Recuerdo de una vida en España

Tras la Guerra Civil española de 1936, el exilio fue para muchos republicanos la única salida para eludir la represión franquista. Éstos constituyen una generación marcada por el sufrimiento de una guerra, y la angustia vital del destierro involuntario. Méjico fue uno de los principales destinos. Entre 1937 y 1942 llegaron a sus costas alrededor de treinta mil refugiados españoles, de los cuales, un 6’1%, alrededor de mil ochocientos, procedían del territorio aragonés. La nueva patria ofreció su hospitalidad a los exiliados españoles, reconoció la legalidad del Gobierno republicano y autorizó la continuidad de su obra política. Estos, a su vez,  contribuyeron al renacer cultural  del país, gracias a la talla intelectual de muchos de ellos. Poetas como Juan Ramón, Cernuda, Guillén, Salinas, Alberti, León Felipe etc.,  novelistas como Ayala o Sender, juristas como Jiménez de Asúa, historiadores como Altamira y Bosch Gimpera etc, dejaron una profunda huella en el ámbito de la cultura mejicana.

Otro importante sector de los exiliados, destacó por su activismo político durante el régimen republicano y la Guerra Civil. Antonio Garulo perteneció a este último grupo. Fue uno de aquellos refugiados aragoneses que llegó a Méjico con una activa militancia política a sus espaldas. Fundador de la Agrupación Socialista y de la UGT de Zuera, y Alcalde  de esta localidad en la Segunda República, participó activamente en la Guerra Civil española como Capitán de Intendencia y Comisario de Brigada. 

En el invierno de 1939, cuando la derrota del Ejército Republicano era inminente, cruzó la frontera junto a miles de refugiados que huían del hambre y la represión1. Pasó a Francia el 6 de febrero de 19392 y, tras ser despojado de las escasas pertenencias que llevaba consigo, fue internado en el campo de prisioneros de Saint- Cyprien,  una inmensa playa de arena, rodeada por  alambradas, donde los refugiados españoles tuvieron que hacer frente a unas condiciones extremas de supervivencia. Los días y las noches que Antonio Garulo pasó  en ese lugar fueron muy duros.  A la intemperie, soportando el húmedo y frío invierno francés, la arena de la playa se convirtió el único refugio en el que buscar cobijo:

 Allí permaneció sólo unos pocos meses, gracias a que el Gobierno mejicano de Lázaro Cárdenas admitió su solicitud como exiliado a este país. El 13 de julio de 1939, tras finalizar todos los trámites, embarcaba  en el vapor francés “MEXIQUE”. La ruptura con la patria y los seres queridos emprendía un camino de difícil retorno. Llegó al puerto de Veracruz  el 27 de julio de 19393, tenía entonces  38 años de edad y su único deseo era empezar una nueva vida “… con el fin de borrar las huellas que traía de lo que había sido y fue la guerra en España.

Recuerdo de una vida en España

Antonio Garulo Sancho.

Silvia de la Merced

(introducción)

 

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Colección: Isidoro Achón, 5

ISBN: 84-933202-5-0

Páginas: 231

Tamaño: 21,5 x 15,5

PVP: 12.00 € carro compra

 

"...quiero hacer constar que lo único que deseo es que las generaciones venideras de españoles conozcan las causas de la verdadera Tragedia Española, dentro de lo que ha estado a  mi alcance, para describir todo lo que en mi libro señala porque lo vi, lo oí, lo viví día a día durante la Epopeya Española..."

Antonio Garulo