RESCOLDOS DE LA VIEJA ESPAÑA

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Cándido Marquesán Millán

   En fechas recientes apareció la Nota de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española ante las elecciones generales del 9-M, en la que los obispos recomendaban el voto hacia determinado partido político. Ahora es un miembro destacado del ejército, el ex jefe de la Fuerza Terrestre José Mena Aguado, que fue cesado tras lo ocurrido en la Pascua Militar de Sevilla en enero 2006, por sugerir que el Ejército podría intervenir en caso de que el Estatuto de Cataluña rebasara la Constitución, el que en la presentación de su libro "Militares: los límites del silencio” critica la política del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y propone ideas para propiciar "la regeneración democrática" de España.

Me producen pavor estas palabras dichas por un general. Ahora ha hecho hincapié en que aunque se dijo que sus opiniones y declaraciones eran personales y aisladas, reflejaban "la inquietud y preocupación de todas las unidades que dependían de la Fuerza Terrestre". "No es que hablase con los 30.000 hombres -que tenía bajo su mando- pero hablé con todos los jefes de unidad, hasta batallón incluido, y en conversaciones informales luego en las visitas que hacia en las reuniones me comentaban todo este aspecto, ha agregado.  La banca, representada por el currante y ahora candidato Manuel Pizarro, se suma a esta alianza antisocialista. Sólo cabe esperar que se incorpore algún miembro de la rancia nobleza terrateniente, y ya tenemos la alianza de la vieja España, reserva de los valores espirituales de Europa.

Ahora quiero referirme sólo a las palabras  de Mena Aguado. Todos aquellos, que nos sentimos demócratas, nos sentimos ya profundamente consternados por su discurso pronunciado en la fiesta de la Pascua Militar. Ahora sus nuevas declaraciones no disipan estas preocupaciones. A estas alturas, metidos en la Unión Europea y la OTAN, resultan anacrónicas, que nos recuerdan viejos y caducos tiempos. No insisto en algo obvio: que en un sistema democrático el ejército debe estar subordinado al poder civil. Voy a reflejar, en cambio, algunos acontecimientos históricos, que pueden hacernos pensar a todos un poco y que nos permiten entender, no justificar, estos comportamientos. 

Son conocidos los hechos del Cu-Cut, periódico satírico de la derecha regionalista catalana, que se atrevió a publicar un chiste gráfico en su número de 23 de noviembre de 1905, en el que uno de sus personajes se refirió al festejo gastronómico con estas palabras: “¿De la victoria? ¡Ah!, vaya, serán paisanos”. El 25 de noviembre, oficiales de la guarnición de Barcelona arrasaron el local de la imprenta del Cu-Cut y saquearon las oficinas del periódico junto a las de La Veu de Catalunya, órgano de la Lliga. Un año después llegaría la lamentable Ley de Jurisdicciones.

 

Luego sobrevino el movimiento de las Juntas Militares de 1917, a modo de sindicalismo castrense, que no respetaron el poder civil. Del mismo modo la Dictadura de Miguel Primo de Rivera, con el beneplácito del Alfonso XIII, justificada por algunos por el problema de África, el terrorismo de la ciudad condal o la cuestión social. El manifiesto dirigido al país, que no tiene desperdicio, terminaba de la siguiente guisa:  “Este movimiento es de hombres: el que no sienta la masculinidad completamente caracterizada, que espere en un rincón, sin perturbar los días buenos que para la patria preparamos. Españoles: ¡Viva España y Viva el Rey!”.

 

Después del fallido intento de Golpe de Estado del general Sanjurjo del 10 de agosto de 1932, llegamos inexorablemente, al día fatídico de 18 de julio de 1936, en el que Don Francisco Franco Bahamonde, no tuvo impedimento moral alguno, sin respetar la Constitución que había jurado defender, para lanzar a la cara del país el siguiente Manifiesto: “Una vez más el Ejército, unido a las fuerzas de la Nación, se ha visto obligado a recoger el anhelo de la gran mayoría de los españoles, que veían con amargura infinita, desparecer lo que a todos puede unirnos en un ideal común, ESPAÑÄ”. Todo lo que vino después, todos lo conocemos.

 

Que en el año 1981, el coronel Tejero, entrase a saco en el Congreso de los Diputados, teniendo en cuenta que estábamos inmersos aún en plena Transición democrática, en la que muchos hicieron profundos sacrificios de amnesia en aras a la reconciliación nacional,  podía entenderse, aunque nunca justificarse. Mas,  en pleno siglo XXI venir con éstas, parece un mal sueño. En algunos momentos debemos pellizcarnos, para creer que no es producto de la pesadilla en una larga noche de insomnio. Hoy, todos los españoles de bien nos sentimos apesadumbrados, ya que pensábamos, que los pronunciamientos o golpes de estado eran algo que pertenecía al remoto pasado.  Que todavía aparezcan salvapatrias resulta grotesco y lamentable. Por ello hemos merecido la atención de editoriales de grandes periódicos extranjeros, como Financial Times, The Guardian, Le Figaro o Le Monde. Nos ha cubierto de gloria el general.

 

Con ser triste lo anterior, lo es más todavía el comprobar los comentarios vertidos por los dirigentes del principal partido de la oposición. En relación a las palabras del general emitidas en la Pascua Militar de 2006,  el Sr. Elorriaga comentó sin reparar en la gravedad de sus palabras, que lo ocurrido era reflejo de la situación que estaba viviendo el país. Poco después el Sr. Rajoy echó más leña al fuego aduciendo que este tipo de cosas no pasaban porque sí, y que había pasado lo que tenía que pasar. Ahora el PP, acaba de pedir al Gobierno que aclare qué va a hacer con respecto a las declaraciones del ex teniente general José Mena Aguado. El responsable de la campaña electoral del PP, Pío García-Escudero, preguntado si al PP le preocupa que el ex militar vuelva a amenazar la democracia, ha respondido que "a quien debería preocuparle es al Gobierno de España, porque es quien tiene la responsabilidad".  Parece que a los dirigentes populares les interesa más desacreditar al Gobierno, que la gravedad de las palabras del general. Me resisto a pensar que sus 10 millones de votantes puedan pensar lo mismo.

 

 Acabo estas consideraciones recordando las proféticas palabras de Azaña: “Si triunfara un movimiento de fuerza contra la República, recaeríamos en una dictadura militar y eclesiástica de tipo tradicional. Por muchas consignas que se traduzcan y muchos motes que se pongan. Sables, casullas, desfiles militares y homenajes a la Virgen del Pilar. Por este lado, el país no da otra cosa”.

 

 

Cándido Marquesán Millán

 

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