SINDICATOS, UN TESORO A CONSERVAR

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Fernando Bolea Rubio

Cuando la izquierda ha perdido su poder, cuando la política se hace para los mercados financieros expoliando a los ciudadanos, cuando la ideología progresista parece no interesar, cuando sin saber bien el porqué se pierden logros sociales conquistados. ¿Qué viga queda para sostener la equidad en la sociedad? ¿En qué palanca podemos presionar para mover el mundo y alzar la esperanza social de la humanidad?

Si la socialdemocracia es difícil de aplicar en un solo país de la Unión Europea, mal vamos. Con el agravante de que como un profesor amigo me ha dicho, infinidad de jóvenes españoles no se forman lo necesario dejando en esta crisis al país sin salida... Ante tanta adversidad, ¿Queda algo, o se ha perdido todo? Yo diría que lo fundamental se ha dejado en el camino, como consecuencia del fracaso estrepitoso del socialismo democrático en España y en el mundo. Éste, más preocupado en gobernar por gobernar que en defender la política que le caracterizaba, se desvió al centro político con una increíble vocación liberal con dosis neoliberales, siendo la causa de la derrota de valores y de intereses presente. Es evidente de ello, la derivación hacia la derecha del laborismo en el Reino Unido, de la socialdemocracia alemana, lo ocurrido con el zapaterismo español.

La política es defensa de intereses y correlación de fuerzas. Entendiéndose que los intereses de unas y otras personas no son los mismos, siendo los partidos socialdemócratas los que deben velar por los de la mayoría de la sociedad, compuesta por los trabajadores más las clases baja y media. Impulsando estos, de forma continúa, el bienestar de sus representados, a la par que corrigen los abusos de jerarquías financieras, empresariales, de clase y de todo tipo, si estos se produjesen. El admirable filosofo José Luis Sampedro acaba de afirmar: “Los economistas se dividen en dos, los que hacen más ricos a los ricos y los que hacen menos pobres a los pobres. Buena parte de lo que esta pasando hoy tienen la culpa los primeros”. Lo mismo se tendría que decir de los políticos, sin embargo sobre los socialistas ya no se sabe bien en que parte están, debido a su lamentable desideologización general.    

En todo caso, estos defectos de la izquierda y de la política progresista son rechazados por los ciudadanos y por los jóvenes indignados como lo demuestran las masivas y magnificas movilizaciones del 15-O (antes 15-M, 19-J). Entre mil razones, porque el Estado tendría que invertir al menos dos puntos del PIB (sobre 20.000 millones de euros en España), exclusivamente en un Plan de Empleo Juvenil serio, para atajar la pesadumbre del 45% del paro que sufren y sin expectativas de poder trabajar. Retomando en primer lugar, la formación profesional, universitaria, ocupacional, toda la existente, con el objetivo de insertar jóvenes al mundo laboral. Ayudando más a los emprendedores. Infundiendo la necesidad imperiosa de los idiomas. Inculcando el valor del esfuerzo en el estudio y en el trabajo como una auténtica necesidad nacional, para colaborar y acabar entre todos con tanta desdicha y miseria por la crisis y las malas políticas que se efectúan. Si cada español aporta su grano de arena, se acercará el final ganándose el futuro. 

Pero como decía, ¿Queda algo en la izquierda o todo el sueño de emancipación de las clases populares y medias ha tenido un amargo despertar? Parece duro decirlo, mas se ha de llegar a la conclusión de que sólo quedan los sindicatos. En esto coincidía conmigo el amigo profesor. Esta situación se tiene que superar volviendo a su cauce las aguas políticas de la izquierda. Pues bien, hasta que la fuerza del río no se lleve la maleza que lo afea, de momento no hay nada más. Ni lo habrá en mucho tiempo. Por consiguiente, cuidemos y conservemos a los sindicatos porque son el único tesoro que tenemos para hacer frente a los fines inmoderados de la derecha, de los banqueros, de los economistas que hacen más ricos a los ricos, de los especuladores ladrones, de las patronales salvajes, de los empresarios indignos. Por su parte, el sindicalismo no lo hace todo bien, necesita corregir algunos defectos e involucrarse más directamente en la sociedad, debería modernizar algunas costumbres, dando más dinamismo y realce a la actividad, se demanda más firmeza. Sin embargo, su deterioro ideológico es insignificante comparado al de los partidos socialdemócratas antes hermanos y ahora por lo general también frentes que embisten.

