SINDICALISMO Y PENSIONES

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Fernando Bolea Rubio

¿Hacia donde dirigir los dardos? El enfado por la política laboral del Gobierno es mucho y sus explicaciones no convencen. Podemos ir contra Ángela Merkel por sus sugerencias, u otro político y de paso criticar a ZP, por ponerse por el medio pitando a favor del equipo contrario; pero así no erradicaremos de todo el mal, porque la avalancha que nos invade como la niebla, tiene una raíz y un componente ideológico de derechas claro, que de modo suave llaman liberalismo

Un tsunami que crece y barre desechos de los trabajadores y de las clases populares sin un freno efectivo, debido a que nos dedicamos a sacar el agua con cubos, en vez de cortar de una vez el caudal del río, secando las fuentes que lo imbuyen.

 Todos los problemas que nos llegan proceden del mismo punto, de la cuna liberal que domina la economía y la política del país y del mundo. En ella hay, hasta mentes ultra conservadoras con lenguas progresistas. Así las cosas, debemos saber que la lucha fundamental ha de ser contra el liberalismo general implantado, no solo por una o varias consecuencias individuales de éste. ¿Cómo hacerlo? Muy fácilmente, no apoyando ni votando las candidaturas de tendencia liberal y de derecha, como primera condición. Y, en segundo lugar, peleando desde todos los frentes, para que la socialdemocracia sea la guía del PSOE y su fundamento de existencia, que no lo es del todo; corrigiendo lo que proceda  en otras formaciones de izquierdas.

 Los dardos dialécticos de oposición, han de ir en esa dirección. Menos banqueros y más trabajadores en las mesas socialistas. No tanta preocupación por el aval alemán o de la Unión Europea, con más calor ideológico y político local. Si se pierde el ideal, no queda nada: incomprensión, desanimo, con sensación de derrota, tan sólo.¿Pero por qué no animarnos? Con desánimo no se avanza en la vida, ni corregiremos la desviación, únicamente se pierde fuerza y facultades de convicción.

Por qué no analizar la reforma de las pensiones con mejor cara, aunque no nos guste; si al fin y al cabo los sindicatos no han podido hacer más, siendo incluso necesario que se hayan comprometido, como lo han hecho, por la desconfianza económica y política existente en el contexto actual. Demostrando así, su alto grado de responsabilidad con los trabajadores, la sociedad y el país. Una responsabilidad que ha sido superior a la del propio Gobierno, si se analiza con detalle las actuaciones de cada cual, incluido el adverso atrevimiento gubernamental de la ruptura del dialogo social, que se acaba de recomponer. “Yo no puedo hablar en términos de satisfacción con el acuerdo. Puedo hablar en términos de implicación y responsabilidad”, ha declarado Cándido Méndez, Secretario General de UGT. 

Cuando se pacta, nunca se esta de acuerdo en todo. En sindicalismo, no siempre se firma lo que gusta. En una negociación jamás se consigue todo lo que se reivindica. La otra parte también existe. Hasta se dice que, los acuerdos son buenos, cuando ninguna de las dos partes se queda contenta con lo conseguido. En sindicalismo raras veces se logran satisfacciones plenas puntuales; si se pueden obtener, si se valoran trayectorias de largo plazo. Y en este caso, la negociación global aun no ha acabado, porque el nuevo Acuerdo Social y Económico (ASE), del 2-F, solamente esta hilvanado al quedar por concretar: la negociación colectiva, la política industrial, el modelo energético, la innovación y las Políticas Activas de Empleo.

De hecho, los sindicatos han implantado un método de coherencia y efectividad, al conseguir agrupar en un mismo paquete los diferentes temas a tratar, porque con la velocidad y la fiebre  reformista del Ejecutivo, las centrales sindicales no podían firmar un día un acuerdo y cuatro días después tener que convocar una huelga por otro asunto. Así diré, que era totalmente necesario establecer el tiempo de calma que las conversaciones requerían, debido a que la táctica sindical o es de negociación o de confrontación; pero nunca de ambas formas a la vez, como si de cambiar de camisa se tratara. 

