en desventaja al perder el apoyo de los nacionalistas en el Congreso, y en entredicho como gobernante por quebrantar la palabra dada. Por si esto fuera poco, las diferencias que se generaron entre la Ejecutiva Federal y los guerristas madrileños, sus otros preceptores,  por las primarias para designar la candidatura autonómica del PSOE en 2011, el apoyo de ZP (Zapatero Presidente) a Trinidad Jiménez y el pulso de Tomás Gómez el vencedor, también demuestran que en el entorno que lo subió al poder es donde más desavenencias políticas y partidistas ha tenido, haciendo agua en estos casos la barca del presidencialismo que nos ocupa, aunque no en los dirigentes y cargos en general donde esta por desgracia totalmente arraigado.

La Nueva Vía que orientó su superficial ideología, evocaba la Tercera Vía (Third Way) de Tony Blair (escrita por él en una publicación: “Ese libro al bolsillo. Fernando, no lo saques del bolsillo”, me dijo un colega sindicalista inglés) y también, el Nuevo Centro (Neue Mitte) del canciller socialdemócrata alemán Gerhard Schröder; descartando el socialismo más real que representaba el primer ministro francés Lionel Jospin. Pues bien, Tanto Blair como Schröder -con su jubilación en Alemania a los 67 años-, han sido un fracaso descomunal para sus partidos y para izquierda en sus respectivos países y, por descontado en la Unión Europea, lo mismo que José Luis Rodríguez Zapatero lo esta siendo y con una magnitud que no cabía imaginar.

Aun con todo se puede decir, que en los primeros cuatro años de su mandato, Rodríguez Zapatero hizo una política asumible desde el punto de vista social, con una mejora estrella nunca imaginada antes en este país, como fue la Ley de la Dependencia que a tantas personas mayores beneficia, como una nueva pata del Estado de Bienestar, junto al derecho a la educación, a la sanidad, al seguro de desempleo, a la jubilación. Sin embargo, el segundo mandato del Presidente es calamitoso y cada día peor, como fielmente reflejan las encuestas de valoración e intención de voto. Me es penoso decirlo, pero he llegado a la triste conclusión de que este hombre no sabe nada. Ni personal ni políticamente esta preparado para desempeñar el cargo que ocupa. A veces, hasta se cree con mayor derecho que otros compañeros solo por el hecho de ser joven. Triste conclusión amigo. Ser joven, no siempre es ser mejor. Con la imagen de incompetencia que transmite la ministra Leire Pajín, yo preferiría en su lugar a Cristina Narbona. Y, de lo malo, mejor como futuro presidente socialista a Rubalcaba que a Carme Chacón.

23-12-2010.
Fernando Bolea Rubio
. Sindicalista 

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