Rompiendo el cordón

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Fernando Bolea Rubio

Si el vino no es de total agrado no se arranca la viña, se mejora su elaboración con un buen enólogo. Figura ésta, que no debe haber en la bodega del gobierno griego, dado que actuó por la fuerza, al romper las negociaciones con el Eurogrupo y convocar un referéndum, como método de presión a las instituciones europeas. Pero negociando en confrontación nada acaba bien, porque en el mejor de los casos todo el mundo pierde, sobre todo la parte más débil y necesitada como vemos con toda claridad, con las filas ante los cajeros por el corralito heleno que la ruptura ha generado. Por tanto, ¿cómo acabará la negociación? En mi opinión no de la mejor manera, ya que el triunfo de una parte a la brava, rompiendo el cántaro del agua de la fuente, queda siempre a la espera de la reacción de la otra parte. La cual a la primera ocasión, tratara de reponerse de la pérdida obligada a ceder, en caso de haberlo hecho. Mucha gente no cree en la negociación. La negociación es un arte que no todas las personas tienen.

Los griegos han tenido importantísimos apoyos de la socialdemocracia francesa, alemana, italiana. Hasta que seguramente se han cansado de arrimar el hombro, al darse cuenta que Syriza no quería una salida negociada; sino otra impuesta, montando caballos salvajes, para tratar de quedar mejor ante su electorado. Debido a sus populistas e incumplibles promesas, de hace seis meses en la campaña electoral. Para mí no son héroes los que después de mucho ruido firman malos acuerdos, como suele ocurrir. Mis ídolos son, los que van a la negociación con toda la verdad por delante, poniendo su honestidad encima de la mesa. El primer ministro, Alexis Tsipras, busca demostrar que lo que se consiga -aunque sea menos- haya sido “arrancado”, no como fruto de la negociación. Por eso, ha montado el espectáculo del referéndum, para dar una imagen pública de enfrentamiento con los alemanes y los acreedores que vende mucho, al objeto de no perder apoyo popular si algún día se atreve a firmar algo.

Yo pienso también, que se hizo público el referéndum para causar temor, aunque con la intención de no llegar a hacerlo; como algunas malos sindicalistas convocan las huelgas. A eso debe obedecer las continuas declaraciones gubernamentales, dando a entender que se seguía negociando, hasta de que podría haber un acuerdo, o que pasada la votación en dos días habría una solución. Los falsos negociadores que utilizan estas tretas mienten mucho, para tener a la gente entretenida, dándoles continuas esperanzas para evitar que se subleven, al procedimiento anormal por ellos impuesto.

Sin embargo, si ha sido así han cometido un error, porque en medio de la confusión; Tsipras declaro que si se votaba “sí”, en contra del “no” que él propugnaba, dimitiría y se iría. Afirmación que a los acreedores del Eurogrupo le vino como anillo al dedo, al ver por fin una oportunidad para desprenderse de él, pasando a decir que no abría más reuniones hasta que se abrieran las urnas. Por lo que la intención de no llegar al referéndum se vino abajo, al no poder negociar algo para poderlo airear, como justificación a la desconvocatoria quizá pretendida.

 Grecia nunca debió llegar a estar rompiendo -como hace al negociar con golpes bajos-, el cordón que le une a la Unión Europea. Yo siempre he dicho, que más que quererlos sacar de la Unión Europea, muchos europeos están esperando que los griegos se vayan por sí mismos; para evitar el desgaste político de echarlos. Las continuas conversaciones de Alexis Tsipras con el Presidente de la Federación de Rusia, Vladímir Putin, crean desconfianza y pueden ayudar a sus críticos a pensar en esa cómoda salida. Siendo los malos modales griegos en la negociación, lo que puede influir sobremanera. Llamar terroristas al Fondo Monetario Internacional, es un exabrupto. Su directora, Christine Lagarde, ya les dijo: “Que quería negociar con adultos en la sala”.

El día cinco se hizo el referéndum, con el resultado de un 38,7% de “sí” y el 61,3% “no”, suponiendo un espectacular triunfo inicial para las tesis del Gobierno. ¿Pero el éxito final será tan claro? Yo considero que no, porque desde el primer minuto del resultado feliz, Grecia ya ha empezado a perder, al tener que aceptar la destitución automática del ministro de Financias, Yanis Varoufakis. Se a dicho como justificación, que ha sido “para facilitar las negociaciones con la UE”, cuando huele a imposición de las instituciones. Él afectado, demostrando su insolencia, ha declarado al irse: “Llevaré el odio de los acreedores con orgullo”.