“Mis hijas van a vivir unos cuatro años más que yo por esperanza de vida”, viene diciendo el ex ministro Jesús Caldera. La esperanza de vida es cada día mayor, “en virtud de que aumenta un año cada lustro, siendo en el 2.050 de 85 años y cuando a principio del siglo pasado, se fijo el retiro a los 65 años de 40”, según el catedrático Antón Costas. ¡Quien lo duda!, si esta apreciación, hasta los mas firmes opositores de la reforma la han tenido en cuenta. Tanto es así, que no ha habido prácticamente nadie que haya defendido que la jubilación se quedara establecida y, bloqueada, a los 65 años sin ninguna modificación. La discrepancia ha estado en la forma más que en el fondo, porque aun con diferencias, se venía a coincidir en el límite de 67 años; pero con la diferencia sustancial, de cubrir esos dos años de manera obligatoria como quería imponer el Ejecutivo con carácter universal, o voluntaria como pretendían  las centrales sindicales y ya existía. Incrementando más la cantidad del 2% por año, que se obtenía en compensación.

 ¿Qué posición era la más razonable? Para mí la sindical, sin duda, porque era una opción libre y de mayor deferencia; ya que después de una carrera larga de cotización, había humanidad y consideración personal hacia el jubilado o la jubilada. Entre retraso obligatorio o alargamiento voluntario, se centro el proceso. Del resultado se puede decir que, la negociación ha quedado al 50%, con peores efectos en los más jóvenes con contratos precarios, que ahora más que nunca se tienen que estabilizar (el 43% de los jóvenes españoles menores de 25 años busca trabajo y no lo encuentra). Se alarga de forma gradual la jubilación a los 67 años. Crece el periodo de cálculo de 15 a 25 años. Serán necesarios 37 años (dos más) de cotización para obtener la pensión máxima. Situándose en 38,5 años el periodo cotizado para jubilarse a los 65.

 Que por cierto, cuando el 77% de los pensionistas no llega a ser mileurista, esta reforma supone una reducción del 20% del valor las mismas. Un 10% por la ampliación de los años de calculo y otro 10% por el aumento de la edad de jubilación, aunque en realidad el recorte para los afectados será de un 10% en dinero y un 10% en tiempo al tener que trabajar más años, ahorrándose el sistema el 20%. Las medidas entrarán enteramente en vigor en el 2.027.

¿Había una necesidad urgente... de hacer ahora la reforma de las pensiones? Ninguna. El sistema es totalmente solvente ahora y en el futuro, porque a pesar de la crisis, cuenta con superávit y con su Fondo de Reserva intacto. Por consiguiente, las actualizaciones se podrían haber hecho sin ningún problema dentro de cinco años o de más, empezando por contabilizar el incremento de la productividad de las próximas décadas, la cual incrementará sustancialmente los ingresos; cosa que ahora el Gobierno no hace, al enarbolar solo la bandera de la esperanza de vida, como argumento ventajoso de justificación. ¿Por qué se plantea la reforma en medio de la fuerte recesión económica y financiera que padece el país y, cuando por ello, hay más parados y pérdidas de cotizantes a la Seguridad Social? ¿Es el momento más oportuno?

 A este propósito, unas declaraciones del Ministro de trabajo, Valeriano Gómez, son tremendamente ilustrativas: “La Reforma de las Pensiones pactada influirá positivamente para calmar los mercados. Tenemos que financiarnos en el exterior, Estado y empresas. Si hacemos reformas que estabilicen el gasto público a medio y largo plazo, tendremos más capacidad de financiación exterior”. Lo que cabe apuntillar con lo dicho sin ningún rubor por el Presidente de MAPFRE, José Manuel Martínez: “Sería una pena que no se aprovechara esta circunstancia (de la reforma) para fomentar el ahorro y las pensiones privadas. Hay que explicárselo a la gente de la misma manera que se le dice que se necesitan más contribuyentes según aumentan los jubilados. Abogando por una mayor deducción fiscal a los planes privados de pensiones”. Para el catedrático Ignacio Zubiré: “Los planes de pensiones suponen altas comisiones y muy baja rentabilidad”.

De lo anterior, por las palabras del ministro queda demostrado, la inmensa preocupación del Gobierno por generar confianza inversora, tranquilizando a la par a los mercados  extranjeros, para obtener en ellos la financiación que las empresas y las entidades publicas necesitan. Así, ¿son estas dificultades de financiación, el principal motivo para que se hayan tratado ahora las pensiones y no en otro contexto más acorde? Creo, firmemente, que sí lo es.¿Por que motivo? Por la sencilla razón de que, todos los abaratamientos de los planes públicos de pensiones, abren un poco más la puerta a los fondos privados de pensiones, para satisfacción y goce de esos mercados financieros y del presidente de la mutua mencionada. En resumen, ¿ha sido la modificación un regalo a los mercados, para que se porten bien e inyecten a precio justo el dinero tanto público como privado, que el país necesita a la mayor urgencia? Esencialmente, sí.

