ROSA BERAZA PARDOS 1920-2008

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José Benito Butera Aured

El juez Garzón ha tomado una iniciativa, que fallidamente, desde hace mucho tiempo – aunque el tango nos diga… que veinte años no es nada – otros, habían pretendido lanzar a la reflexión, y realizar un ejercicio de reconocimiento de unos hechos acaecidos, hacía entonces mucho tiempo ya.

En esta polémica desatada no ahora; sino hace ya tiempo, de a quien corresponde el reconocimiento de los pasados horrores de España y de los delitos impunes que se cometieron durante unos años terribles; los descendientes de aquellos rebeldes que instauraron su terror después de haber vencido en una guerra por ellos propiciada, alargada innecesariamente y continuada con una represión que duro hasta la casi extinción del enemigo, argumentan que es la historia quien debe juzgarles.

Los descendientes de los vencidos; harto han hecho con sobrevivir con el estigma de su antepasado.

Hubo un momento histórico, en el que se pudo haber remediado todo aquello; 1977 fue la oportunidad perdida. La sociedad a trabes de sus representantes, emitió perdón para todos los que entonces estaban acusados de delitos políticos. Ese era el espíritu de la “Ley de Amnistía”, que no tenía carácter retroactivo y era para esos concretos delitos vigentes por entonces. ¿Qué pasa? Ahora y treinta años después todavía se quiere retrotraer más la ley y considerar que el fusilar arbitrariamente, juzgar con prevaricación, incumplir – los cristianos; y parece ser todos lo eran y además devotos – uno de los mandatos de las bienaventuranzas; enterrar a los muertos; además del saqueo de patrimonios, tanto particulares como colectivos, que a algunos les supuso el ascenso social que les permitió enviar a sus vástagos a la Universidad y legitimando la saga, perpetuarse en el poder tan alevosamente conseguido. Esos dicen que ya está la “Historia” que ha juzgado hace tiempo aquellos hechos.

Cuando esos historiadores que todavía tienen un juicio somero de aquellos hechos; y que hasta que no se murió el dictador no pudieron decir, ni contradecir lo que la historiografía del franquismo y el guerracivilismo, habían inculcado en la cultura de una España atemorizada y hambrienta que, en cuanto empezó a deshacerse del yugo dictatorial, comenzó a escudriñar en aquellos hechos, con el afán de poner luz en la etapa quizás más oscura de nuestra historia. Entonces surgieron los jueces de la historia diciendo que todo lo que se iba conociendo no era como lo decían los nuevos historiadores, sino como ellos hacia tiempo habían dicho que había sucedido.

¿Es quizás por esa circunstancia, que aun no teniendo una fe ciega en la justicia, el común de los españoles confiamos en que ese juez ponga en papel oficial lo que ya esta escrito en el papel común de los libros? Si así sucede habrá muchos que aplaudirán; pero, casi nadie, de los que sufrieron en su corazón y en sus carnes aquel tiempo oscuro vive ya para ser satisfechos por aquellas vejaciones que tuvieron que sufrir.

Días pasados; en pleno – ferro agosto – que dicen los italianos; una persona, anónima pero de la cual yo había sabido también de su peripecia vital; precisamente por mi manía de cerciorarme por mí mismo de, lo que ahora se pretende constatar oficialmente. Rosa Beraza Pardos, damnificada de esa locura. Perdió a su padre a los dieciséis años y no supo nunca donde descansaban sus huesos. Ningún juez ni ningún historiador, pueden ya reparar el daño moral sufrido por esta mujer que dejó de existir el pasado veintiocho de agosto. Llevaba varios años imposibilitada, y privada del habla, pero esa imposibilidad de expresarse la suplía con una inteligente mirada, que aseveraba o negaba según las circunstancias.

Los verdugos de su padre, cuando años más tarde murieran; seguro tuvieron dignos entierros, esquelas, flores y algunos; loables obituarios.

Juan Beraza, fue enterrado en una de las fosas comunes que el Ayuntamiento de Zaragoza habilitó al efecto en el cementerio de Torrero, y que en el libro de actas (LA 271) del Ayuntamiento pleno, del día cinco de agosto de 1936 consta … el Sr. García Belenguer interesó fueran llevados compresores al cementerio para agilizar la apertura de zanjas… Esto lo interesa un católico, que no tuvo objeción alguna a que se matara indiscriminadamente. Esas fosas después fueros hechas desaparecer debajo de las manzanas de nichos que por entonces aun no eran necesarias.

Nuestra Rosa. – Y digo nuestra porque durante su vida laboral activa, y en cuanto fue posible; se afilio al sindicato al que había pertenecido su padre.– nunca supo donde podía rendir ese homenaje de que había sido privado su padre, en contraposición a los que recibían los que lo asesinaron. Por eso cada uno de noviembre la familia Beraza depositaba su ofrenda floral y su recuerdo de Juan en la Fosa Común. Descanse en Paz Rosa, sabiendo que la muerte de su padre no fue en vano. Ella pudo constatar el resurgir de otra España distinta que la que a ella le había tocado sufrir, y ahora aunque ella ya no lo sepa se podrá constatar el indigno enterramiento de su padre ya que se tendrá que publicar el lugar al que fue arrojado su cadáver el día uno de octubre de 1936, según consta en su acta de defunción expedida años después y para una de esas leyes que pretendieron lavar conciencias y que en realidad no hicieron más que favorecer a muchos que ya habían tenido sus compensaciones, ya que, hubo infinidad de descendientes que no pudieron acreditar esa muerte. No constaban en ningún sitio.

 

Rosa Beraza y su padre Juan.

Cartas de Juan Beraza dirigidas a su hija y esposa desde la cárcel de Zaragoza tras su detención ilegal, días antes de ser ejecutado

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