RECUPERANDO LA MEMORIA HISTÓRICA. LA OFRENDA DE UN JOVEN

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José Benito Butera Aured

Firman loas al fundador del partido y del sindicato casi todos los nombres que han transcendido dentro de la Unión, casi hasta nuestros días. Manuel Albar, Isidoro Achón, Mariano Rojo, Vicente Sist, Juan Beraza, Arsenio Jimeno, y otros menos conocidos o que dejaron una memoria más desvaída; en fin una serie de militantes y dirigentes de la Unión y del Partido que con sus escritos; además de rendir homenaje al líder, difundían sus ideas e incitaban a seguir el ejemplo que para ellos suponía el  fundador.

De entre todos esos artículos, que se publican en ese homenaje, hay uno, con el título del encabezamiento que es el que me da píe para rendir un homenaje no al Maestro, que ya los recibe anualmente; sino a uno de sus discípulos, que sin leer el artículo solamente con el título ya ha inspirado el mío.
El joven en cuestión es secretario de las Juventudes Socialistas de Zaragoza, y entonces tenia diecisiete años, había nacido en Zaragoza y su padre ya era militante de la Sociedad de Construcción, y él con siete años ya había conocido los efectos de la represión que sobre los obreros se ejercía, por parte de los poderes públicos.
Su padre, Pedro Baras Pueyo, pintor de oficio y viudo a los treinta y siete años, es detenido y juzgado en 1923, junto con otros varios hombres y una mujer. De entre los hombres que con el son juzgados hay  otro de diecinueve años, que se llama Manuel Albar Catalán y que llegará a ser Secretario de UGT de Zaragoza , diputado por esta  y director de El Socialista, además de una temporada dirigir también Vida Nueva. Estos dos hombres juntos con los demás son detenidos, según dice la sentencia 116 del año 1923 de la Audiencia Provincial por tenencia de armas y estar reunidos en una casa de las que entonces se decían de mala reputación.

La realidad es muy otra; en 1920 estaban suspendidas las organizaciones obreras, y la detención se produce en una casa particular no por la tenencia de esas armas escondidas en la carbonera según reza el documento, ni tampoco creo fuera la tal Paulina Ruiz que tiene cuarenta y seis años, tan atractiva como para encandilar a todos aquellos hombres de los cuales el más mayor es el padre del joven  José Antonio. La sentencia fue absolutoria, por que se habían retirado los cargos y en eso debió de quedar la cosa.

Con los antecedentes puestos de manifiesto el hijo no podía ser otra cosa que como su padre seguidor de las ideas revolucionarias de entonces; y el socialismo lo era, así su militancia en las Juventudes Socialistas – no le dio tiempo a más – le venia por decirlo de alguna forma de cuna.
Así lo manifiesta en el homenaje que le dedica al Maestro, cuando después de decir las voces que tanto a favor como en contra se levantaran en esa conmemoración, afirma que él –  nosotros, escribe –  no somos ni de los unos ni de los otros. Hace notar que los jóvenes pertenecen a una generación que cuando empezaban a asomarse a la vida del espíritu, leyó un día la noticia de la muerte de Pablo Iglesias, dice que sin que pudieran comprender lo que aquello significaba. Empezaban a encontrase insatisfechos con las ideas religiosas que hasta entonces se les habían inculcado y que regían sus vidas y el espíritu buscaba en todos los campos ideales que pudieran dar sentido a sus vidas. "Por eso – afirma  – fuimos jóvenes socialistas" ; luego continua con su experiencia militante y concluye con la lección que por boca de  Fernando de los Ríos había aprendido de Pablo Iglesias – la austeridad y la crítica más exigente con uno mismo –  que son  la ofrenda que este joven socialista hace al maestro que le ha imbuido el ideal que le hacia sentirse bien consigo y con la sociedad.
Su ofrenda en aquella fecha consistió en ese sentido artículo que publico en el periódico de su partido y su sindicato – era tipógrafo.– No sabia él que solamente cuatro años después le ofrecería otro homenaje, este no voluntario pero al fin homenaje. Fue inmolado por sus ideas que eran las mismas que las de Pablo Iglesias.

    Murió fusilado el día 19 de agosto de 1936, tenia veinte y un  años, no había cometido delito alguno, ni ofendido a nadie, se ganaba el pan con su sudor; pero para enjugarlo predicaba la igualdad, la justicia, pretendía la austeridad y desde luego ejercía la crítica tanto social como la autocrítica.

Por eso y nada más que por eso , otros que no habían tenido como maestro a un obrero que por su inteligencia había llegado a lo más alto de la estimación humana; sino a un abogado, hijo de un dictador, servidor de los poderosos y lleno de rencores contra los humildes, fuero a buscarlo y lo sacrificaron inútilmente, creyendo que así terminarían con la semilla de aquella sociedad que tanto temían u odiaban, que esto aun no esta claro, ya que la sociedad no mejoró con su acción.

Este es el homenaje que en este tiempo en que nos afanamos por recuperar un pasado que se nos ha ocultado durante muchos, muchísimos años, y que aún no esta claro que se pueda clarificar en estos momentos debido a la timoratez de unos políticos que temen les salpique a ellos la historia pasada, no se atreven a cerrar de una vez y para siempre esa etapa, que es imposible de ocultar por más tiempo.                    

José Antonio Baras Cuello, no dejó descendientes pero si parientes, faltan pocos días para su aniversario, ha pasado más tiempo que el que había pasado cuando él rindió su homenaje, pero a pesar de ello, yo que cuando  leí el título de su articulo  sentí la emoción de la premonición que parece encerrar, y al recordarlo quiero rendirle el homenaje que le fue negado, al mismo tiempo que a sus familiares les digo que no todos lo olvidaron, ni entonces ni ahora, aún siendo esa la pretensión de quienes lo asesinaron vilmente.        

 

        José Antonio Baras, con el uniforme de las Juventudes Socialistas durante el mitin de Francisco Largo Caballero en la Plaza de Toros de Zaragoza en mayo de 1936. Fotografía Heraldo de Aragón.