TRUMP FRENTE A EUROPA

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     Desde el final de la II Guerra Mundial, el eje de la política occidental se articuló, en gran medida, en la llamada “Alianza Transatlántica”, la unión de intereses entre los EE.UU. y los países democráticos de la Europa Occidental. No obstante, esta alianza empezó a resquebrajarse con la llegada a la Casa Blanca en 2016 de Donald Trump y, desde entonces, los desaires, los trump-azos del presidente norteamericano hacia la Unión Europea (UE) han sido constantes: desde su entusiasta apoyo al brexit británico, duro y con portazo incluido, hasta su pretensión de desentenderse gradualmente de la firme alianza defensiva con sus aliados europeos a través de la OTAN en unos momentos, además, en que la Rusia de Vladimir Putin supone un factor de desestabilización en varias zonas del Este de Europa, desde Ucrania hasta los países bálticos.

     Todos estos hechos han generado una creciente preocupación en las instituciones comunitarias, pues como señalaba Federico Steinberg en su interesante trabajo «La UE ante la hostilidad del presidente Trump», “los cimientos sobre los que se sustenta el orden liberal internacional, que ha permitido a los países europeos alcanzar cotas de seguridad y prosperidad sin precedentes, se están tambaleando”. Y es cierto, pues estamos asistiendo en unos momentos en que, coincidiendo con el declive de Europa en el contexto mundial, la América de Trump parece quererla abandonar a su suerte dado que a Washington le interesa más una alianza estratégica con Rusia que con la UE, de igual modo que parece no tener presentes a sus aliados tradicionales para afrontar el auge de China, país al cual considera como la principal y la más seria amenaza para la hegemonía de los EE.UU., puesta en entredicho cada vez con mayor intensidad por el gigante asiático.

     Así las cosas, Trump ha pasado de menospreciar a la UE a lanzarle ataques directos mediante su apoyo a movimientos antieuropeos, xenófobos e iliberales que amenazan con destruir a la UE desde dentro, y ahí están las actuaciones maquiavélicas de Steve Bannon para corroborarlo apoyando y coordinando las actuaciones de los grupos de extrema derecha liderados por Marine Le Pen o Matteo Salvini. Es por ello que Trump es el primer presidente de EE.UU. que ve a la UE como un rival comercial en vez de como un aliado estratégico y, de ahí, su dura política proteccionista y arancelaria para con los productos procedentes de los países de la UE.

    En la situación actual, como indicaba Steinberg, los líderes europeos se sienten “desconcertados, incómodos y vulnerables” ante las formas de Trump y dudan cual es la mejor forma de reaccionar ante los trump-azos que están recibiendo. De este modo, dos hipótesis se abren paso en esta anómala situación. La primera, que Trump sea “un accidente pasajero” y, por ello, intentar capear como mejor se pueda el temporal y las bravuconadas del dirigente americano, manteniendo, a la vez, un diálogo permanente con los sectores americanos partidarios de mantener la alianza transatlántica hasta que un nuevo presidente vuelva a la “normalidad” de las relaciones ahora cuestionadas.

    Una segunda hipótesis resulta más preocupante: que el trumpismo fuera más allá de Trump, lo cual significaría una recalibración del interés nacional de los EE.UU., en un mundo cada vez más multipolar, con una Europa en declive y con unos EE.UU. cada vez más aislacionistas, que irán retirando gradualmente su “paraguas de seguridad” desplegado desde hace 70 años sobre Europa, dado que la prioridad geoestratégica actual de Washington es frenar el auge de China, que sin duda, será el gran enfrentamiento que va a marca el s. XXI. Por ello, Angela Merkel opina que la UE debería de situarse en esta segunda hipótesis, “en el peor escenario posible” y, por ello, optar por buscar una mayor autonomía estratégica, repensar su relación con China y, también, fortalecer sus alianzas con países que comparten sus valores como Canadá, Japón o algunas naciones de América Latina.

     Pero la gran debilidad de la UE es que se trata de un gigante económico pero un enano político, dado que, al no ser un Estado propiamente dicho, carece de una auténtica política exterior y de seguridad común y, por ello, como alguien dijo gráficamente, la UE es “una potencia herbívora en un mundo cada vez más de carnívoros”. La realidad es tozuda y, por ello, los tiempos en que “el amigo americano” protegía a Europa Occidental y no sólo eso, sino que le otorgaba ventajas económicas y fomentaba la integración, ya no van a volver. Por ello, el interesante análisis de Steinberg, concluye recordándonos que el tablero internacional  ha cambiado radicalmente ante un nuevo mapa geoestratégico, un nuevo (des)orden internacional, en el que la UE tiene un papel todavía por definir y en el que hallamos “un EE.UU. más aislacionista, una China más asertiva, una Rusia que seguirá golpeando por encima de su peso durante bastantes años y unas instituciones multilaterales más débiles”, un mundo, además, en el que los países emergentes reclamarán más cotas de poder e influencia que les corresponden por su mayor peso económico y militar. Este es el mundo que ya tenemos en puertas tras el alejamiento político, económico y emocional de EE.UU., a quien hasta hace poco tiempo Europa consideraba como “el amigo americano”.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 7 junio 2019)