¿El movimiento español de indignados debe unirse a los sindicatos mayoritarios para luchar juntos, como ocurre en Estados Unidos con el llamado Occupy Wall Street? Si los objetivos son los mismos, aquí no debe sobrar nadie, la solución tendría que ser unir y sumar. No obstante, por la configuración y el desarrollo de ese movimiento algunas personas tenemos ciertas reservas sobre su viabilidad. Yo pienso incluso que es el momento de orientarlo mejor o fracasará, lo que sería una lástima para la causa social, porque ha tenido la virtud de destapar la olla del descontento y la rabia de la juventud, de los desempleados, de los ciudadanos a modo de solidaridad. Asimismo, surgen temores fundados en la historia de que por ambos extremos (ultraderecha y ultraizquierda), gente radical o sin escrúpulos llegue a manipular y aprovecharse de esta honesta expresión popular. De la que diré, que causa admiración en el movimiento sindical e inquieta a los gobernantes por su espontaneidad y capacidad de resistencia.

“Lo llaman democracia y no lo es”
“Recortad a los banqueros y al clero”
“No hay pan para tanto chorizo”
“Dictadura de los mercados no”

¿Qué cabe corregir? El que con todos sus defectos, en todo momento y circunstancia es necesario dar valor a la política y a la democracia que tanto costó conquistar. En este punto, no caben matizaciones ni excusas. Lo primero, consideración a las personas aun siendo de diferentes ideas y condición, así como, a los políticos, los partidos, los sindicatos, a las instituciones del Estado, a la democracia en sí. Esto no cabe discutirlo, se respeta y ya está. Por eso, en las manifestaciones sobran las consignas coreadas de PP y PSOE la misma M... es, o UGT y CC.OO la misma M... es. El haber ido a las sedes de los sindicatos para encresparlos como ocurrió en Zaragoza, es de mentes obtusas y propio de los ángeles caídos de negro que no saben ni valen para hacer más, los cuales están dañando la imagen de los indignados de buena fe. Así también y como siempre han hecho los sindicatos, a los cafres y a los violentos más pronto o más tarde hay que plantarles cara para apartarlos de las protestas pacíficas. Si no se hace a tiempo, acabaran agotando el movimiento porque la gente lo irá abandonando a causa de su radicalidad.

Hay sin duda miembros de diferentes organizaciones, aprovechando la marea para pescar en aguas revueltas. Cuando se grita desprestigiando a los dos partidos y sindicatos mayoritarios, paralelamente se benefician de la critica otros partidos y sindicatos minoritarios, al arañar algún voto o simpatía para su causa. Esto ha sido así siempre. En este sentido, habría que ver quien es el que lanza el primer cántico guerrero para saber de que tribu proviene. De cualquier manera, el 15-O ha de tener siempre presente que los sindicatos representan a los trabajadores por elección en las urnas, siendo por ello representantes democráticos legitimados con la masiva estimación y fuerza legal. Se llega a decir que los sindicatos ya están presentes en ese movimiento, hasta parece que existe una llamada Coordinadora del Movimiento Obrero del 15-M. En realidad, sindicalmente no son nada. Una campanilla más de los mismos y mismas camisetas negras para llamar la atención. ¿Quién los conoce? ¿En que empresas la gente los ha elegido? Se quieren arrogar en la calle una representación que los trabajadores nos les dan en los centros de trabajo. Este es otro flanco débil a subsanar, protegiendo el movimiento con el apoyo y la fuerza de los sindicatos mayoritarios, los verdaderos representantes del movimiento obrero y sindical.

De todas formas, los sindicatos no necesitan que nadie los invite para participar en este u otro movimiento reivindicativo, porque han llevado y llevarán siempre la bandera de la reivindicación con sumo orgullo. De hecho, infinidad de sus afiliados y delegados  sindicales vienen participando en las manifestaciones y en las concentraciones callejeras desde el primer momento. Lo que deben hacer es, ir e integrarse en el movimiento para impedir desde dentro desviaciones políticas peligrosas, ponerse delante de los que les insultan, tomar la palabra para sugerir ideas positivas y rebatir las negativas. El 15-O y los sindicatos se tienen que encontrar en la calle, con una pancarta delante.

Que no quieren jefes, pues sin jefes. Como un autobús sin dirección. Quizá no piensan que aún con pilotos los aviones se caen. A todo esto ¿La mayoría de los amigos indignados irán a votar el 20-N y a quien le votarán más al Partido Socialista, a Izquierda Unida o al Partido Popular? Por lo que observo, muchos no votarán y los que lo hagan me temo que en mayor proporción a la derecha. Que vamos hacer, otro problema más a cargar en las espaldas de los sindicatos. Sí, conservemos el tesoro sindical que nos hará buena falta a todos.

Fernando Bolea, Sindicalista

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