Este hombre ha sido un provocador desde el primer día, moviéndose por Bruselas como un elefante en una cacharrería. Él tiene mucha culpa del fracaso de la negociación. En verdad, a los helenos se les ha impuesto al menos una condición más. El que para seguir las conversaciones, la propuesta que han de presentar no sea sólo del partido gobernante Syriza; ha de ser común de los partidos parlamentarios, desautorizando a los actuales interlocutores que han admitido sin contestación esta clara bajeza. Entre otros motivos, porque así les ayudarán a salir del embrollo en que se han metido. Es evidente, que como Miguel Ángel Aguilar dice: “Nadie mata sin herirse”.

Por culpa del referéndum, ahora Grecia va a negociar en inferioridad de condiciones, al tener que pasar de ir a la ofensiva a la defensiva. Antes, los acreedores proponían recortes que los griegos tenían que hacer, a cambio de la nueva financiación que se les requería; siendo facultad de ellos el poderlos rechazar. Pero desde el referéndum será al revés, primero los acreedores estudiaran las medidas correctoras que los mismos helenos propongan; teniendo la UE la decisión final en sus manos. Quedando estos en una inmejorable posición, dado que hasta que no consigan todas sus bárbaras ideas recortistas, no sacarán la cartera. Miré usted, vuelva a su país, mire donde puede ajustar más y vuelva, toda vez que con esto que nos propone no colmamos nuestra ansiedad. Pedro Sánchez ha dicho: “Grecia tiene que abandonar la estrategia de confrontación”. Yo lo creo igualmente, si bien en las inferiores condiciones que han quedado, ya no la podrán hacer.

Siendo lo peor, el que se va a empezar a ir por el camino del desengaño. ¿Cómo piensan reconducir la euforia de la población, que con el resultado del referéndum han creado? Necesitan urgentemente financiación y sin tiempo no lo podrán hacer. Eso lo ve cualquiera.

Quedando por dilucidar una última carencia. Por lo general, la izquierda radical no sabe decir nunca “sí”. Seguramente, darán vueltas y vueltas, esperando que otros les solucionen el problema, puesto que por lo general no se atreven a rubricar nada. Yo he visto no querer firmar ni las actas de las reuniones, por el compromiso que creían les suponía y lo que los trabajadores podrían pensar. En realidad son actitudes de cobardía, muy difíciles de que la puedan superar. Varoufakis dejo dicho, que se cortaría un brazo antes de firmar un acuerdo sin una quita de la deuda. Y hasta el pie, si se libraba de hacerlo.

Lo han echado, mas no le ha debido importar mucho, ya que sabía que llegaban los malos tiempos, la hora de la verdad y eso era duro. Una señora griega de la cría grosera del feliz dimitido, queriendo darnos lecciones de rebeldía, ha dicho en la SER que la tortilla griega tiene más huevos que la española. Pues mire usted camarada, a los españoles insultos ninguno. 

En Grecia el estado social es desolador. El 15% de los pensionistas tienen menos de 60 años, al tenerse que jubilar forzosamente al no tener posibilidades de trabajar. Hay mucha literatura por poderse prejubilar a partir de los 52 años, a pesar de que no se suele saber que las pensiones medias son de 665 euros, con muchas de ellas de 170 euros mensuales. La jubilación real es a los 61,9 años los griegos y de 60,3 años las griegas. En 2011-2012 se bajaron las pensiones un 48% que fue una autentica barbaridad, suponiendo por ejemplo que la pensión de un profesor, haya pasado de 1.700 euros al mes a 1.200. En definitiva, quieren dejar infinidad de pensiones por debajo del umbral de la pobreza.

Con el pretendido encarecimiento del IVA, mucha gente no podría comer. Llevan cinco meses negociando y en ese tiempo al país lo han descapitalizado, por lo que hay que preguntar ¿por qué el acuerdo no se ha hecho antes y quien es culpable de ello? De Grecia han salido 280.000 millones de euros desde que empezó la crisis. La deuda entera -320.000 millones de euros, el 180% de su PIB- no la podrán pagar. A los alemanes les deben 56.472 millones de euros, a los franceses 42.409 millones, a los españoles 26.000 millones. Además necesitan unos 50.000 millones para tener liquidez, porque sus bancos tienen ahora menos de 800 millones de euros. Con el acuerdo que les proponían, no se solucionaba el problema. Y, ante todo, los españoles debemos saber que Grecia es un país fallido, que como europeos hay que seguir ayudándole.

Los griegos están sufriendo mucho y no se merecen que les vayan con marañas, irrealidades, cobardías, engaños, ni tonterías. Como Fernando González Urbaneja ha afirmado, eso se solucionará con “técnicas de negociación”. Estoy de acuerdo con él. A Grecia se tendrían que enviar  enólogos como mediadores en ese conflicto que, a los ciudadanos europeos de buena fe, nos preocupa, nos duele, nos ofende. Felipe González ha escrito, yo hubiera dicho “no” a las políticas de la UE contra la crisis y “no” a Tsipras. La mejor opción. Este hombre podría ser en Grecia... un buen enólogo mediador.

 

10.07.2015                                                                   Fernando Bolea Rubio

                                                                                     Sindicalista

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