UN PAÍS QUE NO ME GUSTA

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Fernando Bolea Rubio

 

Trabajar hoy es sufrir. A ese estado el Partido Popular ha llevado el trabajo, con su feroz reforma laboral que ahora cumple dos años. Por ella, se han arañado tanto los salarios, que se llega a ser pobre trabajando. La inestabilidad que genera, anula el carácter reivindicativo de los trabajadores, para ser sujetos al vaivén de empresarios, encargados, de cualquiera con mando. Se obedece y se calla. Se quitan mejoras y se permite. Se trabajan horas extraordinarias y no se pagan. Los convenios se incumplen. Los pluses de actividad se retiran, pero se quiere obtener del trabajador el mismo rendimiento.

 Este es ya un país de suma explotación laboral, con claros indicios de miseria. En tal medida, que los asalariados deben imponerse e impedir estas raterías. ¿Cómo? En base a un elemental principio: “Empleo sí, pero con dignidad”. Sin ella, no se puede respirar ni trabajar. Apostando por el trabajo decente y seguro.

 Después de la reforma laboral se han destruido 1,34 millones de empleos. La tasa de paro ha pasado del 21,6% al 26,04. Aún con los jóvenes que emigran y los inmigrantes que se van, hay 622.700 parados más. La mitad de los 6 millones de desempleados supera ya el año sin trabajo y el 34% no tiene protección. Esto es un desastre. Sin embargo, el Gobierno cuantifica que sin la reforma se habrían destruido 225.800 puestos adicionales. Que bien, ¿verdad? No nos habíamos dado cuenta. ¡Qué alivio! ¿Se puede manipular y mentir más? Que justifiquen uno por uno esos agraciados puestos, o que se callen. Esa afirmación ofende a los trabajadores. Lo hacen, porque se sabe que ideológicamente la mayoría de los españoles es de centroizquierda; así, la derecha nunca ganaría las elecciones sin los enfados de los progresistas con los suyos y si esta no manipulara y falseara la realidad.

 Lo cierto es, que la nueva normativa no ha solucionado el desempleo como el Partido Popular prometió. Todo lo contrario, ha llevado los niveles de paro en España al porcentaje más alto de su historia democrática, sin posibilidad ni esperanza de recuperación. Para Toni Ferrer, de UGT: “Si vemos el sufrimiento que ha traído consigo esta reforma a la población de nuestro país y lo comparamos con el pírrico efecto que ha tenido en el PIB vemos que lo que ha hecho, en realidad, es aumentar la pobreza”. Una pobreza que ya alarma a las clases empresariales bajas y medias, debido al debilitamiento del consumo. Se dan cuenta de que con tanta rebaja y recorte no venden ni ganan. Hasta se empieza a oír... según como vaya el año habrá que incrementar los salarios. Y, ¿para qué diablos despidos baratos, si yo no quiero despedir sino financiación para fabricar y vender?

 Aparte del componente ideológico de la reforma, el gran fallo de este Ejecutivo y en parte del anterior socialista es pensar que, dando todas las atribuciones y facilidades a los empresarios en detrimento de los trabajadores; posteriormente, las empresas empezarían a contratar alegremente barriendo el desempleo. Pero el resultado no es así, quedándose el PP ante el paro, sin excusas de defensa ni solución al mismo. Parece mentira que se usen estrategias tan simples y torpes para regular el trabajo, siendo este la fuente de riqueza de todos, del empleador y del empleado, debiendo colaborar ambos en beneficio mutuo.

 Sólo se contrata cuando hay trabajo y necesidad de hacerlo. Mas para eso, en los bancos ha de fluir el crédito y éste no desplomarse más y más como está pasando, necesitándose bancos y empresarios con capital, haciendo el Estado de soporte político financiero. Nada de esto ocurre, ni se prevé que suceda. Para José Carlos Díez: “Nuestras pymes son las segundas de la Eurozona con más restricción de crédito solo superadas por Grecia”. Vamos a peor, porque el Gobierno no tiene capacidad de reacción. Seguir así supondrá, que el aniquilamiento económico del país y de los ciudadanos irá en aumento, pudiendo llegar a alcanzar cuotas de pobreza y de injusticia laboral mayores. Es necesario cambiar el Gobierno y las formas de gobernar, por pura necesidad de la población y de la economía.

 Con esta derecha en el poder dos años más, las consecuencias serán irreparables durante muchos años. Ya nadie esta libre de caer en la exclusión social, basta con perder el trabajo de mayor o no encontrarlo de joven. Hasta se puede llegar a ella de imprevisto debido a la precariedad, a los contratos parciales, a que el Estado está dejando de proteger a los españoles, al retirar las ayudas a la dependencia y subsidios. Es necesaria una Renta Básica Universal de apoyo público, de al menos 700 euros al mes; con un Salario Mínimo Interprofesional de 1.000. En Francia era de 1.430 euros en 2013. Claro que eso requiere la aplicación de un buen sistema fiscal, que los conservadores nunca implantarán.

 El seminario económico “The Economist” acaba de advertir que el “misterioso” Rajoy puede llevar a España a “una espiral de muerte al estilo griego”. No se fía de que tenga realmente un plan para salir de la crisis. “Muchos se preguntan si el señor Rajoy tiene alguna estrategia para restaurar la confianza en los mercados y entre los españoles”, afirma. En el numero del día 8 se preguntaba: “A new Partido Té?” (¿Un nuevo Partido del Té?) en España, conjugando lo que ocurre en el PP con la creación del partido Vox por el expopular Ortega Lara, la salida de Alejo Vidal-Quadras, junto con la renuncia de Jaime Mayor Oreja a encabezar la candidatura europea.

 ¡Que desinformados! El “Tea Party” instalado dentro del Partido Republicano de EEUU, con sus sonados políticos, en gran medida ya se muestra aquí, en infinidad de cargos populares. Repasen la lista: Gallardón y el aborto. Esperanza Aguirre y la sanidad madrileña. El ministro Soria y las eléctricas, con bastante parecido a la estafa de las “preferentes”. El del Interior y su represión a inmigrantes. Wert con su Lonce. Más Mariano Rajoy de capataz y guía. Eso sería, lo que nos faltaba. Aunque el PP ya se asemeja mucho, al ultraconservador partido del té.

 Siendo asimismo preocupante, la reciente declaración del catedrático de la Universidad de Berlín, Ignacio Sotelo: “La crisis en España es mucho más fuerte porque, cuando se desploma todo el aparato institucional y lo único que queda es desigualdad y corrupción, es que esta ha calado mucho más allá de la economía. Los datos macroeconómicos mejorarán pero el 40% de la población no será empleable”.

 Hace unos días, como consecuencia de lo que ocurre, el actual jefe de personal de una importante empresa me dijo: “Este país no me gusta”. Ni a mí, amigo, ni a mí.

 

 

 

      1. Fernando Bolea Rubio

        Sindicalista

 

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