 Siendo como siempre muy interesante la opinión - Público de 3.02.11- del catedrático Vicenc Navarro: “Los sindicatos UGT y CCOO han hecho lo que tenían que hacer: han defendido en condiciones dificilísimas los intereses de los trabajadores. Debido a su esfuerzo se suavizaron algunas de las propuestas más duras del Gobierno y la reforma mejoró considerablemente. Es injusto que se les acuse de traicionar a la clase trabajadora, pues hicieron lo que pudieron, aunque se les puede reprochar que nunca debieron haber aceptado el retraso obligatorio de la jubilación”.

A primera vista, parece tener cierta razón en el regaño final. Pero cabe añadir una circunstancia que, oprime el desarrollo y la trayectoria normal del país, y que a pesar de verla todos los días, continuamente, no se percibe en toda su gravedad. Es la siguiente: en España hemos pasado del ladrillo a la deuda, y exagerando el término, de la deuda casi a la ruina. Esto es lo que hay. ¿Acaso olvidamos, que lo mismo que Grecia e Irlanda, España ha estado a punto de tener que ser rescatada? Las Cajas hacen agua. Las empresas están maniatadas por los créditos. Los salarios y el consumo bajando y la inflación subiendo. Las pensiones congeladas. La sociedad no confía mayormente ni el Presidente, ni el líder de la oposición. La alternativa del PP está en campaña electoral permanente, sin colaborar lo necesario en este momento crucial.

 Aragón cerró 2.010 con 103.300 desempleados, el 16,06%, la cifra más alta de la historia, según datos de la EPA. 28.700 hogares aragoneses tienen a todos sus miembros en paro. El año acabo con 4.696.600 desempleados en España, un 20,33% de la población activa. 1.328.000 familias españolas tienen a todos sus componentes desempleados. España con una tasa del 42,80%, es el país de la Unión Europea con más paro juvenil, ya hay 840.000 menores de 25 años sin trabajo, los de la generación perdida.

Para mí, estos son los verdaderos motivos que han llevado a la Unión General de Trabajadores, a firmar las pensiones y el Acuerdo Social y Económico. Había que colaborar, dando confianza, para levantar el país y ayudar a salir a infinidad de personas del drama en que se encuentran. Creo que dadas las circunstancias, los sindicatos han actuado responsablemente y con buen criterio. Sin embargo, a la sociedad le falta por asumir, que la especulación en general y los abusos de la vivienda, han pasado de las gracias en los programas del corazón de TV, a la economía real, a las necesidades de la gente y, al propio sindicalismo, que se ve abocado a definir estrategias acordes con la realidad social y política, para hacer más efectiva su gestión, sin renunciar nunca a sus ideales.

Se ha llegado a decir, que los sindicatos han firmado el acuerdo, porque creían que una nueva huelga general sería un fracaso, como ya lo fue la anterior del 29-S. Se buscan mil argumentos tratando de entender el comportamiento sindical, debido a que no se sabe ni se llega a comprender desde fuera de las organizaciones, el que los sindicatos hayan sido capaces de actuar con la altura objetiva que lo han hecho, durante toda la crisis y en el momento actual. Primero, que los sindicatos le tenían que hacer una huelga a Zapatero, ¿dónde están que no la hacen? Segundo, la huelga ha sido un fracaso, los sindicatos están anticuados por hacer huelgas. Tercero, tienen que firmar, no tienen que firmar.

 Basta de tanto desatino. En la última huelga pararon masivamente todos los sectores productivos, junto a otros y millones de personas se manifestaron por las calles, lo mismo que harán nuevamente cuando se les convoque. Por lo tanto, ningún temor de fracaso ante nada. En todo caso, es más difícil hacer una huelga general a un gobierno al que se le ha votado y se le piensa seguir votando, que a otro menos afín. El movimiento sindical español, está siempre preparado y dispuesto para pactar o para pelear. Así se ha demostrado y se seguirá haciendo. Claro que sí.

11-02-2011

Fernando Bolea Rubio, Sindicalista

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