RETOS DE LA ESCUELA

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Pilar de la Vega Cebrián

Los alumnos más pequeños ya se han incorporado a la escuela. Cada vez los pedagogos dan más importancia a este periodo educativo. Los seres humanos, a diferencia de los animales, nos distinguimos por tener una infancia prolongada. En este largo periodo tenemos la posibilidad  de aprender una serie de conductas que amplían nuestra facultad de actuar en la vida. En la infancia se forja nuestra personalidad. Los seres humanos somos sociales. Nuestra sociedad es sumamente compleja y todos necesitamos una serie de destrezas para poder convivir, por lo que el aprendizaje no es un privilegio sino una verdadera obligación.

La familia es el grupo social dentro del cual el niño aprende que la vida humana se basa en la interdependencia y el intercambio. El nexo del niño con el mundo es a través de sus actos y del lenguaje, algo que se resume en la expresión, socialización primaria, y forma la base sobre la que se construye la educación escolar, la socialización secundaria.

Uno de los problemas que tiene la escuela es debido a que, en muchas familias, la socialización primaria no se lleva a cabo de manera satisfactoria y, por eso, la escuela tiene que realizar dos tareas a la vez: la socialización primaria y la secundaria. Dicha situación  produce en los alumnos, que no han aprendido en sus familias, una desventaja en relación a sus compañeros. Deben aprender los que otros ya saben. Sin darse cuenta, les quita energía, que deberían dirigir a otros aprendizajes.

Los hijos necesitan no sólo protección y comida, sino también modelos y educación. Nuestra situación actual es compleja, pues muchos padres pertenecen a una generación que ha sido educada “libremente”  y ahora se enfrentan con el reto de tener que educar a la generación que sigue.  La historia nos enseña  que  ninguna generación ha sobrevivido si no ha sido capaz de formar a la generación que le sucedía. Su importancia se pone de manifiesto cuando se ha constatado que los buenos resultados de la enseñanza en países como Taiwán y Finlandia se deben, entre otros factores, al apoyo familiar.

Creo que sería bueno que acudiéramos  a Bertrand  Russell para definir el concepto de felicidad. La falta de ésta guarda relación con una visión no realista de la existencia, con una ética irrealista y con malas costumbres. El lazo entre el trabajo, el aprendizaje y la felicidad supone que sólo se alcanza la felicidad utilizando la propia capacidad plenamente, y no hay logro grande sin un trabajo persistente, absorbente, difícil. Algunos psicólogos señalan que la falta de disciplina, es decir, el escaso interés por “instalar” buenas costumbres en el niño conlleva una serie de problemas. Esta es la base del desequilibrio mental del futuro joven, ya que el ejercicio de la disciplina predispone para la responsabilidad. Lo que llamamos buenas costumbres está relacionado con la aceptación de límites. Un joven que no entiende este concepto se vuelve insolente e insoportable.

Cada vez es más claro que los problemas de convivencia escolar tienen su causa fuera de las paredes de los centros. Así lo ha entendido el Gobierno de Castila – La Mancha y ha firmado un gran pacto social por la convivencia en los centros escolares, con el objetivo: “de ser una región educada, cada cual desde su sitio y responsabilidad y todos comprometidos con la educación de nuestros jóvenes”

La pregunta  que nos surge a continuación es: ¿qué es hoy la escuela y para que sirve?  La respuesta es clara: ésta es parte de la garantía de supervivencia de la sociedad, exactamente igual como la familia lo es a otro nivel. La sociedad necesita contar con jóvenes tan competentes como los viejos que mueren. Lo ideal es que sean aún más competentes. Una democracia entrega, además, la suerte de la sociedad a los ciudadanos, por lo tanto, en la escuela no sólo se decide el nivel intelectual sino también el social y moral.

El maestro tiene un papel fundamental en la escuela.  Su trabajo lo desempeña por encargo de la sociedad. No es el sirviente de los padres ni el esclavo de los alumnos. Para cumplir su cometido necesita sentir que cuenta con la confianza de la sociedad, pues de lo contrario no tendrá la autoridad para combinar el afecto con la exigencia.

Existe un dicho en varios pueblos africanos que dice: “Se necesita a toda una aldea para educar a un niño”. La frase expresa de manera plástica que la educación significa inserción social y que ésta es directa, padres y maestros,  e indirecta, medios de comunicación. Si los dos tipos de enseñanza coinciden, la educación será más fácil y más completa.

 

 

Colaboradores habituales

Butera Aured, José Benito

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