SEAMOS CORRUPTOS, NO PASA NADA

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Cándido Marquesán Millán

 

 

 

Dicho lo cual con total contundencia, para que nadie se llame a engaño, hay un aspecto de estas elecciones que me ha sorprendido sobremanera, y que me ha producido un profundo malestar. Son los resultados electorales de las Comunidades Autónomas  de Valencia y de  Madrid. Entraba dentro de lo previsible, además de lo razonable que el caso de corrupción Gürtel, que  ha provocado destituciones y dimisiones de importantes cargos políticos del PP en la Comunidad de Madrid; y el de Carlos Fabra y la imputación de Camps en la Comunidad Valenciana, tendría algún reflejo negativo en los resultados electorales dentro de las filas de los populares. Y no ha sido así. Es más, han salido reforzados en relación a elecciones anteriores. En la C. V. en las elecciones europeas de 2004  al PP le votaron 868.948 (49,72%), en las de 2009 ha llegado a la cifra de 981.482 (52,30%). Es decir 112.534 valencianos más; desglosados por provincias así: Valencia con 68.000, Alicante con 35.000, y Castellón con unos 9.000. En la Comunidad de Madrid más de lo mismo, aunque no de una manera tan acentuada. En 2004 a los populares les votaron 1.088.712 (49’54%), y en 2009 1.104.318 (48,61%). O lo que es lo mismo, 15.600 votantes nuevos. Aquí el PP tampoco paga los escándalos del caso Correa o del espionaje. El PSOE está a 12 puntos por debajo. Un ejemplo contundente: en Pozuelo, cuyo alcalde del PP además de dimitir, está imputado, los votos populares han llegado al 62%, con más de 40 puntos de ventaja.

Estos datos me parecen de tal gravedad, como para hacernos pensar a todos un poco. A un importante colectivo de ciudadanos, parece que les importa poco o nada en absoluto a la hora de votar a un partido, el que algunos de sus  miembros destacados estén en situación de imputados, e incluso acusados en casos de corrupción. Cabe entender que si les han votado habrán tenido en cuenta otras razones de más peso.  Pero es que, por si todavía no fuera bastante grave está circunstancia, es que los populares no sólo no han sido castigados es que han salido reforzados, por lo que, visto lo visto, a partir de ahora, las ejecutivas de los partidos políticos cara a futuras elecciones, podrían barajar la posibilidad de la conveniencia de que destacados miembros de su partido estuvieran incursos en casos de corrupción. Metidos ya en esta dinámica, podría ser recomendable la siguiente estrategia. Seamos corruptos. Lo más factible es que salgamos inmunes. En el caso de que alguno de los nuestros sea imputado o acusado  por el poder judicial, organizamos una campaña con el apoyo incondicional de determinados medios de comunicación adeptos a  nuestra causa, tocamos a rebato a todos nuestros militantes del  partido, con el argumento de que todo es producto de una burda confabulación de nuestros enemigos para atacar a nuestro partido, dirigida  por los inquisidores y Torquemadas del siglo XXI, y así conseguimos movilizar fuertemente  a todo nuestro electorado. La jugada es maestra. Aquí de lo que se trata es de ganar las elecciones. El fin justifica los medios. Si para alcanzar este objetivo, cuestionamos y propiciamos  un daño irreparable al poder judicial, uno de los pilares del Estado de Derecho. Esto no importa. Que la corrupción se esté convirtiendo en una práctica generalizada, al no ser castigada como debiera y que por ende, una parte importante de la ciudadanía se muestre cada vez más desconfiada hacia la clase política. Tampoco importa.  Nada nuevo bajo el sol. Ya lo dijo hace tiempo el Conde Romanones: Para conocer a fondo todas las miserias humanas, nada más eficaz que la vida política.

 

 

 

 

Publicado en El Periódico de Aragón 9 de junio de 2009, y Diario de Teruel 10 de junio de 2009.

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