SINDICATOS DE CLASE... CON MIRADAS AMARILLAS

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Fernando Bolea Rubio

Al imaginar que los sindicatos están más débiles, debido a las campañas de demolición para hacerlos caer y por los supuestos errores administrativos que han podido cometer, van surgido debates, en los que se lanzan sobre ellos, mensajes desconcertantes y de la trayectoria que deberían seguir; por parte de personas de círculos interesados, ideológicamente diferentes, o desconocedoras de lo que las centrales sindicales son y hacen. En la actividad sindical no se puede errar ni flaquear, porque los ángeles del infierno se ponen a enredar.

Por eso, en la cadena SER, hablando del papel de los sindicatos con el profesor Sandalio Gómez, al que conozco personalmente y tengo en consideración, se hicieron las preguntas siguientes: “¿Funcionan los sindicatos? ¿Necesitan un cambio de rumbo? ¿Una nueva forma de sindicalismo más independiente? ¿Nueva forma de sindicalismo? ¿Hacerse más flexibles? ¿Transparentes? El periodista, Carles Francino, inicio la entrevista diciendo: “Hay que ser muy tonto para no ver que hay una campaña por parte de sectores a veces reaccionarios en contra de los sindicatos”. A lo que el entrevistado comento ciertamente: “El sindicalismo es absolutamente necesario en la sociedad en que vivimos”.

Se dijo que la reputación de los sindicatos esta bajo mínimos, que la afiliación es baja, la confianza y la credibilidad la están perdiendo a chorros, en el fondo es una crisis institucional y un buen momento para que los sindicatos se planteen la necesidad de decir ¿a dónde vamos? ¿qué hacemos? Añadiéndose, hay una cultura que no se ha renovado, no tienen más remedio que adecuarse a la situación de la economía, al sector servicios que ha crecido mucho. Tienen unas estructuras que no funcionan bien, la filosofía de los sindicatos daneses es un sindicalismo de servicios. Sentarse con el Gobierno y afrontar lo que haya que afrontar, esto sucede en Alemania. Y yo diría, y en España.

Vamos a ver. Sobre que la reputación de los sindicatos esta por los suelos, aun no se ha llegado a tanto, ni se llegará. El anhelo que por ellos se tiene y la importancia que se les da, se nota en cada problema laboral serio que se produce. Por ejemplo, en cierres de empresas, hasta en las de los medios de comunicación, dado que enseguida se percibe como los afectados mencionan a los comités de empresa, o a su representación sindical.

Estar hundidos sería haber llegado a la situación del Reino Unido, en los pasados ochenta. Donde el thatcherismo, consiguió reducir el poder de los sindicatos, a tal extremo, de que en la ciudad de Luton, estuvieron quince años sin hacer manifestaciones, ni siquiera en fechas tan significativas para el movimiento obrero, como los 1º de mayo. A pesar de lo cual, en enero de 2001, con un frío atroz, se hizo una impresionante manifestación, por el cierre de la planta de Opel Vauxhall (GM) -en la que tuve el honor de intervenir desde la tribuna-, en la que gran parte de la ciudad se echo a la calle por solidaridad. Al final, la razón y la justicia social se imponen de nuevo siempre y las flores vuelven a florecer.

¿Cambio de rumbo? ¿Nueva forma de sindicalismo? Lo que se busca es otra cosa. El Gobierno neoconservador, aparte de la precariedad laboral que ya ha impuesto, desearía establecer en España un calco del modelo laboral chino: con explotación salvaje, condiciones vergonzosas, salarios miserables, sin derechos, ni sindicatos de verdad; el cual, existiendo los sindicatos de clase UGT y CCOO, nunca se podrá implantar. Precarización y trabajo chino con sindicatos de clase no concuerda, no pueden vivir juntos, se repelen. Uno de los dos sobra. Por tanto, se clama: ¡Fuera esos diablos rojos!, el sindicalismo de servicios se ha de implantar, pensando que el sindicalismo amarillo, apolítico y de abandono obrero, ha de sustituir al actual. Todo, cuando la política es defensa de intereses y los de los trabajadores, se han de amparar con tanto derecho y posibilidades como los demás.

Pero es que además, los sindicatos españoles practican los dos tipos de sindicalismo, el de clase y el de servicios, porque ambos se complementan. Hace ya muchos años, UGT declaro ser “un sindicato para todos”, no únicamente socialista o socialdemócrata. Y en su seno, además del componente político de izquierdas que le caracteriza, dispone de infinidad de servicios para uso de sus afiliados y de los trabajadores en general, tales como asistencias de asesorias, gabinetes de economistas, de técnicos de salud laboral, búsqueda y asesoramiento de empleo, centros de formación, seguros, cooperativas, servicios generales, más otros relacionados con la vida cotidiana, el deporte, el ocio, la cultura. Eso sí, ser solo esto y olvidar los principios de clase no, nunca. Es su razón de ser. La muleta que ayuda a caminar y sirve para dar.

