REFORMA EN UN PAÍS DE VIEJOS

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Fernando Bolea Rubio

Con la nueva reforma laboral de 10 de febrero de 2012, el Gobierno del Partido Popular ha desvirtuado totalmente el sistema laboral español, para goce de sectores empresariales arcaicos, de patronales rupturitas, de ejecutivos incompetentes, de profesores lerdos. Únicamente, un gran desconocimiento de la realidad del mundo del trabajo y de la empresa, ha podido ser la causa de que hayan cometido una atrocidad tal. Tras conocer el alcance antisocial del decreto ley, una joven exclamó: “Me voy a ir a un país más civilizado”.

Por ahí hay que empezar a ver la gravedad de lo que la derecha hace. ¿Acaso piensan los señores y señoras del PP que, un o una joven española después de enormes sacrificios y gastos para concluir sus estudios profesionales o universitarios; se va a quedar aquí, para con suerte,  encontrar trabajo regulado con la nueva modalidad súper basura pomposamente llamada: “Contrato de trabajo por tiempo indefinido de apoyo a emprendedores”. Que conlleva un periodo de prueba de un año, pudiendo ser el afortunado despedido en ese tiempo sin ningún inconveniente e indemnización. Lo que cabe llamar contrato con despido juvenil libre, quitándole la provocación de catalogarse como indefinido. Y, que para mayor castigo y rechazo, el empresario contratante con este insidioso contrato, se queda del contratado el 50% de sus prestaciones de desempleo de un año (hasta 6 meses). En caso de tenerlas, claro; dado que si no las tiene, nunca lo contratarán. Siendo para mí, lo más vil que un empleador le puede hacer a un joven o mayor desempleado. ¡Que es eso de quedarse los empresarios, con parte de las prestaciones de los parados! El que haga eso, ya no podrá caer más bajo. Es, claramente, intolerable y mezquino.

 

Con estas lamentables e inseguras condiciones laborales, España va a perder -porque se irán- a sus jóvenes más preparados y a los demás, convirtiéndose en un país de viejos necesitados; porque excepto en hostelería de camareros eventuales maltratados y pagados, a poco más pueden aspirar. Ya están saliendo para todas las partes del mundo. Cada día hay más padres que comentan que sus hijos se hallan en otros países. Esta es la primera reflexión que se debe hacer, para despertar del letargo y hacer que el país camine reconociendo en su justa medida el valor de la juventud y del trabajo. No es con reformas usurpadoras como progresarán los jóvenes. Lo que hace falta es, tirar hoy mismo esta reforma al cubo y ponerse a trabajar en serio de manera común y consensuada en un Plan de Empleo Juvenil, tal como escribí el pasado 20 de octubre.  

 

Un amigo viene diciendo, que habría que hacer un nuevo “Pacto de la Moncloa” (se firmó al iniciarse la legislatura constituyente de 1.977). Antes no le daba la razón, pero con lo que va ocurriendo, ahora reconozco que quizá la tenga. Los deterioros y los retos son inmensos: El nivel de degradación del trabajo, del desempleo con 5.273.600 personas afectadas (el 22,85%); la temporalidad laboral de casi el 25%, cuando la media de la UE-27 es del 14%, once puntos menos; la economía en recesión a final de marzo, la falta de estímulos públicos para el crecimiento económico, terminar de una vez con la crisis, abrir el candado de los créditos, que la banca limpie por si misma sus activos tóxicos del ladrillo, la dación o la moratoria en los pagos de las hipotecas de la vivienda, para evitar el salvajismo financiero de los desahucios, casas a precio justo; la mejora de la competitividad, con sistemas de participación o colaboración compensada de los trabajadores en las empresas; el cambio del modelo productivo; una política fiscal progresiva y eficaz, en la que el que tenga que pagar pague; el déficit público, la deuda soberana; el mini tejido empresarial, al ser el 99,23% de las empresas de 50 trabajadores o menos; el renacimiento e impulso decidido de la industria; unidad y firmeza ante Bruselas, la intolerable subordinación política al eje franco-alemán; relaciones de consenso y de confianza con los sindicatos.

 

En total veinte pretensiones, que requieren una acción combinada nueva, acorde a los objetivos de reparación y de superación que es urgente establecer. Aunque sólo fuera por enmendar la lacra del 50% de parados menores de 25 años, sería necesario hacer una negociación político social de alto calado. Más sobre todo, porque por la adversa nueva reforma laboral y con los funestos recortes gubernamentales del Estado del bienestar en sanidad, educación (14.000 profesores menos, según UGT), dependencia; el PP ya ha demostrado que es incapaz de superar las carencias que se sufren, al tiempo que hace caer el coste de sus desvaríos en las clases media, trabajadora, baja. En dos meses, el Gobierno del PP ha eliminado muchos de los principales avances laborales logrados con la democracia, en los últimos treinta y cinco años.  

 

La mejor muestra de ello es, los temas que sobre la reforma laboral imparten en un seminario empresarial:

 

  • ¿Despido más barato? Ahora sí que sí. (Como hay pocos parados, aun quieren más).
  • Reducción de salarios. Por fin será una posibilidad real. (Y quien consumirá).
  • Nuevo contrato para empresas de menos de 50 trabajadores (el del despido juvenil libre).
  • Se acabó el absentismo por falta de asistencia.
  • Ha llegado la autentica flexibilidad interna en la empresa. (Y la dictadura empresarial).
  • Despidos objetivos por causas económicas, más fáciles de justificar.
  •  Despidos colectivos para los que basta la decisión del empresario. (Que bien, verdad).
  • Se acabaron los salarios de tramitación.
  • Adiós “despido exprés”... Hola “nuevo despido exprés” (¡Cómo disfrutan!).
  • Bonificaciones a la contratación.
  • ¡Y muchos más cambios!  

 

Esta es la reforma de la patronal, los bancos, la derecha. Han vencido ellos. Es una reforma de vencedores y vencidos, no de consenso. Las relaciones laborales no las pueden imponer las mayorías absolutas políticas, han de ser fruto de la racionalidad de las partes negociadoras, con los agentes sociales. Por tanto y como es lógico, ahora habrá guerra de guerrillas empresa por empresa, en contra de la reforma de parte, unilateral, que la fuerza del trabajo rechaza. Más que nunca, la legislación laboral es hoy del capital. Pero, el trabajo es de los trabajadores, lo hacen los asalariados. Lo cual los populares han olvidado y no previsto las consecuencias. Cándido Méndez la llama con razón: “La reforma del garrote”. Los sindicatos la califican de: Injusta, con los trabajadores. Ineficaz, para la economía. Inútil, para el empleo.

 

Tres acepciones que empiezan por la “i” de indigna, muy reveladoras de que la reforma no creará empleo; pero si va a sindicalizar mucho más las relaciones laborales en las empresas y de modo general, lo cual me parece fantástico. Sus defensores se atrincheran  criticando vilmente a los sindicatos, diciendo que están en contra de ella porque pierden poder. Que poco saben de las organizaciones sindicales y del pensamiento de la clase trabajadora. Ocurrirá todo lo contrario. Si los trabajadores han perdido gran parte de la protección legal que tenían, la sustituirán buscando más asistencia sindical. ¿Dónde van a ir a buscarla?, si aún con sus defectos, el hecho sindical es la única defensa que les queda. A los sindicatos se les critica mucho, pero en un 80% hacen las cosas bien y los trabajadores lo saben. Como alguien dice: “Algún día se les ira la mano y explotará todo”.   

 

 

23.02.2012      Fernando Bolea Rubio

                                                 Sindicalista

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