¿Un sindicato puede ser de derechas? No, jamás. El que no piense así, no sabe como los toros envisten. Dado que, la derecha existe para defender y apoyar a los empresarios, al capital, a las personas o sociedades que más tienen, en contraposición de sus empleados y trabajadores de todo tipo y condición. Y, teóricamente, la izquierda es la guardián de las clases trabajadora, media y baja, opuestas a la clase alta anterior. Si alguien siendo asalariado, no se quiere afiliar o aproximar a los sindicatos porque son de izquierdas, tiene un serio problema anómalo que solo organizándose en ellos lo superará. Como recuerda el exdirigente ugetista, Antón Saracibar, al grito de ¡Organización o Muerte! surgieron las primeras sociedades obreras. En eso deberían pensar todavía hoy los reticentes. Un trabajador que no simpatiza con la izquierda, es lo mismo que una moneda en el bolsillo del empleador.

¿Sindicalismo más independiente? ¿Independiente de quien? Los sindicatos mayoritarios y de clase son solo dependientes de sus afiliados y de los trabajadores, de nadie más. En UGT luchamos y conseguimos la autonomía sindical total, ayer hizo 25 años, tal como se demostró con la memorable huelga general de 14 de diciembre (14-D) en 1.988 -vayan estas líneas sindicales en su memoria- al exigir un giro social al gobierno socialista de Felipe González. Evidentemente, se busca que los sindicatos renuncien a ser de izquierdas, llegando a entender que es lo mismo un gobierno progresista que otro conservador. Al pensar así, se es de derechas en realidad. Es saltar al otro lado de la barrera, para llegar al terreno de la desorientación y de la nada. ¿Por qué los capitalistas no se hacen de izquierdas? ¿Sería absurdo verdad? Lo mismo que si los trabajadores fueran cantando y bailando a la ideología del capital.

A las preguntas que se sugieren de ¿a dónde vamos? ¿qué hacemos?, las organizaciones sindicales lo saben muy bien. Tanto, que cada cuatro años realizan congresos a nivel confederal, federales de ramas de actividad, de comunidad, de las federaciones locales correspondientes y, hasta en la sección sindical de UGT en GM España, aunque allí se le llama asamblea-congresual. ¿Qué son los congresos? En la Unión General de Trabajadores, darle la vuelta al sindicato como a un calcetín. Con propuestas que nacen desde la base, junto a una total trasparencia de lo que se ha hecho y se hará. En ellos, se debate aprobándose o rechazándose, la gestiones de las Comisiones Ejecutivas. Al secretario general que no se le aprueba la gestión, éticamente no se vuelve a presentar. Los que llevan muchos años como tales, como Cándido Méndez, cargan en sus espaldas con muchas gestiones aprobadas. En el 41º Congreso Confederal de UGT (10-13/04/2013), se analizaron las 3.940 enmiendas presentadas. A los secretarios generales, se les limito la permanencia máxima en el cargo a tres mandatos (12 años).

Se actualizan los estatutos, la declaración de principios, las políticas organizativas, sindicales, las reivindicaciones a corto, medio, largo plazo, en función de la realidad presente y futura, modernizándose hasta el peinado del gato. Eso sí, en la estrategia de negociación, UGT no cambia ni cambiará, porque en ella prevalece arraigada, formando parte de su cultura de 125 años de historia -que este año celebramos- la estrategia de negociación-presión, no la de presión-negociación, porque la unión es por excelencia un sindicato negociador, como todo el mundo sabe y ensalza.

Ser como los sindicatos daneses y alemanes. Pero ¿por qué se dice eso? si ya son igual. Se desconoce o se olvida que, los sindicatos están organizados internacionalmente, tanto a nivel de la Unión Europea como del resto del mundo. Siendo precisamente UGT, una de las organizaciones fundadoras del sindicalismo internacional organizado. El cual, también realiza congresos periódicos con los mismos objetivos y formas de organización que los locales. Cándido Méndez fue, entre 2003 y 2007, presidente de la Confederación Europea de Sindicatos (CES). Actualmente, desde el 11 de mayo de 2011, el presidente de la CES es Ignacio Fernández Toxo. Ambos sindicatos pertenecen a la Confederación Sindical Internacional (CSI). Entre UGT Metal y el sindicato germano IG Metall, no hay ninguna diferencia sustancial y lo mismo ocurre con CCOO. Si el alemán es el ejemplo a seguir y el espejo al que mirar, no vayamos a peinarnos tan lejos, ya que nos podemos lavar aquí y usar su mismo perfume.

Sin embargo, ¿por que no se habla de dar participación a los trabajadores y a los sindicatos en las empresas, como ocurre el Alemania, con sus famosos y efectivos “consejos de vigilancia” (aufsichtsrat)? No, eso no. Mas, si los sindicatos están dispuestos a formar parte de ellos y las patronales no, ni tampoco los amigos del café flojo. ¿Quién es aquí más moderno, las organizaciones sindicales, las patronales, o los hombres de azul con mirada amarilla?

 

 

      1. Fernando Bolea Rubio

 

Sindicalista